Para mujer papel en la Unión Soviética

Para finales de la década de 1970 en la Unión Soviética, un parlamentario de cada tres era una mujer, así como la mitad de los concejales, dos terceras partes de los miembros de los comités de fábricas o entre el 33% y el 44% de los altos funcionarios sindicales (Birman, 1980). Tras la muerte de Lenin en 1924, Stalin promulgó una ley que puso bien en claro el papel de la mujer en la sociedad proletaria. El breve periodo de liberalidad femenina de los primeros años de la revolución, que permitían el amor libre y condenaban las viejas tradiciones relativas al matrimonio como anacrónicas, quedaba sepultado así con ... – Una mujer carga una bandera de la URSS para conmemorar el Día de la Victoria que fue cuando la Alemania Nazi se rindió ante la Unión Soviética el 9 de mayo de 1945. (Photo by Carsten Koall ... A lo largo de la historia de la Unión Soviética podríamos elegir entre cientos de discursos y artículos en los que se realza el papel de la mujer como constructora del socialismo, parte fundamental del sistema, y heroína de la revolución, pero en este pequeño estudio hemos escogido uno especialmente. Visita la entrada para saber más. Vasili Efanov, Un encuentro inolvidable, 37 de 1936, óleo sobre lienzo, 270 x 391cm, 1936-37 Pueden encontrar el primer artículo de la serie, Hombres y mujeres en la Unión Soviética (I).La anarquía sexual, pulsando sobre el enlace. …durante años en nuestra difícil y heroica historia, no pudimos prestar atención a los derechos y necesidades ... 'En la Unión Soviética no tenemos sexo': la insólita confesión de una mujer rusa la primera vez que habló con Estados Unidos Redacción BBC Mundo 6 julio 2017

"El nuevo oscurantismo: La ofensa nuestra de cada día" por Oscar Larroca

2019.09.28 21:32 Enchilada_McMustang "El nuevo oscurantismo: La ofensa nuestra de cada día" por Oscar Larroca

El nuevo oscurantismo: La ofensa nuestra de cada día
Óscar Larroca
(Nota publicada en número 52 de "La Pupila")
Historia
"No existe la censura moral, solo la ideológica" Federico Fellini
La censura significa, ni más ni menos, la imposición de límites a la libertad de expresión. Antes bien, esa expresión puede estar habitada por la nobleza o ser denigrante y apologética de delitos. De todos modos, la censura a cualquiera de esas posibilidades expresivas será impuesta por sujetos con poder que han asumido la voluntad de silenciar todas las ideas contrarias a sus intereses, normas o convicciones religiosas. Esas ideas, controversiales y pasibles de ser censuradas se transmiten a través de la oralidad, la escritura o la imagen, siendo las artes (literatura y pintura, principalmente) los blancos preferidos por tiranos de diverso linaje. En efecto, al pincel, la pluma y la voz, se agregó un elemento tutelar: la tijera.
Podemos determinar los distintos tipos de censura en función de quienes la invocan: estatal y directa (como la llevada adelante por genocidas de la talla de Hitler y Stalin), estatal e indirecta (mediante recursos de amparo, decretos y leyes consensuadas en defensa de la minoridad y de una «moral media» pública), religiosa y directa (como la ejercida por la Santa Inquisición), y civil y directa (protagonizada por organizaciones civiles profascistas, organizaciones «familiares» provida, o colectivos de adscripción).
La censura moral estuvo ligada a las religiones monoteístas, las cuales han participado activamente durante siglos en la fiscalización de todo material producido por escritores, artistas visuales y dramaturgos. Así, se hizo tristemente famosa la «hoguera de las vanidades» organizada por Savonarola: un acto pedagógico y purificador hacia el pueblo florentino. Algo análogo a lo que en el transcurso de las centurias otros opresores han hecho usando también hogueras, potros de tormento, campos de exterminio, «justicias infinitas» y «guerras santas».
El argumento más utilizado a la hora de justificar la censura es la ofensa. En la Inglaterra del siglo XIX se pusieron de moda algunos eufemismos y circunloquios bajo ese fundamento. Llegó a ser impensable utilizar en sociedad la palabra leg (pierna), breast o su plural breasts (senos). Para que nadie pensara en las piernas, las de los pianos (piano legs) se disfrazaban con telas, y las patas de las mesas estaban cubiertas con largos manteles. Según el investigador G. Rattray Taylor, era incluso inaceptable preguntarle a una mujer en una cena: «May I serve you a leg of chicken?» («¿Le puedo servir una pierna de pollo?»). Tampoco se podía decir trousers (pantalones), mejor pues: femoral habiliments (prendas femorales).
En los países de habla hispana los rodeos léxicos se emplearon frecuentemente hasta bien entrada la segunda mitad del siglo XX. Los genitales, por obra y gracia del pecado original, se convirtieron en «partes pudendas», «las vergüenzas», «las partes menos honestas» y «las partes». Con la aparición de la censura como institución jurídica, los jueces debieron ser más precisos en la tipificación de las obras que incurrían en esa nueva figura delictiva. En principio, esta obligación legal y política por definir aspectos asociados a la ofensa o la discriminación fue asumida por el trabajo concreto (ad hoc) de los juristas que tienen por cometido trazar los límites de lo que es socialmente aceptable. Hasta el segundo tercio del siglo XX su trabajo consistía, en algunos casos, en determinar si el vello púbico podía ser mostrado en una escena cinematográfica, o cuándo exactamente un pene debía ser declarado en erección.
La Iglesia y el Estado han recorrido un imbricado y azaroso camino desde las persecuciones en tiempos del Imperio romano, pasando por el césaropapismo bizantino, las teocracias y el galicanismo, hasta los modernos Estados-nación, en los que el gobierno asume la totalidad del poder temporal en beneficio de la moral pública y la cohesión nacional por sobre la pluralidad de intereses y credos.
Volviendo al tema de la censura moral, en 1930, la Asociación de Productores Cinematográficos de Estados Unidos (MPPA) aprobó un código pudoroso, más conocido como Código Hays por el nombre de uno de sus mentores intelectuales, Will H. Hays, y conocido también como «La censura cinematográfica de Hollywood». Su marco regulatorio fiscalizaba las siguientes temáticas: crímenes, blasfemias, alcohol, danza, y, por cierto, el vestuario, la sexualidad y el desnudo. Hasta 1956 el código permaneció inalterado, pero entre ese año y 1963 tuvo sus modificaciones, inevitables, hasta su desaparición definitiva.
Medio siglo más tarde, la censura regresa de la mano de grupos que fomentan la corrección política y la defensa a todo aquel espectador que exprese haber padecido algún tipo de ofensa. Curiosamente, esos grupos pertenecen a movimientos políticos organizados vinculados a la izquierda, a la inversa de lo que sucedió históricamente donde los perseguidores estaban vinculados a corporaciones derechistas. Esta voluntariosa disposición de purificar de la plaza pública a los ofensores en nombre de «la verdad», se parece demasiado a la ideología totalitaria, hoy ejecutada por quienes ayer estaban comprometidos con la emancipación del sujeto. Obsérvese que estos colectivos progresistas son muy abiertos ante aquellas obras artísticas que evoquen el sadomasoquismo, la ingesta de drogas, la promiscuidad o la genitalidad (lo cual, en principio, habla acertadamente de quien no antepone «lo moral» por encima de la estética). A decir verdad, no manifiestan demasiados reparos ante la representación de la crudeza, la performance violenta o la pornografía. Solo disparan sobre la producción simbólica, por ejemplo, cuando el relato ofende a una raza (por ausencia, por contexto o por humor) o cuando ofende a la mujer (si el personaje es demasiado femenino, estereotipado o sumiso). También colocarán la mira sobre el autor de acuerdo a las acciones que llevó adelante en su vida privada.
“Dibujitos animados racistas y machistas”
Algunos colectivos afines a las minorías étnicas pidieron a Netflix que retire de su grilla la serie Friends, por considerarla racista y misógina. Al mismo tiempo aterrizaron en Hollywood para exigir a la industria del cine que incluya, para la elaboración de sus personajes de ficción, la diversidad racial, antropomórfica y sexual. Hay series para adolescentes como Popular (cuyo autor es Ryan Murphy, el libretista de Glee) en la que sus personajes son negros, coreanos, indios, latinos y descendientes de las tribus nativas de Norteamérica. También hay una cuota para adolescentes petisos (Zoey 101, de Nickelodeon) y otra para individuos transexuales. La señal FOX Premium anunció el comienzo de Pose, la primera serie subtitulada al español con lenguaje inclusivo («nosotres», «estimades amigues», etcétera). En Netflix sobreabundan los documentales apologéticos sobre drogas y las series con personajes homosexuales, pero al mismo tiempo la empresa cuenta con un «coordinador de intimidad» (un eufemismo para esquivar la palabra «censor»).
Con respecto a la «visibilización de la diversidad», esta no pasa por llevar a la ficción un personaje de cada etnia, género, cultura o talla corporal. La literalidad es patrimonio de la realidad (o de una parte de ella) pero no es un atributo de la ficción. Precisamente, esa cercanía con lo real ha provocado que algunos espectadores confundan simulacro con realismo, ficción con literalidad y humor con blasfemia. A tal punto que varios jóvenes estadounidenses exigieron a las autoridades de FOX y a los guionistas de la serie animada Los Simpsons que suprimieran de la serie al personaje Apu por considerarlo un estereotipo ofensivo hacia la raza india. Es decir, por un lado, existe un reclamo para que se habilite una cuota étnica y racial, pero por otro lado, si los guionistas incurren en alguna «broma cruel» (el italiano mafioso, el policía corrupto, el clérigo pedófilo, el indio lleno de hijos, la mucama mexicana) se evoca la etiqueta de la ofensa y se exige su retiro. En el año 2019, la empresa Disney decidió eliminar de Toy Story 2 una escena donde asoma un aparente hecho de acoso sexual. La escena transcurre dentro de la caja donde se encuentra Oloroso Pete y dos muñecas Barbie. Esto es lo que dice el muñeco: «Ustedes dos son de verdad idénticas. Puedo conseguirles un papel en Toy Story 3». Tras esta frase, el personaje mira a la cámara y advierte que lo están grabando: «Perdón. ¿Es la toma? Bueno, chicas. Fue un verdadero gusto. Y cuando quieran que les dé consejos de actuación será un placer ayudarlas». La escena hace referencia a lo que en Estados Unidos se conoce como casting coach, o «casting sábana» en el Río de la Plata, acoso denunciado por muchas actrices.
“Libros machistas para niños”
Una escuela pública de la localidad española de Sarriá (Barcelona) ha retirado de su biblioteca 200 títulos porque no son del agrado de los defensores de esta nueva agenda de derechos. «Cuentos emblemáticos como La leyenda de San Jordi, Caperucita roja o La bella durmiente son ejemplares de historias tóxicas en perspectiva de género». La censura se ha llevado a cabo después de un «análisis exhaustivo de su contenido» […] «Se ha concluido que la mayoría de los personajes femeninos son secundarios y se les atribuyen tareas de cuidados o maternidad o tienen roles relacionados con el amor» (sic). De hecho, solo el 11 % de los libros han sido considerados «positivos en perspectiva de género». Vale entender que estos personajes «positivos» carecen de relieve y conflictos: no tienen, por ejemplo, atributos vinculados al cuidado doméstico (de hermanos o ancianos), ni están vinculados a la maternidad («un estereotipo impuesto por el patriarcado y la heteronorma», dicen). La institución alega que «los cuentos que son sexistas pueden contribuir, a la larga, a actitudes machistas o, incluso, de violencia de género». Es decir, si un niño lee el «sexista» La bella durmiente, puede provocar que acabe siendo un maltratador de mujeres.
La crítica literaria española Ana Garralón se pregunta qué harán con los títulos censurados: ¿Acaso quemarlos, como hacían los nazis y los comunistas con los libros que consideraban incorrectos? La Constitución española ampara en su Artículo 20 el derecho a la creación literaria y prohíbe expresamente la censura previa, por lo que los censores se apresuraron a precisar que Caperucita roja finalmente no sería retirado, «si bien no había pasado el test» (sic).
Para Garralón, censurar libros destinados a los niños es una práctica tan arcaica como la historia del libro y de la pedagogía. A fines de la década de 1990 varios lectores se quejaron de que en el bestseller ¿Dónde está Wally? «aparecía una mujer en topless». Un poco de escándalo fue suficiente para «vestirla» en su siguiente tiraje de imprenta. Todo este control y amenazas veladas repercuten en los hacedores de libros: escritores, editores e ilustradores. La ambigüedad, necesaria en la literatura, empieza a evaporarse. El humor, que se basa en la parodia y en ridiculizar, es uno de los grandes ausentes. Y nadie quiere que le acusen de ofender a los demás.
En la década de 1980 se comenzó a utilizar en una universidad estadounidense el término «políticamente correcto» para evitar las ofensas, acaso como un reflote involuntario de los eufemismos creados por los ingleses a mediados del siglo XIX. En lugar de decir «negro» se debe decir «persona de color» o «afroamericano», entre otras recomendaciones de un muy extenso listado que busca suavizar los calificativos considerados como humillantes. En 1990, el comediante estadounidense James Finn Garner publicó un libro donde aplicaba esta norma. El volumen se tituló Cuentos infantiles políticamente correctos. El de Caperucita roja comienza así: «Érase una vez una persona de corta edad llamada Caperucita Roja, que vivía con su madre en la linde de un bosque. Un día, su madre le pidió que llevase una cesta con fruta fresca y agua mineral a casa de su abuela, pero no porque lo considerara una labor propia de mujeres, sino porque ello representaba un acto generoso que contribuía a afianzar la sensación de comunidad.»
Garralón observa que la literatura en general y los libros para niños en particular se empiezan a leer bajo una mirada hipersensible. Blancanieves es considerada inmoral por convivir con siete enanitos y, desde luego, se persigue a las princesas por perpetuar «modelos patriarcales» (excepto las que se «deconstruyen»: no se depilan las axilas y eructan). Como se sabe, paralelamente a la censura ejercida por «otro más poderoso» debemos considerar la autocensura: reflejo voluntario o involuntario en el autor como consecuencia de estos sojuzgamientos sociales. Por lo tanto ¿cómo escribir sin temor ante esa vigilancia en un mundo que está leyendo todo de manera literal?
En Alemania, un clásico como La pequeña bruja, de Otfried Preussler, está siendo revisionado para que se suprima del texto a dos personajes: un niño disfrazado de esquimal y otro de niño negro. La editorial negocia duramente con los herederos, quienes se defienden diciendo que el autor no era racista. Pero eso no será relevante: la policía del pensamiento tendrá la última palabra.
No importa la procedencia del escritor ni lo que hayas escrito, dice Garralón. Si el autor osó escribir la palabra «negro» para referirse a un personaje de piel negra, toda su obra será cuestionada. Los valores estéticos no son tomados en cuenta. Cada grupo, además, tiene una legión de «escritores» que inspeccionarán los cuentos (los libres de derechos de autor) para readaptarlos según sus consignas. El caso más reciente es una versión de El Principito, titulado La Principesa. Las autoras indican que, además de ser una traducción de género, «se reescribe con una mujer protagonista que viaja a planetas donde los oficios son desempeñados indistintamente por hombres y mujeres, donde los animales reciben un trato más amable que en la obra original y la rosa se ha transformado en un clavel» (sic). No es posible imaginar qué cosa podría haber respondido Antoine de Saint-Exupéry ante la frase «…los animales reciben un trato más amable que en la obra original…».
“Arte machista para adultos”
Hasta aquí, un ligero resumen de lo que acontece en el mundo editorial. ¿Pero qué sucede con aquellos artistas que nos han legado una obra artística extraordinaria pero sus vidas privadas son objeto de condena? En los últimos dos años, Gustave Courbet, Auguste Rodin, Pablo Picasso, Charles Dickens, Albert Einstein, James Joyce, Steve McQueen, Robert Crumb, Mick Jagger, Morgan Freeman, John Belushi, Quentin Tarantino, Jorge Lanata, Alfredo Casero, Ricardo Darín y Osvaldo Laport han sido algunos de los muchos creadores, políticos, actores, periodistas y hombres de ciencia señalados como misóginos.
En el Reino Unido, la Manchester Art Gallery retiró una pintura del prerrafaelista William Waterhouse, Hilas y las ninfas (1896), para «abrir un diálogo en torno al papel de la mujer en el arte». En España, doce mil personas firmaron un manifiesto para que se retirara de una muestra transitoria la pintura Térèse soñando (1938), de Balthus: una jovencita que deja ver, de manera provocativa, su ropa interior.
La lista no se detiene allí. Woody Allen ha sido descalificado como depravado y señalado como un sujeto execrable que mantuvo una relación incestuosa con su hija adoptada, mientras Kevin Spacey fue denunciado como acosador. El documental Leaving Neverland (Dan Reed, 2019) aborda en sus casi cuatro horas de duración los abusos sexuales perpetrados por Michael Jackson. Si bien todas estas conductas deben ser evaluadas y condenadas en los estamentos legales correspondientes, los activistas intentan desplazar el repudio hacia las creaciones artísticas de los acusados. Así, los detractores han presionado a las instituciones culturales, sellos cinematográficos y cadenas de distribución para que las obras de los nombrados fueran quitadas de las galerías (Pablo Picasso), se les rescindiera sus contratos cinematográficos (Woody Allen, Kevin Spacey) o se los purgara de alguna serie de dibujos animados (Michael Jackson). Resta saber quiénes son los mentores principales que —acechando bajo el argumento del oprobio y las prendas de la diversidad— contribuyen con cuantiosos recursos económicos para que toda esta cacería planetaria sea simultánea, sistemática y organizada.
“Racismo”
En mayo del año 2019, la escuela secundaria George Washington de la ciudad de San Francisco decidió invertir 600.000 dólares para destruir una serie de trece murales que cubren 150 metros cuadrados y narran la historia del primer presidente estadounidense, George Washington. El autor de las obras, Victor Arnautoff, fue un artista soviético que había emigrado a Estados Unidos y que en la década de 1930 pintó murales en edificios públicos para la Administración de Trabajo del gobierno, un proyecto de Franklin Roosevelt para darle empleo a artistas desempleados por la Gran Depresión. En los murales de Arnautoff, Washington les da órdenes a sus esclavos, los exploradores matan indios y el prócer aparece rodeado de sirvientes.
La escuela eliminó esas pinturas, no porque defiendan la idea de un prócer impoluto, sino porque «la presentación de minorías solo como víctimas es una agresión a nuestro alumnado. Queremos brindarles a nuestros alumnos un ambiente seguro» (sic).
En Uruguay, en el año 2018, se suscitó una polémica a propósito de un cartel en el que se muestra a una mujer negra amamantado a un bebé blanco. El afiche respondía a la convocatoria anual que hacen los organizadores de la fiesta de la Patria Gaucha, en Tacuarembó. El MIDES, a través de la ministra Marina Arismendi, lo consideró «racista y retrógrado» («Nos atrasa un siglo y medio», dijo la ministra). Del mismo modo que alguien podría haberse visto afectado por alguna razón genuina (tatarabuelos negros y esclavos), también se podría ver un homenaje a la relación desinteresada entre una nodriza y un niño que necesitaba alimento. Se podrá refutar que quienes así opinan tienen una mirada ingenua y pastoril a propósito del sufrimiento que padecieron los esclavos. Sin embargo, podría haber tanto racismo en quien pide que se retire la figura de la mujer negra, como en quien utilizó la estampa de la misma mujer para promover un evento folclórico.
La Diputada por el Partido Nacional, Gloria Rodríguez Santo (una legisladora de piel negra), escribió lo siguiente: «Es en esa imagen del “ama de leche”, quizás por nuestro orgullo de ser afrodescendientes, que vemos un mensaje mucho más profundo y positivo que a la época o a las prácticas nefastas a las que pueda retrotraer.»
En Londres, la guionista británica Karla Marie Sweet se quejó de que no entendía la ausencia de actores negros en la exitosa serie de HBO Chernóbil, basada en la tragedia ocurrida en 1986 en la central nuclear de la Ucrania soviética. Sweet explicó en Twitter que se sentía «decepcionada» al ver «un programa exitoso con un elenco masivo» que invisibiliza a «las personas de color» (sic). En respuesta, uno de los comentaristas le respondió: «No había personas “de color” porque en esa zona de la ex Unión Soviética el tipo racial predominante es el blanco-rubio». Luego de ese intercambio, la guionista restringió el acceso a su cuenta. Pero, como señalé más arriba, la censura está dirigida no solo a la obra, sino también a sus autores. Si esos creadores, además, tienen un oscuro pasado en sus vidas privadas, tanto mejor. En este momento de revisionismo, un grupo de historiadores descubrió —hurgando en documentos y testimonios de su biografía— que Mahatma Gandhi llegó a abrazar el racismo durante su juventud. El objetivo es desacreditar sus acciones y echar por tierra su consagración como sujeto pacifista y líder de masas.
“Ciencia racista y misógina”
Según relata el crítico Jorge Barreiro, un grupo de estudiantes de la Universidad de las Artes de Filadelfia pidió que no se dejara hablar, y que se despidiera, a la profesora —y feminista— Camille Paglia, una de sus académicas más prestigiosas, por sus críticas al feminismo hegemónico, a la teoría posmoderna del constructivismo sociocultural —personificado, según ella, en Foucault y Derrida— y a su oposición a la discriminación positiva en favor de las mujeres por considerarla una forma de minusvalorarlas. El rector se negó, finalmente, a las pretensiones censoras de los estudiantes. En algunas universidades australianas las carreras de los astrónomos y astrofísicos no dependen solo de sus méritos académicos, sino también de sus identidades personales —varón, blanco y heterosexual corren últimamente con desventaja— y de sus antecedentes en asuntos de «diversidad». Para aspirar a cargos y recursos —en astronomía— se exige al interesado que escriba una «declaración sobre diversidad» (sic).
A la psicóloga y socióloga estadounidense Linda Gottfredson le cancelaron una conferencia en la Universidad de Gotemburgo por sostener cosas tan «inauditas» como que hay evidencia de que algunas pautas conductuales no obedecen solo a construcciones sociales, sino también a factores genéticos. Se le comunicó que su invitación había sido anulada debido a las protestas de otros investigadores que sostenían que «las conclusiones no igualitarias» de Gottfredson contravenían las normas éticas del organizador. Pero la coerción hacia quienes piensan distinto no se suscita solo con la ciencia; el oscurantismo también afecta a principios democráticos y de igualdad largamente arraigados en nuestra tradición republicana, como la presunción de inocencia, el derecho a un juicio imparcial, y a la libertad de creación artística, que ya se suponía a resguardo de los imperativos religiosos o morales. La carrera académica del profesor y abogado Ronald S. Sullivan Jr., el primer decano negro de la historia de Harvard, llegó a su fin cuando las autoridades de la universidad anunciaron que no le renovarían su mandato. Su pecado fue el de haberse sumado al equipo de defensa de Harvey Weinstein, el productor de Hollywood acusado de abusos sexuales y que disparó la creación del movimiento #MeToo. Los estudiantes consideraron que Sullivan «ya no era de fiar como académico» (sic). Se deduce que, para las autoridades de Harvard, una conquista civilizatoria como la presunción de inocencia —rubricada en la Constitución— y el derecho a disponer de abogados defensores, son meros detalles que deben sacrificarse en el altar de la lucha contra el sexismo.
Hay muchos más ejemplos de descalificación moral hacia los científicos «heréticos». La prueba más categórica es la reciente creación de la revista Journal of Controversial Ideas, para que los académicos que escriben sobre temas controvertidos (¿habrá algún tema científico que no haya sido controvertido en algún momento?) puedan publicar… anónimamente. Entiéndase bien: se está empujando a quienes tienen el genuino derecho a discrepar a que lo hagan, pero desde las sombras.
Uno de sus promotores, el profesor de filosofía de la Universidad de Oxford, Jeff McMahan, recordó que «Las amenazas de fuera de la universidad suelen provenir más de la derecha. Las amenazas a la libre expresión y a la libertad académica en el seno de la universidad suelen provenir de la izquierda».
Según Barreiro, sobre el clima intelectual imperante en la facultad de Ciencias Sociales de Uruguay, el profesor Nicolás Trajtenberg ha llegado a sufrir la estigmatización y la descalificación de quienes no adhieren a las corrientes de la izquierda identitaria hegemónica. Cualquiera que se atreva a desafiar el canon —marxismo cultural, feminismo de género y políticas identitarias en general— es tachado de sexista, racista, homófobo, islamófobo o «neoliberal» —incluso fascista, llegado el caso— porque, cuando se va escaso de argumentos, no hay mejor recurso que la descalificación ad hominem, previa alegación de ofensa. La advertencia para los futuros investigadores es clara: hay temas «sensibles» que no conviene abordar. No decir en público lo que se piensa en privado por temor al descrédito o el estigma es una decisión bastante corriente. Esto erosiona la libertad académica y de expresión en general, el progreso del conocimiento y hasta algunos principios básicos del orden democrático. Todo hallazgo científico —tanto de las ciencias naturales como de las sociales— debería ser impugnado, contradicho o cuestionado. ¿Por qué no refutar a Carl, a Paglia, a Gottfredson y a Sullivan? ¿Qué mal podría derivarse de confrontar ideas rivales?
Los ya célebres «espacios seguros» que reclaman los estudiantes en los campus anglosajones no refieren solo al acoso sexual o a que las autoridades eliminen «murales ofensivos». Un «espacio seguro» es también aquel en el que el educando se halla «a resguardo de las ideas que le hacen mal» (sic). Por tanto, esas ideas se suprimen.
Corolario
La idea de ficción, que madura en la Europa medieval con la eclosión de la novela, se ha quebrantado de forma grave en el siglo XXI, lo cual atenta contra su sentido de existencia. Hoy, si esa ficción quiere dar lucha por su libertad —en el debido marco del respeto y de lo que se supone se debe interpretar por humor o estereotipo—, deberá enfrentarse a dudosas adaptaciones, modificaciones, y formar parte de listas negras o escraches. Hace un tiempo anduvo circulando en las redes sociales un listado de «las diez canciones más misóginas de la música uruguaya» (sic). En el podio se hallaba el tema La hermana de la coneja (Jaime Roos/ Raúl Castro), pero las más cuestionadas siguen siendo las letras de tangos. «El tango no ha ofrecido una imagen de mujer autónoma y de avanzada, sino que tiene un claro componente machista y paternalista en sus letras, pero queremos otro tango» (sic), reclamó la senadora uruguaya Constanza Moreira, volviendo a confundir ficción con literalidad y testimonio histórico con ofensa y culpa social.
Varios observadores han advertido que en la historia contemporánea, quienes mejor han aplicado la lógica de estas acciones censoras, han sido aquellos regímenes donde universidad pública, partido y Estado son uno solo.
En suma, cuando las estructuras de poder aspiran a la prolongación inerte de sus dogmas, el artista y su obra terminan impugnados o directamente eliminados. A ese artista entonces se le teme, como se le temió a Masaccio, a Klimt, a Bellmer, a Manet, a Zola y a Onetti. Varios de ellos, expatriados o encarcelados. El humor, el arte, la libertad de expresarse fundada en la lengua «convencional» y —sobre todo— en la capacidad de simbolizar, se arrojan a la censura. Así como el Ku Klux Klan ordenó una fogata con discos de los Beatles en Texas en 1966, los nuevos emisarios del oscurantismo procuran arrojar a una nueva hoguera las obras que no se ajustan a los parámetros de sus agendas progresistas.
En consecuencia, la censura contra un arte que no se aviene a sus esquemas siembra el desprecio por el arte y la cultura, elimina el diálogo, fomenta la intolerancia y promueve la violencia. Será el triunfo de una literalidad plana bajo el cercenamiento a las libertades. Será, en nombre de la ofensa, el triunfo del fascismo.
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2017.09.02 23:39 SubotaiKhan Resumen de toda la Izquierda.

ADVERTENCIA: Este thread es largo, y no cuenta con un TL;DR al final. Lo siento mucho :(
EDIT: Me estan haciendo responder en el nombre del socialismo a sus preguntas, que me hace pensar que cuando haga un post sobre la derecha me van a hacer defender a Hitler y a Pinochet.
A raíz de mi thread anterior de politica, varios usuarios me preguntaron por mensaje privado mas info sobre corrientes socialistas. No soy socialista, pero supongo que un socialdemócrata puede cooperar de todas formas con aquellos que quieran saber mas. Así que me tome una semana en armar este thread. Mi idea es hacer posteriormente uno similar sobre la derecha, y si alguien quiere cooperar en ello, bienvenido sea.
Tomen este thread a modo de enciclopedia, no hace falta leérselo todo. Pero agradecería que antes de criticar o sugerir algo, lo lean. Ya me paso con el thread anterior que varias personitas lo criticaron sin haberlo leído, y me saco de quicio.
Le faltan algunas ideologías muy regionales, como por ejemplo Guevarismo, Polpotismo, Castrismo y otras ideologías eponimas. Pero seria ya demasiadoooooo trabajo D:
Agarren sus ushankas, sus botellas de vodka y pan relleno, que esto es laaaargo.
MARXISMO.
Este thread tiene que empezar con Marx. Y si sos de centro o de derecha y estas ya revolviendo los ojos, quédate un poco conmigo que puede que encuentres algunas cosas en la que vas a estar de acuerdo con Marx, y podes seguir siendo un cerdo burgués imperialista neoliberal menemista nazista neofascista después de todo.
Carlos Alias “el Barba” Marx leyó por mucho tiempo al filósofo conservador Hegel, de que le robo algunas ideas. (No sería el único filosofo bigotudo alemán que haría lo mismo. Nietzsche le robaría a Hegel su famosa frase de “Dios esta muerto”)
Que decía Hegel? Bueno, proponía algo llamado “dialéctica”, que sostiene que cosas como los pensamientos filosóficos van siendo moldedados por dos fuerzas opuestas. Primero tenemos una tesis, después una antítesis que rechaza la primera formulación, y finalmente la síntesis, es decir, la convergencia de estas dos fuerzas. Si uno mira la filosofía desde sus inicios hasta la contemporaneidad, puede notar que usualmente existía alguien que proponía, por ejemplo, que el conocimiento de la realidad solo puede ser obtenido por medio de la razón (Racionalismo de Descartes), a lo cual le siguieron gente que decía que la realidad solo se entiende gracias a la experiencia de cada uno (Empirismo de Hume), pero posteriormente, venia algún filosofo que conciliaba estas dos ideas, como era Kant, diciendo que ambas se complementaban.
Esta lucha de opuestos es la que toma Marx para su idea de la lucha de clases, la tesis es la clase opresora, la antítesis es la clase oprimida, y la síntesis es el resultado de esta lucha, una nueva sociedad producto de la revolución.
Y Marx utiliza la historia para explicar este fenómeno, a lo cual se le llama Materialismo histórico. Patricios y plebeyos, nobles y burgueses, burgueses y proletariado. Sus luchas provocaron el fin del dominio de la clase dominante según lo decía Marx.
Bueno, pero porque lo llama materialismo?
Materialista no significa que le gusta la plata y los regalos caros. No. Significa creer que la sociedad sienta sus bases en la clase de economía que una sociedad tiene. Si tu medio de producción es el feudalismo, vas a tener familias de 20 personas viviendo todos en una casa y trabajando la tierra para mantener al señor feudal y poder cosechar lo suficiente para la familia. Si tenes un sistema industrial, no vas a necesitar tanta gente, puede que con que solo trabaje el hombre de la casa basta, mientras la mujer se queda con los chicos criándolos para que puedan ser trabajadores en el futuro. En definitiva: Los medios de producción son la razón por la cual una sociedad es como es, la economía (la infraestructura como lo define Marx) define a la sociedad y la política (superestructura).
Es entonces, que con la dialéctica histórica, los oprimidos vencerán a los opresores. Esta es la evolución de la historia, de manera tal que el proletariado (proletariado viene de proles, es decir, que su única función en la vida es reproducirse para añadir más mano de obra) va a levantarse en contra del sistema, tal como hizo la burguesía contra la nobleza en la revolución francesa.
Marx no se lo podría definir como un “activista”, como una simple persona que le daba pena la gente trabajadora y por eso escribía las cosas que escribía. No, Marx era un sociólogo y filósofo, un científico de las ciencias sociales, que sostenía que todo esto era natural, el socialismo no es una fuerza opositora al capitalismo, sino el resultado de este. De esta manera sostiene que la gran revolución socialista no ocurriría en la Rusia Zarista, un imperio que en aquel entonces era una sociedad feudal, sino en Inglaterra, máximo exponente del capitalismo. En algún momento, por culpa de las contradicciones del mismo capitalismo, el sistema colapsaría, y de ahí se tornaría la sociedad capitalista en socialista, y posteriormente en una comunista. (Para saber la diferencia entre esos dos términos y como es que la revolución rusa surgió entonces, seguí leyendo)
Carlitos también nos da otros conceptos, como la plusvalía. Esta sería la ganancia que se queda el burgués, descontando todo lo que costo hacer el producto. Marx se pregunta porque es el burgués quien se queda con la mayor ganancia, cuando el trabajador recibe una ínfima parte, y es el quien da su fuerza de trabajo para producir los productos. Esta situación, que Marx lo considera una distorsión de la naturaleza humana, en la que el trabajador no recibe nada de las ganancias de lo que el mismo produce, se la llama alienación, y es esta contradicción del capitalismo la que llevaría consecuentemente al fin del mismo sistema.
SOCIALISMO y COMUNISMO
Con todo esto en mente, los socialistas son un AMPLIO grupo de ideologías diferentes, todas continuadoras de una manera u otra del trabajo de Marx. Todas concuerdan sin embargo que los trabajadores deben tomar en sus manos los medios de producción. El comunismo sería que, en virtud de que los trabajadores mismos controlan todo, la existencia del Estado se vuelve superflua, y entonces desaparecería el Estado debido a su inutilidad, no solo desaparece el Estado, sino las clases sociales y el dinero. Como lo dije en el anterior thread, NUNCA existió un Estado Comunista, porque sería un oxímoron, como decir un Estado Anarquista o una república monárquica.
Esta transición llamada socialista, del sistema capitalista al comunista es lo que sostienen todos los marxistas clásicos. Sin embargo, ciertos movimientos anarquistas de izquierda sostienen que no debe o se requiere tal transición, con una revolución basta.
LENINISMO: Como imagino que se darán cuenta, es originado en el pensamiento de Lenin en la primera etapa de la URSS, y como deben saber, la revolución rusa no fue formada por medios pacíficos, sino con el uso de la fuerza. Esta corriente cree en una democracia centralista. ¿Que es esto? La idea de que las opiniones y decisiones políticas nacen del consenso absoluto, y no de la deliberación individual de cada uno, y todos deben seguir esta idea acordada. ¿Cómo se alcanza un acuerdo? Por medio de la concientización de clase, de instruir a los proletarios en su lucha, tarea que debe ser realizada por el partido de la vanguardia, la clase política más avanzada y concientizada que instruye, pero no lidera, a los menos instruidos.
-Historia resumida: Lenin esta por morir, y deja la Unión Soviética en manos de León Trotsky, advirtiendo además de que Stalin es un sorete que hará lo que sea posible para llegar al poder. Cosa que finalmente ocurre, por lo cual León escapa a México, se pone de novio con una uniceja, y termina siendo asesinado por orden de Stalin-
MARXISMO-LENINISMO: Es la ideología que invento Stalin, que contaba con varias modificaciones que un marxista ortodoxo estaría de acuerdo. Básicamente propone dos cosas fundamentales:
1- La revolución socialista en un solo país, como contraposición a lo que Lenin y Trotsky sostienen, de una revolución internacional que derroque al capitalismo. El argumento de esta postura es que se debe consolidar el socialismo en un país, para después ayudar a la revolución socialista mundial. Esto implico que Stalin no apoyo causas revolucionarias en otros países, por eso no intervino en la Guerra del Corea. Si hubo intervencionismo ideológico en otros países, sobre todo en los países limítrofes, pero la finalidad era estratégica, era crear estado tapón (Véase la cortina de hierro​ o telón de acero) o disminuir la influencia de occidente.
2- El partido de la vanguardia debe asumir el liderazgo convirtiéndose en un sistema de partido único. Si parecía que existía una dictadura antes, ahora iba a haber efectivamente una dictadura.
De la ideología de Stalin, nace el Hoxhaísmo, que se define como continuadora, lo que le lleva a estar a favor del Maoísmo solo cuando Mao era cercano a Stalin, y volverse crítica del mismo cuando este se distancia. Además se opone contra todo tipo de revisionismo. Sostiene que cada país debe conseguir la revolución y gobierno socialista por sus propios medios. Critica a todo socialismo excepto el albano, al que lo considera el verdadero marxismo ortodoxo.
TROTSKISMO: León rechaza todo esto. Trotsky, para gran alivio del mundo capitalista, no llego al poder, porque de haberlo hecho, habría alentado revoluciones socialistas en todo el mundo, y no se habría detenido en el socialismo estatal burocrático que tenía Stalin (apodado como Estado degenerado de los trabajadores) cosa que Trotsky denunciaba como contrario al marxismo. La idea central de Trotsky es la revolución permanente, la idea de no detenerse, ni en el dónde ni el ahora, todo país capitalista debía transformarse en socialista, y los socialistas debían seguir en revolución hasta lograr el comunismo, es decir, una sociedad sin estado, dinero ni clases.
MAOISMO: La china comunista se distancia de Stalin, aunque mantiene algunos aspectos, como la idea del partido único y el socialismo en un solo país, pero estaba en contra de la centralización y del culto a la personalidad. También incluye otras ideas como la de Trotsky, la idea de una revolución permanente, que se realizó por otras revoluciones en el país
-La revolución cultural: Su finalidad era acabar con las diferencias entre las masas populares y el Partido, consistiendo en erradicar la cultura china de todas las influencias burguesas y anti socialistas, y se lo hizo de diversas maneras, como fue la destrucción de todo lo relacionado con el confucianismo, filosofía que apoyo el sino centrismo que tanto tiempo China conservó, el aislacionismo y creencia de que China es el centro del mundo, lo que género que fueran humillados por occidente en el conflicto de los Boxers y la Guerra del Opio. Esta revolución se llevó a cabo no solo quemando libros, censurando o matando gente, sino que se hizo también una migración de la población: Todo aquel intelectual, burgués, universitario y hasta funcionario político que nunca hubiese trabajado la tierra, fue obligado a trasladarse al campo para hacerlo. Además, se alentó a los jóvenes a que se opusieran a sus padres y maestros, a todas las enseñanzas de la antigua y milenaria China, se los sumó a las filas de los Guardias Rojos, quienes se organizaban para cometer actos de vandalismo (tanto de particulares como de museos, librerías e instituciones académicas) y persecución de quienes se oponían a los ideales socialistas.
-El Gran Salto hacia adelante: Proponía a diferencia de Stalin, una economía basada en la agricultura más que en la industria, y por ello se propusieron varias medidas en el país para radicalizar y llevar la revolución a los granjeros. Esto incluyó la “brillante” idea de matar diversos insectos y pájaros que consideraban una plaga, y la de producir más hierro que Gran Bretaña, y para ello se metió cualquier tipo de metal al horno, de mala o buena calidad, hierro chatarra hasta los utensilios de cocina y las herramientas de trabajo del campo. Esto, como se imaginaran, produjo hambrunas, y consecuentemente la mayor cantidad de muertes que un ser humano allá provocado. Por esta razón se dice que Mao mato más gente incluso que el Gran y todopoderoso Genghis Khan. (entre 18.000.000 y 32.500.000 personas, según distintas fuentes)
-Denguismo: Después de la muerte de Mao, Deng Xiaoping sucedió en el poder, y aunque era socialista, el proponía una mirada más pragmática a la revolución, y sosteniendo que no abandonaba la ideología de su antecesor, abrió China al mercado capitalista y lo modernizó todo, además creó el sistema de “un país, dos sistemas”, que crea esta inusual forma de gobierno que tiene hoy en día Hong Kong y Macau.
COMUNISMO PRIMITIVISTA: Se considera que las sociedades recolectoras-cazadoras no tienen jerarquías, divisiones sociales o un mercado como las sociedades capitalistas, por lo tanto, son las ideales.
COMUNISMO DE IZQUIERDA: No, no existe comunismo de derecha, solamente es un movimiento comunista que desconoce a la burocracia de los Estados socialistas (o mejor dicho, del marxismo leninismo), diciendo que esta clase de burocracia pertenece a la derecha, y que en el verdadero comunismo que sigue las ideas de Marx, se abogaría por la reducción del Estado, no su incremento. Este movimiento es influido por Rosa Luxemburgo.
Sostienen que todos estos Estados Socialistas que surgen en la guerra fría, son en realidad Estados Capitalistas. Están no solo en contra de la democracia, sino que consideran incluso a las uniones sindicales como reaccionarias o conservadoras. y por supuesto, apoyan la revolución mundial.
Una variante de esto es el Bordigismo, que estaba a favor de la democracia centralista de Lenin, y su vanguardismo, solo que este no votaria en elecciones parlamentarias, y se dedicaría a preservar los principios aceptados por los miembros, y buscar la cooperación con los demás. Ademas proponía que aunque se logre la eliminación de las clases y el estado, debería seguir existiendo una administración central no democrática que controle la sociedad, compuesta unicamente por aquellos mas aptos para el trabajo.
LUXEMBURGUISMO: Doña Rosa también se opone al nacionalismo y la represión del socialismo soviético, y está a favor de un socialismo internacional, proclamando que todos los trabajadores deben unirse y luchar contra sus opresores, haciendo en conjunto huelgas masivas. Ella propone que los trabajadores deben emanciparse ellos mismos, sin necesidad de un partido vanguardista.
COMUNISMO CONSEJISTA: Este se inspira en los escritos de Rosa Luxemburgo, y se opone a al comunismo de partido, y sostiene la creación de organismos auto organizados de la clase obrera, conscientes de su papel histórico. Esto difiere de los partidos de vanguardia, ya que el consejismo no busca dirigir o adoctrinar, sino aportar su experiencia a los obreros del mundo en su lucha contra la burguesía.
Otra distinción importante es que ellos creen en un movimiento obrero que unifique la lucha en todos los sectores de la sociedad, no solo en lo laboral, sino político, económico y social, un frente unido.
SOCIALISMO AUTOGESTIONARIO: Prominentemente en la Yugoslavia de Tito. Supone que el pueblo debe participar en las distintas comunidades cercanas a la vida cotidiana colectivizada, como los gremios, los grupos locales, las empresas (si, aceptaban la propiedad privada de medios de producción y en servicios, pero con restricciones, este sistema es social y se limita a aquello que no sean los servicios y empresas estatales.) y a niveles políticos superiores de los Estados, esto lo llama tricameralidad, o el sistema político en el que el poder legislativo se estructura en tres cámaras :
-Cámara baja o Parlamento cuyo objetivo es la representación ideológica a través de los partidos políticos.
-Cámara alta o Senado cuyo objetivo es la representación territorial en estados de tipo federativo/confederativo.
-Cámara socio-económica o laboral, cuyo objetivo es la representación laboral a través de los sindicatos.
Todas estas comunidades conforman una planificación descentralizada, opuesta al sistema burocrático soviético, e incluso se permite el capital extranjero invirtiendo en el país.
Abogaba además por una solidaridad internacionalista, en vez del internacionalismo proletario. No debe existir un dirigismo de otros movimientos socialistas, sino solidaridad con los distintos movimientos.
Entienden que el socialismo se ajusta de manera distinta a cada lugar donde se desarrolle, así que es flexible y más tolerante con otros movimientos socialistas en el mundo.
Además de Yugoslavia, este sistema se lo ve en el sionismo socialista, los kibutz que existen todavía. (Unrelated fact: Tengo una cliente israelita que vive en un kibutz. Parece bastante normal todo)
STRASSERISMO: El ala izquierdista del partido nazi que fue purgada por Hitler en la noche de los cuchillos largos. Strasser, su ideólogo, sostenía que se debía disolver no solo la sociedad capitalista, sino la industrial, proponiendo retornar al campo. También se propone la nacionalización de la economía alemana, con la finalidad de des proletarizar a la población, es decir, dejar de ser obreros para ser agricultor. Están en contra de los partidos políticos, de la censura, y a favor de un gobierno federal y centralizado.
NACIONAL BOLCHEVISMO: Realmente no puedo explicar esto. Son literalmente nazis comunistas, y Wikipedia me ayuda a penas aclarar que son.
“El nacional-bolchevismo es una corriente ideológica surgida en la década de 1920, ​como un intento de combinar la lucha social anticapitalista con el nacionalismo, tendencia que estuvo presente en diversos movimientos políticos alemanes y, en cierto modo, en determinados miembros del Partido Bolchevique ruso.
Según algunos autores, se trata de una ideología esencialmente fascista, mientras que otros lo consideran a medio camino entre el fascismo y el leninismo, ​por la combinación de su glorificación del Estado como guardián de la unificación de las tradiciones nacionales con la movilización social y el colectivismo, propios de un sistema socialista”
“El nacional-bolchevismo moderno es un movimiento dispar y a veces contradictorio, ya que se considera que integra las más diversas corrientes políticas, principalmente por las alianzas que se dieron en Rusia entre la extrema izquierda y la extrema derecha. Algunos analistas consideran el nacional-bolchevismo moderno como la expresión de la unión del neofascismo con el comunismo soviético”
Alexandr Dughin resume así al nacional-bolchevismo:
“Si liberamos al socialismo de sus aspectos materialistas, ateístas y modernistas, si rechazamos los aspectos de la Tercera Posición como el racismo y el nacionalismo corto de miras, llegamos completamente a una nueva ideología política. La llamamos la 'Cuarta Teoría Política [...] Su elaboración comienza del punto de intersección entre las diferentes teorías antiliberales del pasado (comunismo y Tercera Posición), acabando en el nacional-bolchevismo que representa el socialismo sin materialismo, al ateísmo, al progresismo, al modernismo y a las teorías de la Tercera Posición sin racismo y nacionalismo”
Funfact: El famoso ajedrecista Gary Kasparov es un dirigente del partido Nacional Bolchevique.
JUCHE: Corea del Norte. No podría llamarse ideología, ya que implica un cambio en toda la sociedad. Sostienen que las personas son responsables de su destino, y por lo tanto, son todos responsables del mantenimiento del Estado Socialista. Es sobre todo un movimiento patriótico y aislacionista, o mucho mejor expresado por el mismo Kim Il-Sung: "la independencia política, autosuficiencia económica y autodefensa militar".
Obviamente no es tan “el pueblo es el que gobierna” en la práctica, ya que Corea del Norte se gobierna bajo su Supremo Lider. Fun fact: El calendario Juche tiene su año 1 con el natalicio de Kim Il-Sung.
POSADISMO: Nuestro aporte al pensamiento socialista. Un argentino trotskista, llamado Juan Posadas, dijo que los extraterrestres estaban entre nosotros, y que estos eran mucho más avanzados que nosotros, y por lo tanto tenían una sociedad comunista, eran internacionalistas interplanetarios, ergo nuestros compañeros que nos ayudaran a lograr el comunismo mundial.
…Además de que hablan del socialismo traicionado de Trostky, y de que se requiere un nuevo orden socialista mundial, que según esta ideología está ganando terreno hoy en dia, que luchara contra el capitalismo con todo lo que tenga, incluso armas nucleares si hace falta.
SOCIALISMO DEMOCRÁTICO: Busca llegar a una sociedad socialista por medios democráticos. Varia de igual manera la definición de democracia… los más moderados creen en la democracia capitalista, mientras que otros sostienen establecer una democracia “real” por medios revolucionarios.
SOCIALISMO DEL SIGLO XXI: Actualmente en Venezuela, Nicaragua, Ecuador y Bolivia. El cambio de paradigma del siglo anterior, como la muerte del bloque comunista, hace necesario replantear el socialismo en el mundo, y es por ello surge este nuevo socialismo. Su tesis es que el camino más expedito para alcanzar la sociedad más justa a la que todos anhelamos, se consigue con una alianza entre el socialismo y el liberalismo, una vez que el socialismo haya dejado a un lado al estatismo y el liberalismo haya dejado a un lado al capitalismo.
Esta ideología se sustenta en cuatro ejes: el desarrollismo democrático regional, la economía de equivalencias, la democracia participativa y protagónica y las organizaciones de base.
Desarrollismo democrático regional: Con bloques integracionistas como el Mercosur. Aca entra también la idea del bolivarianismo y la Patria Grande.
Economía de equivalencias: Propone lo que denomina una economía de valores fundado en el valor del trabajo que implica un producto o servicio y no en las leyes de la oferta y la demanda.
Democracia participativa y protagónica: La revolución debe ser democrática, sin uso de la violencia. Y esta democracia debe ser directa o al menos semi indirecta, con plebiscitos y referendums.
Organizaciones de base: Aquellas organizaciones cercanas a la comunidad, que agrupan a las personas en pos de lograr la coordinación de las masas, descentralización y autogobierno de la sociedad.
-Con todo esto de ideologías convirtiéndose en dictaduras, uno se pregunta que paso con la idea original de Marx del Comunismo, una sociedad sin Estado. Bien, ese es el problema que tiene la izquierda y una de las muchas razones por las cuales hay tanta desunión. Algunos movimientos decidieron abandonar la idea del socialismo y se volvieron capitalistas reformados, otros son fervientes anarquistas. Estas son sus ideologias-
SOCIAL DEMOCRACIA: Básicamente es el revisionismo extremo marxista, que, viviendo en Europa, durante la Guerra fría, y viendo las cosas que la URSS hacía, decidió que el socialismo no era tan buena idea, pero seguía criticando al capitalismo. ¿Resultado? Un sistema capitalista, Estado de Bienestar, ocupándose de temas como la educación, la salud y demás. Esta ideología prosperó enormemente en Europa y fue la mejor idea que se le ocurrió a occidente para evitar que los trabajadores cayeran en el extremismo del fascismo o el socialismo.
Se lo suele llamar “capitalismo humanizado” o incluso “socialismo de derecha”, aunque en realidad no buscan en lo absoluto la destrucción del capitalismo, sino que ven en a este modelo al mejor sistema para proveer riquezas a la sociedad. Los países nórdicos son el ejemplo Nº1 de esta ideología.
SOCIALISMO LIBERTARIO: Es un termino que agrupo varios movimientos socialistas o anarquistas. Están a favor de una mínima o ninguna intervención estatal, a favor de la industria y comercio comunitario. La gente se regula sola, y es la gente quien regula el comercio. No necesariamente están en contra de la propiedad privada y el dinero, sino en contra de las empresas privadas de la misma manera que se oponen al Estado.
ANARCO COMUNISMO: Volviendo al concepto puro de comunismo. Una sociedad sin clases ni dinero, donde existe una democracia directa, una sociedad horizontal, y asociaciones de trabajadores voluntarias, y una repartición de la riqueza basado en el principio de “de cada cual, según sus capacidades, a cada cual según sus necesidades”. Difiere del comunismo clásico, ya que ellos están en contra del Estado Socialista, la revolución debe destruir el capitalismo y dar pie al comunismo, sin nada en el medio.
ANARCO SINDICALISMO: Similar al anterior. Son los sindicatos de trabajadores al poder, donde la democracia es directa y la sociedad es organizada por la industria, y no el comercio. Esta ideología propone que sean las uniones de trabajadores, y no los partidos políticos, quienes derriben al capitalismo.
ANARCO FEMINISMO: Creen que las mujeres serán finalmente libres cuando acaben con el capitalismo y el estado, expresiones de la dominación masculina, o patriarcado.
ANARCO ECOLOGISMO: No hace falta aclarar mucho, solo que muchos de ellos suelen estar incluso en contra de todo tipo de industria y tecnología, abogando por un anarco primitivismo, es decir, volver a ser una sociedad cazadora – recolectora.
ANARCO PACIFISMO: La abolición del Estado nos llevara a la paz según esta ideología, ya que es el Estado quien genera violencia, tanto como propia, como la impropia.
COLECTIVISMO: Similar al anarco comunismo, sin embargo, ellos no se oponen a la remuneración, pero creen que debe existir una propiedad colectiva de las empresas, por lo tanto, uno no podría crear una empresa con la remuneración percibida por el trabajo. Difieren entonces en que cada uno debe percibir no de acuerdo a sus necesidades, sino a su trabajo aportado.
MUTUALISMO: Aceptan el libre mercado, siempre y cuando estos sean administrados por los mismos trabajadores, y ellos sean responsables por las mismas compañías. Son reformistas y se oponen a la violencia para alcanzar la anarquía.
Porque hay tantos movimientos de izquierda? Por que no hay unidad? Es dificil de saber con exactitud porque. Mi teoria es que, debido a que el socialismo nunca logró arraigarse definitivamente, y su surgimiento nunca fue orgánico, sino por medio de la revolución, no se logró concretar la unidad. Cada corriente tiene su propia idea de como lograr esta sociedad utópica, y se reinventa acorde a las experiencias y condiciones sociales, economicas y politicas donde se desarrolla. Al capitalismo le paso algo similar en la revolución francesa, existieron varias ideologías en lucha, hubo purgas, guerras, imperialismo y todo como en el socialismo del siglo pasado, solo que sus ideas trascendieron efectivamente, y llegaron a tierras donde no existían monarcas y era mas facil ser burgués (las colonias).
El capitalismo evolucionó ahora, nunca se quedo en lo que era después de la primera revolución industrial, ya no tenemos solo proletarios, sino consumidores, distintas profesiones liberales, y un dinamismo social que evita en ocasiones el resentimiento de la clase obrera. Le es más difícil a la izquierda unirse y tener un gobierno estable como lo era antes. Puede que vivamos una revolución mundial socialista, pero como decía Marx, tal cosa iba a suceder después de que el capitalismo se viniera abajo orgánicamente, producto de sus propias contradicciones, y no porque un partido político llegue al poder proclamándose representante del pueblo.
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2017.04.13 15:18 RaulMarti _EDUARDO GALEANO ,MI COMPAÑERO. (Recuerdos de una etapa compartida)

Entender por qué Eduardo Galeano fue quien fue, pensó e influyó como lo hizo, mantuvo permanentemente una posición humanística, anticapitalista y, por ende, antimperialista, y tan apegada a América Latina y a sus dolores, permanentemente militante contra las injusticias, hace imprescindible ubicar al hombre en su tiempo.
Y también cuándo y cómo comenzó esa insobornable militancia de la cual quien esto escribe, fue testigo presencial y compañero político en sus primeros pasos.
La década 1950-1960 fue muy rica en acontecimientos.
En los cinco años anteriores, y habiendo salido de la II Guerra Mundial, Inglaterra, que durante más de un siglo había sido la potencia dominante en lo económico y en lo político, había sido desplazada por la ahora potencia dominante, los Estados Unidos, los que si bien habían perdido hombres en los frentes europeo y asiático, en contrapartida habían aumentado su potencia económica, no solamente por el esfuerzo de guerra, sino también por la incorporación de las mujeres a la producción, para llenar las plazas que los combatientes habían dejado vacías.
Un nuevo orden quedó establecido en la conferencia de Breton Woods (1944), sellando -en lo económico y en lo político y con efectos perdurables hasta hoy (Banco Mundial, FMI, etc.)- la absoluta predominancia de la nueva potencia emergente.
La Guerra Fría había tenido picos peligrosos, cuando los “sospechosos” rusos, hijos de Gengis Khan y de las heladas estepas del Asia Central, que ya no montaban en pequeños y robustos corceles sino en tanques T-34 y volaban en Migs y Tupolevs, habían tenido el atrevimiento de bloquear el aeropuerto de Tempelhoff (Berlín), obligando a las potencias “democráticas” (EEUU, Francia y R.U.) a establecer un puente aéreo para abastecer a la asediada ciudad.
Europa se beneficiaba del Plan Marshall, ideado no solamente como valla de contención de la amenaza comunista, sino como negocio de USA para vender productos industriales y agrícolas y crear un mercado para sus productos.
Franco -gracias a su territorio-portaaviones y a sus bases navales- había recibido la bendición democrática lo que terminaba con su aislamiento y le permitía entrar, primero en la Unesco y luego en las Naciones Unidas.
Y Alemania, la vencida, recibía una generosa ayuda económica entre la cual estaba el perdón de gran parte de sus deudas por indemnizaciones de guerra.
Entretanto, sus capitalistas se aplicaban -como solo lo saben hacer los alemanes- a la reconstrucción de sus desvastados territorios y de su postrada economía entre algo más que rumores de imparable y generalizada corrupción.
En América Latina, en 1948, los Estados Unidos habían consolidado jurídicamente su incontestable dominio con la creación de la Organización de Estados Americanos (OEA) entre feroces tumultos populares (el “bogotazo”) que obligaron a las delegaciones a recluirse en el Hotel Tamanaco (Bogotá) mientras el presidente,el “carnicero” Laureano Gómez asesinaba a su pueblo.
Como la guerra había cegado las fuentes de abastecimiento dedicadas al esfuerzo bélico, algunos países (Argentina, Brasil) intentaron sustituir el modelo agro exportador tradicional por un desarrollismo sustitutivo de las importaciones, que quedó solo en el crecimiento de industrias livianas y de consumo.
La vuelta a la producción de economías antes afectadas por la guerra, ahora con industrias fabricantes, ya no para mercados nacionales, sino mundiales, utilizando nueva maquinaria, etc.,al abatir costos y precios de venta, hace abortar los incipientes intentos de las burguesías nacionales por desarrollar su industrialización.
Una crisis generalizada se abatió sobre los los países latinoamericanos con repercusiones en lo político.
Gobiernos seguramente más represivos que los anteriores llenan el mapa del nuevo continente.
En 1948 el general Pérez Jiménez derribó el gobierno democrático de Rómulo Gallegos en Venezuela. Su dictadura sanguinaria dura 10 años.
En 1952 el sargento Batista (ex integrante de fuerzas de ocupación norteamericanas) eliminó a Prío Socarrás como presidente legítimo y se entronizó en Cuba (con el apoyo del Departamento de Estado y la Mafia norteamericanos) hasta ser depuesto en 1959 por los revolucionarios comandados por Fidel, el Ché, Camilo Cienfuegos, etc.
Stroessner dictaba su ley en Paraguay y Duvalier y sus “tonton macoutes” en Haití.
Getulio Vargas, nacionalista brasilero, no resistió las presiones y se suicidó en 1954.
10 años después, los militares inaugurarían una de las dictaduras más duras y prolongadas de América Latina.
En Republica Dominicana dominaba política y económicamente el país Rafael L. Trujillo y Anastasio Somoza en Nicaragua.
En contrapartida, en 1952, el Mov. Nacionalista Revolucionario (MNR) de Paz Estenssoro, Siles Suazo y Juan Lechín (líder sindical) derriba a bombazos de dinamita minera, el gobierno entreguista de M Urriolagoitia en Bolivia, nacionaliza el estaño (principal riqueza del país) y realiza una reforma agraria.
En Guatemala, los gobiernos democráticos de Arévalo y su sucesor, el coronel Arbenz se atreven con la intocable United Fruit (“Mamita Yunai” para los guatemaltecos) entre cuyos propietarios están el Secretario de Estado de los EEUU, John Foster Dulles y su hermano Allen. Pero el levantamiento del coronel Carlos Castillo Armas, (1954), auspiciado, financiado y armado por el Gobierno de los Estados Unidos, aborta con un baño de sangre el atrevido intento de tocar, nada menos que en América Central, los intereses de las multinacionales norteamericanas. Desde entonces, Guatemala vive un permanente genocidio.
Para nuestra generación (la del que escribe y coetáneos) el asesinato guatemalteco equivalió -en nuestro sentimiento latinoamericano- a la Guerra Civil Española. Fue NUESTRA GUERRA CIVIL.
En la Conferencia Interamericana de Caracas (OEA 1954), se estableció que “la actividad comunista en cualquier país implicaba una amenaza al sistema panamericano”
Es la época del “macartismo” y las consecuencias no se hicieron sentir sólo en el territorio norteamericano.
Por esas fechas los Estados Unidos promueven la firma del TIAR (Tratado Interamericano de Asistencia Recíproca), según el cual, todo ataque contra un país americano sería respondido por el conjunto de los demás países.
¿Puede alguien imaginarse un ataque extracontinental contra El Salvador, México, Uruguay, Argentina, Paraguay, etc.?
En cambio, es fácil suponer que lo que se intentaba era apoyar la política exterior norteamericana en su enfrentamiento con la Unión Soviética.
Como corderos, todos los gobiernos suscribieron este infame tratado. Galeano tiene 14 años cuando comienza a generarse en Uruguay un movimiento de resistencia a la firma del tratado entreguista, movimiento integrado fundamentalmente por jóvenes sin militancia política anterior, muchos de ellos intelectuales que realizan una intensa campaña llevando su planteamiento al interior del país.
Se genera una consciencia de que pertenecemos al mismo continente, al que hemos vivido de espaldas durante mucho tiempo, y que estamos amenazados por el mismo enemigo.
Mi amigo, Conrado Hofmann (“el alemán”), me convence de que si quisiera -como lo quiero- transformar el mundo en algo mejor, es indispensable hacerlo a través de la militancia política.
Convencido, me afilio al Partido Socialista del Uruguay y dentro de él, a las Juventudes Socialistas (JJSS).
El Partido a esa fecha tiene unos 40 años, y ha soportado, como otros partidos socialistas (socialdemócratas) del mundo, la dolorosa escisión producida cuando se organiza la 3ª Internacional, origen de los Partidos Comunistas nacionales.
La orientación del P.S. es socialdemócrata y europeizante, pero la Juventud del Partido está influida por el potente pensamiento marxista y latinoamericano de Vivian Trías, culto y original, incansable y lúcido trabajador, investigador e intérprete de la historia, orador brillante, enamorado de nuestra América mestiza, de su gente, de sus tradiciones, de sus culturas.
No menos importante es la influencia de un exiliado argentino del peronismo Enrique Germán Broquen, de enorme cultura (proviene de las capas superiores de la oligarquía argentina pero se pasa a las filas del pueblo), también marxista consecuente, especialista en el análisis del fascismo.
Y entre estas influencias, la situación objetiva que vive el Uruguay, el mayor conocimiento de Latinoamérica y de la influencia nociva del imperialismo norteamericano a lo largo de la historia, las JJSS comienzan un movimiento tendente a “latinoamericanizar” el viejo Partido, movimiento que culmina en el XXXI Congreso, en el que se revisa la teoría socialdemócrata que lo informaba hasta el momento, y se traban relaciones con el PS Chileno (“siempre más a la izquierda que todos los demás”) y demás movimientos progresistas latinoamericanos.
El PS tiene un periódico (El Sol) del cual es Secretario de Redacción Guillermo Chifflet (Yuyo, el Flaco), integrante de las JJSS, uno de los hombres más puros, solidarios, entregados y coherentes de nuestra generación. (1)
Chifflet me invita en 1956 a colaborar en el periódico, lo que acepto, encargándome de la redacción de una sección de noticias internacionales.
Los jueves por la noche vamos a la imprenta y entre el ruido de las máquinas, el calor del plomo fundido y sus vapores, van saliendo las líneas escritas que luego arma en planchas el tipógrafo.
Con la plancha entintada y una blanca hoja de papel encima prueba qué tal saldrá “eso”que mañana aparecerá transformado en hojas de periódico.
En un rincón, y en una vieja “Underwood”, compongo mi columna que le alcanzo al Yuyo.
Este ,con las manos llenas de borradores , muchos de ellos garabateados, algunos prolijamente escritos, otros” arborescentes” porque tienen anotaciones marginales por todos lados y sólo el Flaco, es capaz de hacerlos coherentes, se los va alcanzando al linotipista que digita hábilmente un gigantesco teclado lleno de letras y signos, entre puteadas por el desorden con el que se le van alcanzando los trabajos, y tragos de leche pare evitar el saturnismo (enfermedad profesional de los que manejan plomo o sus compuestos).
A la una (o a las dos) de la madrugada, salimos de la imprenta y por la calle Isla de Flores ,cantando bajito, nos vamos caminando para casa con el periódico calentito bajo el brazo.
¡Cuántas hermosas sensaciones que ahora son recuerdos!
Sucede que “El Sol”, como todo buen periódico que se precie ilustra su página 3 con una viñeta o caricatura.
Nunca conocí al dibujante anterior a mi llegada ,el que seguramente entregaría su trabajo anticipadamente a nuestra ida a la imprenta o lo dejaría en un lugar determinado.
Por razones que desconozco, un buen (o mal) día, el Flaco me comunicó que estábamos sin dibujante.
Y con esta carencia salió el periódico dos o tres semanas.
Una noche,-serían como las nueve-y estando de reunión con mis compañeros en el local de nuestras JJSS, me llama Guillermo para presentarme a la nueva adquisición del periódico: el futuro dibujante.
En el hall de recepción de la Casa del Pueblo (denominación de las sedes de los PS) me presenta a un joven de ancha y tímida sonrisa, traje gris claro, chaqueta cruzada, camisa blanca, corbata azul celeste al tono, aún lampiño, con granitos en la cara semirrubicunda y una voz que le “galleaba” todavía por el cambio de edad.
Debía tener unos 16 años.
El nuevo dibujante se llamaba EDUARDO HUGHES GALEANO, sí, el futuro escritor.
Pertenecía a una familia “patricia” y creo que su padre era abogado e integrante de uno de los estudios profesionales de mayor prestigio en Uruguay, y como tal, asesor de las más importantes empresas multinacionales (Ford, Coca-Cola, etc.) a quienes, si tocaba, incluso defendería frente al Estado uruguayo.
Para nosotros integrantes y jóvenes de las JJSS, las familias Hughes, como los Posadas (Carmen,viuda hoy de de Mariano Rubio) y otras, no nos resultaban simpáticas, por decirlo diplomáticamente.
Supongo que por eso, nuestro novel dibujante suprimió el nombre paterno y además en sus colaboraciones en el periódico se firmaba “JIUS”.
Las viñetas eran francamente elementales,de trazos gruesos y negros,como hechas con una brocha,ignorantes de las reglas del dibujo y mucho más de las "áureas proporciones".
Pero no habiendo otra cosa a mano...
No concurrió asiduamente a las reuniones de nuestro grupo político de jóvenes socialistas.
No recuerdo durante cuánto tiempo seguimos publicando sus dibujos en el periódico.
Sabíamos que contábamos con él y que “comulgábamos” juntos políticamente.
Quizá desapareció para reflexionar y hacer ensayos para cambiar aquella voz, en esa profunda tranquila y bien timbrada que conocemos.
De lo que no desapareció nunca fue de la actividad literario-política.
Tenía Galeano 33 años cuando comenzó la dictadura em Uruguay (1973) y una larga actividad y producción literaria. Eduardo emigró a Buenos Aires, donde fue director de una revista (Crisis), hasta que también, perseguido por Videla y sus compinches de la Junta Militare , tuvo que huir de la Argentina para no correr la misma suerte de los miles de torturados, presos, desaparecidos, etc. que el régimen militar produjo.
Volvió a nuestro país em 1985,reinstaurada la democracia
Por esa época , atendiendo mi actividad profesional de entonces, un llamado telefónico me llevó a visitar, en una casa del barrio del Buceo, a un señor que resultó ser...... EDUARDO GALEANO ,mi viejo compañero.
Un abrazoy una conversación sobre “aquellos buenos tiempos” selló el afecuoso reencuentro.
Después, nunca más lo vi.
NOTA: 1.-Guillermo Chifflet fue dos veces senador por el Frente Amplio. A instancias de Tabaré Vázquez en su primera presidencia (ahora lo es por segunda vez) el Parlamento Uruguayo (legisladores del Frente Amplio incluidos) autorizó que la armada uruguaya realizara maniobras conjuntas con la de Estados Unidos en el Atlántico Sur. Chifflet en solitario votó en contra y renunció a su banca en señal de protesta.
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2016.11.19 22:52 ShaunaDorothy ¡Defender las conquistas de la Revolución Cubana! El régimen de Castro da la bienvenida al reaccionario Vaticano

https://archive.is/IHDQa
Espartaco No. 46 Octubre de 2016
¡Defender las conquistas de la Revolución Cubana!
El régimen de Castro da la bienvenida al reaccionario Vaticano
Traducido de Workers Vanguard No. 1077 (30 de octubre de 2015).
Al menos 100 mil cubanos se dieron cita en la Plaza de la Revolución de La Habana el 20 de septiembre [de 2015] para asistir a una misa católica presidida por el argentino Jorge Bergoglio (el papa Francisco). Uno de los lados de esta amplia plaza ostenta un enorme retrato del Che Guevara, el héroe de la Revolución Cubana asesinado con ayuda de la CIA en Bolivia en 1967. En el lado opuesto, fue colocado un gran póster mostrando a Jesús con las palabras “Vengan a mí”. Raúl Castro, el dirigente del Partido Comunista Cubano (PCC) en el poder, se sentó en primera fila y asistió a otras misas papales en las ciudades de Holguín y Santiago en los días sucesivos. El papa también tuvo una reunión de media hora con el hermano y predecesor de Raúl, Fidel, de 89 años, que un portavoz del Vaticano describió como “muy informal y amigable”.
Voice of America, órgano de propaganda de la CIA, celebró a Francisco por advertir al pueblo cubano contra “los peligros de la ideología” (voanews.com, 20 de septiembre de 2015). Por su parte, la dirección del Partido Comunista instó a los cubanos a asistir a las misas papales y ordenó su transmisión en vivo a través de la televisión estatal. Pósters con la cara del papa fueron desplegados en todo el país. En el discurso de recepción en el aeropuerto de La Habana, Raúl Castro elogió a Francisco por jugar un papel clave en las negociaciones que restauraron las relaciones diplomáticas entre EE.UU. y Cuba; le regaló, además, un enorme crucifijo. Durante una visita previa al Vaticano, el dirigente del PCC incluso declaró en conferencia de prensa: “Si el papa continúa así, voy a regresar a rezar y a la iglesia, y no es una broma” (Washington Post, 10 de mayo de 2015).
La bienvenida de los dirigentes cubanos al papa Francisco —que se suma a la que dieron a sus predecesores Juan Pablo II y Benedicto XVI cuando visitaron la isla— es criminal y representa un peligro mortal. La Iglesia Católica es, y ha sido siempre, un bastión mundial de la reacción política y social, especialmente en la propia América Latina. El Vaticano utilizará toda autoridad que adquiera entre la población cubana para promover la contrarrevolución utilizando el velo de la “democracia”. El regreso a la explotación capitalista en Cuba significaría la destrucción de las conquistas revolucionarias del país y daría paso a una renovada dominación neocolonial por parte de EE.UU.
El estado obrero deformado cubano en peligro
Cuba es el único estado obrero en América. La destrucción del dominio capitalista y la socialización de la economía hace más de 50 años dio paso a extraordinarios avances para el pueblo cubano. Los servicios médicos y la educación de calidad se volvieron accesibles para todos. Las mujeres fueron integradas completamente a la fuerza de trabajo y, hoy día, ocupan más de la mitad de las plazas en las facultades universitarias. Los doctores cubanos son enviados con frecuencia alrededor del mundo para prestar auxilio a las víctimas de desastres y epidemias. A pesar de la continua escasez material, Cuba tiene una de las tasas de alfabetización más altas del mundo y un índice de mortalidad infantil por debajo del de EE.UU. y la Unión Europea.
Los imperialistas estadounidenses han trabajado incansablemente para derrocar la Revolución Cubana. Sus crímenes han abarcado desde la invasión de Playa Girón (Bahía de Cochinos) en 1961 hasta numerosos intentos de asesinato contra Fidel Castro, desde la promoción de las contrarrevolucionarias bandas terroristas de gusanos en Miami hasta la imposición de un embargo hambreador de décadas. Los obreros del mundo, en particular en Estados Unidos, deben estar por la defensa militar incondicional de Cuba contra el imperialismo y la contrarrevolución capitalista.
Sin embargo, el estado obrero, desde sus inicios, ha estado deformado por el dominio de una burocracia nacionalista hostil a la perspectiva de la revolución socialista internacional. Siguiendo los pasos de la burocracia estalinista en la antigua Unión Soviética, la burocracia castrista, levantando el dogma nacionalista del “socialismo en un solo país”, ha perseguido el sueño de opio de la “coexistencia pacífica” con los imperialistas. Para tratar de lograrla, ha socavado repetidas veces oportunidades revolucionarias en otros lugares de América Latina.
Por ejemplo, en la década de 1980 los burócratas del PCC aconsejaron a los sandinistas nicaragüenses, nacionalistas de izquierda, de no seguir “la vía cubana” de expropiar a la clase capitalista. Una y otra vez han promovido regímenes nacionalistas burgueses, desde la dictadura de Velasco en Perú a fines de los 60 y principios de los 70 hasta los gobiernos capitalistas de Brasil, Venezuela y otros países hoy en día. La grotesca acomodación de los estalinistas cubanos al Vaticano es parte de este marco. La defensa de la Revolución Cubana está directamente ligada a la lucha por una revolución política proletaria para derrocar a la burocracia y establecer un régimen basado en el internacionalismo revolucionario y la democracia obrera. Para esto se requiere forjar un partido de vanguardia leninista-trotskista para movilizar a los trabajadores en lucha.
El socialismo implica una sociedad de abundancia material basada en un nivel de productividad económica más alto del que es posible bajo el capitalismo. Una sociedad así, que requeriría la tecnología más moderna y una división internacional del trabajo, no puede ser construida en un solo país, particularmente en una pequeña isla con escasos recursos naturales. En contraste, su construcción requerirá de una serie de revoluciones socialistas al nivel internacional, notablemente en los países capitalistas avanzados. La supervivencia del estado obrero deformado cubano depende en última instancia de la extensión de la revolución, especialmente a la bestia imperialista estadounidense.
Cuando las fuerzas guerrilleras pequeñoburguesas de Castro marcharon en La Habana en enero de 1959, el ejército y el resto del aparato estatal capitalista que había sostenido a la corrupta dictadura de Fulgencio Batista, respaldada por EE.UU., colapsaron. Inicialmente, el nuevo régimen no tenía intención alguna de expropiar a la clase capitalista local o las vastas propiedades de los imperialistas estadounidenses. Pero, frente al saqueo económico por parte de los partidarios de Batista y la hostilidad implacable de los gobernantes en Washington, el gobierno cubano se vio obligado a efectuar nacionalizaciones a gran escala de las plantaciones de azúcar, los bancos y otras compañías de propiedad estadounidense durante el verano y el otoño de 1960, así consolidando un estado obrero deformado.
En sus primeros años, el régimen fue hostil a la jerarquía católica, con razón. Fidel Castro denunció a los dirigentes de la iglesia en Cuba como “peones de la embajada estadounidense” y “fascistas de Franco”. Su furia fue provocada por una carta pastoral emitida por la jerarquía católica cubana condenando “el avance creciente del comunismo en nuestro país” (Time, 22 de agosto de 1960). Las propiedades de la iglesia fueron expropiadas, incluyendo más de 300 escuelas previamente reservadas a la élite que fueron transformadas en escuelas públicas bajo control estatal. Algunas estatuas religiosas fueron simbólicamente decapitadas.
La creación de un estado obrero y los avances económicos y sociales que se dieron como consecuencia fueron posibles únicamente gracias a la existencia de la Unión Soviética y su alianza con Cuba. Los soviéticos proporcionaron protección militar esencial contra el imperialismo estadounidense y subsidiaron a Cuba hasta con 5 mil millones de dólares de ayuda al año. La URSS proporcionaba alrededor del 60 por ciento de los alimentos de Cuba y casi todo su petróleo a cambio de azúcar. Estos subsidios fueron reducidos severamente con la descomposición del dominio estalinista en la URSS a finales de la década de 1980, y la destrucción contrarrevolucionaria en 1989-1992 de los estados obreros deformados en Europa Oriental y de la Unión Soviética los detuvo por completo. Cuba sufrió una profunda crisis económica conocida como el “Periodo Especial”. A partir de 1993, el régimen castrista implementó una serie de medidas orientadas al mercado que, a pesar de producir algo de recuperación económica, finalmente condujeron a un incremento significativo en la desigualdad.
Ese mismo periodo vio una creciente reconciliación del régimen con la jerarquía de la iglesia. La constitución fue enmendada a principios de los 90 para describir a Cuba como un estado “secular” (en vez de “ateo”), y los dirigentes del partido declararon que el ateísmo ya no era un requisito para militar en el partido. La Navidad y, más recientemente, el Viernes Santo han sido declarados días de asueto nacional. Sin embargo, la práctica de la religión en la isla sigue siendo limitada. Aunque alrededor del 40 por ciento de los cubanos han sido bautizados, muy pocos van a misa los domingos; los que lo hacen son en su mayoría adultos mayores. Entre los cubanos negros, los rituales y las creencias místicas de la santería, derivados de las tradiciones de los esclavos africanos llevados a Cuba por los colonizadores españoles, son significativamente más comunes.
A pesar de ello, el papel social de la Iglesia Católica ha crecido dramáticamente, con la aprobación tácita del gobierno. Las organizaciones de beneficencia y los centros culturales financiados por la iglesia han adquirido prominencia. En el marco del limitado acceso a las necesidades básicas, organizaciones como Cáritas y el Centro Loyola de los jesuitas actúan como centros de distribución de alimentos, pañales y otros productos sanitarios, además de ofrecer ayuda a los adultos mayores y proporcionar cuidado infantil, acceso a computadoras, etc. Estas organizaciones de beneficencia son financiadas por exiliados cubanos de derecha, de igual modo que varias escuelas de negocios que colaboran con la Universidad Católica en España para entrenar a los llamados emprendedores y organizar discusiones sobre el futuro económico de Cuba.
En 2010 empezó a operar un nuevo seminario en las afueras de La Habana. A principios de este año, los representantes de la Iglesia Católica dijeron que sus solicitudes para construir nuevas iglesias, que habían esperado largamente para ser aprobadas por el gobierno, empezaron a recibir luz verde. El alcance creciente de la Iglesia Católica ha sido aumentado por los cambios a las regulaciones del Departamento del Tesoro de EE.UU. que permiten a los estadounidenses viajar a Cuba para realizar actividades religiosas. Con un incremento en su financiamiento, la iglesia ha logrado construir redes de apoyo que podrían desempeñar un papel en la organización de futuras actividades contrarrevolucionarias.
Apóstoles de la reacción clerical
El papel del Vaticano en fomentar la contrarrevolución puede verse claramente en el caso de Juan Pablo II, el primer papa invitado a Cuba por el régimen de [Fidel] Castro en 1998. Ese papa, nacido con el nombre de Karol Wojtyla, jugó un papel ideológico fundamental en la creación del “sindicato” procapitalista Solidarność en su nativa Polonia en 1980.
Las décadas de mala administración económica, nacionalismo y capitulación a la Iglesia Católica por parte de la burocracia estalinista en el poder habían empujado a gran parte de la históricamente socialista clase obrera polaca a los brazos de la reacción clerical. La iglesia era en los hechos la única oposición legal a la burocracia. Después de consolidarse en torno a un programa contrarrevolucionario que incluía las demandas por “elecciones libres” y “sindicatos libres” —las consignas estándar durante la Guerra Fría de la CIA y sus secuaces anticomunistas en la AFL-CIO—, Solidarność intentó llegar al poder en otoño de 1981. Cuando los estalinistas se dieron a la tarea de suprimir a Solidarność en diciembre de 1981, apoyamos la supresión de los contrarrevolucionarios. Al mismo tiempo, enfatizamos que el crecimiento de la reacción católica era consecuencia directa de la bancarrota política de la casta burocrática en el poder.
Menos de una década más tarde, los estalinistas polacos abdicaron y Solidarność llegó al poder, marcando la destrucción del estado obrero deformado polaco. Estos eventos sirvieron para pavimentar el camino a acontecimientos similares en el resto de Europa Oriental y a la destrucción de la Unión Soviética en 1991-1992 —una derrota devastadora para la clase obrera internacional, incluyendo la cubana—.
El actual papa, el primero proveniente de América Latina, ha tratado de construirse una imagen de progresista por medio de sus homilías a favor de los pobres y los oprimidos. Pero, a pesar de las halagadoras declaraciones de los burócratas del PCC, la cara detrás de la máscara de Francisco es profundamente reaccionaria. En su juventud, Jorge Bergoglio fue miembro de la Guardia de Hierro, una organización derechista y clerical en Argentina. En la década de 1970 y principios de la de 1980 fue parte de la jerarquía católica en ese país, cuando la iglesia respaldaba la junta militar del general Jorge Videla. El sangriento régimen del general, que fue apoyado de principio a fin por el imperialismo estadounidense, asesinó o “desapareció”, al menos, a 30 mil obreros e izquierdistas. Un obispo o un cardenal estaba presente en todos y cada uno de los eventos públicos y los días nacionales para bendecir a los dictadores.
Parte del contexto en el que se da el creciente acercamiento entre los burócratas cubanos y el Vaticano son los esfuerzos diplomáticos de este último para dar fin al embargo económico de 55 años impuesto por Washington. Siempre nos hemos opuesto al embargo, cuyo propósito es estrangular a la economía cubana. Al mismo tiempo, advertimos que la campaña de cada vez más sectores de la clase capitalista estadounidense (y ahora del gobierno de Obama) para dar fin, o al menos relajar, estas medidas hambreadoras, presenta otro tipo de peligro para la Revolución Cubana.
En contraste con el embargo, los capitalistas en Europa (particularmente en España) y en Canadá han mantenido durante mucho tiempo intercambios comerciales con Cuba, con la convicción de que las políticas beligerantes de Washington han demostrado ser ineficaces para socavar al estado obrero. Los oponentes imperialistas del embargo buscan minar la economía socializada de Cuba y fomentar la contrarrevolución por otros medios, por ejemplo, inundando el país con artículos baratos de importación. Cuba, desde luego, debería tener el derecho a realizar intercambios comerciales y mantener relaciones diplomáticas con todos los países, incluyendo Estados Unidos. Sin embargo, es vital mantener el monopolio estatal del comercio exterior, es decir, un estricto control por parte del gobierno sobre las importaciones y las exportaciones.
Las ideas religiosas florecen particularmente en el terreno fértil de la escasez material, ofreciendo consuelo, glorificando el sacrificio y prometiendo recompensas después de la muerte. La Iglesia Católica, otrora bastión de la reacción feudal, promueve ahora la obediencia al orden de explotación capitalista (“Benditos sean ustedes los pobres”) y fomenta el fanatismo contra las mujeres y los homosexuales. El derecho al aborto es un buen ejemplo. Cuba es el único país en América en donde el aborto ha sido legal y gratuito desde finales de la década de 1960, un claro ejemplo de las conquistas que son posibles una vez que las cadenas del capitalismo han sido rotas. El papa Francisco y el resto de la jerarquía católica quieren no sólo prohibir el aborto, sino todas las formas de contracepción. El acceso sin restricciones a esos servicios es esencial para que las mujeres puedan tener control sobre si tener hijos y cuándo; sin tales servicios, serán empujadas fuera de los lugares de trabajo y relegadas una vez más a los confines reaccionarios de la familia.
Hoy en día, la Revolución Cubana se encuentra en una encrucijada. Los obreros en EE.UU. tienen el deber especial de defender a Cuba de la restauración capitalista y el rapaz imperialismo estadounidense. Esta tarea está intrínsecamente ligada a la lucha por la revolución socialista para barrer con los gobernantes capitalistas estadounidenses. La Spartacist League, sección estadounidense de la Liga Comunista Internacional (Cuartainternacionalista) está dedicada a construir el partido leninista de vanguardia necesario para llevar esa lucha a la victoria.
http://www.icl-fi.org/espanol/eo/46/cubana.html
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2016.08.14 16:17 ShaunaDorothy ¡No a la reacción derechista respaldada por Estados Unidos! Venezuela en crisis - ¡Romper con el populismo burgués! ¡Por un partido obrero revolucionario! (Mayo de 2016)

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Espartaco No. 45 Mayo de 2016
Venezuela se encuentra sometida a una crisis económica alimentada en gran parte por el colapso de los precios mundiales del petróleo. La economía se contrajo en un diez por ciento el año pasado y se calcula que este año se reducirá un ocho por ciento adicional. Más del 95 por ciento de los ingresos estatales provienen de las exportaciones petroleras, mientras que para la mayoría de los alimentos, abastecimientos médicos y otras necesidades el país se apoya en importaciones.
Hay escasez de varios productos básicos —como arroz, frijoles, pañales y papel de baño— que, aunque sometidos a controles de precios, están estrictamente racionados. A los venezolanos se les asigna un día para formarse en las tiendas e intentar obtener estos productos, pero es frecuente tener que esperar hasta seis o siete horas para quedar con las manos vacías. Los especuladores acaparan varios de estos productos para revenderlos en el mercado negro a precios mucho más altos. La inflación ha llegado a ser de tres cifras y para el final del año podría superar el 700 por ciento. Aunque la tasa de cambio bancaria oficial de la moneda nacional, el bolívar, es de diez con respecto al dólar, en el mercado negro cada dólar cuesta más de mil bolívares: cerca de tres días de salario mínimo.
Los imperialistas estadounidenses ya están salivando ante la posibilidad de derrocar al régimen nacionalista burgués que ha gobernado Venezuela por mucho tiempo, presidido por Hugo Chávez desde 1999 hasta su muerte en 2013 y que ahora dirige su sucesor designado, Nicolás Maduro. Chávez, un oficial del ejército convertido en caudillo populista, usó parte de las ganancias petroleras del país para instituir programas sociales que beneficiaban a los pobres y consolidó su apoyo denunciando las bárbaras medidas económicas y militares que Washington lleva a cabo en Latinoamérica y el resto del mundo.
A la crisis económica en la que está sumido el país ya se ha sumado una crisis política. Una coalición opositora derechista respaldada por Estados Unidos ganó las elecciones legislativas de diciembre y ahora amenaza con un ataque demoledor contra los obreros y los pobres. El colapso económico del país y los triunfos de los reaccionarios exponen la bancarrota del populismo nacionalista de Chávez y Maduro. Durante la presidencia de Chávez, toda una gama de reformistas de izquierda internacionalmente celebró sus medidas como modelo de supuesta resistencia contra el imperialismo estadounidense e incluso del “socialismo del siglo XXI”. Aunque estuvo en la mira de los gobernantes estadounidenses y era odiado por los sectores dominantes de la burguesía local, íntimamente vinculados a Washington y Wall Street, Chávez, como enfatizamos desde el principio, encabezaba un gobierno capitalista, al igual que Maduro hoy. Pese a su barata retórica “socialista” y sus pretensiones demagógicas de estar dirigiendo una “Revolución Bolivariana”, el propio Chávez dejó claro durante más de diez años que su “revolución” “no contradecía la propiedad privada”.
La principal preocupación de Chávez al asumir el poder fue apuntalar las vacilantes ganancias petroleras del país, que siempre habían sido el salvavidas del capitalismo venezolano. Procedió a disciplinar al sindicato de trabajadores petroleros y a aumentar la eficiencia de la industria petrolera estatal, mientras presionaba al cártel petrolero de la OPEP para que incrementara los precios. Gracias a esos esfuerzos, y en interés de la estabilidad política, en un principio contó con el apoyo de gran parte de la clase dominante venezolana.
Conforme subían los precios del petróleo, Chávez usó parte de las inmensas ganancias para financiar sus reformas. Triplicó el presupuesto educativo, instituyó licencias de maternidad pagadas de seis meses y estableció clínicas de salud gratuitas atendidas por médicos cubanos bien capacitados, así como programas de distribución alimentaria entre los pobres. Sin embargo, lejos de representar una revolución social, estas medidas buscaban atar a las masas desposeídas más firmemente al estado capitalista venezolano. Las políticas de Chávez también permitieron a un sector de los capitalistas locales —la llamada boliburguesía— llenarse los bolsillos.
Hace dos años advertimos:
“Chávez tuvo suerte: los precios del petróleo se incrementaron de 10.87 dólares por barril en 1998 a 96.13 en 2013. Sin embargo, el precio del petróleo es notoriamente inestable y Estados Unidos, el mayor comprador de petróleo venezolano, ha reducido sus importaciones. Los programas de bienestar social que Chávez introdujo no pueden sostenerse a largo plazo bajo el capitalismo”.
—“Venezuela: Imperialismo estadounidense alimenta protestas derechistas”, Espartaco No. 41, junio de 2014
Este pronóstico se ha cumplido. Ahora que los precios del petróleo se han desplomado a menos de 30 dólares por barril, la situación de los obreros y los pobres de Venezuela empeora y los programas sociales se desmoronan. En 2008, cerca del 26 por ciento de los hogares estaban en la pobreza, mucho menos que al principio de esa década. Pero para finales de 2014, la tasa había aumentado de nuevo hasta cerca del 50 por ciento. Con muchos precios disparándose, el gas se había mantenido lo suficientemente barato como para que las masas pudieran pagarlo, pero ahora el régimen ha aumentado su precio en un 6 mil por ciento. Encima de todo esto está la cada vez más grave crisis de la deuda del país. Se le deben decenas de miles de millones de dólares a los banqueros de Estados Unidos y otros países imperialistas, y el 26 de febrero Venezuela tiene que pagar 2 mil 300 millones de dólares, especialmente a fondos de inversión y otros fondos buitre capitalistas [pagó mil 543 millones].
La amplia coalición que ganó las elecciones legislativas de diciembre —una alianza inestable dominada por fuerzas reaccionarias proestadounidenses— logró aprovechar el descontento de las masas que luchan por sobrevivir ante la escasez, la corrupción y el crimen. Ahora está tratando de usar su control de la legislatura para revertir las reformas de Chávez. Una ley recién aprobada reduciría y privatizaría la construcción de vivienda para los pobres, acabando con un programa que le dio departamentos a miles de personas que antes vivían en casuchas con techos de lámina sin electricidad ni agua corriente. Con la promesa de resistir esas maniobras, el mes pasado Maduro declaró el estado de emergencia económica.
Los gobernantes estadounidenses por mucho tiempo han visto a Latinoamérica como su patio trasero privado, y tienen un historial sangriento de apoyo a dictadores militares de derecha, derrocamiento de gobiernos que no les gustan y pillaje de los recursos de la región. En Venezuela, han trabajado sin descanso con sus sátrapas locales para derrocar a los gobiernos de Chávez y su sucesor. En 2002 los imperialistas estadounidenses respaldaron un golpe militar fallido, al que siguió inmediatamente un lockout [cierre patronal] organizado por la oposición derechista con el fin de debilitar la industria petrolera. Hace dos años,Washington impulsó las protestas callejeras en los barrios prósperos de Caracas y otras ciudades exigiendo la salida de Maduro. El año pasado, el gobierno de Obama le impuso sanciones punitivas a Venezuela y emitió una orden ejecutiva que declaraba al país “amenaza inusual y extraordinaria” a la seguridad nacional de Estados Unidos. ¡Abajo las sanciones! Imperialismo estadounidense: ¡manos fuera de Venezuela!
El populismo nacionalista y el imperialismo estadounidense
Si bien el ascenso de la derecha proestadounidense es ominoso, el populismo nacionalista asociado con Chávez y Maduro es un obstáculo a cualquier lucha contra la dominación imperialista y la explotación capitalista. Semejante lucha requiere la movilización clasista independiente del proletariado al frente de todos los oprimidos. Nunca podrán aliviarse definitivamente los sufrimientos de los pobres urbanos y rurales si no se remplaza el estado capitalista y su orden social con el gobierno de la clase obrera. Se necesita una serie de revoluciones obreras internacionalmente para abrir el camino a una sociedad global sin clases en la que todas las formas de explotación y opresión hayan sido eliminadas. Los jóvenes con mentalidad radical y los obreros deben sacar las lecciones de la actual crisis. Lo que se necesita urgentemente es romper con el populismo burgués chavista y forjar un partido obrero revolucionario.
La coalición anti-Maduro dista mucho de ser homogénea. Incluye fuerzas que van desde los reaccionarios proestadounidenses recalcitrantes hasta antiguos simpatizantes del régimen hoy desafectos. La fuerza dominante de la nueva legislatura, Acción Democrática (AD), es uno de los partidos burgueses tradicionales de Venezuela, conocido por recibir financiamiento de Washington. El núcleo de la blanca clase dominante venezolana siempre ha mirado con desprecio a las masas indígenas y negras que apoyaban a Chávez, quien tenía herencia de zambo (mezcla de negro con indígena). Expresando su desprecio, el líder de AD Henry Ramos Allup ordenó que todas las imágenes de Chávez se retiraran de la legislatura, afirmando que deberían ser arrojadas a los arrabales o dadas al personal de limpieza del edificio. Ramos está impulsando un referéndum para deponer a Maduro, declarando que no hay necesidad de esperar a las elecciones de 2019 (Diario ABC, 3 de febrero). Es revelador que incluso el anterior embajador estadounidense haya llamado repelente, en privado, a este individuo, quejándose de sus constantes peticiones de dinero y otros favores (“Acción Democrática: un caso perdido”, wikileaks.org, 17 de abril de 2006).
La creciente influencia de China en Latinoamérica es otra preocupación del imperialismo estadounidense, y varios de sus economistas culpan a China de la crisis venezolana. Durante la última década, Venezuela ha recibido de China cerca de 60 mil millones de dólares en préstamos e inversiones a cambio de cargamentos de petróleo frecuentemente diferidos. China no es capitalista, sino un estado obrero burocráticamente deformado. Así, en agudo contraste con lo que ocurre con Estados Unidos, sus inversiones en el extranjero no están motivadas por la ganancia capitalista, sino por el impulso de obtener recursos para el desarrollo económico.
Chávez fue uno más en la larga serie de oficiales militares de Latinoamérica y otros lados (como Juan Perón en la Argentina de los años cuarenta) que llegaron al poder sobre la base del populismo nacionalista. La historia de Venezuela y otros países latinoamericanos lleva mucho tiempo marcada por las dos caras del dominio capitalista: la reforma populista y la austeridad dictada por Estados Unidos e impuesta mediante la brutal represión de los trabajadores. Estas recetas alternativas a las que pueden recurrir las burguesías nacionales frecuentemente son encarnadas por un mismo líder que pasa de una a otra. Un ejemplo de ello fue el presidente venezolano Carlos Andrés Pérez, que en su primer periodo de los años setenta nacionalizó (con compensación) la industria petrolera. Los altos precios del petróleo generaron recursos que él invirtió parcialmente en programas sociales, educación y salud. Pero en su segundo periodo, de 1989 a 1993, hizo lo opuesto: ante la caída del mercado petrolero, llevó a cabo recortes generalizados y privatizaciones en nombre del FMI.
Los marxistas apoyamos las reformas sociales favorables a los oprimidos y defendemos las nacionalizaciones en los países dependientes frente al cerco imperialista. No obstante, ésas no son medidas socialistas. De hecho, los regímenes capitalistas frecuentemente recurren a las nacionalizaciones para mantener atada a la clase obrera. Y, especialmente en países subdesarrollados como Venezuela, las reformas en interés de los obreros y los pobres son siempre temporales y sujetas a ser revertidas.
Reveladoramente, Maduro despidió el 15 de febrero a su vicepresidente de economía, Luis Salas, que había atribuido la crisis venezolana a la “estrategia de desestabilización económica” de Estados Unidos. En su lugar, Maduro nombró a Miguel Pérez, quien fuera presidente de la asociación empresarial Fedeindustria y se considera más “amigo de los empresarios”.
El gobierno de Chávez formó parte de una ola de regímenes burgueses con retórica izquierdista que inundó Latinoamérica la pasada década y media, incluyendo a Lula da Silva en Brasil, Néstor y Cristina Kirchner en Argentina, Evo Morales en Bolivia, Rafael Correa en Ecuador y Daniel Ortega en Nicaragua. Sin duda, estos regímenes fueron distintos de aquéllos de los neoliberales años noventa, que abrieron una brecha cada vez mayor entre ricos y pobres y dirigieron una ola de privatizaciones y tratados de “libre comercio” en beneficio directo del imperialismo estadounidense. Pero todos estos gobiernos se mantuvieron cabalmente dentro del marco del sistema capitalista-imperialista. Últimamente, Latinoamérica ha experimentado otro giro a la derecha. Recientemente, el lacayo de Washington, Mauricio Macri, fue electo presidente de Argentina, mientras que el gobierno brasileño, dirigido por el socialdemócrata Partido de los Trabajadores, dio una vuelta hacia la austeridad y es cada vez más impopular.
Los consejeros “socialistas” de Chávez
Entre la gama de grupos reformistas que apoyaron a los regímenes de Chávez y Maduro, uno de los más descarados es la Corriente Marxista Internacional (CMI) de Alan Woods, un grupo que se proclama trotskista cuya publicación estadounidense es Socialist Appeal. Escupiendo sobre los postulados fundamentales del trotskismo, Woods pasó una década aconsejándole al demagogo burgués Chávez cómo dirigir su gobierno. Hoy, la CMI sigue dándole a Maduro una cobertura de izquierda, mientras se queja de una “quinta columna del capitalismo dentro del movimiento bolivariano” (marxist.com, 7 de diciembre).
En una de sus salutaciones a Chávez, un artículo titulado “La transición al socialismo en Venezuela”, Woods afirma que el gobierno venezolano “tiene el poder de llevar a cabo un programa socialista revolucionario”, pero “lo que falta es la voluntad necesaria” (marxist.com, 9 de febrero de 2015). Semejante embellecimiento de un gobierno capitalista desarma políticamente a la clase obrera y las masas oprimidas, dejándolas indefensas ante el resurgimiento de las fuerzas derechistas.
Pese a toda su retórica populista, Chávez no era menos oponente de clase de la victoria de los obreros y los pobres de la ciudad y el campo que sus adversarios neoliberales, y lo mismo aplica a su sucesor Maduro. Hemos luchado por romper las ilusiones que poseen los trabajadores y los oprimidos —tanto en Venezuela como internacionalmente— de que esos regímenes burgueses puedan llevar a cabo una transformación social fundamental. En cambio, nuestros oponentes políticos reformistas se han acomodado a esas ilusiones y las han profundizado. Como escribimos hace más de una década: “La historia tiene reservado un severo veredicto para aquellos ‘izquierdistas’ que promueven a uno u otro caudillo capitalista con retórica izquierdista” (“Venezuela: Nacionalismo populista vs. revolución proletaria”, Espartaco No. 25, primavera de 2006).
Como el régimen de Chávez se alineó con Cuba, la CMI y otros reformistas comparan erróneamente a Venezuela con la Revolución Cubana. El vocero de la CMI, Jorge Martín, afirmó que la “dinámica de acción y reacción de la revolución venezolana nos recuerda poderosamente los primeros años de la revolución cubana” (marxist.com, 1° de marzo de 2005).
Pero la naturaleza de clase de Venezuela era y es completamente distinta a la de Cuba, que es un estado obrero burocráticamente deformado. Cuando las guerrillas de Fidel Castro entraron a La Habana en enero de 1959, el aparato estatal capitalista encabezado por Fulgencio Batista, quien era respaldado por EE.UU., fue destruido. Ante las amenazas del imperialismo estadounidense, en 1960-1961 el régimen de Castro llevó a cabo una revolución social desde arriba, nacionalizando toda la propiedad capitalista, tanto estadounidense como nacional, y eliminando a la burguesía cubana como clase social en la isla. Esto fue posible, en buena parte, gracias a la existencia de la Unión Soviética, que actuaba como contrapeso militar a Estados Unidos y le dio a Cuba un apoyo económico esencial.
Los trotskistas estamos por la defensa militar incondicional de Cuba y de los demás estados obreros deformados que quedan: China, Laos, Corea del Norte y Vietnam. Los burócratas estalinistas que gobiernan esos países sostienen el dogma nacionalista de construir el “socialismo en un solo país”, lo que se contrapone directamente al programa de la revolución socialista internacional que animó la Revolución de Octubre rusa de 1917 dirigida por Lenin y Trotsky. Luchamos por revoluciones políticas obreras que derroquen a los gobernantes burocráticos y establezcan regímenes basados en la democracia obrera y el internacionalismo revolucionario. Nuestra defensa de los estados obreros deformados es parte de nuestra lucha por nuevas revoluciones de Octubre en todo el mundo.
Por la revolución permanente
El modo en que los obreros y oprimidos de Venezuela pueden liberarse de la dominación imperialista, la pobreza y la opresión se encuentra en la teoría de la revolución permanente de León Trotsky. Latinoamérica, víctima del saqueo colonial y neocolonial, es una región de desarrollo desigual y combinado, donde las industrias más modernas coexisten lado a lado con la pobreza y el atraso rural más profundos. Las débiles burguesías nacionales están atadas por mil lazos al orden económico y político imperialista. Dependen demasiado del capital extranjero y son demasiado hostiles y temerosas del proletariado como para resolver alguno de los problemas sociales fundamentales.
La tarea vital es forjar partidos obreros revolucionarios e internacionalistas que arranquen a la clase obrera de todas las variantes del nacionalismo burgués y abanderen la causa de todos los oprimidos: los negros, los indígenas, los campesinos, las mujeres, los pobres. Latinoamérica cuenta con numerosas concentraciones de obreros con poder social potencial, desde los petroleros venezolanos hasta los obreros automotrices de México y Brasil, pasando por los mineros de Chile, Perú y otros lugares. Debido a su centralidad en la producción capitalista, la clase obrera tiene el poder estratégico para derrocar el dominio de clase capitalista mediante la revolución socialista.
Una revolución social que llevara a la clase obrera al poder en Venezuela con el apoyo de las masas rurales emprendería tareas democráticas urgentes, como la de darle tierra a los campesinos. También repudiaría la deuda externa del país y expropiaría a la burguesía como clase para establecer una economía planificada y colectivizada en la que la producción se basara en la necesidad social y no en la ganancia. Estados Unidos y las demás potencias imperialistas sin duda intentarían aplastar ese régimen revolucionario. La clave para la supervivencia de una revolución obrera en Venezuela sería su extensión internacional al resto de Latinoamérica y al mismo Estados Unidos.
Como parte de una federación socialista latinoamericana, un gobierno obrero y campesino venezolano podría empezar a resolver la necesidad de programas masivos para construir infraestructura, como hospitales, escuelas, carreteras y transporte público y elevar las capacidades productivas de la sociedad. Pero la conquista del poder por el proletariado no completaría la revolución socialista; simplemente la comenzaría, al cambiar la dirección del desarrollo social. Sin la extensión internacional de la revolución a los centros imperialistas avanzados e industrializados, ese desarrollo social quedaría trunco y en última instancia sería revertido.
El internacionalismo proletario y revolucionario está al centro de la perspectiva de Trotsky. Las luchas del proletariado en los países semicoloniales están necesariamente entrelazadas con la lucha por el poder obrero en el corazón del imperialismo mundial, principalmente en Estados Unidos, con sus millones de proletarios, incluyendo sus poderosos componentes negro y latino. La Liga Comunista Internacional lucha por construir secciones nacionales de una IV Internacional reforjada, partido mundial de la revolución socialista, que organice y eduque a la clase obrera en un espíritu de hostilidad intransigente a las depredaciones del imperialismo y todas y cada una de las caras del dominio capitalista.
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2016.08.14 14:23 ShaunaDorothy Demócratas, republicanos: ¡Fuera todos! EE.UU.: Miedo, odio y precampañas (Mayo de 2016)

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Espartaco No. 45 Mayo de 2016
¡Por un partido obrero revolucionario multirracial!
En su libro de 1917, El estado y la revolución, el dirigente bolchevique V.I. Lenin describió sucintamente el fraude de la democracia burguesa: “Decidir una vez cada cierto número de años qué miembros de la clase dominante han de oprimir y aplastar al pueblo en el Parlamento: ésa es la verdadera esencia del parlamentarismo burgués”. Como marxistas revolucionarios, nos oponemos por principio a votar por los republicanos, los demócratas o cualquier otro candidato burgués. Al mismo tiempo, las precampañas de este año están mostrando la rabia y la desesperación que durante décadas se han ido acumulando al fondo de la sociedad estadounidense.
Existe un odio extendido hacia el establishment político de ambos partidos, que con razón son considerados agentes vendidos y comprados por los estafadores financieros de Wall Street y las empresas hinchadas de ganancias que han provocado la ruina de millones. Pero, debido sobre todo a la burocracia sindical procapitalista, la rabia de los trabajadores no se ha expresado como lucha de clases contra los gobernantes. Como resultado, el descontento de los gobernados encuentra expresión en el apoyo a candidatos burgueses “antiestablishment”. Hasta el momento, el abiertamente racista Donald Trump, un magnate multimillonario de bienes raíces, lleva la delantera como precandidato republicano. El autodenominado “socialista demócrata” Bernie Sanders le está dando a la segunda representante de la dinastía Clinton más problemas de los que nadie hubiera previsto.
Sanders es el único candidato de este circo electoral que ofrece pan a las masas con llamados por educación gratuita, asistencia médica para todos y un salario mínimo de quince dólares por hora. Esto ha resonado particularmente entre la juventud pequeñoburguesa blanca, así como entre un sector de los obreros blancos cuyos sindicatos han sido destruidos, cuyos salarios se han desplomado, cuyas prestaciones han sido saqueadas y cuyas posibilidades de obtener un empleo bien remunerado prácticamente han desaparecido. Las promesas de Sanders no son más que charlatanería. Sólo la lucha de clases podría arrancarle a la burguesía semejantes concesiones. Pese a haber sido acusado de rojo, Sanders no es ningún socialista; es un político capitalista. Sin embargo, en una sociedad donde por mucho tiempo se ha vilipendiado al socialismo como un ataque al “modo de vida estadounidense”, el que Sanders esté obteniendo apoyo en un sector de los obreros blancos es una medida del creciente descontento.
El establishment demócrata tolera las pretensiones de Sanders de estar “dirigiendo una revolución política contra la clase multimillonaria”. Él siempre le ha servido a la clase dominante, particularmente con su apoyo a las sangrientas guerras, ocupaciones y demás aventuras militares con que el imperialismo estadounidense ha devastado países alrededor del mundo (ver: “Bernie Sanders: Imperialist Running Dog” [Bernie Sanders: Mandadero de los imperialistas], WV No. 1083, 12 de febrero). Sanders no sólo está compitiendo por la primera posición en la boleta interna de un partido que, al igual que el Republicano, representa los intereses de la burguesía; también está ayudando a restaurar la imagen de los demócratas como “partido del pueblo”. Además, ha dejado en claro que, en la elección general, apoyará a quien quiera que resulte electo candidato demócrata, presumiblemente Hillary Clinton. Por su parte, Clinton está ganando la mayor parte del voto negro, conforme el miedo a una victoria republicana, amplificado por los fascistas que se arrastran a los pies de Donald Trump, impulsa todavía más el apoyo de los negros a los demócratas, que alguna vez fueron el partido de la Confederación y el [sistema de segregación racial] Jim Crow.
Del lado republicano, presenciamos el espectáculo del establishment partidista gastando millones de dólares en publicidad, no contra los demócratas, sino contra el precandidato que encabeza la carrera en su propio partido. Los reflectores se enfocan en los ex candidatos republicanos para que prediquen contra el beligerante racismo antiimigrante de Trump y su asqueroso sexismo. La hipocresía es asombrosa viniendo de los mismos que exigían a los inmigrantes que se “deportaran a sí mismos”; que insultaban a los obreros y a los pobres como “parásitos” por pedir atención médica, alimentación y vivienda; que trabajaron tiempo extra por revertir todas las conquistas del movimiento por los derechos civiles; y que recurrieron al texto bíblico para condenar a las mujeres que necesitaban abortos, a los gays y a los demás “desviados”.
Trump no hace sino decir en voz alta lo que los líderes del partido republicano han promovido durante años. Lo que les molesta es que no esté cumpliendo las reglas del establishment del partido. Para ellos, incitar al odio racista sirve como un ariete ideológico para empobrecer aún más a la clase obrera y los pobres recortando los pocos programas sociales que todavía existen. Trump dice que no atacará la seguridad social ni la asistencia médica pública. Este demagogo reaccionario podría hacer o decir cualquier cosa. Su afirmación de que traerá la manufactura de vuelta a Estados Unidos, invocando una variante particularmente racista del proteccionismo de “salven los empleos estadounidenses”, le ha dado cierta audiencia entre los trabajadores blancos pobres. Por su parte, a la dirigencia republicana le preocupa que Trump azuce a las masas desempleadas y empobrecidas en casa y ponga en riesgo las ganancias que el imperialismo estadounidense obtiene del saqueo de “libre comercio” del mundo neocolonial.
Para los líderes republicanos, Trump añade insulto a la injuria al aprovechar la consigna de campaña de Ronald Reagan, santo patrono del Partido Republicano, “Make America Great Again” [Que EE.UU. vuelva a ser grande]. Reagan llegó a la Oficina Oval aprovechando y azuzando la reacción racista blanca contra los programas sociales que se consideraban beneficiosos para los negros pobres de los guetos. Jugó la carta racial, como siempre lo han hecho los gobernantes estadounidenses, para aumentar la brutal explotación de la clase obrera en su conjunto. Hoy, la devastación que afectó primero a los pobres y obreros negros se ha vuelto cada vez más real para los pobres y obreros blancos.
En los años noventa, el libro del ideólogo racista Charles Murray, La curva de Bell, achacó la miseria de los pobres del gueto a la “inferioridad genética” de los negros. En 2012, su libro Coming Apart: The State of White America, 1960-2010 [Desmoronamiento: La situación de la población blanca en EE.UU., 1960-2010] achacó la miseria que sufren los blancos pobres a su falta de valores, tanto familiares como de otro tipo. Este desprecio clasista se expresó más abiertamente en un artículo de un tal Kevin D. Williamson, recientemente publicado en la derechista National Review (28 de marzo). Titulado “Chaos in the Family, Chaos in the State: The White Working Class’s Dysfunction” [Caos en la familia, caos en el estado: La disfunción de la clase obrera blanca], el artículo despotrica:
“No les ha pasado nada. No hubo catástrofe alguna. No han sufrido ni la guerra ni la hambruna ni la peste ni la ocupación extranjera. Los cambios económicos de las últimas décadas no bastan para explicar la disfunción, la negligencia —y la incomprensible malevolencia— de la población pobre y blanca de EE.UU....
“La verdad de estas comunidades disfuncionales y degradadas es que merecen morir. Económicamente, son números rojos.Moralmente, son indefendibles”.
La clase obrera no podrá liberarse de las cadenas de la esclavitud asalariada si el proletariado no asume la causa de la liberación negra, que por sí misma requiere destruir este racista sistema capitalista mediante la revolución socialista. En el libro primero de El capital (1867), Karl Marx capturó la gran verdad de la sociedad capitalista estadounidense al escribir: “El trabajo en piel blanca no puede emanciparse allí donde el trabajo en piel negra está marcado con fierro candente”. Nuestro propósito como marxistas hoy es traducir la ira y el descontento hirvientes de las masas trabajadoras en un entendimiento consciente de que la clase obrera necesita su propio partido: no como un vehículo electoral que compita para administrar el estado burgués, sino como un partido que abandere la causa de todos los explotados y oprimidos en la lucha por el poder obrero.
Aquél a quien los dioses quieren destruir, primero lo vuelven loco
La locura del Partido Republicano no es más que una manifestación de la peligrosa irracionalidad del imperialismo estadounidense. Habiendo conseguido en 1991-1992 la destrucción contrarrevolucionaria de la Unión Soviética —que había nacido de la primera y única revolución obrera exitosa en el mundo—, los gobernantes capitalistas estadounidenses han actuado como si fueran los amos indiscutibles del mundo. Tanto bajo los gobiernos republicanos como bajo los demócratas, han lanzado su poderío militar por todo el mundo. Pero ni con su interminable serie de guerras el imperialismo estadounidense ha conseguido frenar el declive de su poder económico.
Afirmando que “hay que detener a Trump”, un antiguo asesor en política exterior del gobierno de Bush clamó: “Ha hecho enojar a nuestros aliados en Centroamérica, Europa, el Oriente asiático y Medio Oriente”. El que Trump denunciara la invasión de Irak que inició Bush ha molestado particularmente a los neoconservadores que fueron los arquitectos de esa guerra. En una columna de opinión contra Trump publicada en el Washington Post (25 de febrero), Robert Kagan concluye: “Para este antiguo republicano, y quizá para otros, puede no quedar otra alternativa que votar por Hillary Clinton”. ¿Y por qué no? Las credenciales de Clinton como una de los mayores halcones [probélicos] del imperialismo estadounidense son impecables.
Muchos, incluyendo republicanos que tienen columnas en el New York Times, se han preguntado: “¿Es Donald Trump un fascista?”. Otros comparan su candidatura con el fin de la República de Weimar y el ascenso de los nazis de Hitler. Pero el terreno donde crecieron los nazis era el de un país imperialista que había sido derrotado en la Primera Guerra Mundial. Apelando al descontento de una pequeña burguesía cada vez más pobre, los nazis se habían convertido en un movimiento de masas para principios de los años treinta. Cuando las direcciones de los partidos obreros Comunista y Socialista, que contaban con millones de miembros, no intentaron derrocar el decadente orden capitalista en Alemania, la desacreditada burguesía desató a los nazis para conservar su dominio aplastando al movimiento obrero y, en el proceso, sentó las bases para la indescriptible barbarie del Holocausto.
En cambio, Estados Unidos no es un país imperialista derrotado, sino que sigue siendo la “única superpotencia del mundo”, cuyo poderío militar es muchas veces superior al de todos sus rivales imperialistas juntos. Otra diferencia es que la clase dominante estadounidense no enfrenta por el momento la amenaza de la clase obrera en casa. Por el contrario, gracias a los traidores que están a la cabeza de los sindicatos, cuya base es cada vez más reducida, la burguesía estadounidense ha prevalecido hasta ahora en su larga guerra contra los obreros.
Trump no es un fascista. El camino al poder que ha proyectado no se sale del marco electoral. Pero sí hay mucho que temer de los locos que son azuzados en sus mítines en un frenesí patriotero y antiimigrante, que ha provocado protestas multirraciales contra él en todo el país. Quienes protestan contra los mítines de Trump han sido agredidos y los manifestantes negros han tenido que sufrir gritos de “¡Regresen a África!”. El KKK y otros grupos fascistas están saliendo de sus agujeros, con el antiguo gran mago del Klan David Duke declarando que “votar contra Trump en este punto es traicionar tu herencia”.
De manera similar, en los años ochenta el racismo oficial que emanaba de la Casa Blanca de Reagan alentó al Klan y a los nazis. Cuando éstos trataron de organizar sus mítines por el terror racista en grandes centros urbanos, nosotros convocamos movilizaciones de masas obreras y de minorías para detenerlos. En Chicago, Washington D.C., Filadelfia y otros lugares, fueron detenidos por protestas de miles basadas en el poder social de los sindicatos multirraciales movilizados al frente de los negros pobres de los guetos, los inmigrantes y todos aquéllos que el terror fascista querría victimizar. Estas movilizaciones demostraron en pequeña escala el papel del partido obrero revolucionario que queremos construir.
Obreros y negros: Entre la espada y la pared
Es responsabilidad directa de la burocracia sindical procapitalista el que un sector significativo de los trabajadores blancos apoye a un hombre que llegó a ser conocido por la frase “¡Estás despedido!”. Trump está consiguiendo ese apoyo al izar la bandera del proteccionismo de “Estados Unidos primero” de los falsos dirigentes de la AFL-CIO. Bajo esta bandera, una y otra vez los farsantes sindicales han cedido conquistas obtenidas en duras batallas de la clase obrera negra, blanca e inmigrante.
Los capitalistas siempre irán donde la mano de obra sea más barata para maximizar sus ganancias. Pero hacer de los trabajadores extranjeros chivos expiatorios por la pérdida de empleos en EE.UU. es una respuesta reaccionaria. El proteccionismo refuerza las ilusiones en el capitalismo estadounidense. Mina las perspectivas de lucha al envenenar la conciencia de la clase obrera e impedir la solidaridad con sus aliados de clase potenciales en China, México y otros lugares. Este proteccionismo también imbuye en los obreros la falsa idea de que mejorar sus condiciones materiales está totalmente fuera de su control y de su capacidad de organizarse y luchar, y de que depende sólo de algún salvador burgués.
Tanto Bernie Sanders como Donald Trump juegan la misma carta económica nacionalista. Aunque Sanders apela a la “unidad” contra el racismo xenófobo de Trump, lo que ocurre en los mítines de este último es simplemente el reflejo descarnado del chovinismo subyacente en los llamados a “salvar los empleos estadounidenses” de la competencia extranjera. Para que los sindicatos sirvan como instrumentos de lucha contra los patrones, deben enarbolar la lucha por los derechos de los inmigrantes, exigiendo el fin de las deportaciones e izando la bandera por plenos derechos de ciudadanía para todos los inmigrantes. La lucha por esas exigencias haría avanzar el combate común de los obreros estadounidenses y sus aliados de clase internacionalmente.
Hoy, el descontento de muchos obreros está siendo canalizado a las campañas ya sea de Trump o de Sanders. Pero la furia obrera también se ha expresado en el impulso de luchar contra la ofensiva de los capitalistas, un impulso que los falsos dirigentes sindicales han frustrado una y otra vez. El año pasado, los jóvenes obreros automotrices, muchos de ellos negros, estaban más que dispuestos a ir a huelga contra el odiado sistema de niveles, que alienta la división entre los obreros. En ello, contaban con gran apoyo entre los obreros más viejos, tanto blancos como negros, lo que apunta al potencial de la unidad de clase, trascendiendo las líneas raciales. Pero los dirigentes sindicales del United Auto Workers les hicieron tragar un contrato vendido con los “Tres de Detroit”, que de hecho expandía el odiado sistema de niveles.
En 2011, este espíritu de lucha se manifestó vívidamente también en Wisconsin, donde el gobernador republicano Scott Walker lanzó una ofensiva que amenazaba la existencia misma de los sindicatos públicos. Miles de obreros ocuparon la rotonda del Capitolio de Wisconsin y se movilizaron en manifestaciones de hasta 100 mil personas. Pese a la combatividad de los obreros, los burócratas sindicales se aseguraron de que no se emprendiera ninguna acción huelguística, canalizando en cambio el enojo de los obreros hacia la estrategia perdedora de revocar el mandato de Walker.
¿El resultado? La devastación de un movimiento sindical que ya estaba en decadencia. En 2011, más del 50 por ciento de los empleados públicos estaba sindicalizado. Para 2015, la tasa de sindicalización se había desplomado al 26 por ciento. En Indiana, ataques similares llevados a cabo con anterioridad condujeron prácticamente a la desaparición de los sindicatos del sector público en el estado. Y en 2015, Wisconsin se unió a Indiana, Michigan y otros 22 estados como uno más de los estados antisindicatos donde se proclama el “derecho a trabajar”. Wisconsin constituye el ejemplo más claro de la bancarrota de la burocracia sindical y su estrategia de confianza en los demócratas. Son esas derrotas las que les han permitido a reaccionarios como Trump posar como defensores de los intereses de los trabajadores.
Desde que la Ley de Derechos Civiles fue aprobada en 1964, el Partido Republicano adoptó la estrategia de apelar a los obreros blancos, a veces con éxito, sobre la base de buscar chivos expiatorios en las otras razas, impulsando la mentira de que los obreros blancos sufren porque el establishment liberal ha beneficiado a los negros y otras minorías a expensas suyas. El rasgo central y constante del capitalismo estadounidense es la opresión estructural de la población negra como una casta racial y de color, cuya mayoría se ve segregada por la fuerza al fondo de la sociedad. Oscureciendo la fundamental división de clases entre los capitalistas que poseen los medios de producción y los obreros que deben vender su fuerza de trabajo para sobrevivir, el racismo y la supremacía blanca han servido para atar a los obreros blancos a sus explotadores capitalistas sobre la base de la ilusión en un interés común debido al mismo color de piel.
En la precampaña demócrata, los negros están votando abrumadoramente por Hillary Clinton, pues la consideran el mejor candidato para derrotar a los demonios republicanos en noviembre. De hecho, en su competencia de 2008 con Obama, Clinton apeló abiertamente al racismo antinegro al afirmar que Obama no podría obtener el apoyo de los “estadounidenses que trabajan duro, los estadounidenses blancos”. Ahora ella se presenta como heredera del legado de Obama, aprovechando al mismo tiempo la popularidad de su esposo, Bill Clinton, entre la población negra.
Durante su periodo en el gobierno, Bill Clinton probablemente le hizo más daño a la población negra que ningún otro presidente desde la Segunda Guerra Mundial. Durante la campaña electoral de 1992, grotescamente voló de vuelta a Arkansas para presidir la ejecución de un hombre negro con daño cerebral, Ricky Ray Rector. Siendo presidente, erradicó “la asistencia social como la conocemos” e incrementó enormemente las atribuciones del estado, incluyendo las de detener y encarcelar a jóvenes negros. En todo esto contó con el apoyo de Hillary Clinton, que describió a los jóvenes negros del gueto como “superdepredadores”. Al mismo tiempo, Bill Clinton fue el primer presidente en tener amigos negros y en ser capaz de interactuar abierta y cómodamente con negros. Es una amarga muestra de la profundidad a la que llega la reacción racista en Estados Unidos el que estos gestos superficiales le hayan ganado a Clinton el apoyo de muchos negros a pesar de sus infames actos.
Con la elección de Barack Obama en 2008, las expectativas de los negros eran altas. Pero, si bien esas expectativas ya han sido olvidadas, queda entre los negros una profunda noción de solidaridad de raza con Obama. Esto ha sido reforzado por casi ocho años de reacción por parte de los republicanos en el congreso, amplificada por la gente del tipo “teabaggers” [militantes del derechista Tea Party] y “birthers” [que creen que Obama no nació en Estados Unidos]. Sin embargo, la verdad es que los negros no han ganado nada con su presidencia, durante la cual el desempleo en este sector se disparó, los salarios colapsaron y la riqueza media se desplomó. Mientras tanto, los negros siguen siendo asesinados a tiros por los desenfrenados policías racistas.
Contra lo que afirman muchos voceros negros, este estado de cosas no se debe a que Obama esté secuestrado por los republicanos. Sin duda, sus implacables ataques contra Obama casi siempre tienen una motivación racista. Pero el hombre negro de la Casa Blanca fue desde el principio un demócrata de Wall Street. Y lo demostró al poco tiempo de asumir el cargo. En una reunión con los grandes estafadores financieros en marzo de 2009, les aseguró que su gobierno era “lo único que se interpone entre ustedes y el linchamiento popular”, y añadió, “no he venido a perseguirlos, sino a protegerlos”. Y lo cumplió, con la eficaz ayuda de sus lugartenientes obreros en la burocracia sindical, que sacrificaron los empleos, los salarios y las condiciones laborales de sus afiliados para que el capitalismo estadounidense siguiera siendo redituable.
Los negros siguen siendo el sector de la población con mayor conciencia de la naturaleza cruel del racista Estados Unidos. Al mismo tiempo, están atados al Partido Demócrata y en su mayoría seguirán apoyándolo mientras no parezca haber otra alternativa. La clave para destrabar esa situación está en forjar esa alternativa.
Los obreros necesitan un partido propio
Con millones en el desempleo o luchando por subsistir con empleos de medio tiempo o temporales miserablemente mal pagados, muchos de los cuales han perdido sus hogares y dependen de los vales de alimentos, con sus pensiones y prestaciones de salud recortadas, existe una necesidad imperiosa de construir un partido obrero basado en el entendimiento fundamental de que los obreros no tienen ningún interés en común con los patrones. Un partido así uniría a los empleados con los desempleados, los pobres de los guetos y los inmigrantes en una lucha por empleos y condiciones dignas de vivienda para todos. El poder para llevar a cabo esta lucha está en manos de los hombres y mujeres —negros, blancos e inmigrantes— cuyo trabajo hace girar los engranes de la producción y genera la riqueza que los capitalistas se roban.
En el Programa de Transición de 1938, documento de fundación de la IV Internacional, León Trotsky planteó una serie de reivindicaciones para enfrentar la catástrofe que amenazaba a la clase obrera en medio de la Gran Depresión de los años treinta. El fin de estas reivindicaciones era armar a los obreros con el entendimiento de que la única respuesta era la conquista del poder por el proletariado. Para combatir la plaga del desempleo, llamaba por unir a los empleados y los desempleados en la lucha por una semana laboral más corta sin pérdida de salario, para distribuir el trabajo accesible, así como por una escala móvil de salarios que aumentara con el costo de la vida. Exigía un programa masivo de obras públicas con salarios al nivel del de los obreros sindicalizados. Para garantizar condiciones de vida decentes, todos debían tener vivienda y otras instalaciones sociales, así como acceso a la atención médica y a la educación sin ningún costo para los beneficiarios. El seguro de los desempleados debía durarles hasta que consiguieran empleo, con la totalidad de sus pensiones garantizada por el gobierno. Sólo la lucha por este tipo de reivindicaciones podría enfrentar las míseras condiciones que los obreros sufren actualmente.
Como argumentó Trotsky, quien junto con Lenin fuera el líder de la Revolución Rusa de 1917:
“Los propietarios y sus abogados demostrarán ‘la imposibilidad de realizar’ estas reivindicaciones. Los capitalistas de menor cuantía, sobre todo aquellos que marchan a la ruina, invocarán además sus libros de contabilidad. Los obreros rechazarán categóricamente esos argumentos y esas referencias. No se trata aquí del choque ‘normal’ de intereses materiales opuestos. Se trata de preservar al proletariado de la decadencia, de la desmoralización y de la ruina. Se trata de la vida y de la muerte de la única clase creadora y progresiva y, por eso mismo, del porvenir de la humanidad. Si el capitalismo es incapaz de satisfacer las reivindicaciones que surgen infaliblemente de los males por él mismo engendrados, no le queda otra cosa que morir. La ‘posibilidad’ o la ‘imposibilidad’ de realizar las reivindicaciones es, en el caso presente, una cuestión de relación de fuerzas que sólo puede ser resuelta por la lucha. Sobre la base de esta lucha, cualesquiera que sean los éxitos prácticos inmediatos, los obreros comprenderán, en la mejor forma, la necesidad de liquidar la esclavitud capitalista”.
Las nuevas batallas obreras sentarán las bases para revivir y extender los sindicatos, echando a sus dirigentes vendidos actuales y remplazándolos con una nueva dirección clasista. Para que los obreros triunfen sobre sus explotadores, deben estar armados con un programa político marxista que vincule el combate sindical con la lucha por construir un partido obrero revolucionario multirracial. Ese partido dirigiría la lucha por barrer al estado burgués mediante la revolución socialista y establecer un estado obrero donde los que trabajan gobiernen.
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2016.08.14 13:30 ShaunaDorothy El enfoque marxista de la liberación de la mujer - El comunismo y la familia ( 1 - 2 ) (Mayo de 2016)

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Espartaco No. 45 Mayo de 2016
En la Declaración de principios y algunos elementos de programa, la Liga Comunista Internacional (Cuartainternacionalista) expone nuestra tarea de “construir partidos leninistas como secciones nacionales de una internacional centralista-democrática cuyo propósito es dirigir a la clase obrera a la victoria mediante revoluciones socialistas a través del mundo” (Spartacist [Edición en español] No. 29, agosto de 1998). Sólo mediante la toma del poder podrá el proletariado acabar con el capitalismo como sistema y abrir el camino hacia un mundo sin explotación ni opresión. Crucial para esta perspectiva es la lucha por la emancipación de la mujer, cuya opresión se remonta al comienzo de la propiedad privada y no podrá ser eliminada sin la abolición de la sociedad de clases.
La Declaración explica que nuestra meta en última instancia es la creación de una sociedad nueva, una sociedad comunista:
“La victoria del proletariado a escala mundial pondría una abundancia material inimaginable al servicio de las necesidades humanas, sentaría las bases para la eliminación de las clases sociales y la erradicación de la desigualdad social basada en el sexo, y la abolición misma del significado social de la raza, nacionalidad o etnia. Por primera vez, la humanidad tomará las riendas de la historia y controlará su propia creación, la sociedad, llevando a una emancipación jamás imaginada del potencial humano, y a una ola monumental de avance de la civilización. Sólo entonces será posible realizar el desarrollo libre de cada individuo como la condición para el desarro- llo libre de todos”.
La mayoría de las organizaciones que se hacían llamar marxistas solían aceptar la meta de una sociedad comunista, aunque no coincidieran en nada más. Pero desde el colapso de la Unión Soviética en 1991-1992 esto ya no es así. Sólo la LCI se adhiere a la perspectiva del comunismo mundial que expusieron por primera vez Karl Marx y Friedrich Engels.
Este clima ideológico de la “muerte del comunismo” ha llevado a que prevalezcan nociones falsas y estrechas de lo que es el marxismo. En la conciencia popular, el comunismo ha quedado reducido a la nivelación económica (igualdad en un nivel bajo de ingreso y de consumo) bajo la propiedad estatal de los recursos económicos. Por el contrario, la base material para el cumplimiento del programa marxista es la superación de la escasez económica mediante el aumento progresivo de la productividad del trabajo. Para realizarse plenamente, ello exige varias generaciones de desarrollo socialista basado en una economía colectivizada a escala mundial. Así, se desarrollará una sociedad en la que el estado (aparato coercitivo especial que defiende el orden de la clase dominante a través de destacamentos de hombres armados) se habrá extinguido, la filiación nacional habrá desaparecido y la institución de la familia —principal fuente de la opresión de la mujer— habrá sido remplazada por medios colectivos para cuidar y socializar a los niños y por la más amplia libertad en las relaciones sexuales.
El marxismo y la “naturaleza humana”
En el pasado, los intelectuales que consideraban semejante sociedad indeseable y/o imposible, no dejaban de reconocer que era eso lo que los marxistas llamaban comunismo. Por ejemplo, en El malestar en la cultura (1930), una exposición popular de su concepción del mundo, Sigmund Freud ofrece una breve crítica del comunismo. No hay evidencia de que haya estudiado las obras de Marx y Engels ni de que haya leído las de V.I. Lenin y otros líderes bolcheviques. Su comprensión (e incomprensión) del comunismo le era común a muchos intelectuales europeos y estadounidenses de su tiempo, independientemente de sus convicciones políticas.
Freud basaba su crítica del comunismo en el punto de vista de que “la tendencia agresiva es una disposición instintiva innata y autónoma del ser humano” y concluía que el proyecto comunista de una sociedad armoniosa contravenía la naturaleza humana:
“No me concierne la crítica económica del sistema comunista; no me es posible investigar si la abolición de la propiedad privada es oportuna y conveniente; pero, en cambio, puedo reconocer como vana ilusión su hipótesis psicológica. Es verdad que al abolir la propiedad privada se sustrae a la agresividad humana uno de sus instrumentos, sin duda uno muy fuerte, pero de ningún modo el más fuerte de todos. Sin embargo, nada se habrá modificado con ello en las diferencias de poderío y de influencia que la agresividad aprovecha para sus propósitos; tampoco se habrá cambiado la esencia de ésta... Si se eliminara el derecho personal a poseer bienes materiales, aún subsistirían los privilegios derivados de las relaciones sexuales, que necesariamente deben convertirse en fuente de la más intensa envidia y de la más violenta hostilidad entre los seres humanos, equiparados en todo lo restante. Si también se aboliera este privilegio, decretando la completa libertad de la vida sexual, suprimiendo, pues, la familia, célula germinal de la cultura, entonces, es verdad, sería imposible predecir qué nuevos caminos seguiría la evolución de ésta; pero cualesquiera que ellos fueren, podemos aceptar que las inagotables tendencias intrínsecas de la naturaleza humana tampoco dejarían de seguirlos”.
Freud entendía correctamente que en la visión comunista de la sociedad futura la familia se habrá extinguido y habrá una “completa libertad de la vida sexual”. La visión de Freud era incorrecta en tanto que los marxistas reconocen que la familia no puede simplemente abolirse; sus funciones necesarias, especialmente la crianza de la siguiente generación, deben ser remplazadas por medios socializados de cuidado infantil y trabajo doméstico.
Si bien Freud ya no tiene la autoridad ideológica que solía tener, la idea de que la “naturaleza humana” hace imposible un mundo comunista sigue siendo común, aunque los argumentos específicos puedan diferir. Los marxistas, en cambio, insistimos en que es la escasez material lo que da lugar a las salvajes reyertas por los recursos escasos. Es por ello que el comunismo es concebible sólo con un nivel sin precedentes de abundancia material, acompañado de un inmenso salto en el nivel cultural de la sociedad. Es la existencia de las clases, actualmente en la forma de un orden capitalista-imperialista obsoleto, lo que infesta a la sociedad humana con brutalidad y violencia. Como escribió el autor marxista Isaac Deutscher en “Sobre el hombre socialista” (1966): “utilizan el homo homini lupus [el hombre es el lobo del hombre] como grito de guerra contra el progreso y el socialismo y agitan al espantajo del eterno lupus humano en provecho del verdadero y sanguinario lupus del imperialismo contemporáneo”.
Para Freud, la “agresión innata” de las relaciones sexuales era el problema con la naturaleza humana. ¿Cuál es la realidad? La patología social asociada a lo que Freud percibía como rivalidad sexual tendría poca razón de ser en una sociedad comunal plenamente libre en la que la vida sexual fuera independiente del acceso al alimento, la vivienda, la educación y demás necesidades y comodidades cotidianas. Cuando la familia se haya extinguido junto con las clases y el estado, la crianza comunal que la remplace llevará a una nueva sicología y cultura entre la gente que crezca en esas condiciones. Los valores sociales patriarcales —“mi” mujer, “mis” hijos— se desvanecerán junto con el sistema opresivo que los genera. La relación de los niños entre sí y con las personas que les enseñan y guían serán multilaterales, complejas y dinámicas. Es la institución de la familia lo que ata al sexo y al amor a la propiedad, con todo lo que salga de la camisa de fuerza de la monogamia heterosexual considerado “pecado”.
La familia bajo el capitalismo es el principal mecanismo de la opresión de la mujer y de la juventud, atada por innumerables lazos interrelacionados con las operaciones básicas de la economía de “libre mercado”. La familia, el estado y la religión organizada conforman un tripié de opresión en el que se sostiene el orden capitalista. En los países del Tercer Mundo, el atraso y la pobreza arraigados, promovidos por la dominación imperialista, conducen a prácticas horriblemente opresivas como el velo, el precio de la novia y la mutilación genital femenina.
En las sociedades capitalistas avanzadas, como la estadounidense, podría pensarse que la gente lleva una vida complicada, más parecida a las presentadas en programas de televisión como Modern Family o Transparent que a la comedia de los años cincuenta Papá lo sabe todo. Sin embargo, las decisiones personales de la gente están constreñidas por la ley, la economía y los prejuicios de la sociedad de clases; esto es especialmente cierto en el caso de la clase obrera y los pobres. Remplazar la familia por instituciones colectivas es el aspecto más radical del programa comunista, y el que traerá los cambios más profundos y drásticos en la vida cotidiana, incluida la de los niños.
Nuestros oponentes en la izquierda y la cacería de brujas antisexo
En la actualidad, la visión de una sociedad sin la institución opresiva de la familia ya no puede hallarse en la gran mayoría de los que dicen estar por el marxismo, el socialismo o la liberación de la mujer. Hace ya décadas que los estalinistas, con su dogma antimarxista del “socialismo en un solo país”, renunciaron al entendimiento de que era necesaria una sociedad socialista global para conseguir la plena liberación humana, incluyendo la de la mujer. Una consecuencia de ello fue la rehabilitación estalinista de la opresiva familia como un pilar “socialista”. En “La Revolución Rusa y la emancipación de la mujer” (Spartacist [Edición en español] No. 34, noviembre de 2006), tratamos esta cuestión a profundidad.
Hoy, otros supuestos marxistas, entre ellos algunos que afirman ser trotskistas, simplemente siguen la doctrina feminista liberal (burguesa) prevaleciente en cuanto a la liberación de la mujer, apoyando implícitamente a las instituciones de la familia y el estado burgués. Un ejemplo de ello lo dan las reacciones histéricas de nuestros oponentes ante nuestra defensa de los derechos de la North American Man/Boy Love Association (Asociación Norteamericana de Amor entre Hombres y Muchachos, NAMBLA), que está por la legalización del sexo consensual entre hombres y muchachos, así como de otros perseguidos por su “depravación” sexual. La LCI se ha opuesto consistentemente a la intervención del gobierno en la vida privada y exige derogar todas las leyes contra los “crímenes sin víctimas” consensuales, como la prostitución, el consumo de drogas y la pornografía.
Los aullidos de muchos radicales y feministas contra NAMBLA expresan los “valores familiares” que impulsan los políticos e ideólogos burgueses. Durante décadas, la reacción antisexo patrocinada por el gobierno ha tomado varias formas: el prejuicio fanático antigay, una cacería de brujas contra los trabajadores de las guarderías, la prohibición de que se distribuyan entre adolescentes anticonceptivos e información sobre el control de la natalidad, y el encarcelamiento de “desviados”. Este asalto reaccionario estuvo acompañado por terrorismo extralegal, como las bombas en las clínicas de aborto. Gran parte de esta persecución busca fortalecer al estado burgués en su regulación de la población y difundir el pánico como una distracción de la verdadera brutalidad de la vida en esta sociedad retorcida, cruel, prejuiciosa y racista.
En artículos anteriores, hemos explorado algunas de las ambigüedades de la sexualidad en una sociedad donde las deformidades de la desigualdad de clase y de la opresión racial y sexual pueden producir mucho sufrimiento personal y cosas desagradables. Hemos afirmado que, mientras que el abuso infantil es un crimen horrendo y cruel, muchos encuentros sexuales ilegales son totalmente consensuales y no producen por sí mismos ningún daño. La mezcolanza deliberada de todo lo que vaya desde las caricias mutuas entre hermanos hasta la violación horrenda de un niño pequeño por parte de un adulto crea un clima social de histeria antisexo en el que los perpetradores de la violencia real contra los niños a menudo quedan impunes. Hemos señalado que las proclividades sexuales de las especies gregarias de mamíferos como el Homo sapiens claramente no encajan en la rígida monogamia heterosexual decretada por la moral burguesa.
Como medida básica de defensa frente a la persecución estatal de los jóvenes que quieren tener sexo (así sea sexting), nos oponemos a las reaccionarias leyes de la “edad de consentimiento”, con las que el estado decreta cierta edad arbitraria a partir de la cual permite el sexo, sin importarle que dicha edad cambie con el tiempo y varíe de un estado a otro en EE.UU. Al tratar esas cuestiones, nos ubicamos firmemente en oposición al estado capitalista y todos sus esfuerzos por reforzar y sostener el orden burgués explotador. Ésa es la aplicación, bajo las actuales circunstancias, de nuestra meta de la libertad sexual para todos, incluyendo a los niños y los adolescentes, en un futuro comunista. Esto tiene una importancia particular para los jóvenes adultos, de los que se espera que pasen los años que siguen a la pubertad bajo el yugo de la dependencia de sus padres. Llamamos por estipendios plenos para todos los estudiantes como parte de nuestro programa por una educación gratuita y de calidad para todos, para que los jóvenes puedan ser genuinamente independientes de sus familias.
Por el contrario, la International Socialist Organization (ISO, Organización Socialista Internacional) se niega a llamar por la abolición de las leyes de la edad de consentimiento actuales. En un artículo titulado “Youth, Sexuality and the Left” [La juventud, la sexualidad y la izquierda], la dirigente de la ISO Sherry Wolf blande su pica contra el partidario de NAMBLA David Thorstad por ser “el más ardiente y añejo defensor de la pederastia en la izquierda” (socialistworker.org, 2 de marzo de 2010). Wolf cita su propio libro Sexuality and Socialism: History, Politics and Theory of LGBT Liberation (Sexualidad y socialismo: Historia, política y teoría de la liberación LGBT, Haymarket Books, 2009): “Un consentimiento genuino, libre de la desigualdad de poder, no puede dárselo un niño a un hombre de 30”. El artículo de Wolf continúa: “En nuestra sociedad, las relaciones entre adultos y niños no son las de individuos iguales en lo emocional, lo físico, lo social ni lo económico. Los niños y los púberes no tienen la madurez, la experiencia ni el poder para tomar decisiones realmente libres respecto a sus relaciones con adultos. Sin eso, no puede haber consentimiento genuino”.
¿“Decisiones realmente libres”? Pocas relaciones entre adultos cumplirían con esta definición de consentimiento. En los hechos, Wolf pone a los jóvenes menores de 18 años y a sus parejas a merced del estado burgués. El único principio guía para toda relación sexual debería ser el consentimiento efectivo —es decir, el acuerdo y entendimiento mutuo entre todas las partes involucradas— independientemente de la edad, el género o la preferencia sexual.
El que la ISO abandone a los jóvenes al opresivo status quo sexual refleja su acomodación a los prejuicios del orden capitalista y las actitudes atrasadas de la población en general. En última instancia, viene de la vieja oposición de la ISO a toda perspectiva de movilización revolucionaria de la clase obrera hacia la toma del poder y la creación de un estado obrero —la dictadura del proletariado— que abra el camino hacia una sociedad comunista. Para la ISO, el socialismo es más o menos la aplicación acumulada de la “democracia” a todos los sectores oprimidos, entre los cuales la clase obrera es simplemente uno más. La ISO procura presionar a los capitalistas para que reformen su sistema de explotación. Su perspectiva de la liberación de la mujer refleja la misma fe conmovedora en las fuerzas de la reforma.
Por qué los marxistas no somos feministas
Cosa interesante, en los últimos años la ISO ha estado discutiendo en las páginas de su periódico, el Socialist Worker, acerca de las teorías sobre la liberación de la mujer. Parece ser que su motivación es el deseo de abandonar su postura anterior de oposición al feminismo como una ideología burguesa, para poder adoptar activamente la etiqueta de feminista o “feminista socialista”. Por ejemplo, en una charla de la conferencia Social-ism de la ISO en 2013 (publicada en “Marxism, Feminism and the Fight for Liberation” [Marxismo, feminismo y la lucha por la liberación], socialistworker.org, 10 de julio de 2013), Abbie Bakan sugirió: “La afirmación teórica de que hay bases para un enfoque marxista coherente que esté por la ‘liberación de la mujer’, pero contra el ‘feminismo’, carece de sentido”. (Hasta marzo de ese año, Bakan había sido una destacada partidaria de los International Socialists [Socialistas Internacionales] de Canadá, primos políticos de la ISO.)
La reciente adopción teórica explícita por parte de la ISO del “feminismo socialista” no es más que otra cubierta para el mismo contenido liberal. Sin embargo, nos ofrece la oportunidad de reafirmar la vieja posición marxista respecto a la familia y enfatizar que la emancipación de la mujer es fundamental para la revolución socialista e inseparable de ella. Contra lo que dice la ideología feminista, la plena igualdad legal no basta para superar la opresión de la mujer, que está profundamente enraizada en la familia y la propiedad privada.
Como siempre hemos enfatizado, marxismo y feminismo son viejos enemigos políticos. Eso requiere una explicación. En Estados Unidos y otros lugares se ha vuelto común aplicar el término “feminista” a quienes piensan que hombres y mujeres deberían ser iguales. Sin embargo, al lidiar con la desigualdad, el feminismo acepta los confines de la sociedad capitalista existente. Como ideología, el feminismo nació a finales del siglo XIX, reflejando las aspiraciones de una capa de mujeres burguesas y pequeñoburguesas que reclamaban sus prerrogativas de clase: derecho a la propiedad y a la herencia, acceso a la educación y las profesiones, y derecho al voto. Los marxistas buscamos mucho más que esta limitada idea de “igualdad de género”.
Los marxistas reconocemos que la liberación de la mujer no puede ocurrir sin la liberación de toda la raza humana de la explotación y la opresión: ése es nuestro fin. Hace bastante más de un siglo August Bebel, el dirigente histórico del Partido Socialdemócrata de Alemania, lo explicó claramente en su libro La mujer y el socialismo (1879), un clásico marxista. Reeditada varias veces, esta obra fue leída por millones de obreros de distintas generaciones antes de la Primera Guerra Mundial. La riqueza de su visión de la emancipación de la mujer no puede hallarse en ninguno de los escritos de la ISO al respecto:
“[La mujer] elegirá para su actividad los terrenos que correspondan a sus deseos, inclinaciones y disposiciones y trabajará en las mismas condiciones que el hombre. Lo mismo que todavía será obrera práctica en cualquier oficio, durante otra parte del día será educadora, maestra, enfermera, y durante otra parte ejercitará cualquier arte o ciencia y cumplirá en una cuarta parte cualquier función administrativa”.
—La mujer y el socialismo (Ediciones de Cultura Popular, 1978)
Lo que es especialmente significativo de la descripción que hace Bebel de la naturaleza emancipadora del trabajo en la sociedad socialista es que se aplica igualmente a los hombres. Eso apunta al núcleo del motivo por el que marxismo y feminismo son mutuamente excluyentes y de hecho antagónicos. Los feministas consideran que la división básica de la sociedad es entre hombres y mujeres, mientras que los socialistas reconocemos que los obreros de ambos sexos deben luchar juntos para acabar con la opresión y la explotación que sufren por parte de la clase capitalista.
Marx desvirtuado
En su giro teórico a favor del “feminismo socialista”, la ISO está promoviendo el libro Marxism and the Oppression of Women: Toward a Unitary Theory (Marxismo y la opresión de la mujer: Hacia una teoría unitaria, Haymarket Books, 2013) de Lise Vogel. Publicado originalmente en 1983, el libro se reeditó como parte de la serie Historical Materialism con una introducción encomiástica de dos académicos canadienses partidarios del ultrarreformista New Socialist Group (Nuevo Grupo Socialista). Incluso hace 30 años, el medio “feminista socialista” al que se dirige Vogel ya se había disuelto en la nada. Pero, dado que Vogel pretende representar un polo marxista dentro del movimiento o corriente intelectual “socialfeminista”, hoy a la ISO le cuadra promover su libro.
En la sección introductoria del libro, Vogel se deslinda ecuánimemente tanto de los feministas no marxistas como de los marxistas no feministas. Se fija como su tarea principal analizar el carácter de la opresión de la mujer dentro de la estructura y dinámica del sistema económico capitalista. Su tratamiento de Marx y Engels es confuso, contradictorio y rimbombante. Se enfoca principalmente en la relación entre el trabajo doméstico y la reproducción generacional de la fuerza de trabajo. Para Vogel, la opresión de la mujer se reduce estrechamente al trabajo doméstico (no pagado). Afirmando explícitamente que “la categoría de ‘la familia’...es insuficiente como punto de partida analítico”, Vogel pasa por alto las cuestiones más amplias del papel de la familia en la opresión de la mujer y los niños y su importancia como sostén clave del orden capitalista. La familia sirve para atomizar a la clase obrera y propagar el individualismo burgués como barrera a la solidaridad de clase.
Su concepción estrecha de la opresión de la mujer no impide a Vogel calumniar a Engels como “determinista económico”. Simplemente deja de lado los aspectos culturales y sociales incluidos en la riqueza de los argumentos que Engels presenta en El origen de la familia, la propiedad privada y el estado (1884). Para tomar un ejemplo, Vogel se queja de que Engels “no vincula claramente el desarrollo de una esfera especial relacionada a la reproducción de la fuerza de trabajo con el surgimiento de la sociedad de clases o quizá la sociedad capitalista”. Aparentemente, esto significa que Engels no muestra cómo el surgimiento de la sociedad de clases llegó a pesar sobre el papel de la mujer en la crianza de los hijos. Esto simplemente no es verdad.
En El origen de la familia, la propiedad privada y el estado, Engels describe cómo la familia se originó en el neolítico cuando la sociedad se dividió en clases por vez primera. Apoyándose en la información disponible en aquella época, Engels se basó mucho en el trabajo pionero de Lewis Henry Morgan entre los iroqueses del norte del estado de Nueva York para entender las sociedades primitivas sin clases. Engels describió cómo la invención de la agricultura creó un excedente social que permitió, por primera vez, el desarrollo de una clase dominante ociosa que vivía del trabajo ajeno. La familia, específicamente la monogamia de la mujer, fue necesaria para asegurar la transmisión ordenada de la propiedad y el poder a los herederos del patriarca, la siguiente generación de la clase dominante. Si bien es mucho lo que se ha descubierto sobre las primeras etapas de la sociedad humana desde tiempos de Engels, su entendimiento fundamental ha resistido la prueba del tiempo.
Vogel no analiza la función social de la familia para la clase obrera bajo el capitalismo, donde sirve para criar a la siguiente generación de esclavos asalariados. En El capital, Marx explicó que el costo de la fuerza de trabajo está determinado por el costo de manutención y reproducción del obrero: sus gastos cotidianos, su capacitación y el sostén de su pareja y sus hijos. Para aumentar la ganancia, los capitalistas buscan bajar el costo del trabajo: no sólo de los salarios que pagan a los bolsillos de los obreros, sino también de los servicios como la educación y la salud públicas, que son necesarios para la manutención del proletariado.
El feminismo a veces critica algunos aspectos de la familia, pero en general sólo para quejarse de los “roles de género”, como si el problema fuera una discusión sobre el estilo de vida respecto a quién debe lavar los platos o darle al bebé su mamila. El problema es la institución de la familia, que integra a la gente a la sociedad desde la infancia de manera que acate ciertas normas, respete a la autoridad y desarrolle los hábitos de obediencia y deferencia que son tan útiles a la obtención de ganancias por parte de los capitalistas. La familia le es invaluable a la burguesía como reserva de pequeña propiedad privada y en algunos casos de pequeña producción, operando como freno ideológico a la conciencia social. Vogel pasa por alto estas cuestiones y se enfoca estrictamente en el “trabajo doméstico” no pagado de la mujer.
El fin último
La posición de Vogel es incluso más débil en lo que toca al fin último de la liberación de la mujer. Esto se ve especialmente en lo que no dice. Vogel divorcia la emancipación de la mujer de la superación de la escasez económica y del remplazo del trabajo enajenado —tanto en la fábrica como en el hogar— por el trabajo creativo y gratificante. Tanto el fin último de una sociedad comunista como los medios básicos para lograrlo quedan fuera de los confines intelectuales del “feminismo socialista” de Vogel.
Cuando Marx y Engels explicaron que suscribían un entendimiento materialista de la sociedad y del cambio social, no se referían sólo al capitalismo y las sociedades de clase anteriores (como el feudalismo). También proporcionaron un entendimiento materialista de la futura sociedad sin clases. De hecho, ésa era su diferencia fundamental con las principales corrientes socialistas de principios del siglo XIX —los owenistas, fourieristas y saint-simonianos— como las resumió Engels en Del socialismo utópico al socialismo científico (originalmente parte de su polémica de 1878, Anti-Dühring). Marx y Engels reconocían que una sociedad socialista —entendida como la etapa inicial del comunismo— requeriría un nivel de productividad del trabajo muy superior incluso a la de los países capitalistas más avanzados de hoy. Esto se logrará mediante una expansión continua del conocimiento científico y su aplicación tecnológica.
Vogel no comparte esa concepción. Esto queda particularmente claro en su análisis de los primeros años de la Rusia soviética. Expresando un gran aprecio del entendimiento que tenía Lenin de la opresión de la mujer y de su compromiso por superarla, cita con aprobación un discurso de 1919, “Las tareas del movimiento obrero femenino en la República Soviética”:
“Todas ustedes saben que incluso cuando las mujeres gozan de plenos derechos, en la práctica siguen esclavizadas, porque todas las tareas domésticas pesan sobre ellas. En la mayoría de los casos las tareas domésticas son el trabajo más improductivo, más embrutecedor y más arduo que pueda hacer una mujer. Es un trabajo extraordinariamente mezquino y no incluye nada que de algún modo pueda contribuir al desarrollo de la mujer.
“En la prosecución del ideal socialista, queremos luchar por la realización total del socialismo, y se abre aquí un amplio campo de acción para la mujer. Realizamos ahora serios preparativos a fin de desbrozar el terreno para la construcción del socialismo, pero la construcción del socialismo comenzará sólo cuando hayamos logrado la completa igualdad de la mujer, y cuando acometamos las nuevas tareas junto con la mujer, que habrá sido liberada del trabajo mezquino, embrutecedor, improductivo”.
Vogel presenta equivocadamente a Lenin como una voz solitaria clamando en el desierto e implica que el principal obstáculo para superar la opresión de la mujer en los primeros años de la Rusia soviética era ideológico: las generalizadas actitudes patriarcales entre los hombres de la clase obrera y el campesinado combinadas con una supuesta indiferencia por la liberación de la mujer entre los cuadros, mayoritariamente varones, del Partido Bolchevique. Vogel escribe:
“Los señalamientos de Lenin respecto al machismo nunca tomaron forma programática, y la campaña contra el atraso ideológico masculino nunca pasó de ser un tema menor en la práctica bolchevique. Sin embargo, sus observaciones sobre el problema representaron una admisión extremadamente inusual de la seriedad del mismo... Las contribuciones teóricas de Lenin no lograron dejar una impresión duradera”.
De hecho, el gobierno soviético realizó enormes esfuerzos para aliviar a la mujer obrera de la carga del trabajo doméstico y la crianza de niños mediante el establecimiento de cocinas comunales, lavanderías, guarderías, etc. Tanto los bolcheviques como la Internacional Comunista establecieron departamentos especiales para el trabajo entre las mujeres. Durante los primeros años del estado obrero soviético, el Zhenotdel estuvo activo tanto en las regiones europeas como en las del Asia Central.
Los límites de las medidas liberadoras del gobierno comunista bajo V.I. Lenin y León Trotsky no fueron ideológicos, sino producto de condiciones objetivas: la pobreza de recursos materiales, agravada por años de guerra imperialista y guerra civil. En un ensayo de 1923 titulado “De la vieja a la nueva familia”, incluido en la compilación de 1924 Problemas de la vida cotidiana (una obra que Vogel no menciona siquiera), Trotsky explicó:
“En principio, la preparación material de las condiciones para un nuevo modo de vida y una nueva familia no puede separarse tampoco del trabajo de la construcción socialista. El estado de los trabajadores necesita mayor prosperidad con el fin de que le sea posible tomar seriamente en sus manos la educación pública de los niños y aliviar asimismo a la familia de los cuidados de la limpieza y la cocina. La socialización de la familia, del manejo de la casa y de la educación de los niños no será posible sin una notable mejoría de toda nuestra economía. Necesitamos una mayor proporción de formas económicas socialistas. Sólo bajo tales condiciones, podremos liberar a la familia de las funciones y cuidados que actualmente la oprimen y desintegran. El lavado debe estar a cargo de una lavandería pública, la alimentación a cargo de comedores públicos, la confección del vestido debe realizarse en los talleres. Los niños deben ser educados por excelentes maestros pagados por el estado y que tengan una real vocación para su trabajo”.
La escasez material fue fuente de otro ámbito importante de desigualdad entre los hombres y las mujeres en los primeros años de la Rusia soviética (y por extensión en todo estado obrero económicamente atrasado). Se trata de la escasez de la mano de obra altamente calificada que requiere conocimientos y capacidades técnicas avanzados. A los obreros industriales calificados y los miembros de la intelectualidad técnica (ingenieros, arquitectos, etc.) había que pagarles salarios más altos que a los obreros no calificados, aunque la diferencia era mucho menor que en los países capitalistas. Este sector mejor pagado de la fuerza de trabajo, heredado del pequeño sector capitalista moderno de la Rusia zarista, era predominantemente masculino. Aunque se hicieron esfuerzos dirigidos a corregir esto, al joven estado obrero le faltaban los recursos materiales para educar y entrenar a las mujeres para que se volvieran maquinistas e ingenieras en cantidades suficientes a fin de superar el predominio masculino del trabajo calificado.
El libro de Vogel concluye con una proyección de cómo será la transición al comunismo tras el derrocamiento del capitalismo:
“Ante la terrible realidad de la opresión de la mujer, los socialistas utópicos del siglo XIX llamaron por la abolición de la familia. Todavía hoy, su drástica exigencia sigue teniendo adeptos entre los socialistas. En cambio, el materialismo histórico plantea la difícil cuestión de reducir y redistribuir simultáneamente el trabajo doméstico conforme éste se va transformando en un componente integral de la producción social en la sociedad comunista. Así como en la transición socialista ‘el estado no es “abolido”, sino que se extingue’, así también el trabajo doméstico debe extinguirse. Por lo tanto, durante la transición al comunismo una administración adecuada del trabajo doméstico y el trabajo femenino será un problema clave de la sociedad socialista, pues sólo sobre esta base pueden establecerse y conservarse las condiciones económicas, políticas e ideológicas de la verdadera liberación de la mujer. En el proceso, la familia, en su forma histórica particular como una unidad social basada en el parentesco para la reproducción de fuerza de trabajo explotable en la sociedad de clases, también se extinguirá, y con ella tanto las relaciones familiares patriarcales como la opresión de la mujer” [énfasis en el original].
http://www.icl-fi.org/espanol/eo/45/familia.html
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2016.08.03 13:08 EDUARDOMOLINA La genealogía del CADTM y de su lucha contra la deuda ilegítima: los orígenes. Entrevista a Éric Toussaint, portavoz y fundador de la red internacional del Comité para la Abolición de las Deudas Ilegítimas (CADTM).

http://iniciativadebate.org/2016/08/03/la-genealogia-del-cadtm-y-de-su-lucha-contra-la-deuda-ilegitima-los-origenes/
Primera parte de la entrevista «Genealogía del CADTM y de las políticas contra la deuda»
En esta entrevista se explica la genealogía de la lucha contra la deuda, de las y los que abogaron por su anulación, así como de la creación empírica, al servicio de los combates políticos, de los conceptos de ilegitimidad, ilegalidad, y del posible carácter odioso de las deudas públicas. Así mismo, cómo el Comité para la Abolición de las Deudas Ilegítimas (CADTM) —antes Comité para la Anulación de la Deuda del Tercer Mundo— vio necesaria la alianza con las fuerzas de la oposición y de los movimientos sociales, cuyas ideas y personas, una vez llegadas al gobierno, podrían cuestionar y desmantelar la deuda y su «sistema». No obstante, la prioridad absoluta para el CADTM es el fortalecimiento de la acción de las y los de abajo en lugar de actuar como lobby.
Desde África hasta Latinoamérica, las auditorías con participación ciudadana fueron una fuente de esperanza, sin embargo, en su mayoría, resultaron decepcionantes al ser olvidadas por los opositores que se volvieron gobernantes. Aunque el comportamiento de los dirigentes con respecto al orden financiero es decisivo…empero, a veces hubo auditorías que tuvieron un gran éxito. Recordemos la auditoría de la deuda soberana griega, una experiencia repleta de intrigas y de desenlaces inesperados, con pocas opciones. Cuando la ilusión de una nueva cooperación internacional, como hubiese sido la celebración de una nueva conferencia de Londres para la deuda griega demandada por Alexis Tsipras, se desvanece por ingenua, se imponen, según Éric Toussaint, actos soberanos unilaterales, como condición sine qua non para poder invertir la relación de fuerzas.
Publicamos entra entrevista dividida en 5 partes:
  1. La genealogía del CADTM y de las luchas contra las deudas ilegítimas: los orígenes
  2. Los primeros terrenos de experimentación del método CADTM para combatir las deudas ilegítimas: los ejemplos de Ruanda y de la República Democrática del Congo.
  3. Argentina: la continuación de la lucha contra la deuda ilegítima.
  4. De las esperanzas frustradas al éxito en Ecuador. Los ejemplos de Sudáfrica, Brasil, Paraguay y Ecuador
  5. Grecia: la ambigüedad de los dirigentes con respecto al orden financiero y a la deuda.
  6. La genealogía del CADTM y de las luchas contra las deudas ilegítimas: los orígenes
Benjamín Lemoine: ¿Cómo comenzó su implicación en las luchas contra las deudas ilegítimas?
Éric Toussaint: Fui profesor de historia y de ciencias sociales entre 1975 y 1994 en la enseñanza secundaria, en institutos públicos, técnicos y profesionales. Siendo profesor en Lieja, en los años 1980, me vi confrontado con la crisis de la deuda de este municipio de 200.000 habitantes. Una deuda que había alcanzado un nivel catastrófico y que implicaba un plan de austeridad extremadamente duro para esa época. Y eso me llevó, con un grupo de colegas y de diferentes categorías de trabajadores, a analizar los orígenes de la deuda que le era reclamada a la ciudad de Lieja. Al mismo tiempo, había estallado la crisis de la deuda del Tercer Mundo: México se había declarado en cesación de pagos en 1982. En Latinoamérica, en particular, se tomaron varias iniciativas para oponerse al pago de una deuda impagable durante esos mismos años. Asimismo, en África, el tema de la deuda fue liderado por el joven presidente de Burkina Faso Thomas Sankara, a partir de 1985. Eso me llevó a considerar, con las otras personas que fundaron conmigo el Comité para la Anulación de la Deuda del Tercer Mundo (CADTM) en Bélgica en 1990, [1] que éste era un tema transversal, nuevo, y que justificaba la creación de una organización específica, a imagen de otras organizaciones muy conocidas como Greenpeace o Amnistía Internacional. La idea era partir de un problema determinado, para luego abordar los problemas de la sociedad y del sistema capitalista global. Este comité, que al comienzo era una estructura esencialmente belga conocida por sus publicaciones en francés, tuvo un eco importante en Francia, en Suiza y África francófonas, y en Haití, a tal punto que nuestra organización está implantada, en este momento, en más de 30 países.
En relación a mis actividades en la enseñanza, y a pesar de que trabajaba a tiempo completo en la secundaria, continué mis estudios e hice un doctorado en ciencias políticas en las universidades de Lieja y de París VIII en 2004. Mi tesis trató sobre los retos políticos que conlleva la intervención del Banco Mundial y del FMI en los países en desarrollo. [2]
B. L.: ¿Estuvo comprometido políticamente antes de su experiencia en Lieja?
E. T.: Me comprometí en política siendo muy chico. En mayo de 1968, todavía no había cumplido los 14 años y desde 1967 ya era activista en mi liceo. En esa época, vivía en un pueblo de mineros del carbón que, en su gran mayoría, eran inmigrantes (polacos, italianos, españoles, griegos…). Pero mis padres, maestros en el pueblo, no eran en absoluto marxistas. En la biblioteca familiar no había ni un solo libro marxista. Mi padre era un miembro muy activo del partido socialista. Mis padres eran antirracistas, pacifistas e internacionalistas. Me movilizaron los problemas raciales y fui muy sensible a las luchas llevadas a cabo en Estados Unidos por Malcom X y Martin Luther King, aunque me atraía más la posición de Malcom X. Me sentía totalmente solidario con los trabajadores que luchaban por sus derechos mediante huelgas y manifestaciones. Participé en las que se hicieron contra las armas nucleares y contra la guerra del Vietnam. En mayo de 1968, seguía muy de cerca lo que pasaba en París. Leía muchísimo: de Mao al Che Guevara, pasando por el Manifiesto Comunista y otras lecturas políticas de diferentes corrientes marxistas. Eso me condujo a unirme a la corriente trotskista de la IV Internacional desde el año 1970. En Francia, la organización miembro de la IV Internacional era la Liga Comunista (que luego fue la Liga Comunista Revolucionaria) impulsada por Alain Krivine y Daniel Bensaïd. En junio de 1970, me fui en autostop a París con un amigo de mi edad al encuentro de esa organización. Iba a cumplir los 16 años. Comencé a leer los principales análisis de León Trotsky que me permitieron comprender la degeneración de la Unión Soviética, y por qué era necesaria una política mundial y una revolución permanente.
En el seno de la Cuarta Internacional, ¿existía sensibilidad sobre la cuestión de la deuda o, por el contrario, era una posición aislada?
El CADTM fue creado en 1990. Ernest Mandel, uno de los principales dirigentes de la IV Internacional con el que colaboraba activamente, se había pronunciado en 1989 por la anulación de la deuda del Tercer Mundo. [3] Además, en 1989, a iniciativa de la Liga Comunista Revolucionaria de Francia, se puso en marcha una coalición con personalidades como el cantante Renaud y el escritor Gilles Perrault. La coalición se llamó «Ça suffat comme ci» [¡Ya Basta!] Y fue una respuesta unitaria amplia a la iniciativa tomada por François Mitterrand de convocar para el bicentenario de la Revolución Francesa una reunión del G7. Iniciativa que fue tomada por la izquierda en general como una provocación. Renaud, que sentía apego y una cierta admiración por Mitterrand, entró en conflicto y en crisis de confianza con ocasión del bicentenario. Sin embargo, se celebró un enorme concierto gratuito en Vincennes con Renaud, su colega sudafricano Johnny Clegg y la Mano Negra. Asistieron 150.000 personas y en la manifestación al menos 80.000. Esa coalición tenía como objetivo principal reivindicar la anulación de la deuda del Tercer Mundo. El texto fundador del CADTM en Bélgica fue el redactado, en 1989, por militantes de la Liga Comunista Revolucionaria y por Gilles Perrault: el Llamamiento de la Bastilla para la anulación de la deuda del Tercer Mundo [4]. Por lo tanto hay una filiación bastante clara, en cuanto a corriente política, con respecto al problema de la deuda, particularmente con respecto a la deuda del Tercer Mundo. Esa enorme campaña de 1989 fue sin embargo marginada en Francia por el éxito de SOS Racismo. El lugar de «Ça suffat comme ci» fue ocupado, algunos años más tarde, por SOS Racismo y Harlem Désir. Este último tenía en esa época, los años 1990, relaciones regulares con el CADTM. Fue también el caso de Arnaud Montebourg, responsable, como diputado socialista en la Asamblea Nacional, de la evasión fiscal y de la ayuda al desarrollo. Cuando apareció SOS Racismo, éste retomó la fórmula de los grandes conciertos gratuitos y de las manifestaciones, y trató de ocupar ese ámbito. En 1996, hubo un nuevo florecimiento del tema de la deuda en Francia en el momento del G7 de Lyon. Estaban allí Bill Clinton, Jacques Chirac, Tony Blair, etc. El colectivo que se puso en marcha en Lyon se llamó «Les autres voix de la planète» [Las otras voces del planeta], que era el título de la revista del CADTM. En esa contra cumbre del G7, el CADTM tuvo un papel clave en los análisis y en el contenido de la declaración final. Fue también el CADTM que financió a la única persona liberada de la coalición «Les Autres Voix de la Planète», encargada en Lyon de preparar la contra cumbre unitaria.
Deudas del Sur, deudas del Norte
Durante esos años, ¿hubo una clara diferencia, en las luchas, entre la deuda de los países del Norte y la deuda de los países del Sur?
Sí, a la deuda de los países del Norte no se la consideraba, en 1990, como un tema clave. Pero para mí, esa deuda ya era importante. Con respecto a la actual situación, la deuda pública se disparó cuando varios países para rescatar a sus bancos socializaron sus pérdidas bancarias, y esto se produjo cuando llegó a Europa, en 2007-2008, la crisis que había estallado en Estados Unidos un año antes. Estuve convencido, de inmediato, con otras y otros miembros del CADTM, que era necesario tener en cuenta la nueva dimensión que tomaba la cuestión de la deuda pública en los países del Norte. Y lo hicimos antes de que fuera evidente para muchos. Porque hay que recordar que, en 2008-2009, José Manuel Barroso, presidente de la Comisión Europea, propuso como primera reacción una política que podía hacer pensar en un cambio neokeynesiano. De hecho, solo se trataba de amortiguadores sociales totalmente momentáneos, ya que los gobiernos del Norte tuvieron mucho miedo de que un cuestionamiento del sistema tomara un carácter masivo y activo. Por ejemplo, en Francia, Nicolas Sarkozy lanzó primas para apoyar a la industria del automóvil. Una parte del movimiento altermundista y de la izquierda en sus diferentes componentes no se dio cuenta que muy pronto, bajo el pretexto del aumento de la deuda pública, se desarrollaría una ofensiva extremadamente brutal de austeridad. Y esa ofensiva realmente fue percibida a partir de 2010 y de la famosa crisis griega, cuando los grandes medios de comunicación la llamaron «crisis de las deudas soberanas». Solo fue una amplia operación de comunicación para esconder lo esencial, es decir la continuación de la crisis bancaria y de toda una serie de iniciativas del Banco Central Europeo, de los gobiernos de los países europeos y también de Estados Unidos para socorrer a los bancos con la ayuda de las finanzas públicas. En un artículo de 2008, [5] anunciaba muy claramente lo que pasaría en 2010, cómo se irían desarrollando los acontecimientos. Resumiendo, como CADTM, estábamos preparados a lo que efectivamente se produjo. Por otra parte, publicamos dos libros que dan testimonio de lo acontecido perfectamente: La crisis global, en 2011 (http://anticapitalistas.org/IMG/pdf…) y La deuda o la vida: Europa en el ojo del huracán, en 2011 (http://www.cadtm.org/La-deuda-o-la-vida). Este último recibió el premio al libro político en la feria del libro político de Lieja de ese mismo año. También realizamos seminarios e intentamos convencer a varios movimientos de poner en marcha un frente europeo para el cuestionamiento del pago de la deuda a partir de 2010.
Entre los años 1980, con «Ça suffat comme ci», y 2007-2008, pasaron una veintena de años. Sin embargo, la diferente percepción entre la deuda del Norte y la deuda del Sur persiste. ¿Cómo se puede explicar?
Hay un lazo muy fuerte entre el CADTM y lo que se llama la corriente tercermundista. Esta corriente corresponde a los años 1960 y 1970. [6] El CADTM estuvo relacionado con personalidades comprometidas en la corriente tercermundista y personalmente tuve contactos muy estrechos con figuras del tercermundismo como Ahmed Ben Bella (el primer presidente de Argelia independiente, derrocado en 1967 por Boumédiène), [7] François Houtart, Gus Massiah, André Gunder Frank, Theotonio dos Santos… El CADTM colaboró también con Susan George [8] que escribió abundantemente sobre la deuda en los años 1990, así como con el escritor Gilles Perrault a partir de su compromiso con el Llamamiento de la Bastilla, en 1989. Este autor se implicó muchísimo con la publicación de su libro Notre ami le roi [9] y en la defensa de Abraham Serfaty, [10] quien era prisionero político en las mazmorras de Hassan II. A estos contactos y estos temas, agrego a René Dumont, [11] figura emblemática del tercermundismo en el ámbito de la ecología. Entre las y los que se acercaron al CADTM, a comienzos de la década 1990, había personas que tenían 60, 70 años, que se habían movilizado por la solidaridad con el Tercer Mundo o que habían sido dirigentes. El CADTM está también relacionado a redes internacionales surgidas en las luchas de los años noventa, por ejemplo Via Campesina que nació en 1993, la Marcha Mundial de Mujeres que se creó a finales de esa década, Jubileo Sur nacido en 1999, ATTAC a partir de 1998-1999. Estos movimientos convergieron en la creación del Foro Social Mundial en 2001, del que el CADTM es uno de los fundadores.
En el transcurso de su evolución, el CADTM sufrió una mutación: pasó de ser una organización del Norte solidaria con el Sur, a ser una red Norte-Sur de acción sobre las alternativas al sistema-deuda.
Durante la asamblea mundial celebrada a fines de abril de 2016 en Túnez, el CADTM, conservando su sigla, decidió por unanimidad cambiar su denominación y llamarse desde ese momento «Comité para la Abolición de las Deudas Ilegítimas». La moción adoptada argumentó el cambio de denominación debido a lo siguiente: «La adaptación que proponemos se justifica por la evolución del trabajo realizado por el CADTM tanto en el ámbito internacional como en el nacional. El CADTM se creó en 1990, en plena crisis de la deuda del Tercer Mundo, para reclamar la anulación de la deuda de los llamados países tercermundistas. A partir de los años 1990, el término Tercer Mundo se fue utilizando cada vez menos especialmente por la desaparición del Segundo Mundo, el bloque del socialismo real, y como consecuencia de las diferentes evoluciones al interior de la categoría Tercer Mundo —los llamados países en desarrollo que engloban a los países emergentes BRIC, PMA, PPME, etc—. Con la crisis de 2008 y sus repercusiones, el trabajo del CADTM se extendió progresivamente a las deudas públicas de los países del Norte, sin dejar de trabajar exigiendo la anulación de las deudas de los países del “Tercer Mundo”. Hemos mostrado cómo el “sistema-deuda” somete tanto a los pueblos del Sur como a los pueblos del Norte. Para luchar contra ello, desde hace 5 años el CADTM desarrolló una nueva sección de acción y reflexión sobre el problema de las deudas privadas ilegítimas: deudas ligadas a los microcréditos en el Sur cuyas primeras víctimas son las mujeres, de los campesinos, de los estudiantes, de las familias expulsadas de sus viviendas por los bancos, etc. El concepto de deuda ilegítima permite englobar las deudas del Sur y del Norte, las públicas y las privadas a la vez.»
Recordemos que el CADTM está implantado mayoritariamente en los países llamados «en desarrollo»: 15 países de África (véase http://www.cadtm.org/Africa,279), 6 países de Latinoamérica y Caribe (véase http://www.cadtm.org/America-latina-y-el-Caribe,838), 2 países de Asia del Sur (India y Pakistán). Con respecto a los países más industrializados, el CADTM está presente en 6 países europeos (véase http://www.cadtm.org/Europa,6487) y en Japón.
Notas
[1] En Bélgica, las personas morales que contribuyeron a la fundación en 1990 del CADTM provenían de diversos horizontes y testimonian el carácter plural de nuestra organización: movimientos de educación popular como Equipes Populaires —mouvement d’éducation permanente lié au Mouvement ouvrier chrétien—, Fondation Joseph Jacquemotte, Fondation Léon Lesoil, Union des Progressistes juifs de Belgique; sindicatos como los dos regionales de la CGSP, Central General de los Servicios Publicos —la de Liège y la de Limbourg—, la totalidad del sector Enseñanza de la CGSP, la regional de Amberes de la ACOD Onderwijs, la Federación de los metalúrgicos de la Provincia de Lieja; ONG como Peuples solidaires, GRESEA, Forum Nord-Sud, Centre Tricontinental, Socialisme sans Frontières, FCD Solidarité Socialiste, Oxfam Solidarité, Centre national de Coopération au Développement; comités de solidaridad como Comité Mennan Men-Haïti, Comité Amérique centrale de Charleroi; movimientos para la paz como la Coordination nationale d’action pour la paix et la démocratie —CNAPD—, VREDE; partidos políticos como el Partido obrero socialista y el Partido comunista; y una asociación femenina “Refugio para mujeres maltratadas y sus hijos”. El Partido obrero socialista (más tarde convertido en la LCR), sección belga de la Cuarta internacional, tuvo un papel importante en la creación e impulso del CADTM, aunque siempre con una gestión plural muy firme.
[2] Éric Toussaint, tesis doctoral en ciencias políticas presentada en 2004 a en las universidades de Lieja y de Paris VIII, Enjeux politiques de l’action de la Banque mondiale et du Fonds monétaire international envers le tiers-monde, 2004. Disponible en http://www.cadtm.org/Enjeux-politiques-de-l-action-de. Véase también: http://www.diffusiontheses.f50749…
[3] Véase Ernest Mandel, «La dynamique infernale de la spirale de l’endettement», Inprecor, abril de 1986 Voir http://www.cadtm.org/La-espiral-infernal-de-la-deuda yhttp://www.ernestmandel.org/new/ecr…
[4] Véase http://www.cadtm.org/Acerca-del-CADTM
[5] http://cadtm.org/Union-sagrada-para-una-sagrada
[6] Véase: http://www.cadtm.org/Eric-Toussaint-Lo-que-es, http://cadtm.org/Le-CADTM-et-la-cooperation-au, http://cadtm.org/Le-CADTM-et-la-cooperation-au,13144
[7] Éric Toussaint, «En recuerdo de Ahmed Ben Bella, primer presidente de la Argelia independiente, muerto el 11 de abril de 2012 a la edad de 96 años», http://cadtm.org/En-recuerdo-de-Ahmed-Ben-Bella
[8] https://es.wikipedia.org/wiki/Susan…
[9] http://www.gallimard.fCatalogue/G…
[10] https://es.wikipedia.org/wiki/Abrah…
[11] https://es.wikipedia.org/wiki/Ren%C…
Bejamin Lemoine es investigador en sociología en el CNRS (Consejo Nacional de Investigaciones de Francia), especializado en la cuestión de la deuda pública y de las relaciones entre los Estados y el orden financiero. Una versión resumida de esta entrevista ha sido publicada en el número especial «Capital et dettes publiques», de la revista SavoiAgir nº 35, marzo de 2016.
Traducido por Griselda Pinero
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2016.07.15 18:44 felipustero LAS MENTIRAS DE LAS SANCIONES CONTRA RUSIA Y LA AGENDA IMPERIALISTA DE LA OTAN

Washington presionó hace dos años a la Unión Europea para que aplicaran sanciones contra Rusia. El argumento para hacerlo fue, una vez más, falso. Ni Rusia invadió Ucrania, ni Crimea se anexionó por la fuerza. Dos años después se amplían las sanciones culpando a Rusia y a las Repúblicas Populares del este de Ucrania de no cumplir los acuerdos de Minsk. Hagamos un poco de memoria para poner en contexto las actuales circunstancias y desmontar las mentiras sobre las que se basan las sanciones económicas contra Rusia y la escalada militar de la OTAN en Europa:
EE.UU y la UE organizaron y apoyaron un golpe de Estado en Ucrania en 2014 dirigido por partidos políticos y grupos violentos y armados de ideología neonazi, hoy incrustados en el Estado y en el gobierno de Kiev [1]. Los ciudadanos de Crimea y Sebastopol no aceptaron el golpe neonazi del "Euromaidán", y temiendo ser víctimas de la represión de los neonazis instalados en Kiev debido a sus estrechos lazos culturales con Rusia (tal y como estaba ocurriendo ya en aquellos momentos con la población ruso-parlante en el resto de Ucrania), estos ciudadanos decidieron celebrar un referéndum que por una abrumadora mayoría del 96% aprobró la reintegración con su histórica "madre patria". Todo ello pacífica y democráticamente. Nadie desde Occidente ha podido a día de hoy demostrar lo contrario.
Existe desde el inicio del golpe de Estado en Ucrania un relato oficial difundido por los gobiernos y los grandes medios corporativos que denuncia el inicio de un imperialismo militar ruso que avanza hacia Europa a través de Ucrania. Se llegaron a utilizar imágenes falsas donde se podían ver tanques rusos penetrando, supuestamente, en territorio de Ucrania. Este miedo a la (inexistente) invasión rusa dio lugar, según este relato occidental, al origen de una "revolución popular" que buscaba alejarse de la dictadura rusa que les amenazaba, y acercarse a la democracia y la libertad que representa la Unión Europea: la llamada revolución del "Euromaidán" [2]. Sin embargo, a día de hoy, tampoco nadie desde Occidente ha podido verificar ni demostrar con imágenes reales o con pruebas contundentes esta versión de los hechos totalmente inventada, y que sirvió para justificar hace dos años el inicio de las sanciones económicas, financieras, comerciales y políticas contra Rusia.
¿Imperialismo ruso? Es evidente que Rusia, como cualquier otra potencia capitalista o Estado soberano, maneja su propia agenda internacional y se mueve en función de sus propios intereses económicos. Pero, a día de hoy, la realidad constatable muestra que no es Rusia sino EE.UU. quien mantiene 800 bases militares repartidas por todo el mundo, quien ha invadido y arrasado a 70 países (50 de ellos tras la Segunda Guerra Mundial) a lo largo de su historia, y quien actualmente tiene cercada militarmente a Rusia a través de la expansión de la OTAN en el este de Europa, saltándose por cierto todos los compromisos adquiridos por EE.UU. tras la caída de la Unión Soviética [3]. ¿Quién invade a quién? ¿Quién supone un verdadero peligro para la paz mundial?
Según el geógrafo canadiense Jules Dufour, “EEUU ha establecido su control sobre 191 gobiernos que son miembros de la ONU. La conquista, ocupación y supervisión de las diferentes regiones del mundo están apoyadas en una red de bases e instalaciones militares que cubre todo el planeta (continentes, océanos y espacio exterior). Todo esto pertenece al funcionamiento de un extenso imperio, cuyas dimensiones exactas no son siempre fácilmente reseñables. [4]
Recientemente el Consejo Europeo, siguiendo fielmente las órdenes de Washington, ha decidido continuar por ese camino y han decidido ampliar otros seis meses las sanciones contra la Federación de Rusia, hasta el 31 de enero de 2017. En este caso, para seguir justificando esta decisión suicida para la Unión Europea, se hace hincapié en que Rusia (y las repúblicas de Donetsk y Lugansk que según Washington están bajo su mandato) está incumpliendo los acuerdos de Minsk. De nuevo para justificar sus acciones se utilizan argumentos que no se sostienen con los datos en la mano. EE.UU y la UE saben de primera mano que el régimen ucraniano no ha cumplido con ninguno de los puntos más importantes de esos acuerdos firmados [5] en la capital bielorrusa, como el alto el fuego y la retirada de todas las unidades armadas y equipos militares extranjero de Ucrania, la reforma Constitucional que reconozca el estatus soberano de la regiones del Donbass, la celebración de elecciones locales, el fin de la represión así como indultos y amnistías para milicianos y ciudadanos del este, garantizar la ayuda humanitaria, la restauración de las relaciones socioeconómicas con Donbass para cumplir con el pago de pensiones, ayudas sociales, etc. Nada de esto se ha cumplido por parte del régimen ucraniano.
“Lavrov llamó la atención de [Kerry] al hecho de que la llegada de soldados de [EE.UU.] indica que Kiev ha violado sus compromisos de retirar todas las unidades extranjeras y equipos militares del territorio de Ucrania”, reza el comunicado lanzado al respecto por la Cancillería Rusa. Días antes, cerca de 300 paracaidistas estadounidenses de la 173ª brigada aerotransportada llegaron a la ciudad occidental de Ucrania de Yavoriv para la Operación Guardián Sin Miedo que tiene como objetivo entrenar a la Guardia Nacional de Ucrania. [Hispan TV, 23/4/2015]
Casi un año y medio después Ucrania sigue utilizando su artillería pesada para bombardear las regiones independientes del Donbass, aprovechando que las milicias populares habían retrocedido y reducido sus actividades siguiendo precisamente lo firmado en los acuerdos de Minsk [6]. Siguen muriendo civiles inocentes en el este de Ucrania a causa de los bombardeos del régimen ucraniano y la situación humanitaria sigue siendo grave en Donbass [7]. En algunas ocasiones las agencias de noticas y los medios corporativos occidentales recogen estos sucesos, aunque lo hacen de forma secundaria y sin darles la repercusión que se merecen, con la intención de mantener vivo su relato manipulado de los hechos desde el inicio donde Rusia (y los "pro-rusos") es presentada como la potencia invasora y una amenaza para la paz en Europa.
Al menos cinco civiles, entre ellos una mujer embarazada, murieron y otros ocho resultaron heridos hoy en un ataque de las fuerzas ucranianas contra un puesto de control de la autoproclamada república popular de Donetsk (RPD), en el este de Ucrania, denunció la jefatura de las milicias prorrusas. [agencia EFE, 27 de abril de 2016]
EE.UU. continúa utilizando al fascismo en Ucrania como método para mantener la tensión y así justificar la escalada militar contra Rusia, tal y como ha hecho a lo largo de la historia en diferentes puntos del planeta [8]. Es Ucrania quien sabotea los acuerdos de Minsk [9]. Ni el régimen de Kiev ni el de Washington pretenden rebajar la tensión en la zona, puesto que el escenario de una región en paz en el este de Ucrania no sería útil a sus intereses geopolíticos, enfocados en aislar a Rusia romper sus vínculos con Europa. Al igual que ocurre en Oriente Medio y norte de África, EE.UU pretende eternizar los problemas y la desestabilización para justificar así su presencia militar y su intervención en esos países. Todo ello, como siempre, con la complicidad y la participación criminal de la Unión Europea y el resto de la OTAN.
Lo paradójico del asunto de las sanciones económicas es que con los datos en la mano dichas sanciones están perjudicando más a Europa que a Rusia o que al propio EE.UU. [10]. El resultado de estas sanciones para Europa son un mayor agravamiento de su crisis particular y una mayor dependencia de la UE hacia EE.UU, que es precisamente lo que Washington pretende conseguir. No olvidemos que EE.UU y la UE tienen pendiente de aprobar un gigantesco Tratado de Libre Comercio entre ambos bloques atlánticos. Por su parte la Federación de Rusia también ha impuesto sanciones a la UE vetando las importaciones de muchos de sus productos, sobre todo en el sector primario. Además Rusia, debido a las sanciones que sufre, se ha visto obligada a fortalecer sus sectores productivos y a diversificar su economía y sus relaciones comerciales, principalmente hacia Asia y también América Latina, lo cual beneficiará económicamente a Rusia a medio y largo plazo.
Los gobiernos neoliberales europeos, atados y sometidos históricamente a Washington, son al mismo tiempo conscientes del peligro que supone enfrentarse a una potencia energética, económica, nuclear, militar, política y diplomática como Rusia, de ahí que algunos gobernantes (como Hollande, que ha dicho a su llegada a la cumbre de la OTAN en Varsovia, que "Rusia no es un enemigo ni una amenaza") estén aplicando un doble discurso y que algunos países se opongan a las sanciones (Chipre se ha negado a seguir aplicando sanciones contra Rusia). En este sentido hay que señalar que Rusia y Alemania continúan adelante, a pesar de las enormes trabas impuestas por Washington y algunos países europeos, con la construcción del gasoducto North Stream 2, que llevará el gas ruso directamente desde Víborg (Rusia) hasta Greifswald (Alemania) a través del mar Báltico evitando así su paso por Ucrania, lo que supondrá un nuevo varapalo geoestratégico para EE.UU. en su intento de aislar a Rusia y romper sus vínculos con Europa.
Rusia es el eje fundamental junto a China del bloque de los BRICS y de la Organización para la Cooperación de Shanghái (la OCS, una organización militar, política y económica a la que se acaban de incorporar nada menos que India y Pakistán), así como de otros muchos organismos financieros, económicos y políticos que pretenden arrebatar la histórica hegemonía mundial a EE.UU. Organismos como por ejemplo el Banco Asiático de Inversión en Infraestructuras (BAII) que busca desplazar al Banco Mundial y al FMI, dominados por Washington, y del que ya forman parte países europeos como Alemania, Francia, Italia, España o Reino Unido. La puesta en funcionamiento de este organismo financiero fue calificada en abril de 2015 por Larry Summers, ex secretario del Departamento del Tesoro de EE.UU. durante el gobierno de Clinton, como uno de los episodios más dramáticos para la hegemonía norteamericana:
“El mes pasado puede ser recordado como el momento en que Estados Unidos perdió su papel como garante del sistema económico mundial”. [11]
Una vez más hay que resaltar que es ésta pérdida de la hegemonía mundial que se está desarrollando a pasos agigantados - un hecho que nadie niega salvo los fundamentalistas de la globalización capitalista y del imperialismo yanqui - lo que explica la intervención directa o indirecta (a través de grupos terroristas y de mercenarios) de EE.UU-OTAN en acontecimientos como la guerra de invasión contra Libia y más tarde contra Siria, los golpes de estado (golpes suaves) en Ucrania y más recientemente en Brasil, la sanciones y la guerra económica contra Rusia y Venezuela... o la escalada militar de EE.UU. en Europa del este y en Asia oriental.
La reciente cumbre de la OTAN (el brazo armado del poder económico occidental) celebrada en Varsovia el pasado 8 y 9 de julio no ha dejado lugar a dudas: "es el mayor refuerzo de la defensa colectiva de la OTAN desde la Guerra Fría", según lo definió su Secretario General Jens Stoltenberg. Toda una declaración de intenciones que evidencia que EE.UU y la OTAN utilizarán la fuerza y la guerra contra aquellos países (Rusia-China, principalmente, así como sus aliados) que están planteando la construcción de un Nuevo Orden Mundial multipolar basado en otros principios diferentes a los actuales desafiando la hegemonía de Washington. La amenaza de la OTAN es clara y sus destinatarios también [12].
España ha tenido un papel muy destacado en esta cumbre y en la escalada militar que EE.UU. está implementando contra Rusia en Europa. El Pentágono ha revelado que pretende convertir su base militar de Rota (Cádiz), donde EE.UU. ya tiene desplegado su escudo antimisiles, en uno de sus tres principales recintos militares en todo el mundo. En un documento llamado "Global in route strategy" el Pentágono pide elevar la categoría de la base española del nivel Tier II al nivel Tier I, el máximo posible dentro de su clasificación. Por otro lado, el presidente en funciones de España, Mariano Rajoy, afirmó durante su intervención en la cumbre de la OTAN celebrada en Varsovia, que España "apoya decididamente la nueva presencia avanzada en el flanco oriental" y que espera que "pronto podamos anunciar una contribución española". También añadió que España está incrementando el gasto y la inversión militar, tal y como EE.UU. está exigiendo a sus aliados de la OTAN [información de Hispan TV, 8/7/2016].
Y todo esto, queridos lectores, estas decisiones de gran calado para el país, son tomadas por un gobierno y un presidente en funciones, sin que antes se haya producido un debate en el Congreso de los Diputados, sin que exista siquiera un debate en los grandes medios de comunicación, y sin que los ciudadanos españoles se enteren de nada de lo que está ocurriendo y de las implicaciones que esto conlleva. Absolutamente nada.
“Rota puede ser el ancla de la ruta por el Atlántico central. Proponemos que su estatus sea elevado a Tier I porque, entre otros motivos, prevemos un aumento de las operaciones de movilidad destinadas a África”, recomienda el Pentágono. [agencia Sputnik, 6/7/2016]
Parece claro que los propietarios de las grandes corporaciones financieras e industriales occidentales, que son quienes dirigen realmente a los gobiernos títeres de la OTAN, a los organismos internacionales y a los medios corporativos de su propiedad, están dispuestos a seguir haciendo negocio sobre los cadáveres de miles de personas y la reconstrucción de cientos de ciudades y pueblos destruidos por ellos mismos. El negocio de la guerra, la "ayuda humanitaria", la reconstrucción, la Deuda Pública impuesta sobre los países arrasados... parecen ser muy rentables.
En resumen, las sanciones contra Rusia se basan en mentiras y falsedades, y sólo perjudican a una Unión Europea en crisis permanente que sigue fielmente las órdenes de un imperio en decadencia que conduce premeditadamente a Europa hacia el abismo para no perder su histórico dominio sobre el continente.
http://adolfof.blogspot.com.es/2016/07/las-mentiras-de-las-sanciones-contra.html
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2016.06.07 04:08 ShaunaDorothy El enfoque marxista de la liberación de la mujer - El comunismo y la familia ( 1 - 2 ) (Mayo de 2016)

https://archive.is/7HsFd
Espartaco No. 45 Mayo de 2016
En la Declaración de principios y algunos elementos de programa, la Liga Comunista Internacional (Cuartainternacionalista) expone nuestra tarea de “construir partidos leninistas como secciones nacionales de una internacional centralista-democrática cuyo propósito es dirigir a la clase obrera a la victoria mediante revoluciones socialistas a través del mundo” (Spartacist [Edición en español] No. 29, agosto de 1998). Sólo mediante la toma del poder podrá el proletariado acabar con el capitalismo como sistema y abrir el camino hacia un mundo sin explotación ni opresión. Crucial para esta perspectiva es la lucha por la emancipación de la mujer, cuya opresión se remonta al comienzo de la propiedad privada y no podrá ser eliminada sin la abolición de la sociedad de clases.
La Declaración explica que nuestra meta en última instancia es la creación de una sociedad nueva, una sociedad comunista:
“La victoria del proletariado a escala mundial pondría una abundancia material inimaginable al servicio de las necesidades humanas, sentaría las bases para la eliminación de las clases sociales y la erradicación de la desigualdad social basada en el sexo, y la abolición misma del significado social de la raza, nacionalidad o etnia. Por primera vez, la humanidad tomará las riendas de la historia y controlará su propia creación, la sociedad, llevando a una emancipación jamás imaginada del potencial humano, y a una ola monumental de avance de la civilización. Sólo entonces será posible realizar el desarrollo libre de cada individuo como la condición para el desarro- llo libre de todos”.
La mayoría de las organizaciones que se hacían llamar marxistas solían aceptar la meta de una sociedad comunista, aunque no coincidieran en nada más. Pero desde el colapso de la Unión Soviética en 1991-1992 esto ya no es así. Sólo la LCI se adhiere a la perspectiva del comunismo mundial que expusieron por primera vez Karl Marx y Friedrich Engels.
Este clima ideológico de la “muerte del comunismo” ha llevado a que prevalezcan nociones falsas y estrechas de lo que es el marxismo. En la conciencia popular, el comunismo ha quedado reducido a la nivelación económica (igualdad en un nivel bajo de ingreso y de consumo) bajo la propiedad estatal de los recursos económicos. Por el contrario, la base material para el cumplimiento del programa marxista es la superación de la escasez económica mediante el aumento progresivo de la productividad del trabajo. Para realizarse plenamente, ello exige varias generaciones de desarrollo socialista basado en una economía colectivizada a escala mundial. Así, se desarrollará una sociedad en la que el estado (aparato coercitivo especial que defiende el orden de la clase dominante a través de destacamentos de hombres armados) se habrá extinguido, la filiación nacional habrá desaparecido y la institución de la familia —principal fuente de la opresión de la mujer— habrá sido remplazada por medios colectivos para cuidar y socializar a los niños y por la más amplia libertad en las relaciones sexuales.
El marxismo y la “naturaleza humana”
En el pasado, los intelectuales que consideraban semejante sociedad indeseable y/o imposible, no dejaban de reconocer que era eso lo que los marxistas llamaban comunismo. Por ejemplo, en El malestar en la cultura (1930), una exposición popular de su concepción del mundo, Sigmund Freud ofrece una breve crítica del comunismo. No hay evidencia de que haya estudiado las obras de Marx y Engels ni de que haya leído las de V.I. Lenin y otros líderes bolcheviques. Su comprensión (e incomprensión) del comunismo le era común a muchos intelectuales europeos y estadounidenses de su tiempo, independientemente de sus convicciones políticas.
Freud basaba su crítica del comunismo en el punto de vista de que “la tendencia agresiva es una disposición instintiva innata y autónoma del ser humano” y concluía que el proyecto comunista de una sociedad armoniosa contravenía la naturaleza humana:
“No me concierne la crítica económica del sistema comunista; no me es posible investigar si la abolición de la propiedad privada es oportuna y conveniente; pero, en cambio, puedo reconocer como vana ilusión su hipótesis psicológica. Es verdad que al abolir la propiedad privada se sustrae a la agresividad humana uno de sus instrumentos, sin duda uno muy fuerte, pero de ningún modo el más fuerte de todos. Sin embargo, nada se habrá modificado con ello en las diferencias de poderío y de influencia que la agresividad aprovecha para sus propósitos; tampoco se habrá cambiado la esencia de ésta... Si se eliminara el derecho personal a poseer bienes materiales, aún subsistirían los privilegios derivados de las relaciones sexuales, que necesariamente deben convertirse en fuente de la más intensa envidia y de la más violenta hostilidad entre los seres humanos, equiparados en todo lo restante. Si también se aboliera este privilegio, decretando la completa libertad de la vida sexual, suprimiendo, pues, la familia, célula germinal de la cultura, entonces, es verdad, sería imposible predecir qué nuevos caminos seguiría la evolución de ésta; pero cualesquiera que ellos fueren, podemos aceptar que las inagotables tendencias intrínsecas de la naturaleza humana tampoco dejarían de seguirlos”.
Freud entendía correctamente que en la visión comunista de la sociedad futura la familia se habrá extinguido y habrá una “completa libertad de la vida sexual”. La visión de Freud era incorrecta en tanto que los marxistas reconocen que la familia no puede simplemente abolirse; sus funciones necesarias, especialmente la crianza de la siguiente generación, deben ser remplazadas por medios socializados de cuidado infantil y trabajo doméstico.
Si bien Freud ya no tiene la autoridad ideológica que solía tener, la idea de que la “naturaleza humana” hace imposible un mundo comunista sigue siendo común, aunque los argumentos específicos puedan diferir. Los marxistas, en cambio, insistimos en que es la escasez material lo que da lugar a las salvajes reyertas por los recursos escasos. Es por ello que el comunismo es concebible sólo con un nivel sin precedentes de abundancia material, acompañado de un inmenso salto en el nivel cultural de la sociedad. Es la existencia de las clases, actualmente en la forma de un orden capitalista-imperialista obsoleto, lo que infesta a la sociedad humana con brutalidad y violencia. Como escribió el autor marxista Isaac Deutscher en “Sobre el hombre socialista” (1966): “utilizan el homo homini lupus [el hombre es el lobo del hombre] como grito de guerra contra el progreso y el socialismo y agitan al espantajo del eterno lupus humano en provecho del verdadero y sanguinario lupus del imperialismo contemporáneo”.
Para Freud, la “agresión innata” de las relaciones sexuales era el problema con la naturaleza humana. ¿Cuál es la realidad? La patología social asociada a lo que Freud percibía como rivalidad sexual tendría poca razón de ser en una sociedad comunal plenamente libre en la que la vida sexual fuera independiente del acceso al alimento, la vivienda, la educación y demás necesidades y comodidades cotidianas. Cuando la familia se haya extinguido junto con las clases y el estado, la crianza comunal que la remplace llevará a una nueva sicología y cultura entre la gente que crezca en esas condiciones. Los valores sociales patriarcales —“mi” mujer, “mis” hijos— se desvanecerán junto con el sistema opresivo que los genera. La relación de los niños entre sí y con las personas que les enseñan y guían serán multilaterales, complejas y dinámicas. Es la institución de la familia lo que ata al sexo y al amor a la propiedad, con todo lo que salga de la camisa de fuerza de la monogamia heterosexual considerado “pecado”.
La familia bajo el capitalismo es el principal mecanismo de la opresión de la mujer y de la juventud, atada por innumerables lazos interrelacionados con las operaciones básicas de la economía de “libre mercado”. La familia, el estado y la religión organizada conforman un tripié de opresión en el que se sostiene el orden capitalista. En los países del Tercer Mundo, el atraso y la pobreza arraigados, promovidos por la dominación imperialista, conducen a prácticas horriblemente opresivas como el velo, el precio de la novia y la mutilación genital femenina.
En las sociedades capitalistas avanzadas, como la estadounidense, podría pensarse que la gente lleva una vida complicada, más parecida a las presentadas en programas de televisión como Modern Family o Transparent que a la comedia de los años cincuenta Papá lo sabe todo. Sin embargo, las decisiones personales de la gente están constreñidas por la ley, la economía y los prejuicios de la sociedad de clases; esto es especialmente cierto en el caso de la clase obrera y los pobres. Remplazar la familia por instituciones colectivas es el aspecto más radical del programa comunista, y el que traerá los cambios más profundos y drásticos en la vida cotidiana, incluida la de los niños.
Nuestros oponentes en la izquierda y la cacería de brujas antisexo
En la actualidad, la visión de una sociedad sin la institución opresiva de la familia ya no puede hallarse en la gran mayoría de los que dicen estar por el marxismo, el socialismo o la liberación de la mujer. Hace ya décadas que los estalinistas, con su dogma antimarxista del “socialismo en un solo país”, renunciaron al entendimiento de que era necesaria una sociedad socialista global para conseguir la plena liberación humana, incluyendo la de la mujer. Una consecuencia de ello fue la rehabilitación estalinista de la opresiva familia como un pilar “socialista”. En “La Revolución Rusa y la emancipación de la mujer” (Spartacist [Edición en español] No. 34, noviembre de 2006), tratamos esta cuestión a profundidad.
Hoy, otros supuestos marxistas, entre ellos algunos que afirman ser trotskistas, simplemente siguen la doctrina feminista liberal (burguesa) prevaleciente en cuanto a la liberación de la mujer, apoyando implícitamente a las instituciones de la familia y el estado burgués. Un ejemplo de ello lo dan las reacciones histéricas de nuestros oponentes ante nuestra defensa de los derechos de la North American Man/Boy Love Association (Asociación Norteamericana de Amor entre Hombres y Muchachos, NAMBLA), que está por la legalización del sexo consensual entre hombres y muchachos, así como de otros perseguidos por su “depravación” sexual. La LCI se ha opuesto consistentemente a la intervención del gobierno en la vida privada y exige derogar todas las leyes contra los “crímenes sin víctimas” consensuales, como la prostitución, el consumo de drogas y la pornografía.
Los aullidos de muchos radicales y feministas contra NAMBLA expresan los “valores familiares” que impulsan los políticos e ideólogos burgueses. Durante décadas, la reacción antisexo patrocinada por el gobierno ha tomado varias formas: el prejuicio fanático antigay, una cacería de brujas contra los trabajadores de las guarderías, la prohibición de que se distribuyan entre adolescentes anticonceptivos e información sobre el control de la natalidad, y el encarcelamiento de “desviados”. Este asalto reaccionario estuvo acompañado por terrorismo extralegal, como las bombas en las clínicas de aborto. Gran parte de esta persecución busca fortalecer al estado burgués en su regulación de la población y difundir el pánico como una distracción de la verdadera brutalidad de la vida en esta sociedad retorcida, cruel, prejuiciosa y racista.
En artículos anteriores, hemos explorado algunas de las ambigüedades de la sexualidad en una sociedad donde las deformidades de la desigualdad de clase y de la opresión racial y sexual pueden producir mucho sufrimiento personal y cosas desagradables. Hemos afirmado que, mientras que el abuso infantil es un crimen horrendo y cruel, muchos encuentros sexuales ilegales son totalmente consensuales y no producen por sí mismos ningún daño. La mezcolanza deliberada de todo lo que vaya desde las caricias mutuas entre hermanos hasta la violación horrenda de un niño pequeño por parte de un adulto crea un clima social de histeria antisexo en el que los perpetradores de la violencia real contra los niños a menudo quedan impunes. Hemos señalado que las proclividades sexuales de las especies gregarias de mamíferos como el Homo sapiens claramente no encajan en la rígida monogamia heterosexual decretada por la moral burguesa.
Como medida básica de defensa frente a la persecución estatal de los jóvenes que quieren tener sexo (así sea sexting), nos oponemos a las reaccionarias leyes de la “edad de consentimiento”, con las que el estado decreta cierta edad arbitraria a partir de la cual permite el sexo, sin importarle que dicha edad cambie con el tiempo y varíe de un estado a otro en EE.UU. Al tratar esas cuestiones, nos ubicamos firmemente en oposición al estado capitalista y todos sus esfuerzos por reforzar y sostener el orden burgués explotador. Ésa es la aplicación, bajo las actuales circunstancias, de nuestra meta de la libertad sexual para todos, incluyendo a los niños y los adolescentes, en un futuro comunista. Esto tiene una importancia particular para los jóvenes adultos, de los que se espera que pasen los años que siguen a la pubertad bajo el yugo de la dependencia de sus padres. Llamamos por estipendios plenos para todos los estudiantes como parte de nuestro programa por una educación gratuita y de calidad para todos, para que los jóvenes puedan ser genuinamente independientes de sus familias.
Por el contrario, la International Socialist Organization (ISO, Organización Socialista Internacional) se niega a llamar por la abolición de las leyes de la edad de consentimiento actuales. En un artículo titulado “Youth, Sexuality and the Left” [La juventud, la sexualidad y la izquierda], la dirigente de la ISO Sherry Wolf blande su pica contra el partidario de NAMBLA David Thorstad por ser “el más ardiente y añejo defensor de la pederastia en la izquierda” (socialistworker.org, 2 de marzo de 2010). Wolf cita su propio libro Sexuality and Socialism: History, Politics and Theory of LGBT Liberation (Sexualidad y socialismo: Historia, política y teoría de la liberación LGBT, Haymarket Books, 2009): “Un consentimiento genuino, libre de la desigualdad de poder, no puede dárselo un niño a un hombre de 30”. El artículo de Wolf continúa: “En nuestra sociedad, las relaciones entre adultos y niños no son las de individuos iguales en lo emocional, lo físico, lo social ni lo económico. Los niños y los púberes no tienen la madurez, la experiencia ni el poder para tomar decisiones realmente libres respecto a sus relaciones con adultos. Sin eso, no puede haber consentimiento genuino”.
¿“Decisiones realmente libres”? Pocas relaciones entre adultos cumplirían con esta definición de consentimiento. En los hechos, Wolf pone a los jóvenes menores de 18 años y a sus parejas a merced del estado burgués. El único principio guía para toda relación sexual debería ser el consentimiento efectivo —es decir, el acuerdo y entendimiento mutuo entre todas las partes involucradas— independientemente de la edad, el género o la preferencia sexual.
El que la ISO abandone a los jóvenes al opresivo status quo sexual refleja su acomodación a los prejuicios del orden capitalista y las actitudes atrasadas de la población en general. En última instancia, viene de la vieja oposición de la ISO a toda perspectiva de movilización revolucionaria de la clase obrera hacia la toma del poder y la creación de un estado obrero —la dictadura del proletariado— que abra el camino hacia una sociedad comunista. Para la ISO, el socialismo es más o menos la aplicación acumulada de la “democracia” a todos los sectores oprimidos, entre los cuales la clase obrera es simplemente uno más. La ISO procura presionar a los capitalistas para que reformen su sistema de explotación. Su perspectiva de la liberación de la mujer refleja la misma fe conmovedora en las fuerzas de la reforma.
Por qué los marxistas no somos feministas
Cosa interesante, en los últimos años la ISO ha estado discutiendo en las páginas de su periódico, el Socialist Worker, acerca de las teorías sobre la liberación de la mujer. Parece ser que su motivación es el deseo de abandonar su postura anterior de oposición al feminismo como una ideología burguesa, para poder adoptar activamente la etiqueta de feminista o “feminista socialista”. Por ejemplo, en una charla de la conferencia Social-ism de la ISO en 2013 (publicada en “Marxism, Feminism and the Fight for Liberation” [Marxismo, feminismo y la lucha por la liberación], socialistworker.org, 10 de julio de 2013), Abbie Bakan sugirió: “La afirmación teórica de que hay bases para un enfoque marxista coherente que esté por la ‘liberación de la mujer’, pero contra el ‘feminismo’, carece de sentido”. (Hasta marzo de ese año, Bakan había sido una destacada partidaria de los International Socialists [Socialistas Internacionales] de Canadá, primos políticos de la ISO.)
La reciente adopción teórica explícita por parte de la ISO del “feminismo socialista” no es más que otra cubierta para el mismo contenido liberal. Sin embargo, nos ofrece la oportunidad de reafirmar la vieja posición marxista respecto a la familia y enfatizar que la emancipación de la mujer es fundamental para la revolución socialista e inseparable de ella. Contra lo que dice la ideología feminista, la plena igualdad legal no basta para superar la opresión de la mujer, que está profundamente enraizada en la familia y la propiedad privada.
Como siempre hemos enfatizado, marxismo y feminismo son viejos enemigos políticos. Eso requiere una explicación. En Estados Unidos y otros lugares se ha vuelto común aplicar el término “feminista” a quienes piensan que hombres y mujeres deberían ser iguales. Sin embargo, al lidiar con la desigualdad, el feminismo acepta los confines de la sociedad capitalista existente. Como ideología, el feminismo nació a finales del siglo XIX, reflejando las aspiraciones de una capa de mujeres burguesas y pequeñoburguesas que reclamaban sus prerrogativas de clase: derecho a la propiedad y a la herencia, acceso a la educación y las profesiones, y derecho al voto. Los marxistas buscamos mucho más que esta limitada idea de “igualdad de género”.
Los marxistas reconocemos que la liberación de la mujer no puede ocurrir sin la liberación de toda la raza humana de la explotación y la opresión: ése es nuestro fin. Hace bastante más de un siglo August Bebel, el dirigente histórico del Partido Socialdemócrata de Alemania, lo explicó claramente en su libro La mujer y el socialismo (1879), un clásico marxista. Reeditada varias veces, esta obra fue leída por millones de obreros de distintas generaciones antes de la Primera Guerra Mundial. La riqueza de su visión de la emancipación de la mujer no puede hallarse en ninguno de los escritos de la ISO al respecto:
“[La mujer] elegirá para su actividad los terrenos que correspondan a sus deseos, inclinaciones y disposiciones y trabajará en las mismas condiciones que el hombre. Lo mismo que todavía será obrera práctica en cualquier oficio, durante otra parte del día será educadora, maestra, enfermera, y durante otra parte ejercitará cualquier arte o ciencia y cumplirá en una cuarta parte cualquier función administrativa”.
—La mujer y el socialismo (Ediciones de Cultura Popular, 1978)
Lo que es especialmente significativo de la descripción que hace Bebel de la naturaleza emancipadora del trabajo en la sociedad socialista es que se aplica igualmente a los hombres. Eso apunta al núcleo del motivo por el que marxismo y feminismo son mutuamente excluyentes y de hecho antagónicos. Los feministas consideran que la división básica de la sociedad es entre hombres y mujeres, mientras que los socialistas reconocemos que los obreros de ambos sexos deben luchar juntos para acabar con la opresión y la explotación que sufren por parte de la clase capitalista.
Marx desvirtuado
En su giro teórico a favor del “feminismo socialista”, la ISO está promoviendo el libro Marxism and the Oppression of Women: Toward a Unitary Theory (Marxismo y la opresión de la mujer: Hacia una teoría unitaria, Haymarket Books, 2013) de Lise Vogel. Publicado originalmente en 1983, el libro se reeditó como parte de la serie Historical Materialism con una introducción encomiástica de dos académicos canadienses partidarios del ultrarreformista New Socialist Group (Nuevo Grupo Socialista). Incluso hace 30 años, el medio “feminista socialista” al que se dirige Vogel ya se había disuelto en la nada. Pero, dado que Vogel pretende representar un polo marxista dentro del movimiento o corriente intelectual “socialfeminista”, hoy a la ISO le cuadra promover su libro.
En la sección introductoria del libro, Vogel se deslinda ecuánimemente tanto de los feministas no marxistas como de los marxistas no feministas. Se fija como su tarea principal analizar el carácter de la opresión de la mujer dentro de la estructura y dinámica del sistema económico capitalista. Su tratamiento de Marx y Engels es confuso, contradictorio y rimbombante. Se enfoca principalmente en la relación entre el trabajo doméstico y la reproducción generacional de la fuerza de trabajo. Para Vogel, la opresión de la mujer se reduce estrechamente al trabajo doméstico (no pagado). Afirmando explícitamente que “la categoría de ‘la familia’...es insuficiente como punto de partida analítico”, Vogel pasa por alto las cuestiones más amplias del papel de la familia en la opresión de la mujer y los niños y su importancia como sostén clave del orden capitalista. La familia sirve para atomizar a la clase obrera y propagar el individualismo burgués como barrera a la solidaridad de clase.
Su concepción estrecha de la opresión de la mujer no impide a Vogel calumniar a Engels como “determinista económico”. Simplemente deja de lado los aspectos culturales y sociales incluidos en la riqueza de los argumentos que Engels presenta en El origen de la familia, la propiedad privada y el estado (1884). Para tomar un ejemplo, Vogel se queja de que Engels “no vincula claramente el desarrollo de una esfera especial relacionada a la reproducción de la fuerza de trabajo con el surgimiento de la sociedad de clases o quizá la sociedad capitalista”. Aparentemente, esto significa que Engels no muestra cómo el surgimiento de la sociedad de clases llegó a pesar sobre el papel de la mujer en la crianza de los hijos. Esto simplemente no es verdad.
En El origen de la familia, la propiedad privada y el estado, Engels describe cómo la familia se originó en el neolítico cuando la sociedad se dividió en clases por vez primera. Apoyándose en la información disponible en aquella época, Engels se basó mucho en el trabajo pionero de Lewis Henry Morgan entre los iroqueses del norte del estado de Nueva York para entender las sociedades primitivas sin clases. Engels describió cómo la invención de la agricultura creó un excedente social que permitió, por primera vez, el desarrollo de una clase dominante ociosa que vivía del trabajo ajeno. La familia, específicamente la monogamia de la mujer, fue necesaria para asegurar la transmisión ordenada de la propiedad y el poder a los herederos del patriarca, la siguiente generación de la clase dominante. Si bien es mucho lo que se ha descubierto sobre las primeras etapas de la sociedad humana desde tiempos de Engels, su entendimiento fundamental ha resistido la prueba del tiempo.
Vogel no analiza la función social de la familia para la clase obrera bajo el capitalismo, donde sirve para criar a la siguiente generación de esclavos asalariados. En El capital, Marx explicó que el costo de la fuerza de trabajo está determinado por el costo de manutención y reproducción del obrero: sus gastos cotidianos, su capacitación y el sostén de su pareja y sus hijos. Para aumentar la ganancia, los capitalistas buscan bajar el costo del trabajo: no sólo de los salarios que pagan a los bolsillos de los obreros, sino también de los servicios como la educación y la salud públicas, que son necesarios para la manutención del proletariado.
El feminismo a veces critica algunos aspectos de la familia, pero en general sólo para quejarse de los “roles de género”, como si el problema fuera una discusión sobre el estilo de vida respecto a quién debe lavar los platos o darle al bebé su mamila. El problema es la institución de la familia, que integra a la gente a la sociedad desde la infancia de manera que acate ciertas normas, respete a la autoridad y desarrolle los hábitos de obediencia y deferencia que son tan útiles a la obtención de ganancias por parte de los capitalistas. La familia le es invaluable a la burguesía como reserva de pequeña propiedad privada y en algunos casos de pequeña producción, operando como freno ideológico a la conciencia social. Vogel pasa por alto estas cuestiones y se enfoca estrictamente en el “trabajo doméstico” no pagado de la mujer.
El fin último
La posición de Vogel es incluso más débil en lo que toca al fin último de la liberación de la mujer. Esto se ve especialmente en lo que no dice. Vogel divorcia la emancipación de la mujer de la superación de la escasez económica y del remplazo del trabajo enajenado —tanto en la fábrica como en el hogar— por el trabajo creativo y gratificante. Tanto el fin último de una sociedad comunista como los medios básicos para lograrlo quedan fuera de los confines intelectuales del “feminismo socialista” de Vogel.
Cuando Marx y Engels explicaron que suscribían un entendimiento materialista de la sociedad y del cambio social, no se referían sólo al capitalismo y las sociedades de clase anteriores (como el feudalismo). También proporcionaron un entendimiento materialista de la futura sociedad sin clases. De hecho, ésa era su diferencia fundamental con las principales corrientes socialistas de principios del siglo XIX —los owenistas, fourieristas y saint-simonianos— como las resumió Engels en Del socialismo utópico al socialismo científico (originalmente parte de su polémica de 1878, Anti-Dühring). Marx y Engels reconocían que una sociedad socialista —entendida como la etapa inicial del comunismo— requeriría un nivel de productividad del trabajo muy superior incluso a la de los países capitalistas más avanzados de hoy. Esto se logrará mediante una expansión continua del conocimiento científico y su aplicación tecnológica.
Vogel no comparte esa concepción. Esto queda particularmente claro en su análisis de los primeros años de la Rusia soviética. Expresando un gran aprecio del entendimiento que tenía Lenin de la opresión de la mujer y de su compromiso por superarla, cita con aprobación un discurso de 1919, “Las tareas del movimiento obrero femenino en la República Soviética”:
“Todas ustedes saben que incluso cuando las mujeres gozan de plenos derechos, en la práctica siguen esclavizadas, porque todas las tareas domésticas pesan sobre ellas. En la mayoría de los casos las tareas domésticas son el trabajo más improductivo, más embrutecedor y más arduo que pueda hacer una mujer. Es un trabajo extraordinariamente mezquino y no incluye nada que de algún modo pueda contribuir al desarrollo de la mujer.
“En la prosecución del ideal socialista, queremos luchar por la realización total del socialismo, y se abre aquí un amplio campo de acción para la mujer. Realizamos ahora serios preparativos a fin de desbrozar el terreno para la construcción del socialismo, pero la construcción del socialismo comenzará sólo cuando hayamos logrado la completa igualdad de la mujer, y cuando acometamos las nuevas tareas junto con la mujer, que habrá sido liberada del trabajo mezquino, embrutecedor, improductivo”.
Vogel presenta equivocadamente a Lenin como una voz solitaria clamando en el desierto e implica que el principal obstáculo para superar la opresión de la mujer en los primeros años de la Rusia soviética era ideológico: las generalizadas actitudes patriarcales entre los hombres de la clase obrera y el campesinado combinadas con una supuesta indiferencia por la liberación de la mujer entre los cuadros, mayoritariamente varones, del Partido Bolchevique. Vogel escribe:
“Los señalamientos de Lenin respecto al machismo nunca tomaron forma programática, y la campaña contra el atraso ideológico masculino nunca pasó de ser un tema menor en la práctica bolchevique. Sin embargo, sus observaciones sobre el problema representaron una admisión extremadamente inusual de la seriedad del mismo... Las contribuciones teóricas de Lenin no lograron dejar una impresión duradera”.
De hecho, el gobierno soviético realizó enormes esfuerzos para aliviar a la mujer obrera de la carga del trabajo doméstico y la crianza de niños mediante el establecimiento de cocinas comunales, lavanderías, guarderías, etc. Tanto los bolcheviques como la Internacional Comunista establecieron departamentos especiales para el trabajo entre las mujeres. Durante los primeros años del estado obrero soviético, el Zhenotdel estuvo activo tanto en las regiones europeas como en las del Asia Central.
Los límites de las medidas liberadoras del gobierno comunista bajo V.I. Lenin y León Trotsky no fueron ideológicos, sino producto de condiciones objetivas: la pobreza de recursos materiales, agravada por años de guerra imperialista y guerra civil. En un ensayo de 1923 titulado “De la vieja a la nueva familia”, incluido en la compilación de 1924 Problemas de la vida cotidiana (una obra que Vogel no menciona siquiera), Trotsky explicó:
“En principio, la preparación material de las condiciones para un nuevo modo de vida y una nueva familia no puede separarse tampoco del trabajo de la construcción socialista. El estado de los trabajadores necesita mayor prosperidad con el fin de que le sea posible tomar seriamente en sus manos la educación pública de los niños y aliviar asimismo a la familia de los cuidados de la limpieza y la cocina. La socialización de la familia, del manejo de la casa y de la educación de los niños no será posible sin una notable mejoría de toda nuestra economía. Necesitamos una mayor proporción de formas económicas socialistas. Sólo bajo tales condiciones, podremos liberar a la familia de las funciones y cuidados que actualmente la oprimen y desintegran. El lavado debe estar a cargo de una lavandería pública, la alimentación a cargo de comedores públicos, la confección del vestido debe realizarse en los talleres. Los niños deben ser educados por excelentes maestros pagados por el estado y que tengan una real vocación para su trabajo”.
La escasez material fue fuente de otro ámbito importante de desigualdad entre los hombres y las mujeres en los primeros años de la Rusia soviética (y por extensión en todo estado obrero económicamente atrasado). Se trata de la escasez de la mano de obra altamente calificada que requiere conocimientos y capacidades técnicas avanzados. A los obreros industriales calificados y los miembros de la intelectualidad técnica (ingenieros, arquitectos, etc.) había que pagarles salarios más altos que a los obreros no calificados, aunque la diferencia era mucho menor que en los países capitalistas. Este sector mejor pagado de la fuerza de trabajo, heredado del pequeño sector capitalista moderno de la Rusia zarista, era predominantemente masculino. Aunque se hicieron esfuerzos dirigidos a corregir esto, al joven estado obrero le faltaban los recursos materiales para educar y entrenar a las mujeres para que se volvieran maquinistas e ingenieras en cantidades suficientes a fin de superar el predominio masculino del trabajo calificado.
El libro de Vogel concluye con una proyección de cómo será la transición al comunismo tras el derrocamiento del capitalismo:
“Ante la terrible realidad de la opresión de la mujer, los socialistas utópicos del siglo XIX llamaron por la abolición de la familia. Todavía hoy, su drástica exigencia sigue teniendo adeptos entre los socialistas. En cambio, el materialismo histórico plantea la difícil cuestión de reducir y redistribuir simultáneamente el trabajo doméstico conforme éste se va transformando en un componente integral de la producción social en la sociedad comunista. Así como en la transición socialista ‘el estado no es “abolido”, sino que se extingue’, así también el trabajo doméstico debe extinguirse. Por lo tanto, durante la transición al comunismo una administración adecuada del trabajo doméstico y el trabajo femenino será un problema clave de la sociedad socialista, pues sólo sobre esta base pueden establecerse y conservarse las condiciones económicas, políticas e ideológicas de la verdadera liberación de la mujer. En el proceso, la familia, en su forma histórica particular como una unidad social basada en el parentesco para la reproducción de fuerza de trabajo explotable en la sociedad de clases, también se extinguirá, y con ella tanto las relaciones familiares patriarcales como la opresión de la mujer” [énfasis en el original].
http://www.icl-fi.org/espanol/eo/45/familia.html
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2016.06.07 04:03 ShaunaDorothy Demócratas, republicanos: ¡Fuera todos! EE.UU.: Miedo, odio y precampañas (Mayo de 2016)

https://archive.is/BYpsq
Espartaco No. 45 Mayo de 2016
¡Por un partido obrero revolucionario multirracial!
En su libro de 1917, El estado y la revolución, el dirigente bolchevique V.I. Lenin describió sucintamente el fraude de la democracia burguesa: “Decidir una vez cada cierto número de años qué miembros de la clase dominante han de oprimir y aplastar al pueblo en el Parlamento: ésa es la verdadera esencia del parlamentarismo burgués”. Como marxistas revolucionarios, nos oponemos por principio a votar por los republicanos, los demócratas o cualquier otro candidato burgués. Al mismo tiempo, las precampañas de este año están mostrando la rabia y la desesperación que durante décadas se han ido acumulando al fondo de la sociedad estadounidense.
Existe un odio extendido hacia el establishment político de ambos partidos, que con razón son considerados agentes vendidos y comprados por los estafadores financieros de Wall Street y las empresas hinchadas de ganancias que han provocado la ruina de millones. Pero, debido sobre todo a la burocracia sindical procapitalista, la rabia de los trabajadores no se ha expresado como lucha de clases contra los gobernantes. Como resultado, el descontento de los gobernados encuentra expresión en el apoyo a candidatos burgueses “antiestablishment”. Hasta el momento, el abiertamente racista Donald Trump, un magnate multimillonario de bienes raíces, lleva la delantera como precandidato republicano. El autodenominado “socialista demócrata” Bernie Sanders le está dando a la segunda representante de la dinastía Clinton más problemas de los que nadie hubiera previsto.
Sanders es el único candidato de este circo electoral que ofrece pan a las masas con llamados por educación gratuita, asistencia médica para todos y un salario mínimo de quince dólares por hora. Esto ha resonado particularmente entre la juventud pequeñoburguesa blanca, así como entre un sector de los obreros blancos cuyos sindicatos han sido destruidos, cuyos salarios se han desplomado, cuyas prestaciones han sido saqueadas y cuyas posibilidades de obtener un empleo bien remunerado prácticamente han desaparecido. Las promesas de Sanders no son más que charlatanería. Sólo la lucha de clases podría arrancarle a la burguesía semejantes concesiones. Pese a haber sido acusado de rojo, Sanders no es ningún socialista; es un político capitalista. Sin embargo, en una sociedad donde por mucho tiempo se ha vilipendiado al socialismo como un ataque al “modo de vida estadounidense”, el que Sanders esté obteniendo apoyo en un sector de los obreros blancos es una medida del creciente descontento.
El establishment demócrata tolera las pretensiones de Sanders de estar “dirigiendo una revolución política contra la clase multimillonaria”. Él siempre le ha servido a la clase dominante, particularmente con su apoyo a las sangrientas guerras, ocupaciones y demás aventuras militares con que el imperialismo estadounidense ha devastado países alrededor del mundo (ver: “Bernie Sanders: Imperialist Running Dog” [Bernie Sanders: Mandadero de los imperialistas], WV No. 1083, 12 de febrero). Sanders no sólo está compitiendo por la primera posición en la boleta interna de un partido que, al igual que el Republicano, representa los intereses de la burguesía; también está ayudando a restaurar la imagen de los demócratas como “partido del pueblo”. Además, ha dejado en claro que, en la elección general, apoyará a quien quiera que resulte electo candidato demócrata, presumiblemente Hillary Clinton. Por su parte, Clinton está ganando la mayor parte del voto negro, conforme el miedo a una victoria republicana, amplificado por los fascistas que se arrastran a los pies de Donald Trump, impulsa todavía más el apoyo de los negros a los demócratas, que alguna vez fueron el partido de la Confederación y el [sistema de segregación racial] Jim Crow.
Del lado republicano, presenciamos el espectáculo del establishment partidista gastando millones de dólares en publicidad, no contra los demócratas, sino contra el precandidato que encabeza la carrera en su propio partido. Los reflectores se enfocan en los ex candidatos republicanos para que prediquen contra el beligerante racismo antiimigrante de Trump y su asqueroso sexismo. La hipocresía es asombrosa viniendo de los mismos que exigían a los inmigrantes que se “deportaran a sí mismos”; que insultaban a los obreros y a los pobres como “parásitos” por pedir atención médica, alimentación y vivienda; que trabajaron tiempo extra por revertir todas las conquistas del movimiento por los derechos civiles; y que recurrieron al texto bíblico para condenar a las mujeres que necesitaban abortos, a los gays y a los demás “desviados”.
Trump no hace sino decir en voz alta lo que los líderes del partido republicano han promovido durante años. Lo que les molesta es que no esté cumpliendo las reglas del establishment del partido. Para ellos, incitar al odio racista sirve como un ariete ideológico para empobrecer aún más a la clase obrera y los pobres recortando los pocos programas sociales que todavía existen. Trump dice que no atacará la seguridad social ni la asistencia médica pública. Este demagogo reaccionario podría hacer o decir cualquier cosa. Su afirmación de que traerá la manufactura de vuelta a Estados Unidos, invocando una variante particularmente racista del proteccionismo de “salven los empleos estadounidenses”, le ha dado cierta audiencia entre los trabajadores blancos pobres. Por su parte, a la dirigencia republicana le preocupa que Trump azuce a las masas desempleadas y empobrecidas en casa y ponga en riesgo las ganancias que el imperialismo estadounidense obtiene del saqueo de “libre comercio” del mundo neocolonial.
Para los líderes republicanos, Trump añade insulto a la injuria al aprovechar la consigna de campaña de Ronald Reagan, santo patrono del Partido Republicano, “Make America Great Again” [Que EE.UU. vuelva a ser grande]. Reagan llegó a la Oficina Oval aprovechando y azuzando la reacción racista blanca contra los programas sociales que se consideraban beneficiosos para los negros pobres de los guetos. Jugó la carta racial, como siempre lo han hecho los gobernantes estadounidenses, para aumentar la brutal explotación de la clase obrera en su conjunto. Hoy, la devastación que afectó primero a los pobres y obreros negros se ha vuelto cada vez más real para los pobres y obreros blancos.
En los años noventa, el libro del ideólogo racista Charles Murray, La curva de Bell, achacó la miseria de los pobres del gueto a la “inferioridad genética” de los negros. En 2012, su libro Coming Apart: The State of White America, 1960-2010 [Desmoronamiento: La situación de la población blanca en EE.UU., 1960-2010] achacó la miseria que sufren los blancos pobres a su falta de valores, tanto familiares como de otro tipo. Este desprecio clasista se expresó más abiertamente en un artículo de un tal Kevin D. Williamson, recientemente publicado en la derechista National Review (28 de marzo). Titulado “Chaos in the Family, Chaos in the State: The White Working Class’s Dysfunction” [Caos en la familia, caos en el estado: La disfunción de la clase obrera blanca], el artículo despotrica:
“No les ha pasado nada. No hubo catástrofe alguna. No han sufrido ni la guerra ni la hambruna ni la peste ni la ocupación extranjera. Los cambios económicos de las últimas décadas no bastan para explicar la disfunción, la negligencia —y la incomprensible malevolencia— de la población pobre y blanca de EE.UU....
“La verdad de estas comunidades disfuncionales y degradadas es que merecen morir. Económicamente, son números rojos.Moralmente, son indefendibles”.
La clase obrera no podrá liberarse de las cadenas de la esclavitud asalariada si el proletariado no asume la causa de la liberación negra, que por sí misma requiere destruir este racista sistema capitalista mediante la revolución socialista. En el libro primero de El capital (1867), Karl Marx capturó la gran verdad de la sociedad capitalista estadounidense al escribir: “El trabajo en piel blanca no puede emanciparse allí donde el trabajo en piel negra está marcado con fierro candente”. Nuestro propósito como marxistas hoy es traducir la ira y el descontento hirvientes de las masas trabajadoras en un entendimiento consciente de que la clase obrera necesita su propio partido: no como un vehículo electoral que compita para administrar el estado burgués, sino como un partido que abandere la causa de todos los explotados y oprimidos en la lucha por el poder obrero.
Aquél a quien los dioses quieren destruir, primero lo vuelven loco
La locura del Partido Republicano no es más que una manifestación de la peligrosa irracionalidad del imperialismo estadounidense. Habiendo conseguido en 1991-1992 la destrucción contrarrevolucionaria de la Unión Soviética —que había nacido de la primera y única revolución obrera exitosa en el mundo—, los gobernantes capitalistas estadounidenses han actuado como si fueran los amos indiscutibles del mundo. Tanto bajo los gobiernos republicanos como bajo los demócratas, han lanzado su poderío militar por todo el mundo. Pero ni con su interminable serie de guerras el imperialismo estadounidense ha conseguido frenar el declive de su poder económico.
Afirmando que “hay que detener a Trump”, un antiguo asesor en política exterior del gobierno de Bush clamó: “Ha hecho enojar a nuestros aliados en Centroamérica, Europa, el Oriente asiático y Medio Oriente”. El que Trump denunciara la invasión de Irak que inició Bush ha molestado particularmente a los neoconservadores que fueron los arquitectos de esa guerra. En una columna de opinión contra Trump publicada en el Washington Post (25 de febrero), Robert Kagan concluye: “Para este antiguo republicano, y quizá para otros, puede no quedar otra alternativa que votar por Hillary Clinton”. ¿Y por qué no? Las credenciales de Clinton como una de los mayores halcones [probélicos] del imperialismo estadounidense son impecables.
Muchos, incluyendo republicanos que tienen columnas en el New York Times, se han preguntado: “¿Es Donald Trump un fascista?”. Otros comparan su candidatura con el fin de la República de Weimar y el ascenso de los nazis de Hitler. Pero el terreno donde crecieron los nazis era el de un país imperialista que había sido derrotado en la Primera Guerra Mundial. Apelando al descontento de una pequeña burguesía cada vez más pobre, los nazis se habían convertido en un movimiento de masas para principios de los años treinta. Cuando las direcciones de los partidos obreros Comunista y Socialista, que contaban con millones de miembros, no intentaron derrocar el decadente orden capitalista en Alemania, la desacreditada burguesía desató a los nazis para conservar su dominio aplastando al movimiento obrero y, en el proceso, sentó las bases para la indescriptible barbarie del Holocausto.
En cambio, Estados Unidos no es un país imperialista derrotado, sino que sigue siendo la “única superpotencia del mundo”, cuyo poderío militar es muchas veces superior al de todos sus rivales imperialistas juntos. Otra diferencia es que la clase dominante estadounidense no enfrenta por el momento la amenaza de la clase obrera en casa. Por el contrario, gracias a los traidores que están a la cabeza de los sindicatos, cuya base es cada vez más reducida, la burguesía estadounidense ha prevalecido hasta ahora en su larga guerra contra los obreros.
Trump no es un fascista. El camino al poder que ha proyectado no se sale del marco electoral. Pero sí hay mucho que temer de los locos que son azuzados en sus mítines en un frenesí patriotero y antiimigrante, que ha provocado protestas multirraciales contra él en todo el país. Quienes protestan contra los mítines de Trump han sido agredidos y los manifestantes negros han tenido que sufrir gritos de “¡Regresen a África!”. El KKK y otros grupos fascistas están saliendo de sus agujeros, con el antiguo gran mago del Klan David Duke declarando que “votar contra Trump en este punto es traicionar tu herencia”.
De manera similar, en los años ochenta el racismo oficial que emanaba de la Casa Blanca de Reagan alentó al Klan y a los nazis. Cuando éstos trataron de organizar sus mítines por el terror racista en grandes centros urbanos, nosotros convocamos movilizaciones de masas obreras y de minorías para detenerlos. En Chicago, Washington D.C., Filadelfia y otros lugares, fueron detenidos por protestas de miles basadas en el poder social de los sindicatos multirraciales movilizados al frente de los negros pobres de los guetos, los inmigrantes y todos aquéllos que el terror fascista querría victimizar. Estas movilizaciones demostraron en pequeña escala el papel del partido obrero revolucionario que queremos construir.
Obreros y negros: Entre la espada y la pared
Es responsabilidad directa de la burocracia sindical procapitalista el que un sector significativo de los trabajadores blancos apoye a un hombre que llegó a ser conocido por la frase “¡Estás despedido!”. Trump está consiguiendo ese apoyo al izar la bandera del proteccionismo de “Estados Unidos primero” de los falsos dirigentes de la AFL-CIO. Bajo esta bandera, una y otra vez los farsantes sindicales han cedido conquistas obtenidas en duras batallas de la clase obrera negra, blanca e inmigrante.
Los capitalistas siempre irán donde la mano de obra sea más barata para maximizar sus ganancias. Pero hacer de los trabajadores extranjeros chivos expiatorios por la pérdida de empleos en EE.UU. es una respuesta reaccionaria. El proteccionismo refuerza las ilusiones en el capitalismo estadounidense. Mina las perspectivas de lucha al envenenar la conciencia de la clase obrera e impedir la solidaridad con sus aliados de clase potenciales en China, México y otros lugares. Este proteccionismo también imbuye en los obreros la falsa idea de que mejorar sus condiciones materiales está totalmente fuera de su control y de su capacidad de organizarse y luchar, y de que depende sólo de algún salvador burgués.
Tanto Bernie Sanders como Donald Trump juegan la misma carta económica nacionalista. Aunque Sanders apela a la “unidad” contra el racismo xenófobo de Trump, lo que ocurre en los mítines de este último es simplemente el reflejo descarnado del chovinismo subyacente en los llamados a “salvar los empleos estadounidenses” de la competencia extranjera. Para que los sindicatos sirvan como instrumentos de lucha contra los patrones, deben enarbolar la lucha por los derechos de los inmigrantes, exigiendo el fin de las deportaciones e izando la bandera por plenos derechos de ciudadanía para todos los inmigrantes. La lucha por esas exigencias haría avanzar el combate común de los obreros estadounidenses y sus aliados de clase internacionalmente.
Hoy, el descontento de muchos obreros está siendo canalizado a las campañas ya sea de Trump o de Sanders. Pero la furia obrera también se ha expresado en el impulso de luchar contra la ofensiva de los capitalistas, un impulso que los falsos dirigentes sindicales han frustrado una y otra vez. El año pasado, los jóvenes obreros automotrices, muchos de ellos negros, estaban más que dispuestos a ir a huelga contra el odiado sistema de niveles, que alienta la división entre los obreros. En ello, contaban con gran apoyo entre los obreros más viejos, tanto blancos como negros, lo que apunta al potencial de la unidad de clase, trascendiendo las líneas raciales. Pero los dirigentes sindicales del United Auto Workers les hicieron tragar un contrato vendido con los “Tres de Detroit”, que de hecho expandía el odiado sistema de niveles.
En 2011, este espíritu de lucha se manifestó vívidamente también en Wisconsin, donde el gobernador republicano Scott Walker lanzó una ofensiva que amenazaba la existencia misma de los sindicatos públicos. Miles de obreros ocuparon la rotonda del Capitolio de Wisconsin y se movilizaron en manifestaciones de hasta 100 mil personas. Pese a la combatividad de los obreros, los burócratas sindicales se aseguraron de que no se emprendiera ninguna acción huelguística, canalizando en cambio el enojo de los obreros hacia la estrategia perdedora de revocar el mandato de Walker.
¿El resultado? La devastación de un movimiento sindical que ya estaba en decadencia. En 2011, más del 50 por ciento de los empleados públicos estaba sindicalizado. Para 2015, la tasa de sindicalización se había desplomado al 26 por ciento. En Indiana, ataques similares llevados a cabo con anterioridad condujeron prácticamente a la desaparición de los sindicatos del sector público en el estado. Y en 2015, Wisconsin se unió a Indiana, Michigan y otros 22 estados como uno más de los estados antisindicatos donde se proclama el “derecho a trabajar”. Wisconsin constituye el ejemplo más claro de la bancarrota de la burocracia sindical y su estrategia de confianza en los demócratas. Son esas derrotas las que les han permitido a reaccionarios como Trump posar como defensores de los intereses de los trabajadores.
Desde que la Ley de Derechos Civiles fue aprobada en 1964, el Partido Republicano adoptó la estrategia de apelar a los obreros blancos, a veces con éxito, sobre la base de buscar chivos expiatorios en las otras razas, impulsando la mentira de que los obreros blancos sufren porque el establishment liberal ha beneficiado a los negros y otras minorías a expensas suyas. El rasgo central y constante del capitalismo estadounidense es la opresión estructural de la población negra como una casta racial y de color, cuya mayoría se ve segregada por la fuerza al fondo de la sociedad. Oscureciendo la fundamental división de clases entre los capitalistas que poseen los medios de producción y los obreros que deben vender su fuerza de trabajo para sobrevivir, el racismo y la supremacía blanca han servido para atar a los obreros blancos a sus explotadores capitalistas sobre la base de la ilusión en un interés común debido al mismo color de piel.
En la precampaña demócrata, los negros están votando abrumadoramente por Hillary Clinton, pues la consideran el mejor candidato para derrotar a los demonios republicanos en noviembre. De hecho, en su competencia de 2008 con Obama, Clinton apeló abiertamente al racismo antinegro al afirmar que Obama no podría obtener el apoyo de los “estadounidenses que trabajan duro, los estadounidenses blancos”. Ahora ella se presenta como heredera del legado de Obama, aprovechando al mismo tiempo la popularidad de su esposo, Bill Clinton, entre la población negra.
Durante su periodo en el gobierno, Bill Clinton probablemente le hizo más daño a la población negra que ningún otro presidente desde la Segunda Guerra Mundial. Durante la campaña electoral de 1992, grotescamente voló de vuelta a Arkansas para presidir la ejecución de un hombre negro con daño cerebral, Ricky Ray Rector. Siendo presidente, erradicó “la asistencia social como la conocemos” e incrementó enormemente las atribuciones del estado, incluyendo las de detener y encarcelar a jóvenes negros. En todo esto contó con el apoyo de Hillary Clinton, que describió a los jóvenes negros del gueto como “superdepredadores”. Al mismo tiempo, Bill Clinton fue el primer presidente en tener amigos negros y en ser capaz de interactuar abierta y cómodamente con negros. Es una amarga muestra de la profundidad a la que llega la reacción racista en Estados Unidos el que estos gestos superficiales le hayan ganado a Clinton el apoyo de muchos negros a pesar de sus infames actos.
Con la elección de Barack Obama en 2008, las expectativas de los negros eran altas. Pero, si bien esas expectativas ya han sido olvidadas, queda entre los negros una profunda noción de solidaridad de raza con Obama. Esto ha sido reforzado por casi ocho años de reacción por parte de los republicanos en el congreso, amplificada por la gente del tipo “teabaggers” [militantes del derechista Tea Party] y “birthers” [que creen que Obama no nació en Estados Unidos]. Sin embargo, la verdad es que los negros no han ganado nada con su presidencia, durante la cual el desempleo en este sector se disparó, los salarios colapsaron y la riqueza media se desplomó. Mientras tanto, los negros siguen siendo asesinados a tiros por los desenfrenados policías racistas.
Contra lo que afirman muchos voceros negros, este estado de cosas no se debe a que Obama esté secuestrado por los republicanos. Sin duda, sus implacables ataques contra Obama casi siempre tienen una motivación racista. Pero el hombre negro de la Casa Blanca fue desde el principio un demócrata de Wall Street. Y lo demostró al poco tiempo de asumir el cargo. En una reunión con los grandes estafadores financieros en marzo de 2009, les aseguró que su gobierno era “lo único que se interpone entre ustedes y el linchamiento popular”, y añadió, “no he venido a perseguirlos, sino a protegerlos”. Y lo cumplió, con la eficaz ayuda de sus lugartenientes obreros en la burocracia sindical, que sacrificaron los empleos, los salarios y las condiciones laborales de sus afiliados para que el capitalismo estadounidense siguiera siendo redituable.
Los negros siguen siendo el sector de la población con mayor conciencia de la naturaleza cruel del racista Estados Unidos. Al mismo tiempo, están atados al Partido Demócrata y en su mayoría seguirán apoyándolo mientras no parezca haber otra alternativa. La clave para destrabar esa situación está en forjar esa alternativa.
Los obreros necesitan un partido propio
Con millones en el desempleo o luchando por subsistir con empleos de medio tiempo o temporales miserablemente mal pagados, muchos de los cuales han perdido sus hogares y dependen de los vales de alimentos, con sus pensiones y prestaciones de salud recortadas, existe una necesidad imperiosa de construir un partido obrero basado en el entendimiento fundamental de que los obreros no tienen ningún interés en común con los patrones. Un partido así uniría a los empleados con los desempleados, los pobres de los guetos y los inmigrantes en una lucha por empleos y condiciones dignas de vivienda para todos. El poder para llevar a cabo esta lucha está en manos de los hombres y mujeres —negros, blancos e inmigrantes— cuyo trabajo hace girar los engranes de la producción y genera la riqueza que los capitalistas se roban.
En el Programa de Transición de 1938, documento de fundación de la IV Internacional, León Trotsky planteó una serie de reivindicaciones para enfrentar la catástrofe que amenazaba a la clase obrera en medio de la Gran Depresión de los años treinta. El fin de estas reivindicaciones era armar a los obreros con el entendimiento de que la única respuesta era la conquista del poder por el proletariado. Para combatir la plaga del desempleo, llamaba por unir a los empleados y los desempleados en la lucha por una semana laboral más corta sin pérdida de salario, para distribuir el trabajo accesible, así como por una escala móvil de salarios que aumentara con el costo de la vida. Exigía un programa masivo de obras públicas con salarios al nivel del de los obreros sindicalizados. Para garantizar condiciones de vida decentes, todos debían tener vivienda y otras instalaciones sociales, así como acceso a la atención médica y a la educación sin ningún costo para los beneficiarios. El seguro de los desempleados debía durarles hasta que consiguieran empleo, con la totalidad de sus pensiones garantizada por el gobierno. Sólo la lucha por este tipo de reivindicaciones podría enfrentar las míseras condiciones que los obreros sufren actualmente.
Como argumentó Trotsky, quien junto con Lenin fuera el líder de la Revolución Rusa de 1917:
“Los propietarios y sus abogados demostrarán ‘la imposibilidad de realizar’ estas reivindicaciones. Los capitalistas de menor cuantía, sobre todo aquellos que marchan a la ruina, invocarán además sus libros de contabilidad. Los obreros rechazarán categóricamente esos argumentos y esas referencias. No se trata aquí del choque ‘normal’ de intereses materiales opuestos. Se trata de preservar al proletariado de la decadencia, de la desmoralización y de la ruina. Se trata de la vida y de la muerte de la única clase creadora y progresiva y, por eso mismo, del porvenir de la humanidad. Si el capitalismo es incapaz de satisfacer las reivindicaciones que surgen infaliblemente de los males por él mismo engendrados, no le queda otra cosa que morir. La ‘posibilidad’ o la ‘imposibilidad’ de realizar las reivindicaciones es, en el caso presente, una cuestión de relación de fuerzas que sólo puede ser resuelta por la lucha. Sobre la base de esta lucha, cualesquiera que sean los éxitos prácticos inmediatos, los obreros comprenderán, en la mejor forma, la necesidad de liquidar la esclavitud capitalista”.
Las nuevas batallas obreras sentarán las bases para revivir y extender los sindicatos, echando a sus dirigentes vendidos actuales y remplazándolos con una nueva dirección clasista. Para que los obreros triunfen sobre sus explotadores, deben estar armados con un programa político marxista que vincule el combate sindical con la lucha por construir un partido obrero revolucionario multirracial. Ese partido dirigiría la lucha por barrer al estado burgués mediante la revolución socialista y establecer un estado obrero donde los que trabajan gobiernen.
http://www.icl-fi.org/espanol/eo/45/eu.html
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2016.06.07 03:55 ShaunaDorothy ¡No a la reacción derechista respaldada por Estados Unidos! Venezuela en crisis - ¡Romper con el populismo burgués! ¡Por un partido obrero revolucionario! (Mayo de 2016)

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Espartaco No. 45 Mayo de 2016
Venezuela se encuentra sometida a una crisis económica alimentada en gran parte por el colapso de los precios mundiales del petróleo. La economía se contrajo en un diez por ciento el año pasado y se calcula que este año se reducirá un ocho por ciento adicional. Más del 95 por ciento de los ingresos estatales provienen de las exportaciones petroleras, mientras que para la mayoría de los alimentos, abastecimientos médicos y otras necesidades el país se apoya en importaciones.
Hay escasez de varios productos básicos —como arroz, frijoles, pañales y papel de baño— que, aunque sometidos a controles de precios, están estrictamente racionados. A los venezolanos se les asigna un día para formarse en las tiendas e intentar obtener estos productos, pero es frecuente tener que esperar hasta seis o siete horas para quedar con las manos vacías. Los especuladores acaparan varios de estos productos para revenderlos en el mercado negro a precios mucho más altos. La inflación ha llegado a ser de tres cifras y para el final del año podría superar el 700 por ciento. Aunque la tasa de cambio bancaria oficial de la moneda nacional, el bolívar, es de diez con respecto al dólar, en el mercado negro cada dólar cuesta más de mil bolívares: cerca de tres días de salario mínimo.
Los imperialistas estadounidenses ya están salivando ante la posibilidad de derrocar al régimen nacionalista burgués que ha gobernado Venezuela por mucho tiempo, presidido por Hugo Chávez desde 1999 hasta su muerte en 2013 y que ahora dirige su sucesor designado, Nicolás Maduro. Chávez, un oficial del ejército convertido en caudillo populista, usó parte de las ganancias petroleras del país para instituir programas sociales que beneficiaban a los pobres y consolidó su apoyo denunciando las bárbaras medidas económicas y militares que Washington lleva a cabo en Latinoamérica y el resto del mundo.
A la crisis económica en la que está sumido el país ya se ha sumado una crisis política. Una coalición opositora derechista respaldada por Estados Unidos ganó las elecciones legislativas de diciembre y ahora amenaza con un ataque demoledor contra los obreros y los pobres. El colapso económico del país y los triunfos de los reaccionarios exponen la bancarrota del populismo nacionalista de Chávez y Maduro. Durante la presidencia de Chávez, toda una gama de reformistas de izquierda internacionalmente celebró sus medidas como modelo de supuesta resistencia contra el imperialismo estadounidense e incluso del “socialismo del siglo XXI”. Aunque estuvo en la mira de los gobernantes estadounidenses y era odiado por los sectores dominantes de la burguesía local, íntimamente vinculados a Washington y Wall Street, Chávez, como enfatizamos desde el principio, encabezaba un gobierno capitalista, al igual que Maduro hoy. Pese a su barata retórica “socialista” y sus pretensiones demagógicas de estar dirigiendo una “Revolución Bolivariana”, el propio Chávez dejó claro durante más de diez años que su “revolución” “no contradecía la propiedad privada”.
La principal preocupación de Chávez al asumir el poder fue apuntalar las vacilantes ganancias petroleras del país, que siempre habían sido el salvavidas del capitalismo venezolano. Procedió a disciplinar al sindicato de trabajadores petroleros y a aumentar la eficiencia de la industria petrolera estatal, mientras presionaba al cártel petrolero de la OPEP para que incrementara los precios. Gracias a esos esfuerzos, y en interés de la estabilidad política, en un principio contó con el apoyo de gran parte de la clase dominante venezolana.
Conforme subían los precios del petróleo, Chávez usó parte de las inmensas ganancias para financiar sus reformas. Triplicó el presupuesto educativo, instituyó licencias de maternidad pagadas de seis meses y estableció clínicas de salud gratuitas atendidas por médicos cubanos bien capacitados, así como programas de distribución alimentaria entre los pobres. Sin embargo, lejos de representar una revolución social, estas medidas buscaban atar a las masas desposeídas más firmemente al estado capitalista venezolano. Las políticas de Chávez también permitieron a un sector de los capitalistas locales —la llamada boliburguesía— llenarse los bolsillos.
Hace dos años advertimos:
“Chávez tuvo suerte: los precios del petróleo se incrementaron de 10.87 dólares por barril en 1998 a 96.13 en 2013. Sin embargo, el precio del petróleo es notoriamente inestable y Estados Unidos, el mayor comprador de petróleo venezolano, ha reducido sus importaciones. Los programas de bienestar social que Chávez introdujo no pueden sostenerse a largo plazo bajo el capitalismo”.
—“Venezuela: Imperialismo estadounidense alimenta protestas derechistas”, Espartaco No. 41, junio de 2014
Este pronóstico se ha cumplido. Ahora que los precios del petróleo se han desplomado a menos de 30 dólares por barril, la situación de los obreros y los pobres de Venezuela empeora y los programas sociales se desmoronan. En 2008, cerca del 26 por ciento de los hogares estaban en la pobreza, mucho menos que al principio de esa década. Pero para finales de 2014, la tasa había aumentado de nuevo hasta cerca del 50 por ciento. Con muchos precios disparándose, el gas se había mantenido lo suficientemente barato como para que las masas pudieran pagarlo, pero ahora el régimen ha aumentado su precio en un 6 mil por ciento. Encima de todo esto está la cada vez más grave crisis de la deuda del país. Se le deben decenas de miles de millones de dólares a los banqueros de Estados Unidos y otros países imperialistas, y el 26 de febrero Venezuela tiene que pagar 2 mil 300 millones de dólares, especialmente a fondos de inversión y otros fondos buitre capitalistas [pagó mil 543 millones].
La amplia coalición que ganó las elecciones legislativas de diciembre —una alianza inestable dominada por fuerzas reaccionarias proestadounidenses— logró aprovechar el descontento de las masas que luchan por sobrevivir ante la escasez, la corrupción y el crimen. Ahora está tratando de usar su control de la legislatura para revertir las reformas de Chávez. Una ley recién aprobada reduciría y privatizaría la construcción de vivienda para los pobres, acabando con un programa que le dio departamentos a miles de personas que antes vivían en casuchas con techos de lámina sin electricidad ni agua corriente. Con la promesa de resistir esas maniobras, el mes pasado Maduro declaró el estado de emergencia económica.
Los gobernantes estadounidenses por mucho tiempo han visto a Latinoamérica como su patio trasero privado, y tienen un historial sangriento de apoyo a dictadores militares de derecha, derrocamiento de gobiernos que no les gustan y pillaje de los recursos de la región. En Venezuela, han trabajado sin descanso con sus sátrapas locales para derrocar a los gobiernos de Chávez y su sucesor. En 2002 los imperialistas estadounidenses respaldaron un golpe militar fallido, al que siguió inmediatamente un lockout [cierre patronal] organizado por la oposición derechista con el fin de debilitar la industria petrolera. Hace dos años,Washington impulsó las protestas callejeras en los barrios prósperos de Caracas y otras ciudades exigiendo la salida de Maduro. El año pasado, el gobierno de Obama le impuso sanciones punitivas a Venezuela y emitió una orden ejecutiva que declaraba al país “amenaza inusual y extraordinaria” a la seguridad nacional de Estados Unidos. ¡Abajo las sanciones! Imperialismo estadounidense: ¡manos fuera de Venezuela!
El populismo nacionalista y el imperialismo estadounidense
Si bien el ascenso de la derecha proestadounidense es ominoso, el populismo nacionalista asociado con Chávez y Maduro es un obstáculo a cualquier lucha contra la dominación imperialista y la explotación capitalista. Semejante lucha requiere la movilización clasista independiente del proletariado al frente de todos los oprimidos. Nunca podrán aliviarse definitivamente los sufrimientos de los pobres urbanos y rurales si no se remplaza el estado capitalista y su orden social con el gobierno de la clase obrera. Se necesita una serie de revoluciones obreras internacionalmente para abrir el camino a una sociedad global sin clases en la que todas las formas de explotación y opresión hayan sido eliminadas. Los jóvenes con mentalidad radical y los obreros deben sacar las lecciones de la actual crisis. Lo que se necesita urgentemente es romper con el populismo burgués chavista y forjar un partido obrero revolucionario.
La coalición anti-Maduro dista mucho de ser homogénea. Incluye fuerzas que van desde los reaccionarios proestadounidenses recalcitrantes hasta antiguos simpatizantes del régimen hoy desafectos. La fuerza dominante de la nueva legislatura, Acción Democrática (AD), es uno de los partidos burgueses tradicionales de Venezuela, conocido por recibir financiamiento de Washington. El núcleo de la blanca clase dominante venezolana siempre ha mirado con desprecio a las masas indígenas y negras que apoyaban a Chávez, quien tenía herencia de zambo (mezcla de negro con indígena). Expresando su desprecio, el líder de AD Henry Ramos Allup ordenó que todas las imágenes de Chávez se retiraran de la legislatura, afirmando que deberían ser arrojadas a los arrabales o dadas al personal de limpieza del edificio. Ramos está impulsando un referéndum para deponer a Maduro, declarando que no hay necesidad de esperar a las elecciones de 2019 (Diario ABC, 3 de febrero). Es revelador que incluso el anterior embajador estadounidense haya llamado repelente, en privado, a este individuo, quejándose de sus constantes peticiones de dinero y otros favores (“Acción Democrática: un caso perdido”, wikileaks.org, 17 de abril de 2006).
La creciente influencia de China en Latinoamérica es otra preocupación del imperialismo estadounidense, y varios de sus economistas culpan a China de la crisis venezolana. Durante la última década, Venezuela ha recibido de China cerca de 60 mil millones de dólares en préstamos e inversiones a cambio de cargamentos de petróleo frecuentemente diferidos. China no es capitalista, sino un estado obrero burocráticamente deformado. Así, en agudo contraste con lo que ocurre con Estados Unidos, sus inversiones en el extranjero no están motivadas por la ganancia capitalista, sino por el impulso de obtener recursos para el desarrollo económico.
Chávez fue uno más en la larga serie de oficiales militares de Latinoamérica y otros lados (como Juan Perón en la Argentina de los años cuarenta) que llegaron al poder sobre la base del populismo nacionalista. La historia de Venezuela y otros países latinoamericanos lleva mucho tiempo marcada por las dos caras del dominio capitalista: la reforma populista y la austeridad dictada por Estados Unidos e impuesta mediante la brutal represión de los trabajadores. Estas recetas alternativas a las que pueden recurrir las burguesías nacionales frecuentemente son encarnadas por un mismo líder que pasa de una a otra. Un ejemplo de ello fue el presidente venezolano Carlos Andrés Pérez, que en su primer periodo de los años setenta nacionalizó (con compensación) la industria petrolera. Los altos precios del petróleo generaron recursos que él invirtió parcialmente en programas sociales, educación y salud. Pero en su segundo periodo, de 1989 a 1993, hizo lo opuesto: ante la caída del mercado petrolero, llevó a cabo recortes generalizados y privatizaciones en nombre del FMI.
Los marxistas apoyamos las reformas sociales favorables a los oprimidos y defendemos las nacionalizaciones en los países dependientes frente al cerco imperialista. No obstante, ésas no son medidas socialistas. De hecho, los regímenes capitalistas frecuentemente recurren a las nacionalizaciones para mantener atada a la clase obrera. Y, especialmente en países subdesarrollados como Venezuela, las reformas en interés de los obreros y los pobres son siempre temporales y sujetas a ser revertidas.
Reveladoramente, Maduro despidió el 15 de febrero a su vicepresidente de economía, Luis Salas, que había atribuido la crisis venezolana a la “estrategia de desestabilización económica” de Estados Unidos. En su lugar, Maduro nombró a Miguel Pérez, quien fuera presidente de la asociación empresarial Fedeindustria y se considera más “amigo de los empresarios”.
El gobierno de Chávez formó parte de una ola de regímenes burgueses con retórica izquierdista que inundó Latinoamérica la pasada década y media, incluyendo a Lula da Silva en Brasil, Néstor y Cristina Kirchner en Argentina, Evo Morales en Bolivia, Rafael Correa en Ecuador y Daniel Ortega en Nicaragua. Sin duda, estos regímenes fueron distintos de aquéllos de los neoliberales años noventa, que abrieron una brecha cada vez mayor entre ricos y pobres y dirigieron una ola de privatizaciones y tratados de “libre comercio” en beneficio directo del imperialismo estadounidense. Pero todos estos gobiernos se mantuvieron cabalmente dentro del marco del sistema capitalista-imperialista. Últimamente, Latinoamérica ha experimentado otro giro a la derecha. Recientemente, el lacayo de Washington, Mauricio Macri, fue electo presidente de Argentina, mientras que el gobierno brasileño, dirigido por el socialdemócrata Partido de los Trabajadores, dio una vuelta hacia la austeridad y es cada vez más impopular.
Los consejeros “socialistas” de Chávez
Entre la gama de grupos reformistas que apoyaron a los regímenes de Chávez y Maduro, uno de los más descarados es la Corriente Marxista Internacional (CMI) de Alan Woods, un grupo que se proclama trotskista cuya publicación estadounidense es Socialist Appeal. Escupiendo sobre los postulados fundamentales del trotskismo, Woods pasó una década aconsejándole al demagogo burgués Chávez cómo dirigir su gobierno. Hoy, la CMI sigue dándole a Maduro una cobertura de izquierda, mientras se queja de una “quinta columna del capitalismo dentro del movimiento bolivariano” (marxist.com, 7 de diciembre).
En una de sus salutaciones a Chávez, un artículo titulado “La transición al socialismo en Venezuela”, Woods afirma que el gobierno venezolano “tiene el poder de llevar a cabo un programa socialista revolucionario”, pero “lo que falta es la voluntad necesaria” (marxist.com, 9 de febrero de 2015). Semejante embellecimiento de un gobierno capitalista desarma políticamente a la clase obrera y las masas oprimidas, dejándolas indefensas ante el resurgimiento de las fuerzas derechistas.
Pese a toda su retórica populista, Chávez no era menos oponente de clase de la victoria de los obreros y los pobres de la ciudad y el campo que sus adversarios neoliberales, y lo mismo aplica a su sucesor Maduro. Hemos luchado por romper las ilusiones que poseen los trabajadores y los oprimidos —tanto en Venezuela como internacionalmente— de que esos regímenes burgueses puedan llevar a cabo una transformación social fundamental. En cambio, nuestros oponentes políticos reformistas se han acomodado a esas ilusiones y las han profundizado. Como escribimos hace más de una década: “La historia tiene reservado un severo veredicto para aquellos ‘izquierdistas’ que promueven a uno u otro caudillo capitalista con retórica izquierdista” (“Venezuela: Nacionalismo populista vs. revolución proletaria”, Espartaco No. 25, primavera de 2006).
Como el régimen de Chávez se alineó con Cuba, la CMI y otros reformistas comparan erróneamente a Venezuela con la Revolución Cubana. El vocero de la CMI, Jorge Martín, afirmó que la “dinámica de acción y reacción de la revolución venezolana nos recuerda poderosamente los primeros años de la revolución cubana” (marxist.com, 1° de marzo de 2005).
Pero la naturaleza de clase de Venezuela era y es completamente distinta a la de Cuba, que es un estado obrero burocráticamente deformado. Cuando las guerrillas de Fidel Castro entraron a La Habana en enero de 1959, el aparato estatal capitalista encabezado por Fulgencio Batista, quien era respaldado por EE.UU., fue destruido. Ante las amenazas del imperialismo estadounidense, en 1960-1961 el régimen de Castro llevó a cabo una revolución social desde arriba, nacionalizando toda la propiedad capitalista, tanto estadounidense como nacional, y eliminando a la burguesía cubana como clase social en la isla. Esto fue posible, en buena parte, gracias a la existencia de la Unión Soviética, que actuaba como contrapeso militar a Estados Unidos y le dio a Cuba un apoyo económico esencial.
Los trotskistas estamos por la defensa militar incondicional de Cuba y de los demás estados obreros deformados que quedan: China, Laos, Corea del Norte y Vietnam. Los burócratas estalinistas que gobiernan esos países sostienen el dogma nacionalista de construir el “socialismo en un solo país”, lo que se contrapone directamente al programa de la revolución socialista internacional que animó la Revolución de Octubre rusa de 1917 dirigida por Lenin y Trotsky. Luchamos por revoluciones políticas obreras que derroquen a los gobernantes burocráticos y establezcan regímenes basados en la democracia obrera y el internacionalismo revolucionario. Nuestra defensa de los estados obreros deformados es parte de nuestra lucha por nuevas revoluciones de Octubre en todo el mundo.
Por la revolución permanente
El modo en que los obreros y oprimidos de Venezuela pueden liberarse de la dominación imperialista, la pobreza y la opresión se encuentra en la teoría de la revolución permanente de León Trotsky. Latinoamérica, víctima del saqueo colonial y neocolonial, es una región de desarrollo desigual y combinado, donde las industrias más modernas coexisten lado a lado con la pobreza y el atraso rural más profundos. Las débiles burguesías nacionales están atadas por mil lazos al orden económico y político imperialista. Dependen demasiado del capital extranjero y son demasiado hostiles y temerosas del proletariado como para resolver alguno de los problemas sociales fundamentales.
La tarea vital es forjar partidos obreros revolucionarios e internacionalistas que arranquen a la clase obrera de todas las variantes del nacionalismo burgués y abanderen la causa de todos los oprimidos: los negros, los indígenas, los campesinos, las mujeres, los pobres. Latinoamérica cuenta con numerosas concentraciones de obreros con poder social potencial, desde los petroleros venezolanos hasta los obreros automotrices de México y Brasil, pasando por los mineros de Chile, Perú y otros lugares. Debido a su centralidad en la producción capitalista, la clase obrera tiene el poder estratégico para derrocar el dominio de clase capitalista mediante la revolución socialista.
Una revolución social que llevara a la clase obrera al poder en Venezuela con el apoyo de las masas rurales emprendería tareas democráticas urgentes, como la de darle tierra a los campesinos. También repudiaría la deuda externa del país y expropiaría a la burguesía como clase para establecer una economía planificada y colectivizada en la que la producción se basara en la necesidad social y no en la ganancia. Estados Unidos y las demás potencias imperialistas sin duda intentarían aplastar ese régimen revolucionario. La clave para la supervivencia de una revolución obrera en Venezuela sería su extensión internacional al resto de Latinoamérica y al mismo Estados Unidos.
Como parte de una federación socialista latinoamericana, un gobierno obrero y campesino venezolano podría empezar a resolver la necesidad de programas masivos para construir infraestructura, como hospitales, escuelas, carreteras y transporte público y elevar las capacidades productivas de la sociedad. Pero la conquista del poder por el proletariado no completaría la revolución socialista; simplemente la comenzaría, al cambiar la dirección del desarrollo social. Sin la extensión internacional de la revolución a los centros imperialistas avanzados e industrializados, ese desarrollo social quedaría trunco y en última instancia sería revertido.
El internacionalismo proletario y revolucionario está al centro de la perspectiva de Trotsky. Las luchas del proletariado en los países semicoloniales están necesariamente entrelazadas con la lucha por el poder obrero en el corazón del imperialismo mundial, principalmente en Estados Unidos, con sus millones de proletarios, incluyendo sus poderosos componentes negro y latino. La Liga Comunista Internacional lucha por construir secciones nacionales de una IV Internacional reforjada, partido mundial de la revolución socialista, que organice y eduque a la clase obrera en un espíritu de hostilidad intransigente a las depredaciones del imperialismo y todas y cada una de las caras del dominio capitalista.
http://www.icl-fi.org/espanol/eo/45/venezuela.html
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2016.06.07 03:07 ShaunaDorothy Protestas en Hong Kong: Punta de lanza de la contrarrevolución capitalista ¡Expropiar a los magnates de Hong Kong! ¡Por la revolución política proletaria en China! (Marzo de 2015)

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Espartaco No. 43 Marzo de 2015
El siguiente artículo es una traducción de Workers Vanguard No. 1054 (17 de octubre), e incorpora una corrección al nombre de una publicación. El Movimiento Paraguas terminó a mediados de diciembre sin haber obtenido concesión alguna de parte del gobierno chino.
Los activistas por la “democracia” respaldados por el imperialismo, que buscan terminar con el control del Partido Comunista Chino (PCCh) sobre el enclave capitalista de Hong Kong, continúan bloqueando calles en algunas partes de la ciudad como lo han hecho desde finales de septiembre. Los manifestantes, conocidos como el Movimiento Paraguas, utilizando la exigencia de sufragio universal como cuña, buscan abrirle paso a los partidos capitalistas de Hong Kong para que ejerzan directamente el poder político. Está en interés de los trabajadores de todo el mundo oponerse a estas protestas. Si la burguesía de Hong Kong se hiciera con el poder político, la isla se convertiría en una plataforma para destruir el estado obrero burocráticamente deformado chino y abrir la China continental a la explotación capitalista desenfrenada.
Un coro de fuerzas reaccionarias, que abarca desde la Casa Blanca y Fox News hasta el Vaticano, ha expresado su apoyo a las exigencias del Movimiento Paraguas. En una reunión el 1° de octubre con el ministro de relaciones exteriores chino, Wang Yi, el secretario de estado estadounidense, John Kerry, subrayó el interés de Washington en las “elecciones libres” en Hong Kong. Gran Bretaña, que mantuvo la isla como colonia durante más de un siglo y medio sin la más mínima pretensión democrática, se sumó a esta exigencia; Nick Clegg, el viceprimer ministro, mandó llamar al embajador chino para expresarle su “consternación y alarma” ante la negativa de Beijing de darle “al pueblo de Hong Kong lo que tiene todo el derecho a esperar”. La “democracia” ha sido uno de los pretextos favoritos para las maquinaciones imperialistas, particularmente durante la Guerra Fría antisoviética. En el caso de las protestas de Hong Kong, sin embargo, los imperialistas han actuado con cierta reserva para no afectar su relación comercial con China.
China no es un país capitalista, aunque sus “reformas de mercado” han abierto las puertas a la inversión a gran escala de las compañías extranjeras y propiciado el surgimiento de una capa de capitalistas en la China continental. La economía china está estrechamente controlada por el régimen del PCCh; los sectores más importantes de la industria permanecen colectivizados y en manos del estado. El objetivo de los imperialistas es destruir el control del estado a través de la contrarrevolución capitalista. Para lograrlo, buscan intervenir económicamente en China y promueven fuerzas contrarrevolucionarias internas como el Movimiento Paraguas. La otra parte de esta estrategia es la presión militar que ejercen EE.UU. y aliados suyos como Japón, subrayada recientemente por una serie de provocaciones en el Mar de China Oriental y el Mar de China Meridional, por no mencionar los vuelos espías en la costa oriental china. La reacción de China ha sido bastante contenida. ¡Basta imaginar la histeria que desataría el gobierno estadounidense si la marina china fuera avistada a 80 kilómetros de las costas de California!
El Hong Kong capitalista representa una oportunidad dorada para que las potencias imperialistas fomenten un “cambio de régimen”. Y vaya que se han esforzado en hacerlo; Washington gasta cientos de miles de dólares al año en financiamientos del Departamento de Estado para desarrollar “instituciones democráticas” en el enclave y capacitar a jóvenes como activistas políticos. También han establecido operaciones de espionaje en Hong Kong, como la intervención de teléfonos celulares chinos operada por la NSA y revelada por Edward Snowden. El Movimiento Paraguas no es más que la última expresión de las manifestaciones “democráticas” anticomunistas que el imperialismo respalda desde que éstas iniciaron hace más de una década. Su exigencia actual de “elecciones libres” surge de la oposición al reciente plan de Beijing, según el cual el ejecutivo en jefe de Hong Kong será elegido a partir de una lista de candidatos aprobada por un comité bajo la influencia del PCCh.
En 1997, cuando Hong Kong regresó a ser parte de China después de estar bajo dominio británico, el PCCh se comprometió a mantener una economía capitalista en Hong Kong bajo el lema “un país, dos sistemas”, un proceso que también otorgó voz a los capitalistas locales en la selección del gobierno. Para los burócratas estalinistas de Beijing, este sistema tenía como objetivo promover la inversión extranjera en la China continental, demostrando a los capitalistas extranjeros que era seguro hacer negocios con China. Cuando tuvo lugar la transición, la Liga Comunista Internacional “se unió a las ovaciones mientras el Imperio Británico podrido perdía su última colonia importante”, pero advertimos que la continuación del capitalismo en Hong Kong era “un puñal dirigido a las conquistas remanentes de la Revolución China de 1949” (Espartaco No. 10, otoño-invierno de 1997). A diferencia de los capitalistas atomizados de la China continental, la burguesía de Hong Kong está políticamente organizada, con partidos que representan sus intereses de clase y una variedad de periódicos y demás medios de comunicación.
La oposición de la LCI al Movimiento Paraguas deriva de nuestra defensa militar incondicional del estado obrero chino contra el imperialismo y la contrarrevolución interna. Llamamos por la expropiación de la burguesía de Hong Kong, incluidas sus propiedades en la China continental. De igual forma, es necesario expropiar a los nuevos empresarios capitalistas en China y renegociar los términos de la inversión extranjera en el interés de los trabajadores. Estos objetivos, sin embargo, plantean la necesidad de la revolución política obrera para derrocar a la venal burocracia de Beijing, que actúa como un cáncer sobre el estado obrero y que, a través de sus políticas, ha envalentonado a las fuerzas favorables a la restauración del capitalismo en China.
Desde hace tiempo, los estalinistas de Beijing promueven la reunificación con Taiwán bajo la misma fórmula de “un país, dos sistemas” aplicada en Hong Kong. La burguesía de Taiwán, que opera bajo la protección militar directa del imperialismo estadounidense, estableció su gobierno sobre la isla después de huir de las fuerzas del PCCh de Mao Zedong. La reunificación con un Taiwán capitalista, por improbable que sea, ayudaría enormemente a las fuerzas de la restauración capitalista en la China continental, mucho más que en el caso de Hong Kong. Estamos por la reunificación revolucionaria: la revolución política proletaria en la República Popular China junto con la revolución socialista proletaria en Taiwán, que resultaría en la expropiación de la burguesía.
El que paga manda
En un útil y revelador reportaje sobre el Movimiento Paraguas aparecido en la revista New Eastern Outlook (1° de octubre), Tony Cartalucci escribe: “Basta identificar a los dirigentes, rastrear el dinero y examinar el modo en que los medios occidentales cubren estos sucesos para descubrir con certeza que, una vez más, Washington y Wall Street están trabajando duro para hacer que la isla china de Hong Kong sea tan difícil de gobernar para Beijing como sea posible”. En particular, Cartalucci detalla el papel de la National Endowment for Democracy (NED, Fundación Nacional para la Democracia), operada por el Departamento de Estado estadounidense —una fundación que estuvo metida hasta el cuello en el golpe, infestado de fascistas, en Ucrania [el año pasado]— y el National Democratic Institute (NDI, Instituto Nacional Demócrata, una subsidiaria de la NED). Las iglesias cristianas, con sus extensos y escabrosos antecedentes de organización de disidentes anticomunistas en los estados obreros deformados, también han jugado un papel prominente en el movimiento. Estas iglesias, herencia del colonialismo británico, constituyen una poderosa fuerza para la reacción social en Hong Kong, donde hay una iglesia prácticamente en cada calle.
El Movimiento Paraguas emergió de una huelga estudiantil del 22 de septiembre convocada por la Federación de Estudiantes de Hong Kong y una organización de estudiantes de secundaria y preparatoria llamada Escolarismo. Cada 1° de julio, la Federación de Estudiantes forma una parte significativa de las protestas contra el hecho de que la antigua colonia británica haya sido devuelta a China. Escolarismo es fundamentalmente la creación de Joshua Wong, de 18 años de edad, que se convirtió en activista político bajo la tutela de sus padres, militantes religiosos. (Su padre, un alto mando de la iglesia luterana, es un aguerrido opositor a los derechos homosexuales). Wong dio sus primeros pasos en la política, y se ganó la aprobación del NDI, organizando una campaña contra el temario escolar pro-Beijing, al que acusaba de ser “un lavado de cerebro”.
Otra fuerza en las protestas a favor de la “democracia” capitalista es la dirección de Occupy Central, que mantiene, desde hace tiempo, estrechos lazos con los imperialistas. El más celebrado de los fundadores de Occupy, el profesor de derecho Benny Tai, es un ponente habitual en los eventos patrocinados por la NED. Otros dirigentes incluyen a Chu Yiu-ming, un ministro de la iglesia bautista que ayudó a llevar disidentes procapitalistas a EE.UU. después de las protestas de 1989 en la Plaza Tiananmen de Beijing, y Martin Lee, presidente y fundador del capitalista Partido Demócrata de Hong Kong y ganador del Premio a la Democracia otorgado por la NED en 1997. En abril de 2014, Lee y la también dirigente de Occupy, Anson Chan, viajaron a Washington, donde se entrevistaron con [el vicepresidente] Joe Biden y [la congresista republicana] Nancy Pelosi. Otro líder de Occupy Central, el magnate de los medios Jimmy Lai, negó estar conspirando con EE.UU. después de que en mayo se reuniera por cinco horas en su yate privado con su “buen amigo”, el antiguo subsecretario de defensa estadounidense y neoconservador, Paul Wolfowitz (Standard de Hong Kong, 20 de junio).
Después de que la policía usara gas lacrimógeno y gas pimienta para desalojar a los estudiantes que habían bloqueado el área alrededor de las oficinas centrales del gobierno a finales de septiembre, la Confederación de Organizaciones Sindicales de Hong Kong (CTU) convocó a una huelga general de un día. Esta organización sindical, que representa fundamentalmente a maestros y oficinistas, forma parte de la tradición anticomunista de “sindicatos libres” respaldados por los imperialistas, en contraste con la Federación Sindical de Hong Kong, favorable a Beijing. Entre los patrones que respaldaron la huelga de la CTU se encuentra la compañía publicitaria McCann Worldgroup Hong Kong, que le hizo saber a sus empleados que “la compañía no castigará a nadie que apoye algo más importante que el trabajo” (South China Morning Post, 30 de septiembre).
No hay duda alguna acerca de la naturaleza reaccionaria de las protestas “democráticas”, dominadas por estudiantes y otros estratos pequeñoburgueses. Un manifestante le dijo al New York Times (7 de octubre) que prefería “ser gobernado por un país democrático”; su playera con la bandera británica, el delantal de carnicero de los antiguos gobernantes coloniales de Hong Kong, dejó en claro a qué se refería. Los manifestantes frecuentemente combinan el anticomunismo más descarado con el altivo desdén por los habitantes de la China continental, a los que se refieren despectivamente como una “plaga”.
Hong Kong: Maquiladora de “cuello blanco”
La Revolución China de 1949 tuvo una importancia histórica mundial. Cientos de millones de campesinos se levantaron y tomaron la tierra en la que sus ancestros habían sido explotados desde tiempos inmemoriales. La creación subsecuente de una economía colectivizada y centralmente planificada sentó las bases para un progreso social enorme. La revolución permitió un avance exponencial en la situación de la mujer respecto a la condición miserable en la que vivían, arraigada en prácticas confucianas como el matrimonio forzado. Una nación que había sido expoliada y dividida por las potencias extranjeras logró unificarse (con la excepción de Hong Kong, Taiwán y Macao) y liberarse del yugo imperialista.
Sin embargo, la dirección del PCCh de Mao Zedong, una casta burocrática montada sobre el estado obrero, hizo que la revolución estuviera deformada desde el inicio. A diferencia de la Revolución de Octubre rusa de 1917, llevada a cabo por un proletariado con conciencia de clase dirigido por el internacionalismo bolchevique de V.I. Lenin y León Trotsky, la Revolución China de 1949 fue el resultado de una guerra de guerrillas campesina dirigida por las fuerzas nacionalistas estalinistas de Mao. Los regímenes de Mao y sus sucesores (incluido el actual, Xi Jinping), modelados a partir de la burocracia estalinista que usurpó el poder político en la Unión Soviética en 1923-24, han predicado la noción profundamente antimarxista de que el socialismo, una sociedad igualitaria y sin clases, basada en la abundancia material, puede construirse en un solo país. En oposición a la perspectiva de la revolución obrera internacional, el “socialismo en un solo país” siempre ha significado acomodarse al imperialismo mundial.
Un ejemplo notorio es la actitud de la dirección del PCCh con respecto al dominio de Gran Bretaña sobre Hong Kong. Durante la guerra civil que antecedió a la Revolución de 1949, Mao ordenó que las fuerzas del PCCh se detuvieran frente al Río Shenzhen, que separa Hong Kong del continente. A cambio, Gran Bretaña estuvo entre los primeros países en reconocer a la República Popular China. En 1959, Mao declaró: “Es mejor que Hong Kong se mantenga como está... Su estado actual todavía nos es útil”. En 1967, comunistas y dirigentes sindicales en Hong Kong organizaron un movimiento de protesta contra el dominio británico, coronado por huelgas a gran escala a lo largo de más de ocho meses. Esta lucha fue traicionada por el régimen maoísta, que prefería mantener relaciones amistosas con los colonizadores imperialistas.
Al mantener Hong Kong como un centro del capital financiero, Beijing otorga a la población ciertas libertades políticas que le niega a la población de la China continental. Estas libertades van de la mano con la reputación de Hong Kong como maquiladora de “cuello blanco”, en la que los oficinistas trabajan frecuentemente doce horas para recibir el salario de ocho. En el periodo previo a 1997, Hong Kong era un centro del comercio y la industria ligera, donde los obreros sufrían una explotación brutal, eran obligados a vivir en condiciones horrendas y carecían de los derechos más básicos. El 80 por ciento de los empleos en la manufactura han desaparecido de la ciudad desde el inicio de la década de 1990, conforme los capitalistas de Hong Kong han trasladado sus operaciones a la China continental. En una de las ciudades más caras del mundo, repleta de tiendas de diseñador y hoteles de lujo, un quinto de la población vive debajo de la línea de pobreza oficial. Para la mayoría de los jóvenes el porvenir pinta muy mal. Pero, mientras tanto, muchos funcionarios corruptos del PCCh continúan enriqueciéndose gracias a sus conexiones con los operadores financieros de Hong Kong.
La situación desesperada de los más de 300 mil trabajadores domésticos de Hong Kong —97 por ciento de ellos provenientes de Indonesia y las Filipinas— subraya de manera especialmente aguda la división de clases en el territorio. Después de vivir por siete años en Hong Kong, otros inmigrantes reciben el derecho al voto. No sucede lo mismo con los trabajadores domésticos. Sin recurso alguno contra los patrones violentos o abusivos, los trabajadores domésticos despedidos deben abandonar el país en un plazo de dos semanas. Como explicaba un artículo de Al Jazeera (30 de septiembre): “Los manifestantes en Hong Kong exigen democracia, pero no para sus trabajadores domésticos”. Nuestra exigencia de expropiar a los magnates de Hong Kong traza una aguda línea de clases contra los manifestantes proimperialistas y hace concreto el llamado por defender y extender las conquistas de la Revolución de 1949.
¡Por la democracia obrera, no la contrarrevolución capitalista!
La democracia capitalista es, en realidad, una de las formas políticas que asume la dictadura de la burguesía. Bajo este sistema, la clase obrera se ve reducida políticamente a individuos atomizados. La burguesía puede manipular eficazmente al electorado gracias a su control sobre los medios de comunicación, el sistema educativo y otras instituciones que forman la opinión pública. En todas las democracias capitalistas, los funcionarios del gobierno, elegidos o no, están esencialmente en el bolsillo de los bancos y las grandes corporaciones.
La democracia parlamentaria, que existe principalmente en los países imperialistas ricos, le da al grueso de la población la oportunidad de decidir cada cierto número de años qué representante de la clase dominante va a reprimirla. Como explicó Lenin en su polémica de 1918 La revolución proletaria y el renegado Kautsky:
“Mil obstáculos impiden a las masas trabajadoras participar en el parlamento burgués (que nunca resuelve las cuestiones más importantes dentro de la democracia burguesa: las resuelven la Bolsa y los Bancos) y los obreros saben y sienten, ven y perciben perfectamente que el parlamento burgués es una institución extraña, un instrumento de opresión de los proletarios por la burguesía, la institución de una clase hostil, de la minoría de explotadores”.
Lenin también enfatizó: “No hay estado, incluso el más democrático, cuya constitución no ofrezca algún escape o reserva que permita a la burguesía lanzar las tropas contra los obreros, declarar el estado de guerra, etc. ‘en caso de alteración del orden’ —en realidad, en caso de que la clase explotada ‘altere’ su situación de esclava e intente hacer algo que no sea propio de esclavos—”.
En su campaña por destruir al estado obrero degenerado soviético y a sus aliados en el bloque oriental, los imperialistas promovieron toda clase de fuerzas contrarrevolucionarias que agitaban la bandera de la “democracia” contra el “totalitarismo” estalinista. Su propósito era derrocar a los regímenes comunistas como fuera, incluidas las elecciones libres en las que los campesinos y otras capas pequeñoburguesas pudieran ser movilizadas junto con sectores de obreros políticamente atrasados contra el estado obrero. Cuando los regímenes estalinistas se acercaban al punto del colapso terminal, las elecciones de 1989 en Polonia llevaron al poder a un gobierno contrarrevolucionario encabezado por Solidarność, cuya consolidación marcó la restauración del dominio capitalista. Un suceso decisivo en la reunificación capitalista de Alemania en la primavera de 1990 fueron las elecciones que ganó la Unión Democrática Cristiana, el partido gobernante del imperialismo alemán.
Al resquebrajarse frente a la ofensiva capitalista, las burocracias estalinistas demostraron que no eran una clase propietaria, sino una casta frágil y contradictoria que descansaba sobre el estado obrero. Una condición clave para la victoria de la contrarrevolución en Europa del Este, Europa Central y en la propia Unión Soviética en 1991-92 fue que la clase obrera, desmoralizada y atomizada después de décadas de mal gobierno estalinista, no actuó para detener las fuerzas de la restauración capitalista y tomar el poder político en su propio nombre. Estas contrarrevoluciones constituyeron una derrota histórica para los trabajadores al nivel mundial. Millones de obreros en los antiguos estados obreros perdieron sus empleos y las prestaciones que tenían garantizadas, los derechos de las mujeres retrocedieron (por ejemplo, con la prohibición del aborto en Polonia) y los pueblos de la antigua Unión Soviética y Yugoslavia se vieron desgarrados por masivos baños de sangre nacionalistas. Mientras tanto, EE.UU. y otras potencias imperialistas se sintieron envalentonadas para extender sus depredaciones alrededor del mundo y contra la población trabajadora en sus propios países.
En China, una contrarrevolución capitalista significaría regresar a la esclavitud imperialista y la destrucción de conquistas sociales históricas. En respuesta a las aspiraciones de los trabajadores tanto en Hong Kong como en el continente de obtener derechos democráticos y un gobierno que represente sus intereses, los trotskistas retomamos el modelo del estado obrero soviético durante sus primeros años. Como explicó Lenin en una polémica contra Kautsky, un enconado opositor a la Revolución de Octubre: “El Poder soviético es el primero del mundo (mejor dicho el segundo, porque la Comuna de París empezó a hacer lo mismo) que incorpora al gobierno a las masas, precisamente a las masas explotadas”.
Una revolución política obrera en China pondría las decisiones sobre el rumbo de la economía y la organización de la sociedad en manos de consejos electos de obreros y campesinos, acabando con los malos manejos y la corrupción de la burocracia. Bajo la dirección de la gigantesca clase obrera china, los sectores no proletarios, como el campesinado, tendrían de hecho una mayor voz mediante su representación en esos consejos de la que tienen en cualquier república capitalista. China ha dado pasos gigantescos en términos de urbanización e industria en las últimas décadas, acumulando al mismo tiempo enormes reservas financieras. Sin embargo, el desarrollo de China en todas las áreas, y particularmente en términos de su actualmente atrasada agricultura, depende crucialmente de la revolución proletaria en los países capitalistas avanzados, que abriría el camino a una economía planificada mundial basada en los niveles más altos de tecnología e industria. Esta perspectiva trotskista, cuya premisa es la defensa incondicional del estado obrero chino contra los imperialistas y los enemigos de clase internos, no tiene nada en común con el programa de contrarrevolución “democrática” del campo proimperialista.
Lamebotas de los demócratas capitalistas
Uno de los ejemplos más flagrantes del apoyo a la causa burguesa en Hong Kong es el de Socialist Action [Acción Socialista], que, al igual que Socialist Alternative [Alternativa Socialista] en EE.UU., forma parte del Comité por una Internacional de los Trabajadores (CIT) de Peter Taaffe. Esta organización, con una reputación falsa de trotskista, tiene una larga y deplorable historia de apoyo a la contrarrevolución capitalista en nombre de la oposición a la dictadura. En la Unión Soviética, entre agosto y septiembre de 1991, los antecesores del CIT en la tendencia Militante se sumaron a las fuerzas de la restauración capitalista en las barricadas de Boris Yeltsin en Moscú. En contraste, nuestra internacional trotskista distribuyó decenas de miles de volantes llamando a los obreros soviéticos a aplastar las fuerzas contrarrevolucionarias dirigidas por Yeltsin y respaldadas por la Casa Blanca de George H.W. Bush.
El CIT, que descarta a China como capitalista y autoritaria, se encuentra entre los porristas más rabiosos del Movimiento Paraguas. Un artículo en China Worker (30 de septiembre) del CIT describe entusiasta la posibilidad de que “la lucha por la democracia se extienda a toda China; la chispa inicial muy bien podría darla el movimiento que protesta en Hong Kong”. ¡El CIT comparte con el Departamento de Estado estadounidense su deseo ferviente de que el movimiento a favor de la “democracia” sea utilizado contra la “dictadura del PCCh” en la China continental!
El CIT sugiere que el Movimiento Paraguas puede convertirse en un nuevo Tiananmen, en referencia a la revuelta entre mayo y junio de 1989 que sacudió a la China continental. Los partidarios de la “democracia” en Hong Kong organizan cada junio una enorme conmemoración del aniversario del levantamiento de Tiananmen, pintándolo como una protesta estudiantil a favor de la democracia capitalista contra el malvado régimen comunista. Nada podría estar más lejos de la verdad.
Los acontecimientos de 1989 alrededor de la Plaza Tiananmen comenzaron con una protesta estudiantil a favor de mayores libertades políticas y contra la corrupción de los altos mandos de la burocracia. Inicialmente, a la protesta se sumaron obreros individuales, pero pronto se unieron contingentes organizados de fábricas y otros lugares de trabajo; la elevada inflación y la creciente desigualdad, causadas por el programa burocrático de construir el “socialismo” a través de las reformas de mercado, empujaron a los obreros a la acción. Aunque algunos jóvenes aspiraban a una democracia capitalista estilo occidental, las protestas estuvieron dominadas por el canto de La Internacional —el himno internacional de la clase obrera— y otras expresiones de conciencia prosocialista.
Varias organizaciones obreras que surgieron durante las protestas tenían las características de los órganos embrionarios del poder obrero. “Cuerpos de piquetes obreros” y grupos “dispuestos a morir” basados en las fábricas se organizaron para defender a los estudiantes de la represión, en abierto desafío al decreto de ley marcial del régimen de Deng Xiaoping. Los grupos obreros empezaron a asumir la responsabilidad de la seguridad pública después de que el gobierno de Beijing se desvaneciera y la policía desapareciera de las calles. La participación del proletariado chino en las protestas, tanto en Beijing como a lo largo del país, fue lo que las convirtió en una revolución política incipiente. Después de estar paralizado durante semanas, el régimen del PCCh desató una sangrienta represión en Beijing entre el 3 y el 4 de junio.
Los obreros demostraron enorme capacidad de lucha y establecieron lazos con los soldados, algunos de los cuales se negaron a disparar sobre los manifestantes. Pero, por sí solos, no pudieron llegar al entendimiento de que era necesaria una revolución política para deshacerse del dominio deformante de la burocracia del PCCh. Para que la clase obrera adquiera esta conciencia es indispensable la intervención de un partido marxista revolucionario.
Los imperialistas no se detendrán hasta que hayan destruido al estado obrero chino y estén nuevamente en total libertad de saquear al país. El orden mundial capitalista, dominado por los imperialistas, con su impulso por controlar mercados y reducir el salario y los niveles de vida de los obreros, es incompatible con el desarrollo hacia el socialismo. Para abrir ese camino son indispensables revoluciones obreras en Japón, EE.UU. y otros países capitalistas avanzados. Para hacer este programa realidad buscamos unir las luchas de los obreros en los centros imperialistas con la defensa de las conquistas ya obtenidas, incluidas las de la Revolución China de 1949.■
http://www.icl-fi.org/espanol/eo/43/hongkong.html
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2016.06.07 03:03 ShaunaDorothy Francia - ¡Abajo las leyes racistas contra el velo islámico! La “laicidad” antimusulmana y la seudoizquierda (Marzo de 2015)

https://archive.is/VDL2r
Espartaco No. 43 Marzo de 2015
(Mujer y Revolución)
El siguiente artículo ha sido traducido y abreviado de Le Bolchévik No. 204 (junio de 2013), periódico de nuestros camaradas de la Ligue trotskyste de France. Tras un largo vaivén legal, el caso de Fatima Afif llegó a su fin en junio de 2014, cuando la asamblea plenaria de la Corte de Casación rechazó definitivamente un recurso de Afif y, de este modo, sostuvo su despido por parte de la guardería Baby Loup.
Cuando la [Cámara Social de la] Corte de Casación francesa anuló en marzo de 2013 un fallo que autorizaba el despido, por parte de la guardería infantil Baby Loup [el lobito bebé], de una empleada [Fatima Afif] que vestía el velo islámico, el presidente François Hollande aprovechó la oportunidad para proclamar que quería una nueva ley para extender al sector privado las restricciones contra el uso del velo aplicables hoy en día en las escuelas públicas. Declaró que “en cuanto hay contacto con los niños en el llamado servicio público de primera infancia...debe haber cierta similitud con lo que existe en la escuela” pública.
Así que al tiempo que este gobierno y sus ayuntamientos cierran los hospitales maternos infantiles, tasajean los subsidios familiares, prohíben el acceso a los comedores escolares a los hijos de desempleados, etc., etc., Hollande y su ministro de educación, Vincent Peillon, nos reconfortan: los bebés y los niñitos podrán dormir tranquilos porque se les protegerá de las niñeras con velo. Hollande y compañía esperan que su nueva cruzada, que llevan a cabo en nombre de los sacrosantos principios de la “laicidad” y los “valores republicanos”, les procure una pequeña bocanada de aire fresco al desviar la atención del creciente desempleo y de sus programas de austeridad aunados a los ya existentes.
Hoy, entre los partidarios de Hollande en el caso Baby Loup, se encuentran las mismas figuras que ayer vociferaban las provocaciones antimusulmanas de Sarkozy: Alain Finkielkraut, Philippe Val [editor de Charlie Hebdo entre 2004 y 2009], Jeannette Bougrab, Elisabeth Badinter, etc. Pero detrás de esta gente, están el Parti de gauche (Partido de Izquierda) y la seudotrotskista Lutte ouvrière (LO) para dar una cobertura grotesca a este nuevo ataque racista del estado francés, uniéndose a la jauría en nombre de la lucha contra la opresión de la mujer. Así, el artículo de Lutte ouvrière sobre el fallo judicial en el caso Baby Loup llevaba por título: “Corte de Casación y guardería Baby Loup: Un ataque contra el derecho de las mujeres” (Lutte Ouvrière, 29 de marzo de 2013).
No hay duda de que una nueva ley que prohíba el velo en el sector privado sólo reforzaría el aislamiento en casa y la miseria económica de las mujeres que lo usan; son sus familias las que padecerán. Esta campaña se presta a la mentira racista que dice que supuestamente el verdadero problema en la sociedad no es el sistema capitalista racista sino las mujeres que visten el velo, los musulmanes y las minorías en general. Los ayatolas de la laicidad tienen la intención de ampliar su ofensiva. En nombre de la “neutralidad religiosa”, quieren ahora prohibir el uso del velo a las niñeras que trabajan en su propia casa. Una ley por el estilo ya había sido adoptada por el senado hace un año, y luego sacada de la agenda legislativa, resurgiendo ahora bajo la batuta de Roger-Gérard Schwarzenberg, presidente honorífico del partido Radicaux de gauche y miembro de la mayoría gubernamental.
Estas asistentes maternas, que a menudo son musulmanas, proporcionan un servicio que permite trabajar a decenas de miles de otras mujeres, dada la carencia de guarderías infantiles en Francia. Pero estos grandes defensores de la laicidad y de los derechos de la mujer no sólo prefieren que se cierre la guardería Baby Loup (una guardería que ofrece servicios 24 horas al día, 7 días a la semana en uno de los suburbios más desfavorecidos de París, lo cual es muy poco común) a que se emplee a una mujer con velo; están dispuestos a condenar al desempleo a innumerables mujeres más en caso de que su ley sobre las asistentes maternas sea adoptada. ¡Decimos no a las exclusiones racistas y a las leyes contra el velo! ¡Abajo la ofensiva antimusulmana del gobierno!
La campaña laica republicana: Una cobertura para los prejuicios antimusulmanes
La “laicidad”, que es una cobertura para los prejuicios antimusulmanes, no tiene nada que ver con el principio de laicidad tal como fue establecido durante la Gran Revolución Francesa de 1789. Como explicamos en nuestro artículo “La mujer y la inmigración en Francia” (Spartacist [Edición en español] No. 32, junio de 2003):
“...el estado francés deformó las metas y los valores de la Revolución Francesa. Bajo el ancien régime del rey francés, Francia era conocida como ‘la hija mayor de la iglesia’. El principio del secularismo en la Revolución Francesa surgió de la necesidad de proteger la libertad de expresar ideas y de liberar a la sociedad de las manos de la iglesia católica. El que ahora la mayoría católica utilice este principio para oprimir a la minoría musulmana en la sociedad francesa es una ironía cruel de la historia. Ello recalca hasta qué grado ha degenerado en la época de la decadencia capitalista la burguesía francesa que dirigió la Revolución de 1789, un parteaguas histórico en la lucha por la emancipación humana”.
La Ligue trotskyste se ha opuesto siempre a la mascada y el velo, que representan un programa social reaccionario para confinar a la mujer a su familia, a su hogar y a una posición de servidumbre. Asimismo, nos oponemos a los atavíos de otras religiones, pues todas promueven la institución de la familia, el fundamento de la opresión de la mujer. En Francia, la ley de 1905 instituyó cierta separación entre la iglesia y el estado, pero el catolicismo conserva un peso social considerable y la burguesía lo usa como un pilar del conservadurismo social y para consagrar la dominación de la clase capitalista. Lo hemos visto numerosas veces en los últimos seis meses cuando los curas y sus feligreses bien vestidos tomaron las calles para escupir su veneno reaccionario: rezaron y marcharon en contra de nuevos derechos democráticos para los homosexuales y para mantener su modelo de un hombre sobre una mujer para toda la vida.
Pero el Islam en Francia nunca será más que la religión del gueto, de los oprimidos, de los que a menudo han perdido la esperanza de combatir la segregación racista y la pobreza de las que son víctimas debido a la opresión capitalista francesa, y que se refugian en la religión pero que también desafían al estado francés que los excluye. Es lo que Marx llamaba “el alma de un mundo sin corazón”. Las mezquitas no se dan abasto en la ciudad de Chanteloup-les-Vignes, donde se encuentra la guardería Baby Loup, y en muchos suburbios del país donde las tasas de desempleo son al menos el doble del promedio nacional e incluso más altas entre los jóvenes.
No es de sorprender que, después de una licencia parental de cinco años, Fatima Afif, la trabajadora al centro del caso Baby Loup, quisiera usar el velo al regresar a la guardería en diciembre de 2008. Antes de su licencia, tomada en mayo de 2003, no había tenido ningún problema al ir al trabajo con velo. Pero en el verano de 2003, durante su ausencia, se decretaron nuevas reglas en su lugar de trabajo para imponer una obligación de “neutralidad filosófica, política y confesional”. Durante los cinco años de su licencia, las exclusiones racistas sirvieron para empujar cada vez más a las mujeres como Afif hacia el oscurantismo religioso.
¡Por un partido obrero revolucionario multiétnico!
Fue al principio de los años 90 que la cuestión de la laicidad empezó a utilizarse a gran escala como cobertura para los prejuicios antimusulmanes, culminando con la ley [del entonces presidente Jacques] Chirac de 2004 que prohibió el uso del velo en las escuelas públicas. El contexto para este ascenso de la reacción fue la contrarrevolución capitalista en la Unión Soviética y en Europa Oriental entre 1990 y 1992 —una inmensa derrota para la clase obrera y los oprimidos del mundo, que fue aclamada virtualmente por toda la “izquierda”—. La clase capitalista roba las riquezas producidas por los obreros y necesita un chivo expiatorio para desviar las luchas de clases que siguen estallando.
El Partido Comunista Francés (PCF), la Ligue communiste révolutionnaire (LCR, que finalmente se deshizo de la palabra “communiste” y se volvió el Nouveau Parti anticapitaliste, NPA) se tragaron la mentira de la burguesía sobre la supuesta “muerte del comunismo” y el fin de “la Gran Noche” [las aspiraciones revolucionarias], pero la burguesía sí sabía que debía seguir inventando cuentos para dividir y debilitar a la clase obrera; de ahí la “amenaza verde”. Ya en 1991, el [racista plan de seguridad] Vigipirate había sido desplegado por primera vez por [el presidente “socialista”] Mitterrand al principio de la primera Guerra del Golfo, lo que hizo recordar la ofensiva contra los musulmanes en París durante la Guerra de Argelia. Ello marcó también el principio de la “guerra contra el terrorismo” cuyo blanco es el Islam. Ya estaban sentadas las bases para un reforzamiento significativo del arsenal represivo del estado contra cualquiera que pudiera ser percibido como un adversario del dominio capitalista y, en última instancia, contra la clase obrera. ¡Abajo el Vigipirate! ¡Por movilizaciones obreras contra el terror racista del estado!
El aislamiento de los oprimidos hoy en día, su desesperanza en esta sociedad, es el fruto amargo de las traiciones de la izquierda. Desde Mitterrand hasta Jospin y hoy Hollande, para todos ellos los musulmanes eran la nueva “quinta columna”; todos multiplicaron las expulsiones y los ataques contra indocumentados e hicieron añicos el nivel de vida de las capas más pobres de la sociedad. La crisis económica sólo empeoró las cosas con el cierre de muchas fábricas que solían emplear a los padres y abuelos de los jóvenes pertenecientes a minorías. El cierre previsto de la fábrica automotriz de PSA Aulnay [hoy ya cerrada y en proceso de desmantelamiento], la supresión de 800 empleos temporales en Sochaux y el recorte anunciado de mil 200 empleos en Phone House, no son más que la punta del iceberg de un desempleo juvenil en constante aumento.
Son los padres y abuelos de estos jóvenes de las minorías y otros inmigrantes los que contribuyeron a crear la riqueza de Francia tras la Segunda Guerra Mundial, pero a sus descendientes se les trata en gran medida como una población excedente, buena, en el mejor de los casos, para trabajos ocasionales por tiempo determinado pero, con mayor frecuencia, destinados a las largas colas en las oficinas locales de desempleo o, peor, a la cárcel.
Sin embargo, hasta que el capitalismo sea derrocado, la burguesía necesitará de un proletariado que explotar y del cual extraer plusvalía para obtener ganancias y capital. Aunque los capitalistas busquen transferir en el extranjero una parte cada vez mayor de su aparato de producción industrial, esperando así sacar de los obreros extranjeros aún más ganancias, queda en este país una infraestructura industrial, y así será el caso. Basta con ver el enorme polo de empleos en torno al aeropuerto de París-Charles de Gaulle, las fábricas automotrices, los transportes públicos, la industria de la construcción, sin hablar de las empresas proveedoras de servicios de limpieza y de asistencia a las personas en los hogares para adultos mayores, etc.: los trabajadores pertenecientes a las “minorías visibles” constituyen un porcentaje desproporcionado de la mano de obra. Es su papel central en la producción lo que les confiere un poder social crucial para combatir la explotación capitalista, pero también lo que les convierte en una amenaza particular a los ojos de la burguesía.
Es necesario elevar el nivel de lucha más allá de las luchas económicas aisladas y a menudo derrotadas para salvar fábricas particulares o para defender condiciones de trabajo localmente. Ello requiere una dirección revolucionaria, un tribuno del pueblo. Tal dirección lucharía por empleo para todos y en particular para los jóvenes de origen inmigrante; combatiría el terror racista cotidiano en las banlieues [guetos suburbanos] y lucharía por los derechos de la mujer. Explicaría cómo se utiliza el veneno del racismo —una “conciencia falsa”— para dividir a la clase obrera, y buscaría ganar a la clase obrera a la lucha por defender a los jóvenes de las banlieues y a las mujeres con velo contra la represión. Al luchar contra estas maniobras divisorias, los obreros lograrán utilizar su poder social con mayor unidad y se fortalecerán frente a los patrones.
Un partido revolucionario también combatiría las mentiras diseminadas por la izquierda, como que el capitalismo puede hacerse más humano, bondadoso e incluyente. Sólo la revolución socialista, en la que los obreros derrocarán a sus explotadores, podrá empezar a sentar las bases de una nueva sociedad gracias a una economía centralizada y planificada. Habrá que extender esta lucha internacionalmente, pero será posible desde ese momento empezar a lidiar con las plagas del capitalismo —el desempleo, la escasez y la opresión social— así como con los prejuicios y la reacción que éstas ocasionan. Nuestro objetivo es construir esta dirección. Nuestro modelo es la experiencia del Partido Bolchevique y de la Revolución Rusa de octubre de 1917.
Lutte ouvrière por la prohibición de los despidos...¡excepto para las mujeres con velo!
En 2003-2004, Lutte ouvrière estaba en la primera línea de lucha para que se adoptara una ley que excluyera a las mujeres con velo de las escuelas. Hoy, otra vez, tras el caso Baby Loup, se presentan como los garantes de la nueva legislación que el “Observatorio de la laicidad” de Hollande recomiende. En un artículo de su periódico (29 de marzo de 2013), Lutte ouvrière declaró acerca del fallo judicial en favor de Fatima Afif: “Este fallo ha provocado con razón una ola de protestas, porque arma a los oscurantistas de todo tipo; y son muchos los que reclaman una revisión de las leyes existentes, pidiendo la extensión de la prohibición de los símbolos religiosos ostensibles en nombre de la laicidad”. Dadas las “protestas” de Lutte ouvrière contra el fallo, uno sólo puede suponer que LO se considera parte de estos “muchos” partidarios de una nueva ley. Y esto se da en un contexto de ataques racistas en aumento, de los que a menudo las mujeres son las principales víctimas: 94 por ciento de las víctimas de las agresiones antimusulmanas identificadas por el Colectivo Contra la Islamofobia en Francia (CCIF) son mujeres.
El colectivo Mamans toutes égales (MTE, Todas las Mamás Iguales) está organizando para el 18 de mayo [de 2013] una nueva manifestación para protestar no sólo contra toda nueva ley que impida a las mujeres con velo trabajar en el sector privado, sino también para reivindicar la abrogación de la circular Chatel de 2012 (bajo Sarkozy) que recomienda, en nombre de los principios de “laicidad y neutralidad del servicio público”, que las escuelas “impidan” a las mamás que vistan el velo acompañar a sus hijos en salidas escolares. El ministro socialista de los policías y “de cultos”, Manuel Valls [hoy primer ministro], por supuesto declaró que quiere mantener vigente la circular. El año pasado, durante la campaña para la elección presidencial, el colectivo MTE había escrito a los candidatos sobre el impacto de la ley de 2004, preguntando a los candidatos su posición respecto a la circular Chatel, a la prohibición para las mujeres con velo de trabajar en el sector público, etc. Nathalie Arthaud, dirigente de LO y candidata, respondió:
“La ley, lejos de excluir a las jóvenes, permite a todas asistir a la escuela y, a las que no quieren usar el velo, les permite conservar este espacio de libertad.
“Una cosa es que haya mujeres que quieran usar [el velo], y otra es que este hecho discriminatorio sea reconocido por la sociedad.
“No es ni en nombre de la laicidad, ni en nombre del combate a las religiones que criticamos vuestro proceder, sino en nombre del combate de las mujeres por su emancipación. Ésta no pasa por la autorización de llevar el velo en las estructuras públicas, sino por el contrario por la autorización de no llevarlo, para las que así lo desean...
“Así que nuestra solidaridad se dirige ante todo a las mujeres y las muchachas que tienen el valor de resistir estas presiones, las que quieren llevar su vida libremente, a cara descubierta y que ven su espacio de libertad encogerse”.
Arthaud se niega a “autorizar” el uso del velo en el sector público y se opone a que las madres con velo acompañen a sus hijos. Con todo eso y con su reacción ante el caso Baby Loup, parece que el grito de guerra de LO “contra el desempleo, prohibición de los despidos” tiene sus límites y que su “solidaridad” no se extiende a las mujeres que usan el velo, muchas de las cuales se encuentran entre las mujeres más pobres y más oprimidas en la sociedad francesa. ¡Como si se pudiera combatir la opresión de la mujer impidiendo a muchachas con velo asistir a la escuela o ir al trabajo y mandándolas de vuelta al hogar! Detrás de tales discriminación y exclusión está el griterío de Valls y compañía de que estas mujeres no se quieren integrar a su querida República.
El hecho de que LO llame al sistema público de educación un “espacio de libertad” es revelador de su reformismo sobre esta cuestión. También refleja que tiene una base social importante entre los maestros. La escuela es simplemente una institución crucial para el mantenimiento de la dominación capitalista: enseña a los hijos de la burguesía cómo reinar y a los hijos de los oprimidos que deben aceptar su subordinación a la autoridad burguesa o serán excluidos. Nathalie Arthaud enseña en Aubervilliers, una ciudad con una proporción importante de inmigrantes donde muchas mamás usan el velo. No es que Arthaud no vea la realidad, sino que se ciega voluntariamente (y, de manera más significativa, ciega a sus partidarios) con sus prejuicios laico-fanáticos.
Dado que LO se niega a entender la opresión específica —y el que las más oprimidas decidan llevar el velo—, considera a las mujeres con velo como ideólogas militantes que procuran islamizar Francia. En realidad, algunas de estas mujeres son inmigrantes que siguen las prácticas religiosas opresivas de sus países de origen donde el Islam es religión de estado. Otras deciden llevarlo, conscientemente o no, en desafío a la exclusión racista que sufren bajo el capitalismo francés, y para encontrar consuelo ante su difícil situación y la estigmatización de que son objeto. En todos estos casos, LO, al repetir como perico la campaña racista contra el “fascismo verde”, está lejos de siquiera abordar la cuestión de la opresión material de estas mujeres, o de sus opiniones religiosas atrasadas; sólo las refuerza.
La opresión de la mujer tiene sus raíces en la sociedad de clases. La función histórica de la familia bajo el capitalismo es trasmitir la propiedad privada a los herederos “legítimos” a través de la herencia (lo cual requiere la monogamia de las mujeres) e inculcar el respeto a la autoridad y la obediencia al código moral burgués. Es por eso que decimos que la liberación de la mujer requiere en última instancia de una revolución socialista. Un estado obrero buscaría establecer guarderías y parvularios abiertos las 24 horas, comedores y cocinas comunales, lavanderías, un sistema de salud gratuito y de calidad; todo esto remplazaría con el tiempo las funciones sociales de la familia y permitiría a las mujeres participar plenamente en la vida social.
Lecciones de la Revolución de Octubre de 1917 y de la intervención soviética en Afganistán
Nos inspiramos en el trabajo de los bolcheviques para la emancipación de la mujer. En un contexto muy diferente de la Francia imperialista y laico-fanática de hoy, algunas dirigentes bolcheviques —y por lo tanto ateas— se pusieron ellas mismas el velo, bajo la dirección del Zhenotdel (Departamento de Obreras y Campesinas), para irse a mezclar con las mujeres terriblemente oprimidas del Asia Central soviética para educarlas y liberarlas. Era un trabajo extremadamente peligroso y muchas organizadoras bolcheviques fueron asesinadas. Como escribimos en el mismo artículo de Spartacist citado arriba:
“La creación de una economía colectivizada y planificada permitió que el estado obrero invirtiera el excedente proveniente del occidente más avanzado en el oriente más atrasado, y así comenzó a sentar la base para la igualdad de los pueblos en la Unión Soviética. Esto se observa claramente cuando se ven las estadísticas demográficas en las repúblicas de la antigua Unión Soviética de un lado de la frontera y se las compara con las de Afganistán, del otro. Del lado soviético, ya no se encerraba a las mujeres bajo el velo y sabían leer y escribir; del lado afgano de la frontera, la mayoría eran analfabetas y las estadísticas de mortalidad infantil y de esperanza de vida eran drásticamente diferentes de un lado a otro de la frontera”.
Cuando el Ejército Rojo soviético entró en Afganistán en 1979, a petición del gobierno afgano, las mujeres recibieron una educación. Llegaban a ser maestras, enfermeras, soldados. Pero los imperialistas estaban en campaña para restaurar el capitalismo en la Unión Soviética; Estados Unidos armó a los islamistas reaccionarios que volvían a encerrar a las mujeres en la prisión de la burka [velo integral] y arrojaban ácido a los maestros que enseñaban a leer y escribir a las niñas (mientras que “Médicos sin fronteras” y otras organizaciones “humanitarias” francesas se vincularon con los servicios secretos para ayudar a la “resistencia” islamista). En Afganistán, la cuestión del velo era una cuestión de vida o muerte para las mujeres —y Lutte ouvrière condenó la intervención soviética comparando este acto progresista del Ejército Rojo con la violación de Vietnam por los imperialistas franceses y luego estadounidenses (una posición que siguen manteniendo hoy en día)—. ¡Ésos son los autoproclamados “campeones” de la lucha por los derechos de la mujer!
Pensamos que otro mundo es posible, pero aquí, no en el cielo ni mientras el sistema capitalista permanezca intacto. A diferencia de nuestros oponentes, nosotros decimos la verdad; aunque esta perspectiva parezca lejana hoy en día, es sólo mediante la revolución proletaria socialista que podremos empezar a construir una sociedad libre del hambre, de la guerra y del racismo. Un mundo donde los hombres y las mujeres ya no tendrán que refugiarse en las ilusiones de la religión para escapar de la dura realidad de esta sociedad capitalista de opresión y miseria. Para este fin, luchamos por mantener un programa revolucionario y por construir el partido mundial dedicado a llevar a la clase obrera al poder.■
http://www.icl-fi.org/espanol/eo/43/laicidad.html
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2016.06.07 03:00 ShaunaDorothy Los imperialistas estadounidenses restablecen relaciones diplomáticas - ¡Defender las conquistas de la Revolución Cubana! ¡Por la revolución política obrera en Cuba! (Marzo de 2015)

https://archive.is/ozkKB
Espartaco No. 43 Marzo de 2015
El siguiente artículo ha sido traducido de Workers Vanguard No. 1059 (9 de enero), periódico de nuestros camaradas de la Spartacist League/U.S.
Durante más de medio siglo, los imperialistas estadounidenses han intentado incansablemente derrocar la Revolución Cubana y restaurar el dominio del capital en la isla: desde la invasión de Playa Girón (Bahía de Cochinos) en 1961 hasta los constantes intentos de asesinar a Fidel Castro, y de las provocaciones terroristas de la CIA y los gusanos del exilio cubano hasta actos de sabotaje. Ahora la Casa Blanca de Obama ha anunciado su intención de “cambiar de curso” con Cuba y restaurar relaciones diplomáticas, es decir, busca conseguir el mismo fin estratégico a través de medios más efectivos. Fue a raíz de la expropiación por el gobierno de Castro de la clase capitalista de la isla en 1960, lo que trajo tan enormes conquistas para las masas cubanas, que Washington rompió relaciones con La Habana.
Lo que se propone es relativamente modesto: relajar diversas restricciones de viaje, autorizar algunas ventas y exportaciones comerciales y facilitar las transacciones bancarias entre los dos países. El paralizante embargo estadounidense, un acto de guerra económica que por décadas ha estrangulado a los obreros y campesinos cubanos, se afloja pero no se levanta. Obama dice que sin la aprobación del Congreso no puede derogar las leyes Torricelli y Helms-Burton. Tras el colapso de la Unión Soviética en 1991-92, lo que terminó con la crucial ayuda económica y militar a Cuba, estas leyes apretaron el embargo. Promulgadas bajo el demócrata Clinton, buscaban “desatar el caos en la isla”. ¡Abajo el embargo!
Desde el punto de vista de los marxistas revolucionarios, Cuba tiene derecho a establecer relaciones diplomáticas y económicas con cualquier país capitalista que desee, sobre todo para intentar superar el muy real problema de su estancamiento económico. Aumentar los vínculos comerciales y financieros con las corporaciones estadounidenses no significaría una restauración progresiva del capitalismo. Sin embargo, esto implicará un peligro muy real de fortalecer las fuerzas internas de la contrarrevolución capitalista en la isla.
Mientras tanto, la presencia de una base naval y centro de detención y tortura estadounidense en la Bahía de Guantánamo —donde hay unos 130 prisioneros de la “guerra contra el terrorismo” de EE.UU.— es un recordatorio de que Cuba sigue en la mira militar del imperialismo. Aunque el año pasado fueran liberadas decenas de prisioneros, Obama no está dispuesto a cerrar ese calabozo, ni mucho menos a devolver Guantánamo a Cuba. ¡Estados Unidos fuera de Guantánamo ahora!
El deshielo en las relaciones entre los dos países se dio tras más de un año de negociaciones, albergadas por el gobierno canadiense e impulsadas por el Vaticano. Como los anteriores directores generales del imperialismo estadounidense, Obama tiene con respecto a Cuba intenciones abiertamente revanchistas. Bajo su presidencia, la Agencia de Estados Unidos para el Desarrollo Internacional (USAID) —notoria por haber trabajado con la CIA desde principios de los años 60— ha fraguado diversos planes contrarrevolucionarios para sembrar descontento proimperialista en la isla. Una conspiración reciente incluía la infiltración de grupos clandestinos de hip-hop cubanos con la intención de detonar un movimiento juvenil contra el régimen.
Como parte del reciente acuerdo, Obama liberó a los últimos tres de los Cinco Cubanos que seguían bajo custodia tras haber sido condenados en 2001 bajo cargos falsos de espionaje y conspiración para cometer asesinato. La libertad de los Cinco Cubanos, hombres que heroicamente intentaban impedir actos terroristas en Cuba infiltrando y monitoreando a los grupos de cubanos exiliados en Florida, debe celebrarse. A cambio, el presidente cubano Raúl Castro devolvió a dos espías estadounidenses, el ex agente de inteligencia cubano Rolando Sarraff Trujillo —quien facilitó el arresto y la incriminación de los Cinco Cubanos— y el contratista de la USAID Alan Gross, quien fuera enviado a Cuba para introducir de contrabando equipo de cómputo y comunicación para espionaje.
La Liga Comunista Internacional siempre ha luchado por la defensa militar incondicional de Cuba frente a la amenaza de la contrarrevolución capitalista interna y el ataque imperialista. Esto fluye de nuestro entendimiento de que Cuba es un estado obrero donde el capitalismo fue derrocado. Sin embargo, desde su origen ha estado burocráticamente deformado, es decir, una burocracia parasitaria monopoliza el poder político. La base material de esta burocracia es la administración de la economía colectivizada en condiciones de escasez.
La eliminación de la producción para la ganancia, junto con el establecimiento de una planificación central y el monopolio estatal del comercio y la inversión exteriores, le permitió a Cuba garantizar a todos empleo, vivienda y educación. Hasta la fecha, Cuba tiene uno de los índices de alfabetización más altos del mundo y una tasa de mortandad infantil inferior a la de Estados Unidos o la Unión Europea. Su célebre sistema de salud, con más médicos per cápita que los de cualquier otro lugar, ofrece gratuitamente atención médica de calidad superior a la de muchos países avanzados. Los médicos cubanos han salvado vidas en todo el mundo y regularmente se les envía a ayudar a las víctimas de desastres, incluyendo la crisis del ébola en África. Es un testimonio de la superioridad de la economía colectivizada el que una isla pequeña y relativamente pobre haya sobrevivido por tanto tiempo bajo las paralizantes sanciones económicas y provocaciones militares de la bestia estadounidense, a menos de 150 kilómetros de sus costas.
En su discurso del 20 de diciembre donde anunció a la Asamblea Nacional de Cuba el reacercamiento con Estados Unidos, Raúl Castro advirtió contra las “terapias de choque” o la aceleración de las privatizaciones como recurso para revivir la estancada economía del país, lo que, dijo, significaría “arriar las banderas del socialismo”. Pero el socialismo es una sociedad igualitaria y sin clases basada en la abundancia material a escala internacional. Mientras un estado obrero esté aislado, se verá sujeto a la enorme presión del mundo capitalista circundante, presión que lo socavará y terminará por destruirlo. El destino de Cuba y su avance al socialismo dependen de la lucha por el poder proletario en toda Latinoamérica y el resto del mundo, especialmente en Estados Unidos.
Desde el principio, la política de la burocracia castrista de La Habana ha demostrado ser un obstáculo a esta perspectiva. Siguiendo los pasos de la burocracia estalinista de la antigua Unión Soviética, el régimen cubano se comprometió con el dogma nacionalista de construir el “socialismo en un solo país”. Esto ha significado oponerse a las posibilidades de revolución fuera de la isla. A principios de los años setenta, Fidel Castro abrazó al gobierno de frente popular de Chile encabezado por Salvador Allende, cuyo propósito era decapitar la amenaza de una revolución obrera y desarmar políticamente al combativo proletariado, pavimentando el camino al sangriento golpe de estado militar de Pinochet. Una década después, cuando los pequeñoburgueses sandinistas de Nicaragua derrocaron a la opresiva dictadura de Somoza haciendo añicos al estado capitalista, Fidel les aconsejó que no siguieran el camino cubano de expropiar a la burguesía. Los castristas siempre han promovido regímenes nacionalistas burgueses, lo que incluye la glorificación del fallecido caudillo populista venezolano Hugo Chávez como un supuesto revolucionario.
Así, la defensa de la Revolución Cubana está directamente ligada al llamado trotskista por una revolución política proletaria que derroque a la burocracia castrista y ponga en el poder a la clase obrera, estableciendo un régimen basado en la democracia obrera y el internacionalismo revolucionario. Esto requiere forjar un partido de vanguardia leninista-trotskista que movilice a las masas trabajadoras cubanas en lucha.
Depredaciones imperialistas y “reformas de mercado”
Como era de esperarse, el relajamiento de las restricciones respecto a Cuba enfureció al nido de víboras anticomunistas del exilio cubano y sus criaturas, como el senador de Florida Marco Rubio. En cambio, fue celebrado por vastos sectores de la burguesía, incluyendo a la patronal Cámara de Comercio y a los voceros de los medios de comunicación capitalistas. En los últimos meses, el New York Times ha llamado repetidas veces a levantar el embargo. Considerando contraproducente y anticuada la beligerante política estadounidense, una editorial de la revista Forbes (16 de enero de 2013) señaló: “Tiene poco sentido mantener un embargo permanente sobre una nación en desarrollo que avanza hacia la reforma, especialmente cuando los aliados de Estados Unidos son hostiles al embargo. Impide que cobre vida una discusión más amplia sobre una reforma inteligente en Cuba y económicamente carece de sentido”.
El gobierno de Obama ha proclamado que desea una Cuba “democrática, próspera y estable”, lo que para él significa devolver a la isla a su estatus neocolonial mediante la restauración del capitalismo, introducir inversiones redituables para los gobernantes de EE.UU. basadas en la mano de obra barata e instalar un régimen político dócil. Los capitalistas europeos y canadienses han podido penetrar en el mercado cubano mediante su participación en empresas mixtas y esperan inundar el país con importaciones baratas. Varias corporaciones de la Fortune 500, incluyendo a Caterpillar, Colgate-Palmolive y Pepsico, temen haberle cedido este mercado a sus competidores.
Es mucho lo que está en juego: en última instancia, o la única economía socializada de Latinoamérica triunfa mediante la extensión internacional de la revolución, o la contrarrevolución capitalista convierte nuevamente a Cuba en el patio de juegos de la burguesía estadounidense. En La revolución traicionada (1936), el dirigente revolucionario marxista León Trotsky describió la situación que enfrentaba el estado obrero degenerado soviético, es decir, aquella de verse rodeado por economías capitalistas más avanzadas industrial y tecnológicamente. Trotsky escribió: “Pero en sí misma, la pregunta ¿quién triunfará?, no solamente en el sentido militar de la palabra, sino ante todo, en el sentido económico, se le plantea a la URSS a escala mundial. La intervención armada es peligrosa. La introducción de mercancías a bajo precio, viniendo tras los ejércitos capitalistas, sería infinitamente más peligrosa”. Esta observación es relevante con respecto a los peligros que Cuba enfrenta hoy.
Durante treinta años, Cuba se benefició de grandes subsidios soviéticos. En la última década, se ha apoyado mucho en la Venezuela capitalista como su principal socio comercial, obteniendo de ella petróleo barato. Pero esta situación es precaria, pues la propia Venezuela enfrenta una grave crisis como consecuencia de la caída mundial de los precios del petróleo, está acosada por la inflación y recientemente fue golpeada por nuevas sanciones vengativas de Estados Unidos.
Cuba nunca se recuperó del todo de la severa crisis que sufrió tras la restauración del capitalismo en la Unión Soviética. Desde el llamado “Periodo Especial” de principios de los años noventa, la burocracia cubana ha abierto el país a la penetración económica imperialista, entregando a través de “reformas de mercado” sectores de la economía colectivizada a empresas privadas a pequeña escala. Ésta y otras medidas, como alentar el autoempleo en el sector de servicios y conceder mayor autonomía a las empresas públicas, han aumentado la desigualdad en la isla. Los cubanos negros, quienes obtuvieron grandes conquistas de la revolución, se han visto particularmente golpeados, pues tienen menos oportunidad de acceder a las divisas, ya sea recibiendo remesas del exterior u ocupando empleos en el sector turístico.
Cuba tiene hoy una considerable inversión imperialista y aspira a tener más. A 50 kilómetros de La Habana, en el puerto profundo de Mariel, el gobierno cubano está permitiendo la construcción de una zona económica especial de “libre comercio”, capaz de recibir a los buques cargueros más grandes del mundo. Brasil ya ha destinado casi mil millones de dólares al proyecto. Ahora que se ha planteado la renovación del comercio con Estados Unidos, repetimos nuestra advertencia de que ese acontecimiento “subraya la importancia del monopolio estatal [cubano] sobre el comercio exterior —es decir, un estricto control gubernamental sobre las importaciones y las exportaciones”— (“Cuba: Crisis económica y ‘reformas de mercado’”, Espartaco No. 34, otoño de 2011).
El régimen cubano ha restablecido lazos y promovido a la reaccionaria Iglesia Católica en la isla, un potencial caldo de cultivo de la contrarrevolución capitalista. Tanto Obama como Castro aplaudieron al papa Francisco por su papel en las negociaciones. Este papa jesuita le ha dado al Vaticano un poco de cirugía cosmética, proponiendo hacer la iglesia más incluyente (aunque sin dejar de oponerse testarudamente al aborto y la ordenación de mujeres) y predicando contra la “tiranía” del capitalismo, aunque sus intenciones no son menos siniestras que las de sus predecesores.
El Vaticano es tristemente célebre por haber apoyado las dictaduras militares latinoamericanas y promovido la restauración del capitalismo bajo el disfraz de elecciones supuestamente libres y reformas “democráticas”. El cardenal cubano Jaime Ortega —quien fue confinado en un campo de detenidos durante los primeros años de la revolución cuando se quebró el dominio de la iglesia— es, junto con el papa Francisco, uno de los mayores promotores de esas reformas en la isla. En 1998, Fidel recibió con entusiasmo al papa Juan Pablo II, y en 2012 a Benedicto XVI. En todo el país hay fotos y monumentos conmemorando el encuentro entre Castro y Juan Pablo, santo patrón de las contrarrevoluciones, quien tan arduamente trabajó por restaurar el capitalismo en los estados obreros deformados de Europa Oriental, especialmente en su natal Polonia.
Defendiendo a Cuba en la encrucijada
Las fuerzas guerrilleras que entraron en La Habana en 1959 bajo la dirección de Fidel Castro eran un grupo pequeñoburgués políticamente heterogéneo. Su victoria no sólo derribó al odiado régimen de Batista, sino que hizo añicos todo el viejo aparato estatal. El nuevo gobierno llevó a cabo una serie de reformas liberales, pero la redistribución agraria y las medidas tomadas contra los torturadores de Batista asustaron a los partidarios burgueses de Castro, quienes empezaron a huir a Miami. Estas medidas también alarmaron a Washington, el cual emprendió una acción punitiva que obligó a Castro a firmar un tratado comercial con la Unión Soviética. El que las refinerías de propiedad imperialista se negaran a refinar el crudo soviético provocó que Cuba nacionalizara las propiedades estadounidenses, a las que siguieron todos los bancos y negocios en octubre de 1960, lo que liquidó a la burguesía cubana como clase. Hoy, las corporaciones como la United Fruit, Standard Oil y Texaco están salivando ante la posibilidad de obtener compensaciones por las nacionalizaciones que sufrieron hace medio siglo.
Lo mejor que pudo surgir de la Revolución Cubana —en ausencia de la toma del poder por el proletariado dirigido por un partido revolucionario de vanguardia— fue la creación de un estado obrero deformado. Explicando cómo fue que un movimiento guerrillero basado en el campesinado pudo derrocar el dominio capitalista, en la “Declaración de principios”, adoptada en la Conferencia de Fundación de la Spartacist League en 1966, escribimos:
“Movimientos de esta índole pueden bajo ciertas condiciones —es decir, la desorganización extrema de la clase capitalista en el país colonial y la ausencia de una clase obrera que luche por derecho propio por el poder social— destruir las relaciones de propiedad capitalista. Sin embargo no pueden llevar a la clase obrera al poder político. Al contrario crean regímenes burocráticos antiobreros que suprimen todo desarrollo ulterior de estas revoluciones hacia el socialismo”.
—“Declaración de principios de la Spartacist League”, Cuadernos Marxistas No. 1
Esta revolución no hubiera sobrevivido si la Unión Soviética no hubiera aportado un contrapeso militar al imperialismo y un salvavidas a la economía cubana. Hoy, cuando no hay nada parecido a esa ayuda, no existe más la ventana histórica que permitió que fuerzas pequeñoburguesas crearan un estado obrero deformado.
La lucha por defender y extender la Revolución Cubana ha sido un distintivo de nuestra tendencia desde su origen como la Revolutionary Tendency (RT, Tendencia Revolucionaria), una minoría dentro del Socialist Workers Party (SWP, Partido Obrero Socialista) estadounidense. La mayoría del SWP equiparaba al régimen de Castro con el gobierno revolucionario bolchevique de Lenin y Trotsky. Al hacerlo, los líderes de la mayoría del SWP rechazaban abiertamente tanto la necesidad de un partido leninista-trotskista que aportara una dirección revolucionaria, como la centralidad del proletariado en la lucha por la revolución socialista.
Habiendo perdido la esperanza en esa perspectiva, el SWP elogió acríticamente a la burocracia castrista. En enero de 1961 el SWP adoptó las “Tesis sobre la Revolución Cubana” de Joseph Hansen, las cuales declaraban que Cuba había “entrado a la fase de transición a un estado obrero, aunque todavía no poseía las formas de la democracia obrera”.
Más de medio siglo después, nuestro análisis y programa trotskistas han resistido la prueba del tiempo. Los que ayer eran porristas de la burocracia castrista se han hecho más viejos, pero no más sabios. En un artículo fechado el 23 de diciembre y publicado en counterpunch.org, Jeff Mackler, el principal mandamás de Socialist Action (SA, Acción Socialista), un retoño del reformista SWP, poseído por el fantasma de Hansen, escribe: “Aunque a Cuba todavía [¡!] le faltan las instituciones formales y vitalmente necesarias de la democracia obrera,...la actual dirigencia cubana no se ha convertido en una casta endurecida cuyos intereses sólo puedan defenderse mediante la represión”.
De hecho, la casta burocrática encabezada por los Castro siempre ha excluido a la clase obrera del poder político, usando la represión y la ideología del nacionalismo para mantener a los obreros y campesinos cubanos atomizados y políticamente pasivos. El régimen de Castro no sólo encarcela disidentes que colaboran activamente con el imperialismo estadounidense, también reprime a oponentes prosocialistas, incluyendo a militantes como los trotskistas en los años sesenta. Esto ilustra la naturaleza inherentemente contradictoria de la casta burocrática estalinista, la cual se equilibra entre la burguesía imperialista, por un lado, y la clase obrera, por el otro.
Mackler hace hasta lo imposible para presentar al “equipo Castro” como los grandes custodios del socialismo. Elogia las reformas de mercado de la burocracia —que, según él, “dentro del marco de los ideales socialistas, buscan hacer más eficiente la economía cubana”— y grazna absurdamente que estas reformas fueron “presentadas para su discusión, debate y modificación” a “millones de cubanos” antes de llevarse a la práctica.
Las reformas orientadas al mercado son un intento de responder al estancamiento económico dentro del marco del control burocrático estalinista de la economía. Como escribimos en el artículo: “For Central Planning Through Soviet Democracy” (Por una planificación central mediante la democracia soviética, WV No. 454, 3 de junio de 1988):
“La economía planificada...sólo puede ser eficaz cuando los obreros, la intelectualidad técnica y los gerentes se identifican con el gobierno que emite los planes...
“Dentro del marco del estalinismo, hay una tendencia inherente a remplazar la planificación y la administración centrales con mecanismos de mercado. Dado que los gerentes y los obreros no pueden ser sometidos a la disciplina de la democracia de los soviets (consejos obreros), la burocracia tiende a ver cada vez más la sujeción de los actores económicos a la disciplina de la competencia de mercado como la única respuesta a la ineficiencia económica”.
Los consejos obreros no son sólo otras “formas” de poder proletario, sino que son esenciales para la operación racional de una economía planificada y socializada.
Mackler sostiene también que los “esfuerzos humanitarios” que Cuba lleva a cabo en el exterior son testimonio de “una orientación revolucionaria y socialista que continúa”. Muchas de las intervenciones internacionales de Cuba han sido ciertamente heroicas, especialmente cuando el país envió a África en los años setenta miles de efectivos para ayudar a Angola a defender su recién conquistada independencia de Portugal contra fuerzas locales reaccionarias apoyadas por el imperialismo estadounidense y la Sudáfrica del apartheid. Sin embargo, el objetivo de los estalinistas cubanos no fue nunca ayudar en el derrocamiento del capitalismo en África; su intervención expresaba su apoyo político a los nacionalistas burgueses angoleños a cuyo lado luchaban. Incluso estando en la mira de las armas estadounidenses, la intención de Fidel Castro fue siempre una “détente” [distención] a través del ala “progresista” del imperialismo estadounidense, es decir, el Partido Demócrata.
Mientras los falsos trotskistas como SA se deshacen en elogios a los estalinistas cubanos, en otras partes se unen a las cruzadas anticomunistas por la “democracia” del imperialismo. SA se alió con los peores enemigos de la Revolución Cubana al defender a las fuerzas capitalistas-restauracionistas que se movilizaron contra el estado obrero degenerado soviético en los años ochenta, incluyendo al “sindicato” contrarrevolucionario polaco Solidarność, el favorito del papa Juan Pablo II.
Otros seudosocialistas se oponen al régimen de Castro desde el punto de vista de una virulenta hostilidad anticomunista al estado obrero cubano mismo. Ese es el caso de la estadounidense International Socialist Organization (ISO, Organización Socialista Internacional), los primos desheredados de la tendencia internacional de Tony Cliff. Los cliffistas son conocidos por haber descartado a Cuba, junto con China y todo el antiguo bloque soviético de Europa del Este, como “regímenes capitalistas de estado” que “no tienen nada que ver con el socialismo”.
Escribiendo en la revista Jacobin (22 de diciembre), Samuel Farber, quien publica frecuentemente en la prensa de la ISO, celebró el restablecimiento de las relaciones con Estados Unidos como una “importante conquista del pueblo cubano”. Según Farber, quien seguramente obtiene sus criterios del Departamento de Estado de EE.UU., ese acuerdo “puede mejorar los estándares de vida de los cubanos y ayudar a liberalizar las condiciones de su opresión política y su explotación económica, aunque no necesariamente a democratizarlas”. Para Farber, Cuba no es más que otro estado sujeto a la “explotación” capitalista, aunque difiere de Estados Unidos por su falta de “democracia”.
Los revolucionarios de Estados Unidos tienen un deber especial de defender a Cuba contra la restauración capitalista y del rapaz imperialismo estadounidense. Esto no puede reducirse a la cuestión de preservar la cultura cubana única ni a simplemente bloquear las incursiones de los monopolios imperialistas a la isla. El futuro de las masas cubanas —ligado al de la liberación de cientos de millones de trabajadores de América Latina y vinculado a la lucha por la emancipación de los explotados y los oprimidos en las entrañas del monstruo estadounidense— es una cuestión de clase. Luchamos por forjar un partido obrero revolucionario en Estados Unidos como sección de una Cuarta Internacional trotskista reforjada. Un partido así imbuiría a la multirracial clase obrera estadounidense con el entendimiento de que la defensa de la Revolución Cubana es una parte integral de su propia lucha contra sus gobernantes capitalistas y por la revolución socialista mundial.■
http://www.icl-fi.org/espanol/eo/43/cubana.html
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2016.06.06 15:01 ShaunaDorothy Los obreros deben barrer con los principitos y líderes del PCCh - Por qué China no es capitalista - China: cáncer burocrático carcome al estado obrero (Junio de 2014)

Espartaco No. 41 Junio de 2014
El pasado noviembre, Zhou Yongkang, antiguo miembro del Buró Político del Partido Comunista Chino (PCCh), fue puesto bajo arresto domiciliario como parte de una investigación por corrupción. Como dirigente del aparato de seguridad chino, antes de su retiro Zhou supervisaba un departamento gubernamental con un presupuesto enorme. Después de que a su familia y asociados se les confiscaran bienes con valor de 14 mil 500 millones de dólares, el New Yorker (2 de abril) observó: “los servidores públicos chinos y sus asociados han acumulado una reserva mayor que todo el producto interno bruto de Albania”.
El 31 de marzo, el teniente general Gu Junshan, quien previamente fuera jefe adjunto del Departamento General de Logística del Ejército de Liberación Popular, fue indiciado por soborno, peculado y abuso de poder. Gu ha sido acusado de usar su control sobre la distribución de contratos de vivienda, infraestructura y suministros para las fuerzas armadas de China —que cuentan con 2.3 millones de efectivos— para hacer para sí y para su familia una fortuna, que incluye bienes raíces, obras de arte y artículos de lujo como una estatua de oro puro del presidente Mao, fundador de la República Popular China.
El 19 de abril, Song Lin, director de Recursos de China, fue cesado por acusaciones de haber malversado mil 600 millones de dólares en fondos, aceptado sobornos y haber lavado dinero a través de su amante, una de las banqueras de inversiones de alto rango de la oficina en Hong Kong del banco suizo UBS. Recursos de China es una de las mayores empresas estatales del país, con bienes que valen más de 120 mil millones de dólares.
Éstos son sólo unos cuantos ejemplos escogidos de la corrupción masiva que tiene lugar en la cima del estado obrero que se estableció con la Revolución China de 1949. Mientras los altos burócratas del PCCh siguen enriqueciéndose, muchos de sus descendientes han convertido su posición social privilegiada en lugares entre la élite empresarial. En una investigación sobre los descendientes de los altos funcionarios del PCCh en 2012, Bloomberg News rastreó las fortunas de 103 herederos de los “Ocho Inmortales” del PCCh que llegaron al poder político en el periodo que siguió a la muerte de Mao en 1976. De estos “principitos”, 43 se han vuelto capitalistas en el espacio que abrieron las “reformas de mercado” del régimen, obteniendo la propiedad privada de fábricas, firmas de inversión y proyectos inmobiliarios. Algunos lanzaron empresas conjuntas con compañías extranjeras; otros aceptaron puestos ejecutivos en bancos de inversión extranjeros.
Bloomberg señala que “el estilo de vida de algunos miembros de la tercera generación sigue al de la clase acomodada global, la gente con la que estudiaron en internados suizos, británicos y estadounidenses” (“Heirs of Mao’s Comrades Rise as New Capitalist Nobility” [Herederos de los camaradas de Mao surgen como nueva nobleza capitalista], 26 de diciembre de 2012). Tras haberse codeado en las escuelas y universidades de élite con los descendientes de gobernantes capitalistas de Estados Unidos y Europa, los principitos se posicionaron para servir como intermediarios del imperialismo mundial en China. Esto no le pasó por alto a JPMorgan Chase y otros grandes bancos de inversión estadounidenses, que recibieron algo de mala publicidad en EE.UU. por contratar parientes de funcionarios chinos bien conectados con el fin de abrirse puertas para sus inversiones en la China continental.
El derrocamiento del dominio capitalista en 1949 sentó las bases de una economía planificada y colectivizada que produjo enormes conquistas sociales para las masas obreras y campesinas. Pero esa revolución, llevada a cabo por un ejército guerrillero campesino, estuvo deformada desde su origen por el dominio de la burocracia del PCCh, que tomó como modelo a la Unión Soviética bajo Stalin. Más de seis décadas después, el cáncer burocrático carcome cada vez más el tejido del estado obrero, fomenta una base nacional para la contrarrevolución y mina la defensa de China frente a Estados Unidos, Japón y otras potencias imperialistas.
¡Defender a China! ¡Por la revolución política obrera!
La mayoría de los izquierdistas toman el desarrollo de una clase de empresarios burgueses y de una pequeña burguesía urbana acomodada en la China continental, así como la sempiterna corrupción entre los funcionarios del PCCh, como pruebas de que China ha vuelto al capitalismo. Expresando una pregunta que nuestros camaradas escuchan con frecuencia, un lector de WV nos escribió el año pasado: “Ustedes de la Spartacist League tienen a China por un estado obrero deformado y la consideran como no capitalista. Explíquenme por qué China, un ‘estado socialista’, tiene un índice de Gini tan alto, superior al de decenas de países capitalistas”. Frecuentemente usado por los economistas burgueses, el índice de Gini mide el grado de desigualdad en los ingresos o en los gastos de consumo de países particulares.
China no es una sociedad capitalista. Existe, ciertamente, una incipiente clase capitalista, ligada a los imperialistas por sus intereses económicos y a muchos líderes del PCCh por lazos de sangre. Si bien esta capa plantea un grave peligro potencial de restauración capitalista, no tiene el poder estatal. China sigue siendo un estado obrero burocráticamente deformado similar al antiguo estado obrero degenerado soviético, así como a los actuales Vietnam, Cuba, Corea del Norte y Laos. Todas estas sociedades estuvieron o están basadas en formas de propiedad colectivizadas.
La burocracia estalinista no es una clase —es decir, un estrato social con su propia relación única con los medios de producción— sino una casta parasitaria que ocupa una posición inestable en la cima del estado obrero. En China, muchos funcionarios del PCCh se aprovechan de sus posiciones administrativas, desviando fondos y recibiendo regalos a cambio de favores y funcionando como intermediarios de los imperialistas. Pero hay momentos en que la burocracia se ve obligada a defender al estado obrero a su manera, ya sea con el fin de mantener sus propios privilegios o para prevenir una revuelta de la clase obrera.
El estado controla el comercio exterior y regula los mercados de capital y las divisas, al determinar los créditos de acuerdo a cuotas y no de acuerdo al mercado. El núcleo de la economía sigue colectivizada, pues las empresas estatales controlan el 90 por ciento de los activos en petróleo, electricidad, comunicaciones y otros sectores clave. En cada compañía privada, incluyendo las operaciones de propiedad extranjera, hay una célula del PCCh con la facultad de vetar decisiones. Si bien el gobierno le ha abierto mucho la puerta a la inversión capitalista y a las fuerzas del mercado, mantiene estrictos controles sobre la clase capitalista, que no puede formar partidos políticos y está sometida a una estricta censura. Esto, desde luego, también se aplica a la clase obrera: el PCCh vería su legitimidad desafiada por el desarrollo de todo movimiento obrero fuera de su control.
Pese a su deformación burocrática, el estado obrero chino demuestra la superioridad de la economía colectivizada sobre la producción capitalista por ganancia. En poco tiempo, la Revolución China de 1949 llevó a inmensas conquistas para los obreros, los campesinos, las mujeres y todos los desposeídos. Desde entonces, China ha pasado de ser un país campesino y atrasado a uno mayoritariamente urbano y capaz de poner un vehículo explorador en la Luna. Pese a la gran brecha entre los burócratas ricos y los principitos por un lado y la clase obrera y los campesinos por el otro, más de 600 millones de personas han salido de la pobreza en las últimas tres décadas. Hoy, la población come en promedio seis veces más carne que en 1976 y 100 millones de personas han cambiado la bicicleta por el automóvil. Tras haber acabado con la atención médica garantizada en nombre de las “reformas de mercado”, el régimen ha gastado el equivalente a 180 mil millones de dólares en mejorar la atención médica desde 2009. Ahora, el 99 por ciento de la población rural, incluyendo a los trabajadores migrantes, tiene acceso a un seguro médico básico.
Compárense estas conquistas con la indescriptible miseria y desesperación que definen la vida de cientos de millones de pobres urbanos y rurales en la India: ésa es la respuesta resumida a todos los que se reivindican socialistas y retratan a China como capitalista o en el camino a serlo. También es un argumento poderosamente claro a favor de nuestro programa trotskista de defensa militar incondicional de China y los otros estados obreros deformados frente al imperialismo y la contrarrevolución interna.
Sólo en el último trimestre, mientras el mundo capitalista seguía estancado, la economía china se expandió en un 7.4 por ciento, que se suma a muchos años de notable desarrollo. Sin embargo, el explosivo crecimiento económico de China, por impresionante que sea, no es augurio de un progreso constante hacia el socialismo —una sociedad de abundancia material basada en el nivel más alto de tecnología y recursos—. La modernización y el desarrollo generales de China, incluyendo a sus áreas rurales, exigen la ayuda de la revolución proletaria en los países capitalistas avanzados, que preparará la escena para una economía socialista globalmente integrada y planificada. La burocracia del PCCh, cuyo programa se basa en el dogma estalinista nacionalista de construir el “socialismo en un solo país”, siempre se ha opuesto a esta perspectiva.
Hoy, los voceros del PCCh afirman que China ha avanzado mucho en el camino de convertirse en una “superpotencia” económica global para mediados del siglo XXI. Esta opinión pasa por alto las vulnerabilidades de China en su relación con el mercado capitalista mundial y la implacable hostilidad de las burguesías imperialistas, empezando por la clase dominante estadounidense. Además, ignora la inestabilidad interna de la sociedad china. Con una enorme brecha entre los corruptos funcionarios públicos, los empresarios capitalistas y la pequeña burguesía privilegiada, por un lado, y los cientos de millones de proletarios —de empresas tanto estatales como privadas— y campesinos pobres por el otro, China lleva años experimentando un alto nivel de huelgas y luchas sociales contra las consecuencias del mal gobierno burocrático.
Este fermento señala al potencial de una revolución política proletaria que barra con el régimen estalinista y lo remplace por un gobierno de consejos (soviets) obreros y campesinos. Como escribió en 1938 el líder bolchevique León Trotsky en el Programa de Transición —documento programático fundacional de la IV Internacional— con respecto a la Unión Soviética: “o la burocracia se transforma cada vez más en órgano de la burguesía mundial dentro del Estado obrero, derriba las nuevas formas de propiedad y vuelve el país al capitalismo; o la clase obrera aplasta a la burocracia y abre el camino hacia el socialismo”.
Parásitos y principitos
La burocracia del PCCh está sometida a enormes contradicciones. Aunque resguarda celosamente sus privilegios, no es dueña de los medios de producción ni dispone de los métodos de control social que posee una clase capitalista dominante. Su poder deriva de su monopolio político del aparato gubernamental. La explicación que dio Trotsky de las raíces materiales del régimen estalinista soviético en La revolución traicionada (1936) aplica con toda su fuerza a China:
“La autoridad burocrática tiene como base la pobreza de artículos de consumo y la lucha de todos contra todos que de allí resulta. Cuando hay bastantes mercancías en el almacén, los parroquianos pueden llegar en cualquier momento; cuando hay pocas mercancías, tienen que hacer cola en la puerta. Tan pronto como la cola es demasiado larga se impone la presencia de un agente de policía que mantenga el orden. Tal es el punto de partida de la burocracia soviética. ‘Sabe’ a quién hay que dar y quién debe esperar”.
Observando que la apropiación por parte de la burocracia “de una inmensa parte de la renta nacional es un hecho de parasitismo social”, Trotsky escribió:
“Al desarrollar las fuerzas productivas —al contrario del capitalismo estancado—, ha creado los fundamentos económicos del socialismo. Al llevar hasta el extremo —con su complacencia para los dirigentes— las normas burguesas del reparto, prepara una restauración capitalista. La contradicción entre las formas de la propiedad y las normas de reparto no puede crecer indefinidamente. De manera que las normas burguesas tendrán que extenderse a los medios de producción, o las normas de reparto tendrán que concederse a la propiedad socialista”.
Como ocurría en la URSS de Stalin, si bien los burócratas del PCCh y su progenie de principitos se alimentan de los recursos públicos, se ven limitados por las restricciones legales a la riqueza privada. Ilustrando un aspecto de este fenómeno, el Financial Times (28 de noviembre de 2012) escribió: “El que los derechos de propiedad no se puedan dar por sentados ha hecho que se vuelva un problema la fuga de capital”, incluyendo dinero desviado a paraísos fiscales extranjeros. Otro conducto es canalizar fondos a través de familiares que viven en el exterior. Según un informe interno del Departamento de Organización del PCCh, el 76 por ciento de los altos ejecutivos de las 120 principales compañías estatales chinas tienen familiares inmediatos que viven en el extranjero o tienen pasaportes extranjeros. En una columna del New York Times (11 de mayo), el autor chino Yu Hua informó cómo los funcionarios corruptos tienden a esconder su dinero en lugar de ponerlo en el banco, por miedo a ser descubiertos. Entre los casos famosos está el de uno que escondió 25 millones de yuanes en cajas de seguridad, otro que escondió efectivo en cajas de cartón en el baño de su departamento y un tercero que usó un árbol hueco, una letrina y otros lugares.
De las 500 protestas, disturbios y huelgas que, según se calcula, tienen lugar cada día en China, muchos tienen por detonante la rabia contra funcionarios que lucran haciendo profesión de fe de ideales comunistas. Una de las respuestas del régimen ha sido encubrir el grado en que los recursos del estado obrero se han desviado para beneficio de estos parásitos. En su investigación de 2012, Bloomberg señaló que los controles estatales sobre los medios de comunicación e Internet ayudan a ocultar de la vista los negocios de burócratas y principitos, mientras los documentos oficiales oscurecen a los culpables usando múltiples nombres en mandarín, cantonés e inglés. Como vocero del capital financiero, Bloomberg News sabe bien que esas prácticas no son nada comparadas con el saqueo que llevan a cabo las clases dominantes de los países capitalistas, como hace unos años, cuando cientos de miles de millones de dólares se destinaron a los patrones corporativos de compañías automotrices y bancos en quiebra en EE.UU.
Tras tomar posesión en 2013, el presidente chino Xi Jinping lanzó una campaña para “limpiar a fondo” la corrupción del PCCh. Según la Inspección de la Comisión Central de Disciplina del PCCh, más de 180 mil funcionarios del partido fueron castigados por corrupción y abuso de poder el año pasado, y 31 líderes importantes están siendo investigados. Aquí sin duda las maniobras políticas cumplen un papel: el funcionario purgado Zhou Yongkang es un conocido adversario fraccional de Xi, y en el PCCh hay una tradición que se remonta a Mao de usar campañas anticorrupción para deshacerse de rivales.
El gobierno de Xi también quiere ayudar a estabilizar la sociedad china moderando los despliegues ostentosos de riqueza y privilegios. Su campaña ha incluido un ataque contra el gasto suntuario. En enero se cerraron los clubes exclusivos que operaban en parques públicos de Beijing, Hangzhou, Changsha y Nanjing, con una declaración oficial que afirmaba: “Los edificios deben usarse para darle servicios al público en general, y no a unos pocos privilegiados” (Xinhua, 17 de enero). Se le ha prohibido a los funcionarios ofrecer banquetes ostentosos y los autos de lujo ya no pueden llevar placas militares. Una campaña como ésta sería sencillamente inconcebible en Estados Unidos, donde el “derecho” de la clase dominante capitalista a su riqueza obscena, y a disponer de ella a voluntad, está consagrado en la ley.
Un énfasis particular de la campaña anticorrupción de Xi ha sido el modo en que el desperdicio, el fraude, el nepotismo y la compraventa de grados daña la efectividad militar. Al poco tiempo de tomar posesión, Xi atribuyó en parte el colapso de la Unión Soviética a la pérdida de control de las fuerzas armadas por parte del Kremlin bajo Mijaíl Gorbachov. La limpieza de Xi ha incluido medidas contra el soborno, auditorías y sesiones de crítica; grandes simulacros para mejorar la “disposición a la batalla”; y planes polémicos para reformar la anquilosada y obsoleta estructura del ejército.
Al defender a China, apoyamos el desarrollo de un ejército efectivo y avanzado. Sin embargo, el propio Xi es el dirigente del régimen burocrático que pone en peligro al estado obrero en su utópica búsqueda de una “coexistencia pacífica” con el imperialismo. Los imperialistas no aspiran más que a derrocar la República Popular China y a reconquistar el territorio continental para explotarlo ilimitadamente. Para ello recurren a presiones tanto económicas como militares, como lo ejemplificó el “pivote” asiático del gobierno de Obama y las provocaciones militares de Estados Unidos y Japón en el Mar Meridional de China.
El espectro de Tiananmen
En el momento de su revolución, China era cualitativamente más pobre y atrasada aun que la Rusia zarista cuando los bolcheviques dirigieron una revolución obrera en octubre de 1917. Bajo la dirección de Lenin y Trotsky, los bolcheviques sabían que semejante atraso sólo podría superarse si la revolución se extendía a los países industriales avanzados. Este entendimiento le es completamente ajeno a la perspectiva estalinista del “socialismo en un solo país”, una ideología falsa que la burocracia del PCCh, de Mao Zedong a Xi Jinping, ha compartido.
La desigualdad en China empezó a crecer rápidamente tras la Revolución Cultural de Mao, una amarga lucha intraburocrática lanzada en 1966 que sumió en el caos la vida económica y social del país. Tras haberse beneficiado de la ayuda soviética durante la década que siguió a la Revolución de 1949, China empezó a buscar cada vez más autarquía económica cuando las burocracias china y soviética se enfrentaron. Para principios de los años setenta, Beijing había entablado una alianza traidora con el imperialismo estadounidense contra la Unión Soviética, a la que Mao fustigaba como “socialimperialista”.
Manteniendo sus propios privilegios, la burocracia bajo Mao promovió un modelo de “igualitarismo”, que equivalía a la necesidad generalizada entre las masas, basado en la todavía atrasada base industrial china. Cuando tomaron las riendas tras la muerte de Mao, los Ocho Inmortales, dirigidos por Deng Xiaoping, recurrieron al látigo del mercado para aumentar la productividad económica. Con la invitación a las empresas imperialistas occidentales y japonesas, así como las empresas chinas del exterior, a invertir en sectores designados del territorio continental, la economía se recuperó, pero al costo de una desigualdad muy profundizada y del crecimiento de las fuerzas procapitalistas al interior de China.
Hace 25 años, la ira popular contra la inflación, la corrupción de los funcionarios, el surgimiento de los principitos y el asfixiante control político de la burocracia estalló en protestas masivas centradas en la Plaza Tiananmen en Beijing. En abril de 1989, un grupo de estudiantes de la Universidad de Beijing dejaron en la plaza una corona de flores en honor de Hu Yaobang, quien había muerto poco antes y era considerado relativamente abierto a las protestas estudiantiles y uno de los pocos funcionarios del PCCh que no era corrupto. Para el momento del funeral de Hu una semana después, se había reunido una masiva protesta estudiantil que comenzaba a atraer contingentes obreros. Si bien sectores de los manifestantes estudiantiles deseaban una democracia capitalista estilo occidental, las protestas estuvieron dominadas por el canto de La Internacional —el himno del proletariado internacional— y otras expresiones de conciencia prosocialista. Las protestas se transformaron en un torrente masivo de la clase obrera en contra de la burocracia y los efectos de sus “reformas de mercado”.
Durante casi dos meses, el gobierno fue incapaz de contener las protestas, que se convirtieron en una revolución política incipiente. Los obreros organizaron sus propias guardias de defensa. Incluso la policía se unía a las manifestaciones, un claro reflejo de la diferencia de clase entre un estado obrero y un estado capitalista. La primera unidad del ejército convocada para aplastar las manifestaciones se negó a hacerlo conforme los obreros fraternizaban con los soldados. No sólo los conscriptos, sino también los oficiales de carrera e incluso algunos dirigentes del régimen se pusieron de parte de los manifestantes: un indicio de la naturaleza de la burocracia como una casta frágil. El régimen finalmente encontró unidades leales y las usó para aplastar el levantamiento, con la masacre, especialmente de trabajadores, que tuvo lugar en Beijing los días 3 y 4 de junio. En protesta, estallaron huelgas masivas y el tumulto se extendió al menos a 80 ciudades a lo largo de China.
Lo que faltó decisivamente en mayo-junio de 1989 fue un partido obrero genuinamente comunista —es decir, leninista-trotskista— que luchara por dirigir a los obreros al poder político. Al reconquistar el control, la burocracia no atacó principalmente a los estudiantes, sino al proletariado. A los obreros arrestados se les hizo desfilar por las calles y muchos fueron fusilados.
Corrupción, lucro, represión política, desigualdad: 25 años después, los males que llevaron a estudiantes y obreros a protestar en masa han vuelto con fuerza renovada. Al mismo tiempo, el crecimiento económico ha integrado nuevas capas de la población a la clase obrera. Los migrantes del campo han afluido a los empleos de la industria ligera y manufacturera en áreas urbanas, donde sufren una discriminación sistemática. Mientras tanto, la renovada inversión en la industria estatal ha fortalecido la posición de los obreros de ese sector. Debido a la lucha combativa de los obreros y la escasez de mano de obra, los salarios han aumentado dramáticamente. En una muestra reciente de combatividad obrera, diez mil empleados de la fábrica de calzado Yue Yuen, en la ciudad meridional de Dongguan estallaron una huelga el 14 de abril exigiendo que la compañía taiwanesa pague los montos completos de seguridad social y compensación de vivienda que manda la ley. Tras una combinación de promesas y represión por parte de la compañía y el gobierno, los obreros volvieron al trabajo.
La devastación que trajo consigo la contrarrevolución capitalista en la Unión Soviética y Europa Oriental no le pasó desapercibida al proletariado chino, que tiene el poder y el interés objetivo de barrer con el mal gobierno burocrático. Como escribimos en “Las ‘reformas de mercado’ en China: Un análisis trotskista” (Espartaco No. 27, primavera de 2007):
“En algún punto, probablemente cuando los elementos burgueses de dentro y alrededor de la burocracia se movilicen para eliminar el poder político del PCCh, las múltiples tensiones sociales explosivas de la sociedad china harán estallar en pedazos la estructura política de la casta burocrática gobernante. Y cuando eso pase, el destino del país más poblado de la Tierra será planteado agudamente: ya sea por una revolución política proletaria que abra el camino al socialismo o el regreso a la esclavitud capitalista y la subyugación imperialista”.
La victoria de los obreros en ese conflicto requerirá la dirección de un partido obrero revolucionario, sección china de una IV Internacional reforjada.
http://www.icl-fi.org/espanol/eo/41/china.html
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2016.06.06 14:59 ShaunaDorothy Ex guerrilleros continúan al mando del estado capitalista - El Salvador (Junio de 2014)

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Espartaco No. 41 Junio de 2014
A principios de marzo, el pequeño país centroamericano de El Salvador se polarizó profundamente por unas elecciones presidenciales en las que contendieron Salvador Sánchez Cerén, del Frente Farabundo Martí de Liberación Nacional (FMLN), y Norman Quijano, de la derechista Alianza Republicana Nacional (ARENA). La victoria de Sánchez Cerén por un margen de apenas 6 mil 364 votos, de tres millones emitidos, marcará el segundo periodo consecutivo en que la presidencia ha ido a la ex guerrilla del FMLN, quienes entraron a la política electoral tras la sangrienta guerra civil de 1980-1992. Durante aquella guerra, los capitalistas y terratenientes salvadoreños, así como sus patrones imperialistas estadounidenses, hicieron que el ejército y los escuadrones de la muerte de ARENA masacraran a decenas de miles. Otras decenas de miles se convirtieron en refugiados. Serán pocos los sobrevivientes que logren olvidar los horrores de la guerra civil: los bombardeos, las masacres, los cuerpos mutilados de supuestos subversivos arrojados al borde de las carreteras. Pero hoy, tanto el FMLN como ARENA son partidos burgueses opuestos a los intereses de los trabajadores y los oprimidos.
Las profundas divisiones sociales que detonaron la guerra civil permanecen. La riqueza sigue concentrada en manos de una pequeña oligarquía, mientras que las masas desposeídas apenas sobreviven. Más de un tercio de la población vive en una pobreza aplastante y el 60 por ciento carece de electricidad o de agua corriente. En estas circunstancias no resulta sorprendente que El Salvador tenga una de las tasas de asesinatos más altas del mundo y sufra bajo el peso de una población carcelaria creciente, situación que la política estadounidense de repatriación en masa de los ciudadanos salvadoreños considerados delincuentes ha empeorado.
Con el telón de fondo de una profunda desigualdad económica, Sánchez Cerén ha prometido expandir los populares programas de gasto social que inició el gobierno capitalista saliente del FMLN, al que él mismo perteneció. En respuesta, Quijano lo acusó histéricamente de seguir los pasos de populistas burgueses como el fallecido Hugo Chávez de Venezuela, cuyas reformas en beneficio de los pobres y los trabajadores, financiadas por los réditos petroleros, siguen enfureciendo a las fuerzas derechistas de ese país respaldadas por Estados Unidos. Aunque Sánchez Cerén jura que no tiene intención alguna de emular a Chávez, Quijano consiguió disminuir la brecha entre ellos en la segunda vuelta de las elecciones gritando que sus medidas supuestamente izquierdistas llevarían al caos y a la violencia. Evocando los dolorosos recuerdos de la guerra civil, Quijano incluso amenazó con que el ejército intervendría para impedir que Sánchez Cerén tomara posesión.
Tras una sucesión de gobiernos militares que comenzaron a principios de los años treinta, seguida de dos décadas de gobiernos de ARENA desde 1989, el FMLN se hizo cargo de las riendas del gobierno por primera vez en 2009, cuando Mauricio Funes fue electo presidente y Sánchez Cerén vicepresidente. Periodista simpatizante con el FMLN durante la guerra civil, Funes nunca fue un rebelde, y no se unió al partido sino hasta 2008. Sánchez Cerén, en cambio, se identifica fuertemente con la valerosa lucha guerrillera contra los carniceros respaldados por Estados Unidos.
Siendo maestro de primaria, Sánchez Cerén fue activista sindical del magisterio y en los años setenta se aproximó a los rebeldes conforme la sangrienta represión caía sobre los dirigentes sindicales salvadoreños. Bajo el nom de guerre de Comandante Leonel González, llegó a ser uno de los cinco dirigentes centrales del FMLN. Aun cuando hablaba de la necesidad de erradicar el capitalismo, dentro del movimiento rebelde Sánchez Cerén era conocido como un partidario del “diálogo” con la sangrienta junta. Posteriormente, fungió como negociador en los acuerdos de “paz” patrocinados por la ONU, que en 1992 acabaron con la guerra civil pero dejaron en el poder al régimen de escuadrones de la muerte de ARENA.
Desde entonces, Sánchez Cerén ha impulsado explícitamente la reforma del capitalismo bajo el disfraz de promover una distribución igualitaria de la riqueza. En su libro La guerra que no quisimos: El Salvador, 1980-1992 (2013), afirma que el FMLN se levantó en armas como la única manera de lograr la “democracia” y se refiere a la lucha guerrillera como “patriótica”. Durante la campaña electoral, Sánchez Cerén prometió proteger los negocios y la propiedad privada en nombre de tenderle la mano a todos los salvadoreños, mostrando exactamente el tipo de democracia al que se refería. Y en un gesto para la Iglesia Católica y los socialmente conservadores, no quiere legalizar el aborto —en un país donde las mujeres, principalmente pobres, son encarceladas como resultado de una prohibición absoluta de este procedimiento médico, que debería ser gratuito y accesible—.
Ahora Sánchez Cerén asumirá la responsabilidad central del aparato estatal burgués —incluyendo al ejército—, cuyo propósito es defender el dominio de los explotadores y los opresores. Ya desde ahora, ha dado pasos para tranquilizar a sus antiguos enemigos. Extendiendo una rama de olivo a los asesinos de ARENA, llamó a la reconciliación y a la unidad al poco tiempo de que se anunciaron los resultados electorales. También prometió mantener buenas relaciones con los imperialistas estadounidenses. No es sorprendente que William Walker, quien fuera el embajador estadounidense en El Salvador de 1988 a 1992, opinara que Washington “no debe temerle a la perspectiva de otros cinco años de gobierno del FMLN” (New York Times, 30 de enero).
El FMLN y la Guerra Civil Salvadoreña
Pocos meses antes de que estallara la guerra civil, escribimos en el artículo “Massacre on the Cathedral Steps” (Masacre en los escalones de la Catedral, WV No. 233, 8 de junio de 1979):
“Poco conocido, El Salvador es en sí mismo prácticamente una caricatura de una dictadura oligárquica latinoamericana del siglo XIX, en la que un caudillo militar fatuo gobierna un país en que catorce familias señorean tradicionalmente sobre una masa de peones empobrecidos. Como dijo un cura salvadoreño ‘los campesinos viven como los siervos europeos de hace 400 años’”.
A principios del siglo XX, estas opresivas relaciones agrarias detonaron el primer levantamiento dirigido por comunistas de las Américas, una revuelta en 1932 en la que los campesinos sin tierra se levantaron contra los oligarcas. En venganza, en pocas semanas 30 mil personas murieron en La Matanza. A partir de entonces, los campesinos y los obreros fueron mantenidos a raya por la más larga de las dictaduras militares de Latinoamérica.
En 1980, el creciente descontento social estalló con el asesinato del arzobispo Óscar Romero, a quien se consideraba un defensor de los pobres y los oprimidos. Los grupos opositores —incluyendo sindicatos obreros, asociaciones campesinas, partidos socialdemócratas y el Partido Comunista Salvadoreño— se unieron para formar el FMLN, que adoptó como bandera el nombre del líder del levantamiento de 1932, Agustín Farabundo Martí. El FMLN enarbolaba una mezcla ecléctica de estalinismo y nacionalismo pequeñoburgués. Sus principales grupos de izquierda tenían bases en organizaciones de masas de obreros, campesinos y pobres urbanos, y vínculos con los maestros y trabajadores rurales. Por ejemplo, el Frente Unido de Acción Revolucionaria controlaba la mayor federación sindical del país, que representaba entre otros a los trabajadores electricistas.
Al poco tiempo de su fundación, el FMLN lanzó una campaña militar contra las fuerzas del gobierno, a las que Washington había entrenado y equipado por décadas. Cuando Reagan llegó a la Casa Blanca, retomó la labor iniciada por su predecesor demócrata enviando fusiles, lanzagranadas y helicópteros, y despachando “asesores” al país. Pese a la ayuda estadounidense que recibió la junta gobernante, las guerrillas pudieron tomar el control de partes significativas del país para mediados de 1981 y para el final de la década ya habían alcanzado un empate. El estancamiento se rompió con la ofensiva que el FMLN lanzó en noviembre de 1989, en la que los rebeldes lograron apropiarse de sectores de San Salvador y conservarlos por varios días a pesar de un intenso bombardeo aéreo, sólo para retirarse, sin haber organizado una insurrección de masas que pudo haber aplastado al ejército.
Este fracaso no se debió fundamentalmente a un error de cálculo en el campo de batalla: el propósito del FMLN no era la victoria militar, sino un “acuerdo negociado”, que permitiera formar un gobierno con un sector “democrático” de la clase dominante, es decir, un gobierno capitalista. Estos frentes populares —coaliciones de colaboración de clases en los que uno o más partidos obreros se unen a fuerzas burguesas para gobernar en nombre de los capitalistas— han pavimentado una y otra vez el camino para el triunfo de la reacción, como con el golpe de estado de Pinochet de 1973 en Chile. La presencia de políticos de pequeños partidos burgueses en el brazo político del FMLN, el Frente Democrático Revolucionario, representaba un juramento por anticipado, ante los oligarcas y los imperialistas de Estados Unidos, de que los líderes guerrilleros no trascenderían los límites del sistema capitalista. Su corolario fue el no emprender una movilización cabal de las masas explotadas y oprimidas para ganar la guerra.
Así, la lucha por una victoria de los rebeldes en la cruenta guerra civil fue la arista principal de la lucha por una oposición proletaria al frente popular. En ese tiempo, El Salvador tenía la clase obrera más numerosa de Centroamérica, concentrada en San Salvador, donde la industria se había expandido rápidamente en los años sesenta y setenta. Una victoria militar de la guerrilla hubiera servido como catalizador del aumento de la lucha de la clase obrera. Como escribimos entonces: “Una revolución obrera en El Salvador sería imposible sin la victoria militar de los insurgentes izquierdistas... La victoria militar de la izquierda abriría un periodo de poder dual, planteando la necesidad —y la posibilidad directa— de una revolución que barrería con todo el sistema capitalista” (“Smash the Junta, Workers to Power!” [¡Aplastar la Junta, obreros al poder!], WV No. 283, 19 de junio de 1981). Además, la revolución socialista en El Salvador podría haber encendido la lucha de clases a lo largo de Latinoamérica, y en las entrañas mismas del monstruo estadounidense. El elemento necesario para dirigir esa lucha era un partido obrero comprometido con un programa revolucionario internacionalista. Eso sigue siendo el caso hoy.
“¡Defensa de Cuba y la URSS comienza en El Salvador!”
En los años previos a los acuerdos de “paz”, los líderes del FMLN fueron deshaciéndose cada vez más de su retórica anticapitalista con la esperanza de poder tener un lugar en la mesa de Washington. La “Proclama a la nación” que el FMLN emitió en septiembre de 1990 llamando por una “revolución democrática” ya ni siquiera hacía sus usuales referencias obligadas al “socialismo” en el futuro indeterminado. Este proceso de limpiar al FMLN del estigma marxista obtuvo un mayor ímpetu tras la destrucción contrarrevolucionaria de la Unión Soviética en 1991-92, que retiró de la escena internacional el principal contrapeso a los imperialistas. La URSS había surgido de la Revolución Bolchevique de 1917, la primera revolución proletaria exitosa de la historia. Pese a su degeneración a manos de la burocracia estalinista comenzando en 1923-24, el estado obrero soviético siguió siendo el blanco principal de las potencias imperialistas, y especialmente de Estados Unidos. Desde el principio de la guerra civil, los gobernantes estadounidenses habían declarado que su apoyo a la junta militar y los carniceros de ARENA era necesario para “contener el comunismo” en Latinoamérica. Hasta el día de hoy, el himno de ARENA contiene el horripilante grito: “El Salvador será la tumba donde los rojos terminarán”. Como afirmamos en “El Salvador: There Is No Peace” (El Salvador: No hay paz, WV No. 542, 10 de enero de 1992), escrito pocos días después de la firma de los acuerdos:
“El fin de la guerra de guerrillas en El Salvador, al igual que la derrota electoral que sufrieron los izquierdistas sandinistas en 1990 frente a fuerzas ligadas a la contra en la vecina Nicaragua, reflejan directamente el colapso de los regímenes estalinistas en Europa del Este y la Unión Soviética, pues la lucha en el istmo no era un ‘conflicto regional’ aislado, sino un punto candente de la Guerra Fría antisoviética que libraba el imperialismo estadounidense. El conflicto salvadoreño se originó cuando el gobierno de Reagan, al poco tiempo de haber tomado posesión en 1981, prometió ‘pintar su raya’ contra la ‘subversión comunista’ en Centroamérica”.
Al hacer esto, Washington estaba reafirmando su reclamo imperialista de su propio patio trasero, apuntando al mismo tiempo contra la URSS y el estado obrero deformado cubano, donde el capitalismo fue derrocado tras la toma del poder por las fuerzas de Castro en 1959. Reagan presentó al FMLN (así como a los sandinistas y las guerrillas izquierdistas de Guatemala) como compinches de los soviéticos con el fin de preparar y movilizar a la población estadounidense para una guerra verdadera contra el bloque soviético. Sin embargo, la dirigencia soviética traidoramente se abstuvo de brindarle apoyo militar o financiero al FMLN durante la guerra, pues temía que la victoria de las masas trabajadoras salvadoreñas pudiera inspirar un desafío proletario a su propio dominio parasitario. Y lo mismo sucedió con el régimen estalinista de La Habana, con Castro aconsejando a los insurgentes izquierdistas centroamericanos que no siguieran la “vía cubana”, es decir, el derrocamiento del dominio capitalista en elemental defensa propia. Tras la restauración del capitalismo en la URSS, los imperialistas estadounidenses ya no tuvieron necesidad de satanizar al FMLN como un auxiliar del “Imperio del Mal” soviético, lo que hizo a un lado la principal motivación de la guerra civil.
En los años ochenta, grupos de la izquierda reformista de Estados Unidos como el Socialist Workers Party [Partido Obrero Socialista] y el Workers World Party (WWP, Partido Mundo Obrero), por no mencionar al Committee in Solidarity with the People of El Salvador (CISPES, Comité en Solidaridad con el Pueblo de El Salvador), apoyaban políticamente el programa entreguista del FMLN de un acuerdo negociado. Hoy, el Party for Socialism and Liberation [Partido por el Socialismo y la Liberación], una escisión del WWP, sigue apoyando políticamente al FMLN burgués, como lo expresó en su “Solidarity Statement to the FMLN” (Declaración de solidaridad con el FMLN, 30 de enero) que ensalzaba a Sánchez Cerén y a su compañero de fórmula como “líderes ejemplares en la lucha por la victoria del pueblo salvadoreño”.
En cambio, en la Spartacist League/U.S., sin darle apoyo político al FMLN, durante la guerra civil estábamos: “¡Por el triunfo militar de los insurgentes de izquierda!”. Nos oponíamos al acuerdo negociado que impulsaban los dirigentes guerrilleros y los reformistas, y llamábamos por: “¡Aplastar el terror de la Junta en El Salvador!—¡Por la revolución obrera!”. Para subrayar nuestra defensa militar incondicional de los estados obreros soviético y cubano frente al imperialismo, insistíamos: “¡Defensa de Cuba y la URSS comienza en El Salvador!”. La SL y sus partidarios en la industria también instábamos a los sindicatos de estibadores a que boicotearan el material militar que Washington enviaba a sus asesinos derechistas de Centroamérica. Al mismo tiempo tuvimos que enfrentar tanto ataques físicos como censura política por parte de los reformistas, que construían protestas en torno a políticos del Partido Demócrata para impulsar un acuerdo traidor.
El FMLN se alía con los imperialistas estadounidenses
Cuando su esfuerzo de varios años por llegar a un acuerdo negociado rindió frutos en 1992, el FMLN fue reconocido como partido político, para poder contender en elecciones locales y nacionales. Se obligó a los guerrilleros a entregar sus armas, y algunos se unieron a la nueva Policía Nacional Civil, junto con sus enemigos de los escuadrones de la muerte. El FMLN también respaldó una versión modificada de la Ley de Asociaciones Público-Privadas del gobierno de ARENA, que enfrentó la oposición del movimiento obrero, incluyendo una huelga en 2002-03 por parte de médicos y trabajadores de la salud que derrotó un intento de privatizar algunos servicios de salud públicos.
Tras llegar a la presidencia en 2009, el FMLN de Funes y Sánchez Cerén duplicó el gasto público en salud y repartió gratuitamente desayunos, uniformes, zapatos y materiales escolares. El Plan de Agricultura Familiar distribuyó gratuitamente fertilizantes y semillas, además de otorgar créditos a bajo costo a pequeñas explotaciones agrícolas familiares. Más de 17 mil títulos de propiedad se transfirieron a los campesinos. El FMLN también creó algunos empleos nuevos dándoles asistencia financiera temporal a los desempleados y creando pensiones para los pobres. Sin embargo, estas medidas inevitablemente están lejos de lo que hace falta en un país empobrecido en las garras del imperialismo estadounidense.
Mientras tanto, las profundas raíces del crimen organizado en el país le han dado al gobierno del FMLN un pretexto para fortalecer más el aparato represivo del estado capitalista salvadoreño. Incluso después de haber continuado las políticas de “puño de hierro” que introdujo ARENA, Funes expandió el ejército en un 57 por ciento en sus primeros dos años y medio de gobierno, desplegando tres batallones para patrullar áreas urbanas lado a lado con la policía. Incluso nombró a un antiguo oficial del ejército jefe de seguridad interna, hasta que los tribunales revirtieron el nombramiento por ser anticonstitucional. La “Ley de Proscripción de Pandillas” de 2010 dejó que la policía llevara a acabo arrestos masivos de cualquier sospechoso de pertenecer a una pandilla, considerando los tatuajes como “prueba” suficiente de actividad criminal. En un país en el que cerca del 40 por ciento de la población tiene menos de 18 años, en 2012 Sánchez Cerén, entonces Ministro de Educación, impuso un esquema que permitía a los policías posar como entrenadores y patrullar las escuelas “infestadas de pandillas” para espiar a los jóvenes.
Medidas como éstas le valieron a Funes los elogios del Comandante en Jefe estadounidense, Obama, cuyo gobierno ha destinado mucho dinero al ejército salvadoreño. Al ayudar a Estados Unidos a librar su “guerra contra las pandillas” y su “guerra contra las drogas” en Latinoamérica, el primer gobierno del FMLN sirvió como policía regional para el imperialismo yanqui, anotándose a la Fuerza Nacional de Tareas de Pandillas MS-13 del FBI. Organizada originalmente en 2004 y retomada por el gobierno del FMLN, esta fuerza de tareas intercambia información entre las agencias policiacas de Estados Unidos y las de Centroamérica. El gobierno de Funes/Sánchez Cerén también apoyó la Unidad Transnacional Antipandillas y la iniciativa asociada de Explotación Centroamericana de Huellas Digitales, que suministra a las bases de datos del FBI registros biométricos de México, El Salvador, Guatemala, Belice y Honduras.
En 2005, ARENA estableció en San Salvador, semiclandestinamente, un local de la Academia Internacional de Policía (ILEA, por sus siglas en inglés) estadounidense, cuyos egresados en general se integran a la Policía Nacional salvadoreña para combatir el “narcotráfico” y el “terrorismo internacional”. CISPES informa que las funciones de la ILEA se asemejan a las de la infame Escuela de las Américas, que en los años ochenta entrenaba a los líderes de los escuadrones de la muerte latinoamericanos. El FMLN ha mantenido su colaboración con la ILEA. En el mismo espíritu, en marzo de 2013 el ministro de relaciones exteriores del gobierno del FMLN firmó un acuerdo con el embajador estadounidense para establecer una fuerza de tareas conjunta contra las drogas.
Los marxistas nos oponemos a la llamada guerra contra las drogas, que no es sino una coartada para el control social y el encarcelamiento masivo de negros y latinos en Estados Unidos y de la intervención imperialista en el exterior. Si bien la drogadicción, al igual que el alcoholismo, puede tener peligrosas consecuencias físicas, es un asunto personal y médico, y no policiaco. Llamamos a despenalizar las drogas y por tratamientos gratuitos para la drogadicción. También nos oponemos a la “guerra contra las pandillas” —ya sea en Estados Unidos, en El Salvador o en donde sea— porque criminaliza a la juventud pobre y trabajadora, y la acompañan más leyes que amplían los poderes represivos del estado burgués, que en última instancia se dirigen contra los trabajadores y los pobres.
¡Por la revolución obrera en todas las Américas!
Sánchez Cerén habla de hacer más para ayudar a los pobres, haciendo avanzar al mismo tiempo el programa burgués de reformas fiscales y más inversiones extranjeras, de tenderle la mano al sector privado salvadoreño y defender la propiedad privada. Sin importar si quien está en el poder es el FMLN o ARENA, el gobierno capitalista no quiere ni puede mejorar fundamentalmente la suerte de las masas trabajadoras y empobrecidas. Tal como en otros países económicamente atrasados y dependientes, los gobernantes burgueses de El Salvador están encadenados a los imperialistas por miles de hilos económicos, sociales y militares. Como enseña la teoría de la revolución permanente del líder bolchevique León Trotsky, [la resolución de] las tareas de la liberación social —que van desde satisfacer la sed de tierra de los campesinos y aliviar la pobreza rural hasta sacudirse a la rapaz oligarquía y a sus amos imperialistas— recae en la clase obrera al frente de las masas oprimidas. Esta lección obtuvo una resonante confirmación en la Revolución de Octubre que dirigieron los bolcheviques en Rusia en 1917.
Una revolución obrera y socialista en El Salvador enfrentaría inmediatamente una legión de enemigos capitalistas entre sus vecinos, tanto de Centroamérica como del resto de América Latina, y sobre todo a la bestia imperialista estadounidense. Esto apunta al inextricable vínculo entre la revolución proletaria en El Salvador y la del resto del continente. Como afirmamos en “For Workers Revolution in El Salvador!” (¡Por la revolución socialista en El Salvador!, WV No. 271, 2 de enero de 1981), escrito en medio de la guerra civil salvadoreña:
“Los pequeños estados centroamericanos, que surgieron del dominio colonial como un solo estado federado, nunca fueron viables como unidades económicas o políticas independientes...
“Ante la probable intervención imperialista, y meramente para derrotar a sus ‘propias’ burguesías, las fuerzas que luchen por la revolución proletaria en cualquier parte de Centroamérica serán derrotadas si se limitan a las fronteras nacionales artificiales”.
Hoy, cerca de dos millones de salvadoreños viven en el Norte, concentrándose en Los Ángeles, Washington, D.C., la ciudad de Nueva York y otras áreas metropolitanas. En Estados Unidos, la población salvadoreña se ha integrado al movimiento obrero organizado, donde ha desempeñado un papel activo en sindicatos que representan a intendentes y trabajadores de hoteles y restaurantes. Estos obreros pueden formar un puente humano con el proletariado salvadoreño en casa. La tarea que se plantea es forjar partidos obreros revolucionarios de Latinoamérica a Estados Unidos para vincular las luchas de los trabajadores y dirigirlas a destruir el marco del capitalismo en las Américas y más allá.
http://www.icl-fi.org/espanol/eo/41/elsalvador.html
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2016.06.06 14:47 ShaunaDorothy Piloto de combate soviética luchó contra los nazis - En honor de Nadezhda Popova (Junio de 2014)

https://archive.is/Nhe8z
Espartaco No. 41 Junio de 2014
Piloto de combate soviética luchó contra los nazis
En honor de Nadezhda Popova
(Joven Espartaco)
Traducido de Workers Vanguard, No. 1029 (6 de septiembre).
La piloto soviética de bombarderos de la Segunda Guerra Mundial, Nadezhda Popova, murió el 8 de julio [de 2013] a los 91 años. A la edad de poco más de 20 años, era Capitán de Guardias de un cuerpo de élite de mujeres piloto que fueron conocidas como las “Brujas de la Noche” por los nazis, quienes temían sus incursiones nocturnas. Rendimos honores a Nadezhda Popova por su valiente defensa de la Unión Soviética, tierra natal de la primera revolución proletaria exitosa en la historia. Con un costo de 27 millones de vidas soviéticas, fue principalmente la URSS la que aplastó la máquina de guerra de Hitler y acabó con el Holocausto.
Hija de un obrero ferrocarrilero, Nadezhda nació el 17 de diciembre de 1921 y creció en Donetsk, Ucrania. Era un espíritu libre que amaba el tango, bailar foxtrot, cantar jazz y correr descalza por el pasto. Se apasionó por volar después de ver aterrizar a un piloto cerca de su casa. “Pensé, ‘¡Oh, Dios mío! ¡No es más que un hombre común!’ Tocamos las alas del avión y su chamarra de cuero”, recordó décadas después. “Yo había pensado que ellos eran alguna clase de Hércules. Y entonces pensé que sería grandioso si pudiera volar como un ave”.
Sin decirles a sus padres, Nadezhda, de quince años, se unió a un club de vuelo. A la edad de 16 hizo su primer salto en paracaídas y su primer vuelo en solitario. Fue entrenada en la escuela de aviación en Jersón, Ucrania, y se volvió instructora de vuelo, entrenando a 30 nuevos pilotos mientras todavía era adolescente.
Su vida fue destrozada por la invasión nazi a la URSS el 22 de junio de 1941. Su hogar fue tomado por soldados alemanes y su hermano Leonid murió en el frente. “Mi madre sollozó, ‘Ese maldito Hitler’. Vi los aviones alemanes volando a lo largo de las carreteras llenas de personas que salían de sus casas, disparando contra ellas con sus ametralladoras”.
Criminalmente, Stalin dejó a la URSS sin preparación para la guerra. Durante los juicios farsa de Moscú de 1936-38, purgó a toda la dirección del Ejército Rojo y ejecutó a los mejores generales. A pesar de las desesperadas advertencias de comunistas en Alemania y otros lugares, Stalin se negó a creer que los nazis atacarían a la URSS. Las derrotas del Ejército Rojo en 1941 obligaron a la burocracia a iniciar campañas masivas para reclutar a mujeres como Nadezhda al ejército. Los estalinistas hicieron esto a pesar de su reaccionaria glorificación del “papel de la mujer” como esclava del hogar, que iba de la mano con su programa antiinternacionalista de construir el “socialismo en un solo país” y de su chovinismo granruso. A diferencia de Stalin y compañía, quienes usaron la ideología nacionalista para motivar la defensa de la URSS, nuestro defensismo trotskista era internacionalista: la economía colectivizada de la Unión Soviética fue un avance sobre el capitalismo y una conquista para todos los obreros y oprimidos del mundo.
Casi un millón de mujeres soviéticas sirvieron en el frente como soldados, francotiradoras, operadoras de ametralladoras, oficiales de sanidad, conductoras de tanques y combatientes partisanas detrás de las líneas enemigas. Nadezhda Popova, entonces de 19 años, fue una de las primeras en unirse al 588° Regimiento de Bombarderas Nocturnas, compuesto sólo por mujeres. Voló viejos biplanos Polikarpov PO-2 hechos de tela tensada sobre marcos de madera contrachapada, sin radio, sin armas, sin paracaídas y sólo con la capacidad suficiente para llevar dos bombas. Volando en la noche por debajo del radar enemigo, Popova se lanzaba en picada a todo motor entre los reflectores enemigos, esquivando y maniobrando, actuando como señuelo para que otra piloto que planeaba con el motor apagado soltara su carga. Entonces la segunda piloto actuaba como señuelo para que Popova pudiera soltar sus bombas. Para los alemanes insomnes, el silbante planeo de los silenciosos aviones del 588° sonaba como una escoba de bruja al pasar, así que les llamaron las Nachthexen (ver “The Story of the Night Witches” [La historia de las Brujas de la Noche], Women and Revolution No. 36, primavera de 1989).
Nadezhda Popova hizo 852 incursiones durante la Segunda Guerra Mundial; en 1944 realizó 18 incursiones sobre Polonia en una sola noche. También dejó caer comida de salvamento y medicina a infantes de marina rusos que quedaron varados en Malaya Zemlya en 1942, volando tan bajo que podía escuchar las ovaciones de los soldados. Después de eso encontró 42 agujeros de bala en su avión. Por su habilidad y valentía, le fue otorgado el título de Heroína de la Unión Soviética.
El capitán Johannes Steinhoff, as alemán de la Segunda Guerra Mundial y comandante del 2° grupo del escuadrón de aviación JG52, le hizo un cumplido a Popova y sus camaradas en una carta del 2 de septiembre de 1942: “Nosotros simplemente no podíamos comprender que los pilotos soviéticos que nos causaron los más grandes problemas eran, de hecho, mujeres. Estas mujeres no le temían a nada. Venían noche tras noche en sus muy lentos biplanos, y por algunos periodos no nos dejaban dormir para nada” (citado en Henry Sakaida, Heroines of the Soviet Union [Heroínas de la Unión Soviética], Osprey, 2003). Se dice que el alto comando nazi prometió premiar con la Cruz de Hierro a cualquier piloto de la Luftwaffe que pudiera derribar una bruja de la noche.
En un tributo inusualmente conmovedor, la revista burguesa Economist (20 de julio [de 2013]) describió el dolor sufrido por Popova mientras sus amigas morían defendiendo la Unión Soviética:
“Lo peor, sin embargo, fue perder amigas. En una ocasión, ocho murieron en una sola incursión cuando ella era la piloto líder, mientras descomunales Messerschmitts las atacaban bajo el resplandor de los reflectores. Por todos lados, cada pequeño PO-2 se derrumbaba como una antorcha caída. Nunca lloró tanto como cuando regresó a la base y vio las literas de las chicas, todavía regadas con cartas que nunca habían terminado de escribir”.
Los pilotos y navegantes de los regimientos 586°, 587° y 588° —así como el personal femenino de tierra que armaba y daba mantenimiento a sus aviones— fueron cruciales en varias batallas clave, como en el Cáucaso, rico en petróleo, en Stalingrado y en Kursk, que cambiaron el rumbo de la guerra contra los nazis (ver Bruce Myles, Night Witches: The Untold Story of Soviet Women in Combat [Las Brujas de la Noche: El relato nunca hecho de las mujeres soviéticas en combate], 1981). Muchas también realizaron misiones alrededor de Berlín en los últimos días de la guerra. En Berlín, Popova se reunió con el piloto Semyon Jarlamov, a quien había conocido y de quien se había enamorado después de que ambos fueron derribados en julio de 1942. Después de la guerra se casó con él, tuvo un hijo y trabajó como instructora de vuelo.
Nuestro partido tiene una orgullosa historia de defensa del estado obrero degenerado soviético y de lucha contra la destrucción contrarrevolucionaria de la URSS en 1991-92, una derrota histórica para la clase obrera y los oprimidos del mundo. Llamamos por revolución política proletaria para derrocar a la burocracia estalinista y por restaurar el programa internacionalista revolucionario de Lenin y Trotsky. Tal es nuestra perspectiva hoy respecto a China, Corea del Norte, Vietnam, Laos y Cuba —países donde el capitalismo ha sido derrocado pero donde el poder político es monopolizado por burocracias estalinistas parasitarias—.
En cada lucha revolucionaria, las mujeres obreras han demostrado que están entre los mejores luchadores por la liberación de su clase. La lucha por la liberación de la mujer significa la lucha por la revolución socialista internacional. Entre los mejores cuadros en esta lucha estarán nuevas generaciones de mujeres que tomarán inspiración de heroicas combatientes del pasado, incluyendo a Nadezhda Popova y las Brujas de la Noche de la Segunda Guerra Mundial.
http://www.icl-fi.org/espanol/eo/41/popova.html
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2016.06.05 18:59 ShaunaDorothy El general Giap y la victoria vietnamita sobre el imperialismo (Febrero de 2014)

https://archive.is/JbePb
Espartaco No. 40 Febrero de 2014
Los días 12 y 13 de octubre, cientos de miles de vietnamitas se congregaron en todo el país para despedir al general Vo Nguyen Giap durante dos días de luto nacional. Giap, quien había muerto el día 4 a la edad de 102 años, fue el principal arquitecto de la derrota que dos potencias mundiales sufrieron en Vietnam: primero Francia, que había colonizado el país a mediados del siglo XIX, y después Estados Unidos. Las guerras de Vietnam, que duraron 30 años (1946-75) y costaron cerca de tres millones de vidas, fueron parte de la cruzada imperialista por “revertir el comunismo”, dirigida a restaurar el dominio capitalista en la Unión Soviética y ahogar en sangre las luchas de obreros y campesinos por la liberación nacional y la revolución social en otras partes del mundo.
Tras haber sido profesor de historia y periodista, Giap fue el principal comandante militar del ejército vietnamita que derrotó decisivamente a los franceses en la batalla de Dien Bien Phu de 1954. La victoria del Vietminh (Liga por la Independencia de Vietnam, dirigida por los comunistas de Ho Chi Minh con la participación de algunos nacionalistas burgueses) resultó en la división del país entre un estado obrero burocráticamente deformado en el norte y un régimen capitalista bajo el dominio del imperialismo estadounidense en el sur. Dien Bien Phu dio un tremendo aliento a las luchas independentistas de las colonias que le quedaban a Francia, ayudando en particular a detonar la lucha por la liberación nacional de Argelia, que estalló más tarde ese año.
Estados Unidos sufriría una impactante derrota frente al ejército de Vietnam del Norte y el Frente de Liberación Nacional (FLN, o Viet Cong) de Vietnam del Sur. Esa guerra brutal y aparentemente interminable produciría una situación explosiva en Estados Unidos, corazón del imperialismo mundial, y radicalizaría a toda una generación de jóvenes en el mundo entero. Contemplar a la gigantesca maquinaria militar estadounidense siendo vencida por los obreros y campesinos de un país pobre del Tercer Mundo inspiró a otros pueblos oprimidos a luchar por su propia liberación. Sin embargo, fracasaron numerosos intentos de emular los movimientos guerrilleros basados en el campesinado que sucedieron en China, Vietnam y Cuba, costándole la vida a muchos aspirantes a revolucionarios.
El derrocamiento del dominio capitalista en Vietnam fue una victoria histórica para la clase obrera internacional, cuyo deber es defender esas conquistas con uñas y dientes contra el imperialismo y la contrarrevolución interna. Esto a pesar del gobierno del régimen estalinista que desde el principio ha reprimido políticamente a la clase obrera y se ha opuesto a la lucha por la revolución obrera en el resto del mundo. En cambio, la revolución proletaria de Octubre de 1917 en Rusia, bajo la dirección del Partido Bolchevique, estableció el gobierno de los consejos (soviets) obreros y campesinos, y dos años después fue inaugurada en Moscú la Internacional Comunista (o III Internacional) para promover la lucha por la revolución socialista mundial.
Giap era el ministro de defensa de Vietnam del Norte en 1975, cuando Saigón cayó ante el ejército norvietnamita y el FLN, llevando a la reunificación de Vietnam del Norte y del Sur. Durante años, la derrota del imperialismo estadounidense en Vietnam disuadió a sus gobernantes de proseguir sus sangrientas intenciones en el resto del mundo. Por su destacado papel en la liberación de Vietnam, los trotskistas honramos a Vo Nguyen Giap, cuyos dedicación y genio militar serán recordados en la historia.
El estalinismo y la lucha contra el imperialismo
Vo Nguyen Giap se unió al Partido Comunista Indochino (PCI) de Ho Chi Minh a principios de los años treinta. Por el modo en que construyó desde cero las fuerzas militares del Vietminh y dirigió después el ejército regular de Vietnam del Norte, incluso sus enemigos lo elogiaron como un estratega militar sobresaliente. Famoso sobre todo por Dien Bien Phu, Giap participó en otras batallas clave y se le atribuye la creación de la “Ruta Ho Chi Minh”, la crucial línea de abastecimiento para los combatientes del FLN en el Sur. También organizó la invasión a Camboya de 1979, que derrocó al enloquecido régimen de Pol Pot. Si bien los detalles sobre la vida temprana de Giap son escasos, es claro que pagó un precio personal devastador por su dirigencia de la lucha antiimperialista, pues los franceses mataron a varios de sus familiares más próximos, incluyendo a su esposa.
Sin dejar de reconocer que a Giap se le cuenta con frecuencia entre los grandes líderes militares del siglo XX, el obituario del New York Times del 4 de octubre entonó su supuesta “indiferencia dilapidadora por la vida de sus soldados”, citando la afirmación del criminal de guerra y general William C. Westmoreland de que “cualquier comandante estadounidense que sufriera bajas tan numerosas no duraría ni tres semanas”. Éste es el rencor de los derrotados de Vietnam, los mismos imperialistas que estuvieron dispuestos a causar cualquier cantidad de muertes, destrucción y sufrimiento a quienes lucharan por la liberación nacional y social. El general Giap libró una guerra revolucionaria: los obreros y campesinos que luchaban bajo su mando estaban dispuestos a sacrificarse para liberarse del yugo colonial y de los terratenientes, opresores y explotadores locales. “En última instancia, la victoria en cualquier guerra depende de la disposición de las masas a verter su sangre en el campo de batalla”, escribió alguna vez Giap.
En el más marcado contraste, los efectivos conscriptos estadounidenses, mayormente de procedencia obrera, se hallaban librando una guerra en nombre de sus propios explotadores y opresores. Especialmente conforme se hacía evidente que Estados Unidos estaba perdiendo, empezaron a oponerse cada vez más a sus oficiales y al gobierno. Cuando Muhammad Alí hizo su famosa declaración “Nadie del Viet Cong me ha llamado n----r [brutal epíteto racista]”, daba voz a los sentimientos de un número creciente de soldados, especialmente negros, que sabían que la “libertad” por la que supuestamente estaban luchando en Vietnam se les negaba en casa.
Sin embargo, el papel de Giap fue contradictorio. El programa del PCI y sus continuadores reflejaba la perversión del marxismo que había llevado a cabo la casta burocrática estalinista que dominó políticamente al estado obrero soviético a partir de 1923-24. En el vano intento de aplacar el odio de clase que los imperialistas le tenían a la URSS, el régimen burocrático abandonó el programa bolchevique de la revolución mundial y adoptó el dogma del “socialismo en un solo país”. La Internacional Comunista se fue transformando cada vez más en un instrumento de la burocracia en su búsqueda de la “coexistencia pacífica” con el imperialismo.
En 1935, el frente popular —codificación de la política estalinista de buscar alianzas con las fuerzas burguesas “progresistas”— se convirtió en la práctica sistemática de la III Internacional, lo que la llevó a traicionar oportunidades revolucionarias en todo el mundo. Conforme la Segunda Guerra Mundial se desarrollaba y la URSS enfrentaba la amenaza mortal de la Alemania nazi, esta política significó impulsar las credenciales “democráticas” de un conjunto de explotadores capitalistas y opresores imperialistas (salvo por el breve intervalo que se conoce como el pacto Hitler-Stalin). En nombre del antifascismo, los partidos comunistas de los países militarmente aliados de la URSS se volvieron leales sostenes de los gobiernos capitalistas, respaldando sus objetivos de guerra contra los imperialistas rivales, oponiéndose a las huelgas y demás luchas en casa, así como a la lucha por la independencia de sus “propias” colonias. En Vietnam, eso significó que en esa época el Partido Comunista no desafió el dominio colonial francés.
En la Segunda Guerra Mundial, los trotskistas llamaron a la clase obrera a oponerse a todos los combatientes imperialistas, sin interrumpir la lucha de clases en casa y luchando al mismo tiempo por la defensa militar incondicional de la Unión Soviética. En diversos países coloniales y semicoloniales donde los partidos comunistas repudiaron la lucha por la emancipación nacional, los trotskistas consiguieron en consecuencia una influencia significativa entre el proletariado. Uno de esos países fue Vietnam, y eso puso a los trotskistas en la mira no sólo de los imperialistas, sino también de los estalinistas.
Dien Bien Phu y los Acuerdos de Ginebra
Hacia el final de la Segunda Guerra Mundial, la burocracia del Kremlin entabló una serie de acuerdos con sus aliados militares británicos, estadounidenses y otros, que incluía el control de sus colonias y semicolonias. Vietnam, que había estado ocupado por los japoneses, quedó dividido en dos en el paralelo 16, asignándosele el norte a la China de Chiang Kai-shek y el sur a Gran Bretaña (y posteriormente a Francia). Sin embargo, cuando los japoneses se retiraron, el Vietminh se apoderó del norte y Ho Chi Minh proclamó la República Democrática de Vietnam (RDV). Entonces aceptó la entrada de tropas francesas al norte dentro del marco de una independencia limitada al interior de la “Unión Francesa”. Una vez que el ejército francés entró, se volvió contra el gobierno de Ho Chi Minh. En noviembre de 1946, los franceses bombardearon el puerto de Hai Phong, matando al menos 6 mil vietnamitas.
El Vietminh respondió al ataque de Hai Phong con una amplia contraofensiva, marcando el inicio de lo que sería una prolongada guerra de liberación. Al final de 1953, el comando militar francés decidió fortificar Dien Bien Phu, una pequeña aldea cerca de la frontera con Laos. Su idea era crear una base segura desde la cual hostigar al Vietminh de Giap en las montañas del noroeste. Los franceses construyeron un formidable campamento atrincherado y llevaron ahí 16 mil tropas, entre ellos a la Legión Extranjera, su cuerpo expedicionario de élite. Asumían que los bosques y montañas circundantes imposibilitarían al enemigo el uso de la artillería pesada, que en todo caso sería vulnerable al ataque aéreo.
El Vietminh sólo podía acceder a Dien Bien Phu a través de un estrecho sendero de mulas de 88 kilómetros interrumpido por numerosos arroyos de montaña. En pocos meses, construyeron decenas de puentes pese al constante ataque de la artillería francesa, así como las tormentas e inundaciones. Usando los ríos, arroyos, caminos y senderos, miles de sampanes e innumerables convoyes de mulas y bicicletas transportaron 4.5 millones de toneladas de material. La artillería se transportó por partes por el empinado sendero, para volver a reensamblarse ahí.
Para enero de 1954, 55 mil tropas del Vietminh habían tomado posición en las colinas que dominan la guarnición, y el 13 de marzo el general Giap lanzó el ataque con masivo fuego de artillería. “A todos nos sorprendió...cómo los viets habían conseguido las armas necesarias para producir un ataque de artillería de tanto poder”, escribió uno de los supervivientes. Lo que había sido concebido como un despliegue de poderío colonial se convirtió en una trampa mortal para los franceses. Chapoteando en el lodo y el fango, implacablemente golpeados por la artillería, perdieron 4 mil hombres según algunos cálculos. Tras 55 días de lucha, aplastados y humillados, los franceses se rindieron ante los vietnamitas, terminando con casi un siglo de dominación francesa en Indochina.
Con los imperialistas occidentales buscando un compromiso, ese año se celebró en Ginebra una conferencia en la que participaron la Unión Soviética, Estados Unidos, Francia, Gran Bretaña y China, donde en 1949 había sido aplastado el dominio capitalista. Al iniciar la conferencia, los comunistas controlaban la mayor parte de Vietnam, Camboya y Laos. Al terminar el evento, sin embargo, Vietnam quedó dividido en el paralelo 17 y sólo se quedaron con Vietnam del Norte. Como escribió un funcionario estadounidense: “Irónicamente, el acuerdo que se redactó en Ginebra beneficiaba a todos, excepto a los vencedores... De algún modo convencieron a Ho Chi Minh —aparentemente mediante un esfuerzo conjunto sino-soviético— de que cediera la mitad del país, con la esperanza de que obtendría la otra mitad en cuanto se celebraran elecciones”. Como se pensaba que el 80 por ciento de la población de Vietnam del Sur favorecía la independencia, los imperialistas se encargaron de que esas elecciones nunca se celebraran. En el Norte, sin embargo, se expropió a los capitalistas y se introdujo una economía colectivizada, si bien a la clase obrera se le negó el poder político.
La Conferencia de Ginebra fue una de las muchas instancias en las que el Vietminh, y después la RDV/FLN, renunciaron a la inminente victoria en la mesa de negociaciones a petición de Stalin y sus sucesores y de los estalinistas chinos de Mao Zedong. Sin embargo, si bien los norvietnamitas se conformaron con el “socialismo” en medio país, la implacable persecución de sus camaradas en el Sur no se detuvo, especialmente bajo el régimen de Ngo Dinh Diem. En 1956, los estalinistas empezaron a apoyar realmente la lucha de resistencia en Vietnam del Sur.
Si bien para los burócratas de Moscú y Beijing era fácil vender una revolución ajena, para los estalinistas de Hanoi una traición total hubiera significado cortarse sus propias gargantas. La perspectiva política de los estalinistas era una alianza con los capitalistas nativos, pero esa clase resultó ser demasiado débil como para compartir el poder. Bajo el ataque del imperialismo y con su propia burguesía rechazando todos los ofrecimientos de una coalición, se vieron forzados a apoyarse en los obreros y los campesinos, aceptando a veces llevar a cabo medidas revolucionarias. Así, la guerra vietnamita planteó desde el principio una revolución social, con los obreros y campesinos de un lado y los burgueses locales y los imperialistas del otro.
Estados Unidos es expulsado
Tras la partida de Francia, Estados Unidos se hizo cargo de la campaña por aplastar la Revolución Vietnamita. Cuando el FLN reinició su lucha de resistencia, el presidente John F. Kennedy recurrió a las operaciones encubiertas, enviando a fuerzas de operaciones especiales (50 mil “asesores”) a Vietnam del Sur. La CIA inició el programa Fénix de infiltración, tortura y asesinatos.
Con la esperanza de forzar a Vietnam del Norte a que contuviera al FLN, en febrero de 1965 el gobierno de Lyndon B. Johnson lanzó una guerra a gran escala. Washington desató sobre Vietnam del Norte una inmensa campaña de bombardeos que duró tres años, mientras aumentaba masivamente el número de tropas en el Sur. En el punto culminante de la guerra, Estados Unidos tenía medio millón de efectivos combatiendo en Vietnam y otros 300 mil en las áreas circundantes. A lo largo de la guerra, el tonelaje de bombas que arrojó Estados Unidos superó al de todos los contendientes de la Segunda Guerra Mundial juntos. En total, Estados Unidos mató al menos a dos millones de vietnamitas, hiriendo y mutilando a varios millones más y devastando la mayor parte del campo.
Para quebrar la voluntad del gobierno estadounidense de proseguir la lucha, el 31 de enero de 1968 los norvietnamitas y el FLN lanzaron la Ofensiva de Tet, una serie de feroces ataques coordinados con la participación de cerca de 80 mil hombres y mujeres en más de 100 ciudades y pueblos de Vietnam del Sur. Aunque Estados Unidos y sus títeres sudvietnamitas lograron resistir los ataques, Tet demostró la determinación de los combatientes de la RDV y el FLN y aceleró la desmoralización de sus enemigos.
Conforme quedaba claro que la de Vietnam era una guerra perdida, Estados Unidos empezó a buscar negociaciones. En 1973 se firmaron en París unos acuerdos de paz que terminaban la participación directa de Estados Unidos en la guerra pero que dejaban a Vietnam del Sur bajo el dominio de los imperialistas. El programa formal de los estalinistas para el Sur seguía siendo el de un gobierno de coalición con fuerzas burguesas. Sin embargo, a diferencia de lo que pasó con el servilismo de 1954, numerosas tropas de la RDV y el FLN se quedaron en el Sur, y la guerra civil continuó por dos años más. Finalmente, a principios de 1975 el gobierno de Vietnam del Norte emprendió la “Gran Ofensiva de Primavera” para liberar el Sur. Giap supervisó el último empujón sobre Saigón y el 30 de abril los tanques de la RDV y el FLN entraron triunfalmente en la capital sudvietnamita. Los líderes del régimen títere derrotado y la burguesía sudvietnamita abandonaron el país como pudieron, y los estadounidenses que quedaban fueron evacuados del país en helicópteros.
Estalinismo y trotskismo en Vietnam
Como señalamos arriba, al final de la Segunda Guerra Mundial los acuerdos entre los imperialistas aliados y la burocracia del Kremlin le concedían Vietnam del Sur a Francia. Pero la reimposición del dominio colonial se topó con la oposición de los trotskistas, que habían adquirido una base de masas entre la clase obrera, así como de diversos nacionalistas. Cuando los británicos y los franceses reocuparon Saigón en septiembre de 1945, estalló una insurrección. Surgieron comités populares, particularmente en las proximidades de Saigón, y los campesinos se levantaron y quemaron las casas de campo de los grandes terratenientes. Los trotskistas llamaron a que los comités populares tomaran el poder, por el armamento del pueblo y por la nacionalización de la industria bajo control obrero. (Para más sobre esto, ver el folleto espartaquista de 1976, Stalinism and Trotskyism in Vietnam.)
Ese programa amenazaba el objetivo estalinista de acomodarse a la burguesía. Como declaró Nguyen Van Tao, quien entonces era el ministro del interior del Vietminh para el Sur: “Quien quiera que aliente a los campesinos a tomar las propiedades agrarias será severa e implacablemente castigado... No hemos llevado a cabo aún una revolución comunista, que resolverá el problema agrario. Éste es un gobierno meramente democrático y por lo tanto no puede enfrentar esa tarea”.
El más conocido de los líderes trotskistas, Ta Thu Thau, fue arrestado por órdenes del Vietminh. Tres veces fue juzgado por tribunales populares y las tres veces fue absuelto. Finalmente fue fusilado por orden del líder estalinista del Sur, Tran Van Giau. Cuando los franceses reinvadieron el Sur en octubre de 1945, los estalinistas se hicieron a un lado, concentrando su fuego en los trotskistas, cuyos líderes fueron asesinados sin excepción. Al poco tiempo, los aliados obligaron al Vietminh a abandonar Saigón. Una vez que Ho Chi Minh, con ayuda de Giap, entonces ministro del interior del Norte, hubo exterminado físicamente a la dirigencia trotskista, capituló a los aliados en el Norte.
En ese conflicto, el Partido Comunista Francés, que controlaba varios puestos ministeriales en el gobierno capitalista en París, ilustró los extremos a los que los estalinistas estaban dispuestos a llegar en su intento de congraciarse con la burguesía. Mientras Ho Chi Minh disolvía al Partido Comunista Indochino y accedía a que las tropas francesas entraran al Norte, ¡sus camaradas franceses se ocupaban de explicar por qué el derecho a la autodeterminación no aplicaba a Vietnam y votaban a favor de los créditos de guerra para financiar la fuerza expedicionaria francesa! El 20 de diciembre de 1946, a un mes del bombardeo de Hai Phong por los franceses, los diputados comunistas de la asamblea francesa votaron por enviarle felicitaciones a los cuerpos expedicionarios y a su verdugo en jefe, el general Leclerc.
Los comunistas vietnamitas quedaron atrapados entre su programa de buscar compartir el poder con la burguesía —de acuerdo al esquema estalinista de la “revolución por etapas”— y las necesidades de su propia supervivencia, que en última instancia exigía luchar hasta el fin contra los imperialistas y la burguesía nacional. Como explicó León Trotsky al desarrollar la teoría de la revolución permanente, en la época del imperialismo, las débiles burguesías de los países capitalistas atrasados, íntimamente asociadas al imperialismo y mortalmente temerosas de las masas obreras y campesinas, son incapaces de llevar a cabo las tareas democráticas de la liberación nacional y la revolución agraria. Esas tareas sólo pueden lograrse aplastando el dominio burgués y estableciendo una dictadura proletaria apoyada en el campesinado pobre.
Pese a su programa oficial, los estalinistas vietnamitas, como las fuerzas de Mao en China, se vieron obligados a tomar el poder en su propio nombre y, ya fuese inmediatamente o a corto plazo, romper el podrido dominio burgués. El que esos movimientos guerrilleros pequeñoburgueses pudieran llevar a cabo revoluciones sociales estuvo condicionado por circunstancias históricas altamente excepcionales, que incluían la extrema debilidad de la burguesía local, la ausencia de la clase obrera como contendiente por el poder y el contrapeso al imperialismo que significaba la Unión Soviética. Contra los supuestos trotskistas y demás izquierdistas que veían en los movimientos guerrilleros un sustituto de la movilización del proletariado en la lucha revolucionaria, la Spartacist League siempre ha insistido en que lo máximo que estas fuerzas pueden lograr, en condiciones extraordinariamente favorables, es la creación de estados obreros deformados.
Como escribimos al celebrar la derrota del imperialismo en Indochina (“Capitalist Class Rule Smashed in Vietnam, Cambodia!” [¡El dominio de la clase capitalista es aplastado en Vietnam, Camboya!] WV No. 68, 9 de mayo de 1975):
“Ya que su dominio está basado en la expropiación política de la clase obrera, estas castas burocráticas pequeñoburguesas son incapaces de movilizar a las masas proletarias en un asalto revolucionario internacional a los bastiones del capitalismo mundial, pues ello significaría su propia muerte”.
Los regímenes nacionalistas estalinistas desde La Habana hasta Hanoi y Beijing deben ser derrocados por revoluciones políticas obreras dirigidas por partidos trotskistas para abrirle paso al desarrollo socialista.
Estados Unidos: La guerra llega a casa
A lo largo de toda la guerra estadounidense en Vietnam y las masivas protestas antibélicas, la Spartacist League llamó por la defensa incondicional de Vietnam del Norte y por la victoria militar del FLN en el Sur, sin darle ningún apoyo político a la dirección estalinista. Nuestra consigna “¡Victoria a la Revolución Vietnamita!” expresaba nuestra comprensión de la naturaleza de clase de la guerra. Si bien nuestras consignas resultaban atractivas para muchos jóvenes en esa época de desplazamiento a la izquierda, tuvimos que nadar contra la corriente, combatiendo ideologías falsas populares entre los activistas más radicales, particularmente el maoísmo y la adulación a Ho Chi Minh. Nos opusimos a que las manifestaciones contra la guerra se convirtieran en plataformas de políticos burgueses, enfatizando que la guerra imperialista es inherente al sistema capitalista y sólo puede combatirse eficazmente sobre la base de un programa socialista y revolucionario.
En nuestros primeros artículos, criticamos a los regímenes burocráticos de la URSS y China por lo inadecuado de su apoyo militar a los vietnamitas y exigimos: “¡El escudo nuclear soviético debe cubrir a China y Vietnam del Norte!”. Denunciamos la escisión sino-soviética —un pleito animado por la competencia de los intereses nacionales de los dos regímenes— y llamamos a la unidad comunista contra el imperialismo. En respuesta a la invasión estadounidense de Camboya en 1970, la Spartacist League lanzó la consigna “¡Toda Indochina debe hacerse comunista!”.
El ejército estadounidense hervía en descontento, y en el país la guerra se volvía cada vez más impopular, y con ella su justificación en la Guerra Fría, sus costos económicos y las mentiras del gobierno. Aunque la burocracia sindical de la AFL-CIO dirigida por George Meany siguió siendo hasta el final un bastión de apoyo del gobierno, la guerra era mayormente impopular entre los trabajadores, tanto más cuanto se hacía evidente que era un atolladero interminable. Los estudiantes se radicalizaban conforme el gobierno demócrata de Johnson escalaba la participación militar. Muchos activistas rompieron con la dirección oficial del movimiento contra la guerra, que ostentaban los pacifistas liberales y los reformistas como el Partido Comunista (PC) y el Socialist Workers Party (SWP, Partido Obrero Socialista), que le hacían servilmente el trabajo a las “palomas” del Partido Demócrata predicando la necesidad de una salida negociada que salvara el prestigio de Estados Unidos.
El movimiento contra la guerra de Vietnam se alzó en la secuela inmediata de las luchas masivas y populares de los Derechos Civiles, que hicieron mella en el petulante clima político del anticomunismo de los años 50. Para finales de los años sesenta, las protestas contra la guerra coincidieron con un aumento en las huelgas y las explosiones de rabia en los guetos urbanos contra la brutalidad policiaca, la segregación y la pobreza. Pese al elitismo pequeñoburgués de los estudiantes y a los mejores esfuerzos de los racistas combatientes de la Guerra Fría de la AFL-CIO, los soldados y los obreros jóvenes estaban abiertos a los argumentos radicales.
Un volante espartaquista ampliamente distribuido en una de las masivas marchas a Washington (“From Protest to Power” [De la protesta a la toma del poder], 21 de octubre de 1967) señalaba que “el movimiento contra la guerra podría forzar a Johnson a retirar las tropas estadounidenses sólo si le provoca más miedo que la victoria de la Revolución Vietnamita. Ninguna manifestación, por efectiva y combativa que sea, podrá lograr eso. Sólo podrá lograrlo un movimiento capaz de tomar el poder. El movimiento contra la guerra no tiene futuro salvo como una fuerza para la construcción de un partido de cambio revolucionario”. El volante llamaba a los activistas a romper con el medio estudiantil y a orientarse al proletariado. Eso hubiera significado dejar de construir apoyo para los políticos capitalistas rompehuelgas “antiguerra” y los líderes negros vendidos como Martin Luther King, que apoyó la represión de los levantamientos de los guetos.
La Spartacist League se opuso a la resistencia a la conscripción y a las exenciones de los universitarios, un ejemplo del privilegio de clase que además impedía a los estudiantes opuestos a la guerra impactar las opiniones de los conscriptos de origen obrero. Llamamos a movilizar un paro general de un día contra la guerra y por un partido obrero construido mediante la vinculación del descontento con la guerra, el aumento de la combatividad sindical y lo explosivo de los guetos, fijando el curso hacia la lucha contra el sistema capitalista en su conjunto. La Spartacist League consiguió una audiencia para estas posiciones y reclutó sustancialmente del movimiento contra la guerra y la Nueva Izquierda. Sin embargo, los líderes oficiales y favorables al Partido Demócrata (con la ayuda del PC y el SWP) conservaron dentro del marco de la política socialpatriota y proimperialista a la mayoría de quienes odiaban la guerra.
El ala más previsora de la clase dominante se volvió derrotista desde su propio punto de vista de clase: dejaron de creer que Estados Unidos pudiera triunfar en Vietnam y empezaron a alarmarse cada vez más ante las consecuencias sociales de la guerra. Temían especialmente que el ejército fuera destruido como una fuerza de combate eficaz, repleto de drogadicción y soldados rasos más hostiles a sus oficiales que al “enemigo”. En el origen de este derrotismo burgués sobre Vietnam estuvieron los sucesos de Indonesia de 1965, cuando el régimen “progresista” de Sukarno fue derrocado por un golpe de estado reaccionario auspiciado por la CIA. El golpe dio lugar a la masacre de más de un millón de comunistas, obreros, campesinos y miembros de la etnia china. Al ser totalmente destruido el partido comunista más numeroso del mundo capitalista, los elementos de la clase dominante estadounidense pudieron hablar más fácilmente de cortar por lo sano en Vietnam.
¡Vietnam fue una victoria!
Durante muchos años, quienes se describían a sí mismos como socialistas y los exradicales nostálgicos de las grandes manifestaciones de la época de la guerra de Vietnam promovieron el mito de que el movimiento antibélico terminó la guerra. Pero fue el heroísmo y la tenacidad de los vietnamitas en el campo de batalla lo que quebró la voluntad de los imperialistas y los expulsó del país.
El Vietnam actual, un país que aún muestra las cicatrices de los implacables bombardeos y la deforestación devastadora, sigue siendo exprimido por las economías, mucho más poderosas, de los imperialistas, así como por su inmenso poderío militar. El reacercamiento diplomático de los estalinistas vietnamitas con Estados Unidos durante la última década refleja el aislamiento que sufre el país desde la destrucción contrarrevolucionaria de la Unión Soviética, la continua presión de la pobreza y la antipatía nacionalista que enfrentan mutuamente a las burocracias de Beijing y Hanoi (ver: “Sacudiendo las aguas del Mar de China Meridional—El imperialismo estadounidense aprieta el cerco militar en torno a China”, Espartaco No. 36, septiembre de 2012). El régimen estalinista también ha estimulado la desigualdad económica creciente que resulta de su versión del “socialismo de mercado”.
Sigue siendo un deber de los revolucionarios en las entrañas del monstruo imperialista defender incondicionalmente a Vietnam y los demás estados obreros deformados que quedan —China, Cuba, Corea del Norte y Laos— contra el imperialismo y las fuerzas contrarrevolucionarias internas. La lucha por revoluciones políticas que barran los regímenes estalinistas de esos países es inseparable de la lucha por movilizar al proletariado para derrocar el dominio capitalista en Norteamérica, Japón y Europa Occidental, el prerrequisito para construir una sociedad socialista de abundancia material. Esto requiere la construcción de partidos revolucionarios leninistas-trotskistas.
Cuando Estados Unidos lanzó sus ataques aéreos sobre Vietnam del Norte el 7 de febrero de 1965, le enviamos un telegrama a Ho Chi Minh que decía: “Spartacist en plena solidaridad con la defensa de su país ante ataque del imperialismo estadounidense. Lucha heroica de trabajadores vietnamitas impulsa revolución estadounidense”. Cuando los obreros de este país le arrebaten el poder a los asesinos gobernantes del capitalismo decadente, con seguridad derribarán los monumentos a los criminales de guerra imperialistas (y a los generales confederados) y erigirán en su lugar monumentos a Vo Nguyen Giap y otros que lucharon para librar a este planeta de la opresión y la explotación.
http://www.icl-fi.org/espanol/eo/40/giap.html
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2016.06.05 18:53 ShaunaDorothy Seudotrotskistas en el campo de la contrarrevolución - Histeria sobre el papel de China en África (Febrero de 2014)

https://archive.is/Hqplf
Espartaco No. 40 Febrero de 2014
En agosto de 2009, la secretaria de Estado de EE.UU. Hillary Clinton visitó Angola para supervisar un importante acuerdo entre el gobierno del Movimiento Popular para la Liberación de Angola (MPLA) y el gigante petrolífero estadounidense Chevron. Clinton aprovechó la ocasión para anunciar un incremento en la inversión estadounidense, que se sumó a una promesa anterior de Washington de construir dos plantas hidroeléctricas. Para el MPLA nacionalista burgués angoleño, estos acuerdos señalaron un cambio en la actitud de los imperialistas estadounidenses. Durante casi 30 años tras alcanzar su independencia de Portugal en 1975, Angola estuvo sumida en una guerra civil devastadora. En prácticamente todo ese periodo, EE.UU. proporcionó apoyo militar y financiero a las fuerzas guerrilleras aliadas con la Sudáfrica del apartheid en su guerra reaccionaria para derrocar al MPLA, que a su vez era respaldado por la Unión Soviética y Cuba. Además, los capitalistas estadounidenses habían mostrado poco interés en invertir en Angola, incluso después de que la guerra concluyera oficialmente en 2002.
La cara amigable que mostró Clinton al gobierno del MPLA servía a un claro propósito. En el año anterior a su visita, Angola se convirtió en el principal socio comercial africano de China, actualmente el más poderoso entre los países en los que el capitalismo fue derrocado. Angola, proveedor de casi quince por ciento del petróleo chino, ya ha sobrepasado a Arabia Saudita como principal exportador de petróleo a China. A cambio, Beijing proporciona préstamos con bajas tasas de interés que han sido utilizados para construir hospitales, escuelas, sistemas de riego y carreteras. China ha cerrado acuerdos similares con varios países, desde Sudán y Argelia hasta Zambia y la República Democrática del Congo, que proveen de petróleo y minerales metálicos a las industrias en expansión de la China continental.
Para EE.UU. y las demás potencias imperialistas, que sufrieron una derrota histórica con la Revolución China de 1949, éstos no son sucesos gratos. La Revolución de 1949, llevada a cabo por un ejército guerrillero campesino dirigido por el Partido Comunista Chino (PCCh) de Mao Zedong, estableció un estado obrero, si bien burocráticamente deformado desde su origen. La creación en los años subsecuentes de una economía centralmente planificada y colectivizada sentó las bases para un progreso social enorme para los obreros, los campesinos, las mujeres y las minorías nacionales. Desde 1949, los imperialistas han buscado el derrocamiento contrarrevolucionario del gobierno del PCCh y el retorno de China a la explotación capitalista desenfrenada. Para conseguirlo, han aplicado amenazas y presión militar, brindado apoyo a los movimientos y a los “disidentes” anticomunistas locales y, desde hace ya más de 30 años, penetrado la economía de la China continental, cortesía de las “reformas de mercado” del régimen del PCCh.
Desde que, hace cinco años, comenzaron a proliferar los acuerdos comerciales y de ayuda entre China y los países africanos, los portavoces del imperialismo sonaron la alarma. Paul Wolfowitz, presidente del Banco Mundial, arremetió contra los muy favorables préstamos ofrecidos por los bancos estatales de China, que, según él, no cumplen con los “estándares sociales y ambientales”. ¡Y lo dice uno de los principales arquitectos de las guerras del gobierno de Bush en Irak y Afganistán! Sumándose al coro, y resucitando el estilo de la Guerra Fría antisoviética, el Daily Mail británico exclamó en un encabezado (18 de julio de 2008): “Cómo está haciendo China para tomar el control de África y por qué Occidente debería estar MUY preocupado”.
Esta reacción dio pie a un debate entre los académicos y los funcionarios del gobierno en China sobre el papel de ese país en África, aunque desde luego dentro de los límites de la política establecida por la burocracia estalinista de Beijing. Un artículo titulado “La práctica del concepto diplomático chino de un ‘mundo armonioso’: un análisis de las relaciones sino-africanas durante los años recientes”, de Ge Zhiguo, denuncia con razón las “políticas sistemáticas de Occidente hacia África”, que no sólo “no le han brindado prosperidad y estabilidad a África” sino que también han “ocasionado que muchos países africanos se hundan en el caos y la violencia étnica a largo plazo” (Gaoxiao Sheke Dongtai [Perspectivas de las Ciencias Sociales en la Educación Superior], tercer número en 2007; ésta y otras traducciones son nuestras).
Desde los campos de exterminio del Rey Leopoldo en el Congo Belga hasta los campos de concentración británicos en Kenia y el apoyo estadounidense a la Sudáfrica del apartheid, la historia del imperialismo occidental en África es una larga lista de asesinatos masivos, condiciones de trabajo similares a la esclavitud y brutal represión contra los movimientos independentistas y las luchas obreras. De hecho, los antecedentes de esta barbarie pueden trazarse directamente hasta la esclavización de los africanos en el periodo mercantil del capitalismo temprano. La subyugación imperialista, lejos de modernizar a estas sociedades, ha reforzado el atraso y la miseria. Subrayando que las inversiones de China en África están motivadas por propósitos muy distintos, Ge Zhiguo llama a Beijing a reformar algunas de sus propias políticas para contrarrestar el resentimiento entre los africanos ocasionado por el trato a los trabajadores en las empresas chinas y el debilitamiento de los negocios locales frente a los empresarios chinos.
Como trotskistas, en la Liga Comunista Internacional estamos por la defensa militar incondicional de China contra el imperialismo y la contrarrevolución interna. Defendemos el derecho de China a comerciar para obtener lo que necesita para su desarrollo. Sin embargo, reconocemos que los programas de inversión y ayuda chinos no están orientados por el internacionalismo proletario, sino por los propios intereses nacionales estrechos de la burocracia del PCCh, arraigados en el dogma estalinista de “construir el socialismo en un solo país” y su corolario, la “coexistencia pacífica” con el imperialismo (actualmente conocida como la política de un “mundo armonioso”). En su oposición a la perspectiva de la revolución proletaria internacional, el régimen del PCCh se ha acomodado al imperialismo —incluso, como explicamos más adelante, sumándose a EE.UU. y Sudáfrica en el respaldo de las fuerzas antisoviéticas en Angola— al tiempo que apoya militar y políticamente a los gobernantes burgueses “amigables” en África y otros lugares, quienes reprimen brutalmente a los obreros y a los pobres en el campo y la ciudad.
El papel de China en África es contradictorio, lo que no es más que un reflejo de las contradicciones que asedian a la propia China, un estado obrero burocráticamente deformado en un mundo dominado por el imperialismo. Para defender y extender las conquistas de la Revolución China es necesaria una revolución política proletaria que derroque a la burocracia del PCCh y la remplace con un régimen de democracia obrera comprometido a luchar por el socialismo mundial.
China no es capitalista
En el flanco izquierdo de la campaña antichina de los imperialistas se encuentran “socialistas” como el Comité por una Internacional de los Trabajadores (CIT), dirigido por Peter Taaffe, y el Secretariado Unificado (SU) del fallecido Ernest Mandel. Un artículo del 30 de marzo de 2008 titulado “China en África” escrito por Sozialistische Alternative (SAV), sección alemana del CIT, denuncia a China como “un participante más” en el “juego” de la explotación de los países africanos. La SAV afirma que “China, como otros países imperialistas, sólo busca explotar los recursos y los mercados tan eficazmente como sea posible”. En el sitio International Viewpoint del SU (enero de 2007), Jean Nanga, descrito como un “marxista revolucionario del Congo”, condena de modo similar las supuestas “ambiciones globales” de China como “motivadas por el interés capitalista”.
No es nada sorprendente que el CIT y el SU se hayan sumado a la cruzada anticomunista contra China. Prostituyéndose ante la “democracia” burguesa, el SU y el antecesor del CIT vitorearon a toda clase de contrarrevolucionarios respaldados por los imperialistas en la campaña contra la antigua URSS y los estados obreros deformados de Europa Oriental, por ejemplo, Solidarność en Polonia y la turba reaccionaria de las barricadas de Yeltsin en Moscú en agosto de 1991.
Dirigiendo su estalinofobia contra China, el SU ha promovido “disidentes” proimperialistas como el Premio Nobel de la “Paz” Liu Xiaobo, partidario de las guerras estadounidenses en Vietnam, Irak y Afganistán (ver “Hong Kong: Fake Trotskyists Hail Imperialist Running Dog Liu Xiaobo” [Hong Kong: Falsos trotskistas celebran al mandadero imperialista Liu Xiaobo], WV No. 981, 27 de mayo de 2011). Por su parte, el CIT, como señalaron nuestros camaradas en la Spartacist League/Britain, celebró los disturbios anticomunistas en el Tíbet y ha defendido abiertamente al Taiwán capitalista “democrático”, respaldado desde siempre por los imperialistas de EE.UU. y Japón como una daga dirigida contra la República Popular China (ver “China Is Not Capitalist” [China no es capitalista], Workers Hammer No. 202, primavera de 2008). Peter Taaffe gusta de pontificar que la “transición” hacia el capitalismo completo “aún no ha sido terminada del todo” (“Halfway House” [A mitad del camino], Socialism Today, julio/agosto de 2011). Esto no es más que un poco de cobertura cosmética al apoyo concreto y constante que brinda el CIT a las fuerzas de la contrarrevolución.
El furor sobre el papel de China en África comenzó a incrementarse de lleno en 2006, en respuesta al conflicto de Darfur en el occidente de Sudán, que tuvo como consecuencia una masacre y el desplazamiento de cerca de dos millones de personas. La causa inmediata del conflicto fue el uso por parte del gobierno de Kartoum de las milicias janjaweed, con base entre los musulmanes nómadas, en su guerra contra las guerrillas apoyadas por la población agrícola, también musulmana. En EE.UU., una campaña promovida por derechistas cristianos, sionistas y varios liberales importantes, que exigían la intervención imperialista para “salvar a Darfur”, demonizó a China, que ha hecho inversiones importantes en la producción petrolera de Sudán y mantiene estrechos lazos con el régimen de al-Bashir, proporcionándole equipo militar. Sumándose a esta intriga, el artículo de 2008 del SAV se lamentaba: “El régimen chino, que importa ocho por ciento de su petróleo de Sudán, ha demostrado durante el reciente conflicto que tiene mucho interés en sus ganancias, pero da muchísima menos importancia a la suerte de la población local”.
Cabe señalar que uno de los factores que ha empujado a China a depender cada vez más del petróleo africano fue una campaña salvajemente anticomunista, dirigida fundamentalmente por la burocracia sindical estadounidense, que logró impedir que la Chinese National Offshore Oil Company adquiriera en 2005 a Unocal, con sede en EE.UU. A inicios de ese año, el afiliado estadounidense del CIT, llamado Socialist Alternative, se enlistó en el esfuerzo antichino, firmando conjuntamente un volante que exigía que la Universidad de Harvard retirara sus inversiones de PetroChina, otra petrolera de propiedad estatal, y Unocal.
Puede que las diatribas en contra de China de los liberales y los supuestos socialistas suenen bien en Londres, París u otros centros imperialistas, donde el grueso de la izquierda empuja la mentira de que China es capitalista o está irreversiblemente destinada a serlo. Pero el mensaje no genera tanto entusiasmo en África, donde la ayuda china en la construcción de hospitales, escuelas y demás infraestructura contrasta agudamente con el legado dejado por los verdaderos imperialistas: pobreza extrema, atraso social y guerras étnicas y tribales. La repartición de África entre las potencias europeas en la Conferencia de Berlín de 1884-85 marcó el surgimiento del imperialismo moderno. Como explicó V.I. Lenin en El imperialismo, fase superior del capitalismo (1916), los países industrializados avanzados se veían en la necesidad cada vez mayor de exportar capital a los países más atrasados en busca de materias primas y mano de obra barata. La competencia resultante entre los imperialistas llevó a dos guerras mundiales y numerosas aventuras coloniales, con un costo incalculable en términos de muerte y destrucción.
El que las inversiones chinas en África sirven a un propósito fundamentalmente distinto puede verse en el tipo de valor de las mercancías que generan. Todas las mercancías —desde los productos de la minería hasta los bienes manufacturados— poseen valor de uso (en tanto que objetos de consumo deseables) y valor de cambio (reflejado aproximadamente en los precios del mercado). Bajo el capitalismo, los propietarios de las plantas industriales y demás medios de producción acumulan ganancias contratando mano de obra que produzca bienes con el propósito de incrementar el valor de cambio. Las inversiones de China en el extranjero, financiadas por varios de los bancos estatales, no están impulsadas por la ganancia, sino por la necesidad de materias primas para sus industrias colectivizadas en casa, es decir, para extraer valor de uso.
Un funcionario del Departamento de Estado de EE.UU. llamado Princeton Lyman, que ciertamente no es un marxista, básicamente lo admitió en una presentación de 2005 a la comisión del Congreso estadounidense de relaciones EE.UU./China:
“China utiliza una serie de instrumentos para impulsar sus intereses en formas que las naciones occidentales sólo pueden envidiar. La mayor parte de las inversiones chinas se llevan a cabo a través de compañías estatales, cuyas inversiones no necesitan ser redituables si cumplen con los objetivos generales chinos. De ese modo, el representante de la compañía constructora de propiedad estatal china en Etiopía está en libertad de revelar que Beijing le ordenó rebajar los presupuestos en varias licitaciones, sin importar que dejaran o no ganancias. El objetivo a largo plazo de China en Etiopía está en acceder a futuras inversiones en recursos naturales, no en obtener ganancias en la industria de la construcción”.
El hecho de que China participe en el intercambio comercial global no la hace capitalista o imperialista. Como la inversión china no está motivada por la ganancia capitalista, sus efectos son radicalmente distintos a los que produce la explotación imperialista de los países del Tercer Mundo. Martyn Davies, director de la China Africa Network en la Universidad de Pretoria en Sudáfrica, aclama a los chinos por ser “los principales constructores de infraestructura” en África (“The Next Empire?” [¿El próximo imperio?], Atlantic, mayo de 2010), una perspectiva que encuentra eco en la académica estadounidense Deborah Brautigam y su libro de 2009 The Dragon’s Gift (El regalo del dragón, Oxford University Press), muy favorable al papel de China en África.
Presiones del mercado mundial
La necesidad de importar materia prima se agudizó hace una década, cuando, debido a la tasa galopante de crecimiento, la China continental se mostró incapaz de proporcionar el grueso del petróleo y los metales que necesitaba la industria. Gracias a su política de “volverse global”, para 2009 China importaba ya 52 por ciento de su petróleo y 69 por ciento del hierro.
La situación de China contrasta con la del estado obrero soviético que emergió de la Revolución de Octubre de 1917, dirigida por el Partido Bolchevique. Después del fracaso de las revoluciones proletarias en países europeos más avanzados, especialmente Alemania, una casta burocrática conservadora dirigida por I.V. Stalin usurpó el poder político a partir de 1923-24. A pesar de estar marcada por el atraso heredado del zarismo y los efectos devastadores de la guerra imperialista y civil, la Unión Soviética poseía abundantes cantidades de hierro, petróleo, madera y otras materias primas. Stalin y compañía se sirvieron de ese hecho para argumentar la noción utópica y reaccionaria de que la Rusia soviética podía alcanzar el socialismo por sí misma. Esto arrojó por la borda el entendimiento marxista básico de que alcanzar el socialismo —una sociedad de abundancia material— requiere del poder obrero internacional, sobre todo en los países industrialmente avanzados.
Gracias a su economía planificada, la Unión Soviética atravesó un periodo de crecimiento fenomenal en la década de 1930, mientras el resto del mundo estaba sumido en la Gran Depresión. Sin embargo, usando sólo sus propios recursos y esfuerzos, la URSS no podía alcanzar, ni mucho menos superar, el nivel tecnológico y de productividad de la mano de obra en los países capitalistas avanzados. Décadas de presión económica y militar, combinadas con la mala administración burocrática y las oportunidades revolucionarias que los estalinistas vendieron en todo el mundo, terminaron por debilitar fatalmente al estado obrero soviético, que fue destruido por la contrarrevolución capitalista en 1991-92.
En la secuela de esta catástrofe, la dirección del PCCh condujo un estudio interno para determinar cómo evitar la misma suerte, aferrándose siempre a su programa nacionalista y estalinista del “socialismo con características chinas”. Una de las conclusiones a las que llegó el régimen es que la Unión Soviética había utilizado una cantidad excesiva de recursos propios tratando de competir con los imperialistas militarmente o en otros sectores. De ese modo, decidieron que China, en cambio, expandiría y profundizaría sus lazos con el mercado capitalista mundial. Beijing es un socio tan “confiable” en el mercado mundial, que el economista en jefe en el Banco Mundial, una de las principales instituciones en la imposición de los dictados imperialistas, [era hasta 2012] Justin Yifu Lin, ¡uno de los principales economistas de China!
En su esfuerzo por “volverse global”, Beijing ha incrementado su apoyo a la intervención militar de las Naciones Unidas, una guarida de ladrones imperialistas y sus víctimas, en el Tercer Mundo. Esto representa un cambio en la política que adoptó el PCCh cuando China fue admitida en las Naciones Unidas hace 40 años. Como señala Stefan Stähle en “China’s Shifting Attitude Towards United Nations Peacekeeping Operations” [La actitud cambiante de China hacia las operaciones de paz de las Naciones Unidas] en la publicación académica China Quarterly (septiembre de 2008):
“Al principio, China rechazaba completamente la idea de las misiones de paz de las Naciones Unidas. Beijing consideraba que todas las intervenciones de la ONU estaban manipuladas por las superpotencias, en gran medida porque la propia China había sido el blanco de la primera operación dirigida por EE.UU. que autorizó la ONU, en 1951 [sic, debería ser 1950] durante la Guerra de Corea... Sin embargo, desde que en 1981 China empezó a abrirse al mundo, los diplomáticos chinos han votado a favor de todas las misiones que implicaban tareas tradicionales de pacificación o transiciones controladas”.
En palabras simples, esas “tareas tradicionales de pacificación” no quieren decir más que sangrienta represión e imposición de los dictados imperialistas. China, criminalmente, ha comprometido sus propias fuerzas policiacas y militares a esa clase de “pacificación”, desde Haití hasta Sudán. Como señaló Chris Alden en China in Africa (Zed Books, 2007): “La mayor parte de las fuerzas de paz chinas están, de hecho, ubicadas en África, lo que hace a China el mayor contribuyente entre los miembros permanentes del Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas a las misiones de paz”. Como internacionalistas proletarios, exigimos que China ponga fin a su participación en las misiones militares de la ONU.
Dado que la economía de China sigue creciendo mientras que las de los países imperialistas permanecen estancadas en una depresión aparentemente sin fin —la demostración más reciente de las crisis intrínsecas al sistema de producción basado en las ganancias—, parecería que Beijing ha encontrado un modo de evitar las presiones que llevaron eventualmente al colapso de la Unión Soviética. Esa idea, sin embargo, se basa en nociones completamente falsas: la estabilidad del orden capitalista internacional y la benevolencia de los socios comerciales de China, que dominan el mercado mundial.
En la propia China, el sorprendente crecimiento económico sirve para exacerbar las tensiones sociales y de clase. Particularmente gracias a las “reformas de mercado”, ha sido creada una enorme división entre los funcionarios gubernamentales corruptos, los empresarios capitalistas y los pequeñoburgueses privilegiados, por un lado, y los cientos de millones de proletarios (en compañías privadas y estatales) y de campesinos pobres, por el otro. El año pasado, una oleada de huelgas en fábricas automotrices y otras empresas privadas fue un componente más de lo que el régimen del PCCh llama “incidentes masivos” —paros laborales, asambleas con listas de peticiones, manifestaciones contra la corrupción, etc.—. El número de estos incidentes alcanzó 180 mil en 2010, duplicándose desde 2006.
Tarde o temprano, el régimen estalinista llevará a China a la encrucijada, haciendo inminente la amenaza de la contrarrevolución. Al mismo tiempo, el antagonismo entre la burocracia y las masas trabajadoras chinas está preparando el camino para que una revolución política proletaria derroque al régimen estalinista parasitario. El proletariado chino necesita la dirección de un partido leninista-trotskista que combata a los apóstoles de la contrarrevolución “democrática”, incluidos los que empujan este programa en ropajes “socialistas” o incluso “trotskistas”, y que lleve a la clase obrera a romper con el nacionalismo estalinista. Dirigida por un partido así, una China de consejos obreros y campesinos promovería la revolución proletaria internacionalmente. Bajo el poder obrero, la capacidad industrial y tecnológica de Japón, EE.UU. y Europa Occidental sería canalizada para auxiliar el desarrollo completo de China como parte del orden socialista mundial.
La “no injerencia”: apoyo al dominio burgués
En respuesta a los cargos de “neocolonialismo” chino en África, muchos académicos y portavoces gubernamentales en China señalan la política de Beijing de “no injerencia” en los asuntos internos de otros países. Escribiendo en una publicación académica, Liu Naiya celebraba la ayuda de China hacia los países excoloniales como “un ‘regalo’ para el nacionalismo africano de parte de un país socialista. En otras palabras, es una inversión política racional: una gran demostración de la fraternidad amigable del comunismo internacional” (“Mutual Benefit: The Essence of Sino-African Relations—A Response to the Charge of ‘China’s Neocolonialism in Africa’” [Beneficio mutuo: La esencia de las relaciones sino-africanas. Una respuesta a la acusación de “neocolonialismo chino en África”], Xiya Feizhou [África y Asia Occidental], agosto de 2006).
Los voceros del PCCh gustan de señalar la ayuda y el apoyo diplomático que al inicio brindó China a algunos de los movimientos que lucharon por la independencia contra el dominio colonial. Aunque no hay duda que las inversiones y la ayuda chinas han impulsado el desarrollo de muchos países africanos, esto está muy lejos de ser internacionalismo proletario. Los acuerdos comerciales chinos están acompañados de una “condición política”: la promesa de Beijing de no hacer nada que pueda molestar a sus socios comerciales burgueses. De ese modo, los estalinistas chinos ayudan a apuntalar el orden capitalista que mantiene a las masas de obreros y campesinos africanos en la pobreza más abyecta. La disposición del PCCh a respaldar regímenes reaccionarios burgueses quedó de manifiesto ya desde la Conferencia de Solidaridad Afroasiática de 19551 en Bandung, Indonesia, donde Zhou Enlai expuso los “Cinco principios de la coexistencia pacífica”, que incluían la promesa de no presionar a otros países para que cambiaran sus sistemas económicos. Al mismo tiempo, el régimen de Mao mantenía una política de coexistencia pacífica con Japón, la principal potencia imperialista de Asia, lo que desnuda las supuestas pretensiones “antiimperialistas” de este programa de colaboración de clases.
Un argumento común a favor de la política de Beijing es la construcción del tren entre Tanzania y Zambia por parte de la China de Mao en la primera mitad de la década de 1970. Éste fue un acontecimiento significativo alcanzado gracias a los enormes sacrificios laborales de los obreros chinos. Pero al mismo tiempo, el PCCh apoyó políticamente al régimen de Nyerere en Tanzania, que reprimía las luchas sindicales elementales de los obreros empobrecidos.
De ese modo, los estalinistas chinos dejaban entrever su parentesco político con la burocracia del Kremlin. La ayuda soviética fue esencial en la construcción de la presa de Aswan en Egipto, terminada en 1970. Pero a esta ayuda se sumaron asesores soviéticos militares así como en otras áreas. De hecho, ¡Moscú le proporcionó al régimen bonapartista de Nasser en Egipto equipo militar más avanzado del que le dio a Vietnam del Norte en su heroica lucha contra el imperialismo estadounidense! Mientras tanto, el Partido Comunista de Sudán, alineado con los soviéticos, se subordinó al caudillo nacionalista burgués Nimeiry, traicionando una oportunidad revolucionaria que concluyó con una masacre de comunistas a principios de la década de 1970. Siguiendo el mismo programa de colaboración de clases, el Partido Comunista de Sudáfrica (PCS) ha estado sumergido por más de 80 años en una alianza con el Congreso Nacional Africano (CNA), que hoy en día implica ayudar a imponer los dictados del capitalismo del neoapartheid como parte del gobierno burgués dirigido por el CNA.
Los marxistas revolucionarios reconocemos que un estado obrero puede verse en la necesidad de establecer acuerdos comerciales y diplomáticos con estados capitalistas. Pero esto no debe confundirse con la tarea del partido comunista de dirigir la lucha por la revolución proletaria. En la época de Lenin, el estado obrero soviético firmó el tratado de Rapallo con la Alemania capitalista en 1922, un acuerdo que incluía cooperación militar. Al mismo tiempo, los bolcheviques eran la fuerza dirigente en la Internacional Comunista, luchando por forjar partidos comunistas que pudieran dirigir exitosamente a los obreros, entre ellos los alemanes, a la toma del poder.
Un régimen revolucionario también buscaría utilizar sus activos en el extranjero como un arma de la estrategia proletaria internacionalista. León Trotsky explicó lo anterior en referencia al Ferrocarril Oriental de China, que, aunque había sido construido originalmente por la Rusia zarista para apuntalar su explotación de China, estaba en manos soviéticas como resultado de la Revolución de Octubre. En 1929, dos años después de masacrar a decenas de miles de comunistas y otros combatientes obreros, el régimen de Chiang Kai-shek provocó un conflicto militar con la Unión Soviética, entonces bajo la burocracia estalinista, por el control del tren. En “Defensa de la república soviética y de la Oposición” (septiembre de 1929), Trotsky luchó contra aquéllos que consideraban “imperialista” la política soviética en este sentido. Escribió: “consideramos al Ferrocarril Oriental de China un arma de la revolución mundial, más específicamente de las revoluciones de Rusia y China... Mientras tengamos la posibilidad y las fuerzas suficientes, lo protegeremos del imperialismo para entregarlo a la revolución china victoriosa”.
Más adelante Trotsky explica que el carácter de esta “empresa socialista, su administración y sus condiciones de trabajo, tendrían que permitir un mejoramiento de la economía y el nivel cultural del país atrasado mediante el capital, la tecnología y la experiencia de los estados proletarios más ricos, en beneficio de ambas partes”. Proyectando el modo en que una dictadura proletaria en Gran Bretaña habría de lidiar con las concesiones de los antiguos gobernantes imperialistas en la India, escribió:
“El estado obrero no deberá abandonar las concesiones sino transformarlas en vehículos de la construcción económica de la India y de su futura reconstrucción socialista. Naturalmente, esta política, necesaria también para consolidar el socialismo en Inglaterra, sólo podría realizarse en acuerdo con la vanguardia del proletariado indio y presentándoles ventajas concretas a los campesinos indios”.
La traición antisoviética del PCCh
La perspectiva trazada por Trotsky está diametralmente opuesta al programa nacionalista y antirrevolucionario de los estalinistas chinos. Esto se vio claramente con la alianza criminal que el régimen de Mao forjó con el imperialismo estadounidense en contra de la Unión Soviética, difamada y acusada por los maoístas de ser “socialimperialista” y el “principal enemigo” de los pueblos del mundo.
Uno de los resultados de esta traición fue la devastación de Angola a lo largo de décadas de guerra. Después de obtener su independencia de Portugal en 1975, el país se sumió en una guerra civil entre tres fuerzas guerrilleras nacionalistas, el MPLA, la Unión Nacional por la Independencia Total de Angola (UNITA) y el Frente de Liberación Nacional de Angola (FLNA). Inicialmente, como marxistas, no apoyamos a ninguno de los bandos en conflicto, todos ellos movimientos nacionalistas pequeñoburgueses que aspiraban a consolidar un régimen burgués. Sin embargo, la situación cambió rápidamente.
Auxiliado por la Unión Soviética, el MPLA se hizo del control de la mayor parte de las áreas clave, incluida la capital Luanda, y declaró a Angola una “república popular”. En respuesta, EE.UU. forzó a la UNITA y al FLNA a unificarse y les proporcionó armas, mientras que Sudáfrica y Portugal sumaron centenares de sus propias tropas al esfuerzo por derrocar al MPLA. De ese modo, la guerra civil se transformó en una guerra a distancia entre el imperialismo estadounidense y el estado obrero degenerado soviético. Los marxistas teníamos un lado claro en este conflicto: a favor de la victoria militar del MPLA. La China de Mao, sin embargo, apoyó activamente al FLNA/UNITA financiado por la CIA, llegando incluso a mandar instructores militares para que entrenaran a los asesinos anticomunistas. En testimonio del papel de China, funcionarios estadounidenses señalaron que Washington había logrado ahorros en “el apoyo a los movimientos anticomunistas, porque estábamos contentos de dejarle a los chinos el trabajo en el terreno” (citado en Le Monde, 5 de diciembre de 1975). ¡He ahí la “no injerencia”!
Al tiempo que las tropas sudafricanas dirigían una guerra relámpago contra Luanda, el órgano oficial chino Peking Review (21 de noviembre de 1975) publicó una declaración política de alto nivel condenando la “expansión y la burda interferencia de la Unión Soviética”, ¡rehusándose a mencionar siquiera la invasión por parte de las fuerzas del apartheid! La ayuda soviética, combinada con la subsecuente intervención de las heroicas tropas cubanas, eventualmente logró revertir la situación e hizo retroceder a los títeres imperialistas y su avanzada sudafricana. Pero la guerra civil continuó. Los puentes bombardeados, los caminos rurales y los campos plagados de minas y el colapso casi total de la infraestructura incrementaron enormemente el profundo atraso preexistente del país.
Las masas angoleñas pagaron con sangre la traición de los estalinistas chinos, que posteriormente han sacado ventaja de la miseria de Angola y otros países en el África subsahariana a la que ellos mismos contribuyeron. De manera más importante, con su ayuda material a las fuerzas antisoviéticas respaldadas por el imperialismo, desde el sur de África hasta Afganistán en las décadas de 1970 y 1980, el PCCh contribuyó a la destrucción de la propia URSS, una derrota catastrófica para los obreros y oprimidos de todo el mundo, incluida China.
¡Por el internacionalismo proletario!
Al estar guiada por los intereses nacionales estrechos de la burocracia de Beijing, la inversión extranjera con frecuencia contrapone a las empresas y los administradores chinos con los obreros que emplean. Junto con las minas, las instalaciones petroleras y los proyectos de construcción financiados por China que brotan por toda África, ha salido evidencia de abusos laborales a través de prácticas discriminatorias de contratación, bajos salarios y acciones rompesindicatos abiertas. Un estudio citado por Deborah Brautigam en The Dragon’s Gift encontró que las compañías constructoras chinas en Namibia violaban las leyes del salario mínimo y los requisitos de entrenamiento basados en la “acción afirmativa”, rehusándose además a pagar seguro social y otras prestaciones. Los obreros chinos en África han emprendido sus propias luchas contra el maltrato. Según Brautigam, cuando unos 200 trabajadores chinos de la construcción se fueron a huelga en Guinea Ecuatorial en marzo de 2008, un choque con las fuerzas de seguridad locales dejó un saldo de dos trabajadores muertos.
Un hecho que tanto la prensa burguesa como la de la “izquierda” ignoran casi por completo es que detrás de muchos de los peores ataques en contra de obreros africanos se encuentran los empresarios privados chinos, que, con el beneplácito de Beijing, han logrado colgarse como sanguijuelas del programa de inversión chino. En 2010, dos supervisores chinos en la Collum Coal Mine en Zambia le dispararon a trece trabajadores durante una protesta salarial. El año siguiente, las autoridades de Zambia decidieron no levantar cargos, ocasionando una extendida furia entre los zambianos. La mina, descrita en la prensa como “de propiedad china”, no estaba en manos del estado, sino de un inversionista privado, y era administrada por sus cuatro hermanos menores.
Los marxistas apoyamos a los obreros en lucha por derechos sindicales y por salarios y prestaciones decentes, lo que incluye las luchas contra los administradores chinos. Al mismo tiempo, es necesario combatir a los demagogos nacionalistas y a los falsos dirigentes sindicales que ponen de pretexto los abusos contra los obreros para subirse al vagón anti-China de los imperialistas. Por ejemplo, la federación sindical COSATU en Sudáfrica, parte de la Alianza Tripartita con el CNA y el PCS, denuncia desde hace ya mucho tiempo que la ropa importada de China desplaza a los fabricantes locales.
Esta clase de proteccionismo promueve la mentira de que el proletariado sudafricano (mayoritariamente negro) tiene “intereses nacionales” comunes con la clase capitalista sudafricana (mayoritariamente blanca), y revela la bancarrota de las proclamaciones de solidaridad obrera internacional por parte de los burócratas de la COSATU. Finalmente, alimenta las fuerzas de la contrarrevolución en China, fortaleciendo la mano de los imperialistas, cuyo poderío económico y militar representa un obstáculo formidable a la revolución proletaria en Sudáfrica y otros países. La defensa de China y de los demás estados obreros deformados —Cuba, Corea del Norte, Vietnam y Laos— es de vital importancia para la lucha por un futuro socialista en África, un objetivo en el que la combativa y estratégicamente concentrada clase obrera sudafricana es clave. ¡No pueden obtenerse conquistas nuevas si no se defienden las ya obtenidas!
Los marxistas también deben combatir el chovinismo que permea a la burocracia estatal china y sus representantes en ultramar. Dado que Beijing determina los presupuestos y las fechas de entrega, las compañías chinas frecuentemente emplean a trabajadores de China en lugar de contratar localmente. En defensa de este tipo de prácticas, el gerente general de la China National Overseas Engineering Corporation, de propiedad estatal, declaró: “Los chinos pueden soportar condiciones de trabajo muy intensas. Ésta es una diferencia cultural. Los chinos trabajan hasta terminar y después descansan”. Los obreros zambianos, se quejaba, “son como los británicos”: “Tienen pausas para el té y un montón de días de descanso. Para nuestra compañía constructora esto implica costos mucho mayores” (citado en Chris Alden, China in Africa). Esta clase de comentarios dejan bien claro el nivel de desprecio que sienten los burócratas chinos tanto hacia los trabajadores africanos como hacia los chinos.
Después de heredar las operaciones en el extranjero de las empresas estatales chinas, un gobierno de consejos obreros y campesinos en China haría un esfuerzo especial para contratar y entrenar a los trabajadores locales, con derechos sindicales y salarios y prestaciones superiores a los estándares locales. Un gobierno así también se desharía de los elementos burgueses que han surgido en China como resultado de las “reformas de mercado” y que también han logrado llegar a África. Pero, sobre todo, seguiría el ejemplo del joven estado obrero soviético promoviendo la victoria del poder obrero en todo el planeta. Esa lucha requiere de la dirección de partidos leninistas de vanguardia, y, para lograr esa tarea, la LCI lucha por reforjar la IV Internacional, partido mundial de la revolución socialista.
http://www.icl-fi.org/espanol/eo/40/africa.html
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2016.06.05 18:17 ShaunaDorothy ¡Abajo la Propuesta de Ley sobre los Tribunales Tradicionales! ¡Por la liberación de la mujer mediante la revolución socialista! ( 2 - 2 ) (Septiembre de 2013)

https://archive.is/rirsn
La opresión de la mujer, la tradición y la familia
Como administradores de la miseria capitalista del neo-apartheid, el CNA y otros dirigentes de la Alianza idealizan también las sociedades tribales, conciliando y promoviendo, por ejemplo, a los izangoma (médicos brujos) y a otros charlatanes eufemísticamente denominados “sanadores tradicionales”. El desastroso estado del sistema de salud pública —con hospitales públicos crónicamente atestados, cortos de personal y en un estado decrépito, a los que llegar siquiera es una ventaja— significa que, para muchos, los curanderos tradicionales son el único “servicio de salud” al que tendrán acceso jamás. Algunas mujeres acuden a ellos para abortar porque los abortos legales en los hospitales son inaccesibles. Estamos por el derecho de las mujeres al aborto gratuito y seguro para quien lo solicite. En oposición a la “medicina tradicional” muti y otras formas de la denominada “medicina alternativa”, defendemos la ciencia y la medicina científica, y nos oponemos a que los gobiernos subsidien o promuevan de cualquier otra manera a los curanderos tradicionales.
La promoción del atraso tradicionalista por parte del CNA ha tenido resultados desastrosos, como demuestra horripilantemente la política “negacionista del SIDA” del gobierno de Thabo Mbeki (una política que durante años contó con la complicidad de Zuma, segundo de Mbeki hasta 2005, al igual que de los dirigentes del PCS y el COSATU, hasta que finalmente se distanciaron de ésta). Un estudio de la Harvard School of Public Health demostró que unos 330 mil sudafricanos murieron de SIDA entre 2000 y 2005 porque no fue implementado un programa de tratamiento con antirretrovirales (ARV) a tiempo. La miserable ración de ayuda que destinó el sistema imperialista ávido de ganancias a Sudáfrica fue obstruida adicionalmente cuando Mbeki y otros líderes del CNA rechazaron la ciencia médica y bloquearon activamente la implementación de un programa basado en los ARV, promoviendo en cambio a los curanderos tradicionales y otros mercaderes de la muerte que empujan curas herbales y “naturales”. Como el VIH/SIDA es una enfermedad de transmisión sexual, su expansión ha sido impulsada desde siempre por el papel de subordinación de las mujeres. Siempre nos hemos opuesto a la charlatanería “negacionista” y seguimos exigiendo ARV gratuitos para todos los que los necesiten como parte de una lucha por servicios de salud gratuitos y de calidad para todos.
Además de promover la ignorancia y los prejuicios y supersticiones anticientíficos, los curanderos tradicionales son parte de la represiva estructura política que abarca desde el sangoma [chamán] en la comunidad hasta la Cámara de Líderes Tradicionales, parte del estado burgués. Una función primordial de esta estructura represiva es imponer la subordinación de la mujer frente al hombre, a través de la promoción y legitimación de prácticas patriarcales antimujer. Junto con el lobola y el ukuthwala, éstas incluyen pruebas de virginidad y ceremonias de iniciación como el uMemolo, en donde las mujeres jóvenes son enseñadas a servir a los hombres y entrenadas para transmitir la cultura tradicional a la siguiente generación.
Estas atrasadas prácticas tradicionales, remanentes de una cultura agrícola y esclavista, son un factor importante en la legitimación y promoción de la violencia contra las mujeres, que incluye uno de los más altos índices de violaciones reportadas en el mundo. Las mujeres más vulnerables son las que sufren más estas prácticas. Por ejemplo, los matones que practican el ukuthwala generalmente secuestran mujeres huérfanas o provenientes de familias pobres. Como sucede siempre en la sociedad de clases, las tradiciones y la cultura que son defendidas más aguerridamente son aquéllas que le son aceptables y beneficiosas a los ricos.
Fortalecer los tribunales tradicionales significa fortalecer esta represión de las mujeres. En muchos sistemas legales basados en las costumbres, las mujeres africanas tienen como guardianes a sus padres y, después del matrimonio, a sus maridos. No tienen capacidad de contratar nada sin el consentimiento de su guardián y no pueden presentarse en los tribunales sin la asistencia de éste. Están excluidas de los procesos políticos de las tribus y en ocasiones tampoco pueden acceder a la propiedad de la tierra. Tradicionalmente, las mujeres no son incluidas en las negociaciones del lobola: el consentimiento al sexo y otros derechos sexuales no están en manos de las mujeres mismas, sino de los miembros de su familia.
Comúnmente se piensa, de manera errónea, que la subordinación de la mujer al hombre, al igual que la familia patriarcal actual, existen desde siempre. Otra idea equivocada común, particularmente extendida entre los feministas y otros opositores de la opresión de la mujer desde el marco liberal burgués, es que la fuente de esta opresión son simplemente las ideas patriarcales atrasadas (particularmente las de los hombres). Por otro lado, los nacionalistas, en particular, hacen apología de la poligamia forzada, el lobola y otras prácticas antimujer presentándolas de manera idealizada como formas típicamente africanas de demostrar “respeto” entre las familias. Otra justificación para estas cosas argumenta que, dado que las mujeres con frecuencia tienen papeles importantes en las prácticas africanas tradicionales, éstas últimas no pueden resultar opresivas para las mujeres.
Como marxistas entendemos que la opresión de la mujer es material y que la idea de que las mujeres son inferiores a los hombres no es sino un reflejo de esa realidad material. Engels explicó que la opresión de la mujer tiene sus raíces en el desarrollo de la propiedad privada y la división de la sociedad en clases, ambas conectadas con el desarrollo de la familia. Las primeras sociedades humanas vivían una forma de “comunismo primitivo”. Esto significaba que los seres humanos cazaban y recolectaban apenas lo mínimo para sobrevivir y lo compartían de manera equitativa. La división del trabajo entre hombres y mujeres estaba basada en la realidad biológica del cuidado de los niños —es decir, las mujeres eran responsables de gestar y amamantar a los pequeños— y no implicaba un papel subordinado para las mujeres. La división del trabajo entre los sexos era igual y ambos producían para satisfacer sus necesidades vitales. Las funciones del hogar eran una responsabilidad común y colectiva.
Esta igualdad social primitiva desapareció cuando avances como el desarrollo de la agricultura le permitieron a los seres humanos producir más del mínimo para sobrevivir. Este excedente social se convirtió en propiedad de una minoría, formada por hombres, creando las primeras divisiones de clase en la sociedad. Esto llevó al desarrollo de la institución de la familia como un medio para transmitir la propiedad de una generación a otra. También ocasionó el surgimiento del estado, una organización de dominio utilizada por una clase para suprimir a otra.
La familia patriarcal decretó la monogamia para las mujeres, de modo que los hombres pudieran asegurarse que sus descendientes heredarían su propiedad. Esto dio fin a la familia comunal. De ese modo, las funciones de la familia, la crianza de los niños y el trabajo doméstico se volvieron actividades privadas y perdieron su carácter comunal. Las mujeres, confinadas al hogar individual, fueron aisladas de la producción social, que se volvió una esfera masculina. Como escribió Engels en El origen de la familia, la propiedad privada y el estado (1884): “El derrocamiento del derecho materno fue la gran derrota histórica del sexo femenino en todo el mundo. El hombre empuñó también las riendas en la casa; la mujer se vio degradada, convertida en la servidora, en la esclava de la lujuria del hombre, en un simple instrumento de reproducción”.
¿Cuál es, entonces, el papel de la familia para la gente que no tiene propiedad que transmitir? La familia bajo el capitalismo sirve además para criar a la siguiente generación para que trabaje en el campo, las fábricas y las minas, y para que sirva de carne de cañón en el ejército burgués. Sirve para entrenar a los jóvenes a obedecer a la autoridad, inculca el atraso religioso y actúa en general como freno de la conciencia social. De esta forma, la institución de la familia asegura que sea mantenido el dominio de clase de los capitalistas. La familia es la fuente principal de la opresión de la mujer, así como una unidad económica y social, baluarte de la reacción social junto con la religión organizada. Es, además, la fuente de la discriminación, la persecución legal y otras formas de opresión contra los homosexuales. A pesar de sus leyes liberales en el papel, Sudáfrica está plagada por un virulento fanatismo antigay, con frecuentes reportes de ataques asesinos contra gays y lesbianas, particularmente en los townships y las áreas rurales.
A diferencia de los feministas, que ven la liberación de la mujer exclusivamente como tarea de las mujeres, nosotros entendemos que la lucha por la igualdad de la mujer tiene que ser levantada como parte necesaria de la lucha por liberar a la clase obrera en su conjunto. Esto incluye la lucha por integrar a las mujeres a la producción social. Los sindicatos tienen que luchar por cuidado infantil gratuito disponible las 24 horas para todos; por la extensión de los derechos de licencia por maternidad para las trabajadoras; por anticonceptivos gratuitos y abortos seguros y gratuitos para quien los solicite; y por otras demandas para darle a las mujeres un mayor acceso a trabajos decentes y a la independencia financiera.
Luchar por estas demandas requiere de un combate político para remplazar a los actuales dirigentes sindicales procapitalistas —que, en el caso de los líderes del COSATU, subordinan directamente a la clase obrera a los capitalistas a través del frente popular nacionalista de la Alianza Tripartita— con una dirección clasista. El combate contra los falsos dirigentes procapitalistas en los sindicatos es una parte crucial de la lucha indispensable por forjar un partido revolucionario de vanguardia. Queremos abrir el camino para que las mujeres desempeñen un papel activo y dirigente en la clase obrera, que es la única con el poder social y el interés objetivo de derrocar el sistema capitalista.
La lucha por la liberación de la mujer, especialmente en los países de desarrollo capitalista atrasado como Sudáfrica, puede ser una importante fuerza motriz para la revolución socialista. Sudáfrica nunca experimentó una revolución democrático-burguesa. En cambio, la opresión capitalista fue impuesta por los colonizadores imperialistas sobre la estructura de las sociedades precapitalistas, dejando en su lugar y reforzando todo el atraso acumulado en esas sociedades, particularmente la brutal opresión de la mujer. Nos oponemos al “relativismo cultural” de los nacionalistas y otros que buscan justificar en nombre de la tradición prácticas barbáricas antimujer como la mutilación genital femenina y el matrimonio por secuestro, y buscamos poner fin a esas prácticas. No hay nada excepcionalmente africano en esas prácticas: por ejemplo, el lobola es una versión del precio de novia, practicado en sociedades de Asia y Europa en distintos periodos, y aun hoy en países como Afganistán.
Luchamos por la emancipación de la mujer a través de la revolución socialista. Buscamos deshacernos de la institución de la familia, fuente de la opresión de la mujer. Las funciones de la familia —el cuidado de los niños, el trabajo doméstico, etc.— no pueden ser simplemente abolidas, tienen que ser remplazadas por instituciones sociales. En una sociedad socialista, el estado obrero buscaría proporcionar cuidado infantil gratuito 24 horas al día, siete días a la semana, fácilmente accesible en casa o el trabajo, cocinas y lavanderías comunales y otras medidas que liberarían a las mujeres de la esclavitud doméstica y les permitirían participar en todos los niveles de la sociedad. Esto no es posible más que sobre la base de una economía socialista planificada, en la que la producción sea liberada de la anarquía y la irracionalidad, y sea organizada y operada para satisfacer las necesidades humanas y no la sed de ganancias.
“La revolución por etapas”: Traición contra las mujeres y el socialismo
El Partido Comunista de Sudáfrica dice oponerse a la Propuesta de Ley sobre los Tribunales Tradicionales. El año pasado, los delegados al XIII Congreso Nacional del Partido votaron por rechazarla categóricamente, tan sólo unos meses después de que el Comité Central del PCS emitiera una comedida declaración que llamaba a “discutirla más” y argumentaba: “Hay aspectos del sistema de Tribunales Tradicionales que son progresistas y deberían ser mantenidos, pero los aspectos que están en conflicto con los objetivos no sexistas, democráticos y de construcción de la nación de la Revolución Democrática Nacional deberían ser rechazados”. No es para sorprenderse, sin embargo, que nada de esto parece haber causado disturbio alguno en la armoniosa relación entre los dirigentes del PCS y el gobierno capitalista que busca aprobar la reaccionaria propuesta de ley —un gobierno del que son una parte prominente—. Por citar sólo un ejemplo, Yunus Carrim, miembro del politburó del PCS, es el asistente del ministro en el Departamento de Administración Corporativa y Asuntos Tradicionales, ¡precisamente el ministerio responsable de la propuesta de ley!
Los dirigentes del PCS tienen una larga historia de traicionar los intereses de la clase obrera en nombre del esquema menchevique/estalinista de la “revolución por etapas”, conocido en Sudáfrica como la “Revolución Democrática Nacional” (RDN). De acuerdo con este esquema, que sirve como justificación ideológica para la alianza histórica y la compenetración con el CNA, las condiciones actuales no están lo suficientemente maduras para el socialismo. Por eso, primero debe venir un bloque político con los nacionalistas burgueses “progresistas”. Después, en un futuro siempre lejano y jamás especificado, esto conducirá al socialismo. A través de la historia, la “segunda etapa” siempre ha sido en realidad el asesinato de los obreros y los comunistas a manos de los nacionalistas burgueses.
En 1964, el líder histórico del PCS Govan Mbeki escribió bonitas palabras denunciando a los líderes tradicionales: “Si los africanos han tenido jefes, es simplemente porque todas las sociedades humanas los han tenido en un punto u otro. Pero cuando un pueblo se ha desarrollado a tal grado que descarta a los jefes tribales, cuando su desarrollo social contradice la necesidad de una institución así, entonces obligarlo a mantenerla no es liberación sino esclavitud” (The Peasants’ Revolt [La revuelta de los campesinos]). Sin embargo, en nombre de la alianza de colaboración de clases con los nacionalistas “progresistas” del CNA, los dirigentes del PCS aceptaron toda clase de conciliaciones grotescas con los jefes tribales y aun ahora se encuentran entre los apologistas más rastreros del gobierno de la Propuesta de Ley sobre los Tribunales Tradicionales.
Para avanzar en su lucha, la clase obrera debe romper con la Alianza Tripartita y con la política reformista de colaboración de clases presentada bajo el nombre de Revolución Democrática Nacional. En oposición al esquema de la “revolución por etapas”, Spartacist/South Africa, sección de la Liga Comunista Internacional, está por el programa y la perspectiva de la revolución permanente desarrollados por el dirigente bolchevique León Trotsky. Ésta sostiene que, en los países de desarrollo capitalista atrasado, las tareas democráticas inconclusas, asociadas históricamente con las revoluciones burguesas, sólo pueden ser llevadas a cabo con la llegada al poder de la clase obrera. Una vez en el poder, la clase obrera deberá luchar por extender la revolución a los países capitalistas avanzados para asegurar la construcción exitosa del socialismo.
Sudáfrica es un caso particularmente dramático de la aplicabilidad de la revolución permanente de Trotsky: una sociedad única, en la que la colonización europea creó una fuerte superposición de las cuestiones raciales y de clase a través de la brutal superexplotación y supresión de la mayoría negra. Para enfatizar la conexión intrínseca entre la revolución socialista y la liberación nacional para la mayoría negra, y para combatir el dominio de la ideología nacionalista, lanzamos el llamado por un gobierno obrero centrado en los negros como una concretización de la revolución permanente. Un gobierno obrero centrado en los negros unificaría a los distintos grupos tribales y lingüísticos y le daría un papel activo y completos derechos democráticos a las minorías de color (coloured) e india, al igual que a los blancos que acepten un gobierno basado centralmente en los obreros negros.
Las medidas necesarias para desmantelar el racista sistema de trabajadores migrantes y para liberar a las mujeres de la esclavitud doméstica subrayan la necesidad vital de una perspectiva internacionalista. El desarrollo de las áreas rurales, los programas para proporcionar vivienda y cuidado infantil para todos, etc., todo ello dependerá para su éxito de la conexión con una economía socialista planificada internacional, lo que implica la extensión de la revolución socialista a los países capitalistas avanzados (imperialistas) en Norteamérica, Europa Occidental y Japón. En la lucha por este objetivo, buscamos construir un partido leninista revolucionario de vanguardia de la clase obrera que defenderá la causa de las masas urbanas ampliamente desempleadas, los sin tierra, los inmigrantes, las mujeres, los trabajadores agrícolas y todos los demás oprimidos bajo el capitalismo del neoapartheid.
¡Por nuevas revoluciones de Octubre!
Las mujeres negras desempeñaron un papel heroico en la lucha contra el apartheid, pero como esa lucha estaba dominada políticamente por el nacionalismo burgués, la liberación que ansiaban nunca llegó. Nuestro modelo positivo en la lucha por la liberación de la mujer es el Partido Bolchevique de Lenin y Trotsky. La Revolución de Octubre de 1917, dirigida por los bolcheviques, fue una confirmación dramática de la teoría de Trotsky de la revolución permanente. El gobierno revolucionario del joven estado obrero luchó por llevar a cabo el programa marxista para la liberación de la mujer. Inmediatamente removieron todas las trabas a la igualdad legal, otorgando a las mujeres el derecho al voto, rompiendo el control de la iglesia sobre el matrimonio y el divorcio y haciendo de éstos simples asuntos del registro civil. Los bolcheviques legalizaron el aborto, abrieron escuelas para alfabetizar a las niñas, prohibieron la discriminación contra los homosexuales y abolieron el concepto de los niños ilegítimos nacidos fuera del matrimonio.
Pero como explicó Lenin, estos cambios legales son sólo el primer paso en la liberación de la mujer. El segundo paso, más complicado, es sentar las bases materiales necesarias para remplazar en los hechos las funciones sociales de la familia y liberar a las mujeres del arduo trabajo doméstico. Los bolcheviques lucharon, pese a la escasez de recursos, para proporcionar servicios domésticos socializados a gran escala como un primer paso (ver “La Revolución Rusa y la emancipación de la mujer”, Spartacist (Edición en español) No. 34, noviembre de 2006, para una presentación más amplia de lo que hicieron los bolcheviques). Sin embargo, Rusia era un país capitalista atrasado y después de la revolución, el joven estado obrero estaba económicamente devastado, aislado y rodeado de potencias imperialistas hostiles. Lenin y Trotsky entendían que la clave para construir el socialismo en Rusia era la extensión internacional de la revolución obrera a los países capitalistas más avanzados, particularmente Alemania.
Esta perspectiva internacionalista revolucionaria fue más tarde pisoteada por una casta burocrática conservadora y nacionalmente estrecha, representada por Stalin, que llegó al poder a través de una contrarrevolución política e impulsó el programa utópico antimarxista del “socialismo en un solo país”. A pesar de la degeneración burocrática subsecuente y del mal gobierno estalinista, las conquistas obtenidas por el estado obrero soviético fueron enormes, especialmente para las mujeres. Los trotskistas defendimos a la Unión Soviética contra el imperialismo y la contrarrevolución capitalista, y luchamos por la revolución política proletaria para derrocar a la burocracia y regresar al estado obrero al camino de Lenin y Trotsky. Ésta es nuestra perspectiva hacia los estados obreros deformados que quedan hoy en día: China, Cuba, Laos, Corea del Norte y Vietnam.
Uno de los lugares en los que la Revolución Rusa tuvo un profundo impacto sobre las condiciones de la mujer fue el Asia Central soviética. En la época de la Revolución de Octubre, esta región era incluso más atrasada que Rusia, teniendo todavía un modo precapitalista de producción y marcada por la opresión de la mujer bajo la ley tradicional islámica. Los bolcheviques emprendieron trabajo sistemático entre estas mujeres, buscando ganarlas como aliadas y demostrar el potencial liberador del programa comunista a los pueblos de Oriente. Esto fue capturado por Trotsky en un discurso dado en abril de 1924, en celebración del tercer aniversario de la fundación de la Universidad Comunista para los Trabajadores de Oriente en Moscú:
“El sentido, la fuerza y la esencia del bolchevismo yacen en que se dirige no a los jefes obreros sino a la plebe, a los de abajo, a los millones y a los más oprimidos de los oprimidos... Esto, además, quiere decir que la mujer oriental, que es la más paralizada en su vida, sus hábitos y su creatividad, la esclava de los esclavos, que ella, habiéndose quitado el manto ante las exigencias de las nuevas relaciones económicas, se sentirá súbitamente libre de cualquier clase de puntal religioso; tendrá una sed apasionada de obtener nuevas ideas y una nueva conciencia para apreciar su nueva posición en la sociedad. Y no habrá mejor comunista en Oriente, ni mejor combatiente por las ideas de la revolución y del comunismo, que la mujer obrera que ha despertado (aplausos)”.
—“El comunismo y las mujeres de Oriente”, reimpreso en Spartacist (Edición en español) No. 35, agosto de 2008
Nosotros luchamos, en ese espíritu, por construir el partido revolucionario internacionalista necesario para conquistar nuevos Octubres aquí y alrededor del mundo.
http://www.icl-fi.org/espanol/eo/39/tribunales.html
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2016.06.05 18:00 ShaunaDorothy El dictador de los escuadrones de la muerte de Reagan en Guatemala - Ríos Montt, asesino de masas (Septiembre de 2013)

https://archive.is/Akt5V
Espartaco No. 39 Septiembre de 2013
El dictador de los escuadrones de la muerte de Reagan en Guatemala
Ríos Montt, asesino de masas
El siguiente artículo ha sido traducido de Workers Vanguard No. 1026 (14 de junio de 2013).
Efraín Ríos Montt llegó al poder como el hombre fuerte de Guatemala en un golpe militar en marzo de 1982, tras derrocar a otro dictador sangriento, y a su vez fue derrocado en un golpe semejante en agosto de 1983. Durante ese periodo breve, condujo algunos de los crímenes más horripilantes contra los trabajadores y los campesinos, especialmente contra los indígenas mayas-ixiles, llevados a cabo durante una guerra civil que duró 36 años y que enfrentó a dictadores apoyados por EE.UU. con una insurrección guerrillera de izquierda. Según cifras oficiales, hubo más de 200 mil muertos y 45 mil más “desaparecidos” durante la guerra civil, de una población de unos 8 a 10 millones. Como mencionamos el mes pasado, un tribunal guatemalteco declaró culpable de genocidio y otros crímenes contra la humanidad a Ríos Montt (véase “U.S. Machinery of Torture” [La maquinaria estadounidense de tortura] WV No. 1024, 17 de mayo). Posteriormente, sin embargo, un tribunal constitucional de mayor instancia anuló la sentencia por un tecnicismo, y puede que un nuevo juicio no comience hasta abril de 2014, si es que hay un nuevo juicio.
La matanza en Guatemala fue plenamente apoyada por los gobernantes de Estados Unidos mientras lanzaban la Segunda Guerra Fría a finales de los años setenta y a principios de los ochenta contra la Unión Soviética. Washington también apoyó el régimen de escuadrones de la muerte en El Salvador mientras éste combatía una insurgencia izquierdista, y armó y entrenó a los reaccionarios contras que luchaban para derrocar al gobierno sandinista en Nicaragua.
Independientemente del resultado final del juicio de Ríos Montt, la letanía de horrores relatada por los sobrevivientes de la matanza que él supervisó obliga al veredicto de la historia. El New York Times (27 de marzo) informó:
“Uno de los testigos era un hombre que habló de cómo el ejército guatemalteco bajo el Sr. Ríos Montt mató a su esposa y a sus dos hijos, dándole un machetazo en el rostro a su hijo de cinco años y rompiendo la cabeza de su bebé. Otro describió cómo su hermana embarazada fue atada a una estaca y quemada viva, junto con su hijo y otros seis niños. Uno de los testigos, Nicolás Brito, dijo que había visto a unos soldados quitarles el corazón a las víctimas y apilarlos en una mesa”.
Varias mujeres declararon sobre las violaciones masivas que sufrieron. Una afirmó que había sido violada —tenía doce años en ese entonces— después de ser obligada a observar como violaban a su madre, quien murió. Muchos testigos hablaron en idioma ixil, ya que no hablan español.
El New Yorker (“The Maya Genocide Trial” [El juicio por el genocidio maya], 3 de mayo) informó:
“Hubo recuentos desgarradores de ataques militares en pueblos ixiles con nombres como Xesayi, Chel y Tu B’aj Sujsiban; del asesinato de las personas ancianas cuando eran demasiado viejas para huir; de los bebés recién nacidos arrojados a las llamas de las casas que se estaban quemando; de los niños nonatos sacados a cuchilladas de los úteros de las mujeres embarazadas; de la gente cautiva recluida en agujeros en el suelo, violada en las iglesias... Un ex soldado declaró que hasta donde él sabía, sus órdenes eran simples: indio visto, indio muerto”.
Afuera del tribunal, los partidarios de Ríos Montt y sus secuaces protestaron con música militar y letreros que decían: “El comunismo afianza la destrucción de la unidad nacional”. Los jueces y los fiscales involucrados en el caso recibieron amenazas de muerte. Una fuerte oposición a la sentencia condenatoria provino particularmente de la poderosa federación empresarial guatemalteca conocida como Cacif.
Durante las diligencias, un testigo de la fiscalía —un mecánico en el ejército durante el régimen de Ríos Montt— implicó al presidente guatemalteco actual Otto Pérez Molina como participante en masacres cuando era el comandante en la región ixil. El periodista de investigación Allan Nairn, quien está bien versado en los asuntos guatemaltecos, se reunió con Pérez Molina en 1982, cuando sus tropas describieron cómo se había ejecutado y torturado a los aldeanos. En una entrevista realizada en ese tiempo, que se ha publicado en YouTube, Pérez Molina le dice a Nairn: “La verdad es que hay un dicho muy real: que la población civil es para la guerrilla lo que el agua para el pez. En este caso, la guerrilla no podría sobrevivir si no tiene el apoyo y la colaboración de la población”.
Al exterminar a pueblos enteros con el fin de combatir a los insurgentes izquierdistas, Pérez Molina y compañía llevaron a cabo en su territorio el tipo de atrocidades que las fuerzas estadounidenses cometieron en una escala mucho más amplia al buscar aplastar las revoluciones sociales en Corea y Vietnam en las décadas de 1950 y 1960. Durante el juicio de Ríos Montt, el embajador estadounidense en Guatemala y el funcionario de más alto rango en derechos humanos del Departamento de Estado estaban sentados entre el público. Dos semanas después de que la condena fue anulada, el secretario de estado estadounidense John Kerry se reunió con Pérez Molina en Antigua, Guatemala, sede de una Asamblea General de la Organización de Estados Americanos. Kerry dijo: “Permítame comenzar felicitándolo, Sr. presidente, por los enormes avances que ha hecho con respecto a su sistema de justicia, el fortalecimiento de su sistema de justicia, la independencia de ese sistema” (Departamento de Estado de EE.UU., 4 de junio).
La mano sangrienta del imperialismo estadounidense
Que Estados Unidos colocara en el poder y/o apoyara a caudillos militares para mantener “libres” a los países de América Latina y el Caribe para la United Fruit y otros intereses semejantes ha sido ampliamente documentado. También es bien conocida la ofensiva de Washington para “hacer retroceder el comunismo”, desde la invasión de Cuba en Playa Girón (Bahía de Cochinos) organizada por la CIA en 1961, hasta los esfuerzos para aplastar a los insurgentes izquierdistas en Centroamérica en la década de los ochenta. Sin embargo, que uno de los déspotas apoyados por EE.UU. fuera juzgado por crímenes contra la humanidad en su propio país rompe con todo precedente. Esos crímenes tomaron una forma particularmente racista y sangrienta en Guatemala, especialmente durante el régimen de Ríos Montt. Aryeh Neier, un fundador y ex director ejecutivo de Human Rights Watch, escribió que Guatemala es “el único país de América Latina, para el cual sería apropiado utilizar la palabra ‘genocidio’ para describir los crímenes cometidos desde la Segunda Guerra Mundial” (New York Review of Books, 20 de junio). Ahora, el autor de esos crímenes sigue siendo un hombre libre.
El gobierno de Estados Unidos, su ejército y su policía secreta brillaron por su ausencia en el banquillo de los acusados durante el juicio por genocidio. Como escribimos en “Guatemala: CIA’s Mass Murder Inc.” (Guatemala: Asesinato de masas de la CIA, S.A., WV No. 621, 21 de abril de 1995):
“La verdad es que durante 40 años, Washington hizo mucho más que simplemente ‘ayudar’ a la brutal pandilla militar de Guatemala a afianzar el dominio de los latifundistas locales, los capitalistas y sus amos de Wall Street. Arreglándoselas solos, estos carniceros habrían sido bastante bárbaros... Pero fue el gobierno de los Estados Unidos que, en forma intencional y deliberada, planeó, financió, suministró, entrenó y dirigió la transformación de una pandilla de matones bestial pero ineficiente en una máquina moderna y científicamente organizada de exterminio, tortura y terrorismo sistemáticos. El imperialismo infligió horrores casi sin igual en la historia a los trabajadores desesperadamente pobres y explotados y a los indígenas mayas que constituyen la mayoría de la población de este pequeño país”.
El reinado de asesinatos de masas de Ríos Montt coincidió con los primeros años del gobierno de Ronald Reagan, que supervisó el impulso dado a la Segunda Guerra Fría contra la Unión Soviética. Las bases para esa campaña fueron preparadas por el presidente demócrata e hipócrita profesional Jimmy Carter, quien lanzó la carta de los “derechos humanos” en un esfuerzo por renovar las credenciales del imperialismo estadounidense después de su impactante derrota en Vietnam. Carter montó la simulación de eliminar el apoyo económico a los oficiales guatemaltecos en protesta por sus abusos. Pero fue una maniobra cínica. Cada vez más aliados cercanos de Estados Unidos, como Sudáfrica bajo el régimen del apartheid, Taiwán y Corea del Sur, comenzaron a dar su apoyo. El más importante fue Israel, que proporcionó subvenciones económicas, armas y entrenamiento para los asesinos reaccionarios de Washington.
Reagan aceptó con los brazos abiertos a Ríos Montt, un fundamentalista protestante que recibió entrenamiento en medidas de contrainsurgencia en el Fuerte Bragg y también se desempeñó como jefe de departamento en el Colegio Interamericano de Defensa de Washington, D.C. La aptitud principal de Ríos Montt era soportar el trabajo sucio. Cuando lanzó su ofensiva de “tierra quemada” contra los pobladores mayas de las tierras altas, entre los cuales las guerrillas izquierdistas habían ganado apoyo, el problema principal para Washington era cómo acelerar, reforzar y legitimar aún más el apoyo de Estados Unidos a ese esfuerzo.
En un memorándum al presidente Reagan poco antes de que éste se encontrara con Ríos Montt por primera vez, el secretario de estado George Shultz escribió que el golpe de estado que lo puso en el cargo “nos presenta una oportunidad para romper el largo congelamiento de nuestras relaciones con Guatemala y para ayudar a evitar una toma del poder extremista”. Reagan pregonó que Ríos Montt era un hombre “totalmente dedicado a la democracia” con “gran integridad personal y entrega” (“Guatemala’s Genocide on Trial” [El genocidio de Guatemala bajo juicio], The Nation, 22 de mayo). Elliott Abrams, el funcionario más alto en derechos humanos en el Departamento de Estado de Reagan, no sólo propagó la versión del gobierno de que Ríos Montt era un reformador sino que también ayudó a vender el plan de Washington para levantar el (muy abrogado) embargo del apoyo económico a las fuerzas militares.
En un artículo en la revista The Nation (17 de abril de 1995), Allan Nairn nombró a media docena de oficiales guatemaltecos de alto rango pagados por la CIA, incluyendo al menos tres jefes de la unidad de inteligencia militar del país, un antiguo jefe de personal del ejército y el general Héctor Gramajo, un ex ministro de defensa. Nairn citó al ex jefe de la Agencia de Inteligencia de la Defensa estadounidense en Guatemala, el coronel George Hooker: “Sería una situación incómoda si alguna vez hubiera una lista de toda la gente en el ejército guatemalteco que ha recibido un sueldo de la CIA”. Esa lista tendría que remontarse a la Guerra Fría de los años cincuenta contra la Unión Soviética, el estado obrero que nació de la Revolución de Octubre de 1917 dirigida por los bolcheviques. A pesar de su degeneración burocrática estalinista posterior, la Unión Soviética sirvió como impedimento a la capacidad de Washington para ejercer el poder como quisiera en todo el mundo. Hasta la destrucción contrarrevolucionaria de la URSS en 1991-92, los imperialistas de Estados Unidos estaban resueltos a destruir al estado obrero soviético y a todos los que, según ellos, promovieran sus intereses.
En 1954, Estados Unidos ingenió el derrocamiento del presidente guatemalteco Jacobo Arbenz, un populista burgués que había intentado instituir algunas reformas como la nacionalización de algunas de las tierras de la United Fruit. Arbenz ordenó que los terrenos baldíos, que incluían el 85 por ciento de las tierras de la empresa, se compraran en su valor declarado y se distribuyeran a los campesinos sin tierra. Esto no le cayó nada bien a Washington; el secretario de estado John Foster Dulles y su hermano, el jefe de la CIA Allen Dulles, estaban conectados al bufete de abogados de la United Fruit, y el embajador de Estados Unidos ante las Naciones Unidas, Henry Cabot Lodge Jr., era un accionista importante. Más directamente, la base de la histeria anticomunista por las módicas reformas agrarias de Arbenz fue la Guerra Fría. La participación sin importancia del minúsculo Partido Guatemalteco del Trabajo (PGT) estalinista en su gobierno fue aprovechada para lanzar una campaña de histeria anticomunista y el apoyo directo para los asesinos reaccionarios.
Un ejemplo de cobertura noticiosa de ese momento era un artículo del New York Times (8 de noviembre de 1953) sobre la llegada a Guatemala de John E. Peurifoy como el nuevo embajador de Estados Unidos. Decía en parte:
“Por lo general, en Guatemala se espera que su llegada signifique un cambio en la declarada pasividad con la que Estados Unidos ha visto el crecimiento de la influencia de los comunistas hasta el punto donde, al menos para alguien de afuera, parecen ser los amos del país para todo efecto”.
Mientras la CIA trabajaba para derrocar a Arbenz desde adentro, se organizó en Honduras un ejército improvisado de unos cuantos cientos al mando del exiliado Carlos Castillo Armas, quien había recibido entrenamiento en el Fuerte Leavenworth.
La clave del éxito de la invasión fue el bombardeo y ametrallamiento de la Ciudad de Guatemala por aviones de Estados Unidos piloteados por estadounidenses. Howard Hunt, un mandamás de la CIA (infame después por lo del Watergate), describió la misión en la serie documental de CNN Guerra Fría: “Lo que queríamos hacer era tener una campaña de terror, para aterrorizar a Arbenz en particular, para aterrorizar a sus tropas”. Abandonado por su ejército, Arbenz renunció, cediendo el poder al coronel Carlos Enrique Díaz. El embajador Peurifoy le presentó a Díaz una lista de presuntos comunistas para que los matara. Díaz, sin embargo, tenía la intención de liberar a todos los presos políticos, incluso a los miembros del PGT. Así que Peurifoy ordenó que el bombardeo continuara, Díaz fue removido de su cargo a punta de pistola y un avión de la embajada de Estados Unidos llegó con el nuevo líder de Guatemala, Castillo Armas. Luego siguieron las debidas oleadas de represión sangrienta. Miembros del PGT y líderes campesinos y obreros fueron detenidos, encarcelados o ejecutados, mientras que la tierra fue devuelta a la United Fruit y a los oligarcas nacionales. Tres años después, Castillo Armas fue asesinado a balazos, uno de una serie de “cambios de régimen” que luego se hicieron habituales en Guatemala.
Los lugartenientes del imperialismo estadounidense en el movimiento obrero participaron activamente en las intrigas anticomunistas en Guatemala. Los agentes de la American Federation of Labor [Federación Obrera Estadounidense] socavaron la influencia del PGT en los sindicatos y reclutaron a sindicalistas derechistas para la fuerza invasora. De hecho, Guatemala fue un campo de entrenamiento para el papel que la burocracia de la AFL-CIO desempeñaría en Centro y Sudamérica a través de su notorio American Institute for Free Labor Development (AIFLD, Instituto Americano para el Desarrollo del Sindicalismo Libre), que trabajó con la CIA para destruir a los sindicatos combativos dirigidos por la izquierda. La “AFL-CIA” puede atribuirse el mérito de que, a partir de julio de 2009, la Confederación Sindical Internacional determinó que Guatemala era el segundo país más peligroso de América Latina para los sindicalistas.
El imperialismo y la lucha de clases
Ríos Montt es un asesino sicópata de masas. Para que se haga justicia, se requeriría un juicio llevado a cabo por los trabajadores y campesinos que sobrevivieron a su gobierno. Es sencillamente repugnante observar la fingida sorpresa de los gobernantes estadounidenses —quienes siguen creando y apoyando a líderes como el presidente Pérez Molina— ante las atrocidades de sus títeres. No importa cuál de los partidos capitalistas se encuentre en el poder en algún momento dado en Washington, la represión espeluznante es una característica fundamental del imperialismo estadounidense. Los tentáculos del pulpo (mote que se le ponía a la United Fruit por todo Centroamérica) pueden ser amputados, como ocurrió con la Revolución Cubana, pero el imperialismo yanqui continuará estrangulando el hemisferio hasta que reciba un golpe en el corazón.
El juicio por genocidio proporcionó una perspectiva descarnada de la barbarie que los imperialistas y sus secuaces locales infligen a los trabajadores en los países semicoloniales. Pero no será suficiente desenmascarar este sistema de opresión para eliminarlo. La clase obrera de Estados Unidos tendrá que aplastar el sistema capitalista-imperialista estadounidense desde adentro y acudir en ayuda de sus hermanos de clase en México y más al sur en su lucha para librarse de sus propias ataduras.
El movimiento obrero al norte del Río Grande/Río Bravo se enriquece con los trabajadores inmigrantes de El Salvador, Honduras, Guatemala y otros países que aportan al proletariado estadounidense su experiencia directa de la represión asesina y la explotación brutal impuestas por gente de la calaña de Ríos Montt en beneficio de los gobernantes capitalistas de Estados Unidos. Sólo cuando la clase obrera, dirigida por su partido de vanguardia internacionalista, tome el poder mediante una revolución socialista, expropiando a los expropiadores y extirpando de raíz su maquinaria estatal, se les impondrá justicia a tales sicarios y a sus amos imperialistas. En la Spartacist League, sección estadounidense de la Liga Comunista Internacional, estamos dedicados a la tarea de forjar tal partido en las entrañas de la bestia imperialista.
http://www.icl-fi.org/espanol/eo/39/montt.html
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Muchos sabéis que este bigotes fue el dictador comunista de la Unión Soviética, pero... qué más sabéis además de eso? pues si la respuesta es poco, yo os echaré un cable para que sepáis ... Saludos camaradas. El día de hoy, hablaremos sobre todas las naciones que una vez comprendieron a la extinta Unión Soviética, y cómo es que estas fueron esta... Enjoy the videos and music you love, upload original content, and share it all with friends, family, and the world on YouTube. Anónima: Una mujer en Berlin. Es la historia de una mujer, víctima de la guerra y el lavado de cerebro nazi. En un principio piensa que los actos cometidos p... Sobre la política, la historia, la idea-logia de la Unión Soviética. Como se vestía la gente, que comían, donde vivían y por que no había sexo en la Unión Soviética. Hace ya 27 años que se produjo la caída del muro de Berlín y 25 desde que se desintegró completamente la URSS. Algo que se recuerda como uno de los grandes l... La técnica se ha reproducido en Bruselas, para recordar este ingenioso sistema que permitió copiar y difundir música occidental prohibida en la Unión Soviética… MÁS INFORMACIÓN : https ... En este video te contaré la historia del feminismo en el territorio de la ex Unión Soviética: desde 1850 del Imperio Ruso hasta la caída del bloque soviético y los días actuales. Today I will tell you 5 myths about life in socialism and Soviet Union based on stories that I heard from my parents. Enjoy this video and give a thumbs up. Fan mail: [email protected] Extracto del documental: Testimonios de La Segunda Guerra Mundial. © Astra-Art Ltd, 2016.